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VERSIÓN SOBRE UN ANUNCIO

Verbitsky quiere revancha con Massa

Dom, 02/06/2019 - 12:20pm
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Por Urgente24

1 semana atrás, Horacio Verbitsky, desde su web El Cohete a la Luna, maltrató a Sergio Massa porque dijo que éste reclamaba una PASO compitiendo con Alberto Fernández y el paso al costado de Cristina Fernández de Kirchner. Sin embargo, Massa ofertó una negociación a CFK sin priorizar su ubicación en una hipotética grilla y aceptó que el binomio no se toca. Desmentido por los hechos, Verbitsky busca revancha sin decir que debe rectificarse, y volvió a escribir sobre el tema, presentando como que Massa fue obligado por los jefes regionales del Frente Renovador a hacer lo que hizo. En esto, según Urgente24, Verbitsky -un hueso duro de roer en el futuro para la economía que ejecutaría el propio kirchnerismo de volver al poder- por fin acierta (ya era hora). Aquí el fragmento al respecto:

Si Sergio Massa hubiera anticipado su discurso en 3 semanas, habría obtenido un buen acuerdo con CFK.
Contenido

Horacio Verbitsky en El Cohete a la Luna:

"(...) Massa manejó mal los tiempos y no contó con buena información. Fueron dos de sus colaboradores en el FR los que lo desconcertaron: Alberto Fernández, que volvió al redil kirchnerista y obtuvo mucho más de lo que buscaba, y Roberto Lavagna, cuyos zigzags destrozaron tanto a la Alternativa Federal cuanto a los rebeldes de la UCR, un partido que se conforma con muy poco. Eyaculador político precoz, el ex ministro de Economía disputa con Jaime Durán Barba la denominación del colaborador más valioso de Macrì. Y a diferencia del ecuatoriano, lo hace gratis. Lavagna fue y volvió tantas veces con su cántaro, del radicalismo a la Alternativa Federal, que todo terminó por romperse. Massa no supo qué hacer y mientras él se decidía, Alberto fue lanzado como candidato por Cristina, quienes también patrocinaron la fórmula bonaerense Axel Kicillof-Verónica Magario.

Massa quedó arrinconado entre esa espada y la pared de la estructura que lo acompañaba y que temió quedar a la intemperie. Fernández le había ofrecido la candidatura bonaerense, que Massa no aceptó porque desde los 17 años viene repitiéndole a su mamá política, Graciela Camaño, que él será presidente, y teme los coscorrones si no cumple. Cuando ella recordó ese diálogo infantil en el Congreso renovador, Massa y su esposa moquearon con los ojos líquidos.

Lágrimas por lo que no fue
 
Graciela Camaño fustigó flamígera al gobierno anterior, al que responsabilizó por la victoria de Macrì. En cambio, Massa y el documento programático aprobado por unanimidad, sólo dirigieron sus invectivas a Macrì y Cambiemos, cuya derrota es el único objetivo esbozado, para lo cual postularon “una coalición opositora amplia, plural y federal”.

Cada día que pasa hay menos espacios para ofrecer. La última propuesta fue lugares para los suyos en las listas nacionales y provinciales y un cargo en el gabinete para él. Camaño fue quien más resistencia planteó al acuerdo. Raúl Pérez, Cecilia Moreau (quien no puede ocultar su filiación) y el intendente de Necochea, Facundo López, presionaron para que se despegara del Peornismo Federal. Pérez y el ex ministro duhaldista Juanjo Álvarez son los negociadores de Massa con Máximo Kirchner y Wado de Pedro. Todos ellos desmienten las versiones según las cuales Massa estaría pidiendo cajas para los suyos, como YPF y la ANSES, con vistas a 2023.

Igual que en el PJ, también en el Frente Renovador los intendentes bonaerenses inclinaron la balanza. El primero fue el de Tigre, Julio Zamora, quien en las elecciones de 2017 estuvo al filo de perder el control del Consejo Deliberante. Zamora le explicó a Massa que otra elección similar implicaría resignar a manos del kirchnerismo el municipio en el que Massa cimentó su carrera política. También empujaron en la misma dirección diversos dirigentes sindicales, desde los Gordos Andrés Rodríguez y Gerardo Martínez, al combativo federal Sergio Palazzo. El golpe decisivo lo aplicó Héctor Daer, uno de los dos secretarios generales de la CGT, quien ante una pregunta directa respondió que si Massa no acordaba con el Frente Patriótico, el apoyaría a su amigo Alberto Fernández. Los intendentes le transmitieron un ultimátum similar.

Despacito

Una imitación extraordinaria de Massa, en cuerpo y alma, describió la parábola que lo llevó a esa encrucijada. Quien mucho abarca, poco aprieta.

En cambio, la instalación de Kicillof y Magario fue un trabajo lento y sutil.

En 2012, cuando expuso en el Senado por qué era imprescindible la expropiación de YPF, su carisma no era obvio como lo es hoy. Así lo describió un columnista de Página/12: “Su defensa del proyecto tuvo algo de la intensidad y la persuasión de las clases semanales de Perón en la CGT. Kicillof se expresó con notoria facilidad y sin nervios porque hasta que no recibió un mensaje de texto de su esposa no supo que la sesión se estaba transmitiendo en directo por varias señales de cable. Su impacto fue tan grande que hizo incurrir a un servicial veterano como Roberto García en el exceso de postularlo como eventual sucesor de Cristina”.

En 2015, Cristina había pensado en su ministro de Economía como alternativa presidencial a Scioli, pero por entonces el nivel de conocimiento de Kicillof era bajo y ninguna proyección le daba más del 7%. El elegido para eludir a Scioli fue otro ministro, el de Transporte, Florencio Randazzo, quien tampoco remontó vuelo pese a la generosa billetera para el reequipamiento ferroviario que le entregó el gobierno.

Desinteresado de una estrategia de conjunto, Randazzo basó su campaña en ataques a Scioli, algunos autodescalificatorios como la burla al brazo perdido por Scioli en un accidente, pese a que Cristina le hizo saber que a cada intento por esa vía mermaba su intención de voto. Cuando se anunció la fórmula Scioli-Zannini, Randazzo tuvo una crisis de nervios y rehusó la candidatura bonaerense que estaba a su disposición (lo mismo que Massa ahora). Cristina le sugirió entonces que seleccionara a Axel como vice y se presentara a las PASO contra Scioli, pero Randazzo tampoco aceptó.

En las elecciones legislativas de 2017 enfrentó a Cristina y luego de su estruendoso fracaso, se retiró de la política. Aún se está lamiendo las heridas, mientras la ex Presidente cosecha los frutos de aquella decisión de negarle la interna, que no todos entendieron en su momento.

Aunque se lo suele identificar con La Cámpora, Kicillof nunca integró esa organización. Por afinidades ideológicas y generacionales siempre estuvo cerca, pero nunca como orgánico. De hecho, su instalación bonaerense fue una decisión personal, avalada por Cristina. Los camporistas preferían su inscripción en la Ciudad Autónoma, que ha sido un distrito reacio al kirchnerismo. A poco andar, todos percibieron el fenómeno que provoca cada aparición de Axel.

La Liga de Intendentes llegó a un acuerdo tácito con Máximo a fines del año pasado: él podría encabezar la lista de diputados bonaerenses e Insaurralde sería candidato a gobernador. El rol de Máximo no fue simple. Por un lado actuaba como representante de su madre pero al mismo tiempo conducía una organización de la que ella procuraba distanciarse. La ampliación del espacio comenzó por allí y antes del regreso de Alberto, el hijo presidencial inició la recuperación de diálogos y alianzas perdidos.

Mientras, Axel recorrió los 135 partidos de la provincia de Buenos Aires. Concluyó la primera vuelta este fin de semana, con sus visitas a Pila, Chascomús y Dolores. Lo hizo sin prensa que reprodujera las muestras de adhesión que recogió en el Conurbano pero también en el interior de la provincia, donde se sentó a discutir cara a cara con las patronales agropecuarias, que no lo aplaudieron pero lo escucharon con interés. Lo mismo ocurrió con su presentación en el Wilson Center de Washington, donde expuso sobre los lineamientos del posible cuarto gobierno kirchnerista.

Es obvio que la catástrofe macrista ayuda a disolver odiosidades de ayer, pero nada ocurre por sí solo. Cuando los intendentes quisieron acordarse, ninguno de ellos pasaba del 10% de adhesiones mientras Axel superaba el 30%. Con su invariable pragmatismo, los intendentes masticaron su frustración y el propio Insaurralde fue el primero en anunciar su apoyo a la fórmula Kicillof-Magario, que Cristina y Alberto Fernández habían instalado sin palabras, sólo con una foto de los cuatro en el acto de Merlo. (...)".