Érase un templado día de primavera como éste en que evocamos una gesta y una pasión que sólo sofocarían los malditos cocaína y alcohol: la increíble habilidad con la pelota y el liderazgo natural de Diego Armando Maradona en el fútbol profesional. Obvio que no estaba preparado para todo lo demás pero esta nota trata del hombre deportivo, no del reprobado en la vida.
ARGENTINOS JUNIORS
20 de octubre, 45 años del debut de Diego Armando Maradona
45 años atrás, Diego Armando Maradona debutó en el equipo de 1ra. división de Argentinos Juniors, un día que cambiaría, en parte, el fútbol mundial.
El estadio, la cancha, los 11. Los pibes lucían en la piel la camiseta tatuada de Argentinos Juniors y entraban a su 'territorio'.
- ¿El contrincante? Talleres de Córdoba.
- ¿El desafío? La 8va. fecha del Campeonato Nacional.
Mirándolo desde hoy, la historia del fútbol grande hizo un quiebre en el estilete de su pluma para escribir, de manera desesperada, una leyenda. Así, sorpresivamente y sin acuse de recibo, aquellos jóvenes, los 'Cebollitas', entraron en las páginas doradas de la historia del fútbol, esas que el tiempo no destiñe, sino que esmerila concediéndoles más brillo.
Eran las 16:00 y en las tribunas, azorados, medio bajoneados, los hinchas, comentaban las fortalezas de los cordobeses. No pasaba distinto en los vestuarios; particularmente en el local, en el entretiempo reinaba un silencio ensordecedor. Las palabras sobraban. Los mediterráneos los estaban haciendo pelota y el contador fulguraba los guarismos al sol refulgente: Argentinos perdía 0 a 1.
En una de las esquinas se perfilaba una figura, la de un pibe: cabello rizada y piernas robustecidas a golpazos en los potreros de Villa Fiorito. Se lo notaba calmo ¿qué le pasaba? ¿Acaso no tenía sangre?...
De pronto, el filo de la palabra que deshuesa el aire: Juan Carlos Montes, el entrenador, le preguntó aquello que todos sabían le preguntaría:
–Nene, ¿te animás?
–Sí, sonrió aquel a quien algunos llamaban 'Pelusa'.
–Bueno, entrá, jugá y la primera pelota que agarrás, tirás un caño.
El pibe se irguió como un estandarte, por reflejo, y conociendo su condición de petiso, se montó los pantaloncitos hasta el ombligo y esperó la señal del capitán del equipo para emprender al campo. El chico tenía 15 años, 11 meses y 20 días; Diego Armando Maradona, el jugador más joven en jugar en 1ra. división en la historia del fútbol argentino.
La revista El Gráfico, que en esos tiempos era mucho más influyente que el diario Olé hoy día, lo pintó de esta manera en una reconstrucción de aquella tarde que hizo en medio de la pandemia:
"Los 11 titulares de aquella tarde tenían claro que en algún momento el pibe de Villa Fiorito reemplazaría a uno de ellos. Sólo el arquero Carlos Munutti, quien había llegado desde Rosario Central, y los 4 defensores respiraban más aliviados porque la inexorable ley del cambio bien hecho los protegía: volante que entra reemplaza a volante o a delantero.
Había llegado la hora de terminar con el runrún que los atormentó de martes a sábado. El nene que los avergonzaba a todos durante los entrenamientos de la semana, el que la hinchada de ese miércoles a la tarde ya había reclamado después del gol de Talleres, el que tenía el número 16 en la espalda, no podía esperar un minuto más en el banco de suplentes."
Rubén Giacobetti, el volante reemplazado comentó, pasados los años desde el sillón que ocupaba en su oficina de gestoría inmobiliaria en el barrio de Urquiza, CABA:
El hombre que quedaría marcado como “el que sacaron para que entrara Diego” dice que se quedó en el banco “para verlo jugar” (al igual que los milongueros cuando bailaba en la pista del 2x4, Mireya).
Giacobetti se consoló de viva voz, aquello que había rumiado por años y exhaló: “Al menos tuve la tranquilidad de que quien entraba por mí no era un tronquito cualquiera”.
Comenzaban los 'caños maradonianos', las diabluras en las piernas del futuro dios del pueblo.
A los caños
Hay al menos 3 versiones, investigó El Gráfico, sobre el famoso caño de Maradona:
- Que recibió la primera pelota sobre la raya y allí, ante la marca de Cabrera, tiró el caño hacia atrás.
- Maradona debía hacerle ese caño a Cabrera para hacer amonestar o expulsar al volante de Talleres.
- El caño fue cerca de la mitad de cancha y frente a frente.
Humberto Minuti, marcador de punta de aquel Argentinos, y ahora empleado de una petrolera, sostiene la primera opinión:
Sebastián Ovelar, el puntero izquierdo que hoy trabaja en un frigorífico, defiende la segunda premisa:
Palabra de dios
En aquel partido, Talleres mereció el triunfo. El mismo Maradona ha dicho en su biografía: “Los cordobeses nos estaban dando un toque bárbaro".
Pero la memoria de muchos de sus compañeros de equipo se resiste a darle la razón a la prensa.
Minuti con algo de bronca:
- “No es tan así lo que escribió Onesime en El Gráfico."
- "En el 2do. tiempo tuvimos a Talleres en un arco. Merecimos ganar nosotros”.
En el mismo sentido se queja Dante Roma, el otro marcador de punta que se dedicara luego a la venta de seguros: “Lástima que perdimos, pero ese día nos erramos cada gol... ”.
Menotti –Bilardo
- Talleres modelo 1976 arrastraba miles de hinchas cuando desembarcaba en Ciudad de Buenos Aires,
- Carlos Salvador Bilardo hacía de las suyas en La Plata,
- César Luis Menotti era el rey de la Selección y entre sus muletillas preferidas repetía que Valencia y Ludueña, de Talleres, “eran dos jugadorazos”.
Nunca se supo qué cantidad de público fue ese 20 de octubre a La Paternal, no obstante, las tribunas exhibían la llenura del goce popular por excelencia.
La recaudación de esa tarde fue de $1.273.100 (US$ 9.000), superando los ingresos de varios de los grandes. (Un departamento de dos ambientes valía US$ 15.000, un sueldo estatal unos US$ 400 y la vida, nada).
La vida, metáfora del asombro los había cacheteado. Habían asistido al nacimiento del primer ídolo lírico, el mismo cuyas gambetas, tiempo después, 'derretirían la sangre en las venas' como decía un grafiti anónimo en las calles de Nápoles.
Abajo, en esa cancha pobre de pasto pero exuberante en magia, Maradona se retiraba con un sabor acre en la boca.
Don Diego, lo veía desde las tribunas de tablón. Había llegado justo para el debut de 'Pelusa' porque salió de la fábrica a las 15:00, en punto.
Pero lamentaba no haberlo acompañado esa mañana al hijo cuando, muy temprano, Diego se subió al tren que lo llevaba de Fiorito a Puente Alsina.
Cuentan los afortunados espectadores que todo el mundo se acercó al vestuario para felicitarlo, especialmente la gente de las inferiores, y que a Diego, entonces, se le desencajó la mueca por sonrisa.
Cuando la victoria se suda y se luce, aunque no se consiga, la derrota no importa.
Eso, palabras más, palabras menos dicen que dijeron, cuando el sudor se escapó de los lagrimales, en aquellos tiempos en los que llorar no era de hombres.












