La brutal represión en Neuquén puso al descubierto esta voluntad de cambiar el nombre de las cosas, crear una realidad inexistente para justificar una represión abierta. Y son muchos los que se hacen eco de esta lógica, comunicadores de todos los sectores, alegres propaladores de la mentira. El drama ya no pasa por cómo solucionar la pobreza sino qué hacer con los piqueteros violentos. Cómo se produjo este vuelco? Gracias a decenas de titulares malintencionados como el de hoy del diario La Nación que dice: 'Violencia piquetera: nueve personas recibieron disparos de armas de fuego'. Los piqueteros no dispararon un tiro, porqué entonces se pone la violencia del lado de ellos?. Acaso la violencia no la desató la policía? No fueron los desocupados sus víctimas? Qué desató la represión? Una manifestación en contra de una medida de gobierno. Es eso violencia? La disidencia y el reclamo vuelven a ser tratados como 'subversivos'. De qué habla Morales Solá?
Sobra sangre, zombis y autómatas
POR LAURA GIUSSANI (*) El artículo de Joaquín Morales Solá se trata, nada menos, que del intento de imponer una idea reñida con la realidad. Cambiar las palabras, es decir, mentir deliberadamente. En un país que debió emplear años para sacarse el vocabulario militar de encima, que llamaba 'proceso' a la dictadura, 'excesos' a las torturas, y 'subversión' a la disidencia, observar el surgimiento de una nueva jerga autoritaria no hace otra cosa que provocar escalofríos.
Joaquín ha justificado en más de una oportunidad, en público y en privado, su adhesión al régimen militar de Videla, cuando escribía para el diario Clarín y la Gaceta de Tucumán avalando el régimen de Bussi, como un pecado de juventud. ¿Qué tipo de pecado será el que está cometiendo hoy? ¿Deberíamos considerar que es víctima de un ataque de senilidad? En 1976 creía que la 'sociedad' (entelequia que suele utilizar para explicar sus posturas) exigía orden y el General Bussi estaba en Tucumán para restablecer los valores de la patria. Hoy también reclama una matanza y lo hace en estos términos, para nada alegóricos: 'El brete no es simple. La clase media porteña (la base social más seducida por Kirchner) tiene márgenes cada vez más cortos de paciencia frente a los inconvenientes de la protesta constante. ¿Seguiría siendo fiel al Presidente si una eventual represión dejara la secuela de nuevos muertos? Kirchner cree que la volatilidad de la sociedad argentina podría encajar en ambas posibilidades: reclama la intervención del Estado en la misma medida que objetaría el derramamiento de sangre.' Es decir, a Kirchner le cuesta reprimir no porque es injusto, antidemocrático y autoritario, sino porque todavía no hay espacio político para eso. Todavía. Parece molestarle a Joaquín que nuestra clase media todavía esté con estos pruritos y no soporte ver sangre en las calles. Si quieren transitar libremente con sus autos por la capital que se banquen la solución: alguien tendrá que morir. Y lo dice al día siguiente de una represión en la que se dispararon balas de plomo contra los desocupados y los principales dirigentes sociales de la provincia (o es acaso un piquetero radicalizado y violento el secretario general de la CTA provincial, o el encargado de prensa de la fábrica Zanón, o los docentes que fueron a apoyar para que paren los tiros o los que se negaron a recibir una orden de compra de alimentos en lugar de 150 pesos). ¿De qué habla Joaquín? ¿En qué mundo vive?
Unas líneas más adelante explica el porqué de su recelo hacia los piqueteros. Intenta, el bueno de Joaquín, comprender que hay razones sociales y que la pobreza aprieta y desespera, pero lo hace en estos términos: 'El riesgo no está en esas muchedumbres silenciosas, formadas por personas que se mueven como zombis, caminando como autómatas sin dirección, sino en los militantes de cara tapada y con garrotes con púas en las manos. Son soberbios y autoritarios frente al padecimiento general de la sociedad.' Hay que aguantar semejante falta de respeto? De dónde saca Joaquín que son 'zombis que se mueven como autómatas sin dirección'. Los que allí están se hacen cargo de su opción, tan en así, que han arriesgado su vida en ello. Démosle, al menos, el derecho a respetarlos como personas. ¿O acaso era Maximiliano Kosteki un zombi que siguió como autómata a un dirigente barrial? ¿Se puede soportar semejante insulto? Maximiliano llevaba poco tiempo el movimiento, era una de sus primeras marchas. ¿Acaso su familia responsabilizó a algún dirigente por lavarle el cerebro a su hijo? ¿No fue su madre, y ahora su hermana, quienes levantan su decisión de haber participado en una marcha?
Lo primero que hace Morales Solá es denigrar a la víctima. Sostiene él que contra los que hay que disparar (y si sale el muerto que salga) es contra unos perversos dirigentes que bien merecido se tienen la balas, y unos 'zombis autómatas'. En momento alguno los ve como personas, ni como un movimiento social, o político (es malo si son un movimiento político?).Podría yo considerar que Joaquín (el de los pecados de juventud y los arrebatos seniles) tampoco es dueño de sus actos, que es como un periodista 'zombi, que se mueve como autómata sin dirección' y escribe de manera graciosa e inconsciente defendiendo intereses de poderosos sectores económicos. Pero no. No creo que sea zombi. Creo que es responsable de sus palabras. Y que cada uno de los comunicadores que repitan su lógica también los son. Aquí no hay zombis. Hay personas que opinan y se comprometen. Cada uno sabrá qué compromiso toma.
(*) Periodista Argenpress. Réplica a la opinión del periodista Joaquín Morales Solá en su nota 'La obsesión del Presidente' en el Diario La Nación de fecha 26 de noviembre de 2003.
http://www.lanacion.com.ar/03/11/26/dp_548843.asp?origen=3ra).







