SEXUS

INCÓGNITA

Masoquismo: Por qué nos da placer el dolor

Es una de las grandes incógnitas de la psicología. Qué hay en las escenas de humillación, dolor, o de estar restringidos, que a muchas personas producen placer sexual. Para Freud, detrás de cada masoquista hay un sádico. Otras teorías cercanas al mindfulness, apuntan a que el contacto con el dolor nos trae a un estado de atención plena y un escape al balbuceo incesante de la mente, nos trae al aquí y ahora. Incluso, para algunos, el masoquismo llegó como reemplazo a la justificación religiosa. La búsqueda de un compañero/a dominante que ejerza un control total sobre nosotros sería, desde este punto de vista, el "reemplazo" de la creencia en un Dios todopoderoso.

Si bien en algunos ámbitos existe la idea de que el sadismo y el masoquismo en relación a la sexualidad, son propios de personas "enfermas", la teoría psicoanalítica freudiana considera que tanto el sadismo como el masoquismo están presentes en la vida de todos los neuróticos, es decir, en todos y cada uno de nosotros, explicó Víctor Ignacio Coronel Piña en el portal Reflexiones Marginales. El sadismo y el masoquismo son, desde esta concepción, manifestaciones de la lucha constante entre la pulsión de vida y la pulsión de muerte. Algunas personas eligen llevar sus fantasías masoquistas a la esena sexual porque les permite disfrutar más.

Freud creía que el masoquista convertía a los sentimientos de culpa con respecto al deseo de dominar a otros en masoquismo, explica la revista Psychology Today. Además, consideraba que en cada sádico hay un masoquista y en cada masoquista, un sádico. De ahí el término 'sadomasoquismo'.

El término "masoquismo" había nacido hacia fines de 1800, cuando Richard von Kraftt-Ebing lo uitilizó para describir un tipo de patología sexual específica (es importante aclarar que, para Kraftt-Ebing, toda forma de sexo que no apuntara a la reproducción era una patología), en la que se obtiene placer erótico a partir de recibir dolor, de estar restringido o ser humillado. El término era una referencia al escritor Leopold von Sacher-Masoch, cuyo libro 'La Venus de las pieles', mostraba a su protagonista agachado, siendo esclavizado y torturado por una hermosa mujer.

Las 3 formas del masoquismo: erógeno, femenino y moral

Según el padre del psicoanálisis, existen 3 formas de masoquismo: el erógeno, el femenino y el moral. El erógeno tiene que ver con el gusto por recibir dolor; el femenino (que no es exclusivo de las mujeres, sino que sería un rasgo que tiene todo ser humano, independientemente de su sexo) se relaciona directamente con la fantasía de ser golpeado o maltratado de diversas formas de modo que por medio de esa violencia ejercida sobre el sujeto éste experimente placer; el moral se conforma por un sentimiento inconsciente de culpa o "la necesidad de ser castigado por un poder parental", sin que se halle directamente implicado un placer sexual.

"Como podemos ver, tanto en el masoquismo erógeno como en el femenino, el lugar de la persona amada es fundamental, pues el castigo sólo tiene sentido en tanto que proviene del ser amado. Sin embargo, en el masoquismo moral se rompe con ese principio, pues lo relevante ya no es el vínculo del sujeto con la persona amada sino el hecho mismo de sufrir o padecer. En el masoquismo moral, el centro es el castigo por el castigo, por eso no tiene ninguna importancia de quien proceda", explicó Coronel Piña.

"El masoquismo moral es muy peligroso porque puede llevar a la persona a vivir en una continua situación de dolor y castigo, que no calman su culpa inconsciente puesto que el sadismo del superyó no tiene límites y cuanto más renuncias se le ofrecen, más tiránico se torna y más sacrificios le exige al yo", explicó la psicoanalista Virginia Valdominos Pastor en su página de LinkedIn.  Pero aquí nos concentraremos en el masoquismo como el acto de obtener placer a través del sufrimiento psicológico en forma de humillación y/o dolor físico.

El masoquismo sexual no es una patología

"El masoquismo sexual -explicó Noam Shpancer de Psychology Today-, no es destructivo ni va en contra de la propia persona. Los masoquistas sexuales no buscan ni experimentan heridas de manera regular. Los masoquistas sexuales se cuidan y protegen de salir lastimados, al tiempo que se involucran en rituales cuidadosamente negociados de humillación y en los que se inflinje dolor. El masoquismo sexual es muy contextualizado. (...) El masoquismo rara vez es practicado con extraños. A menudo, los masoquistas participan de un ritual con mucha comunicación, confianza y seguridad. En otras palabras, el masoquismo sexual no se trata de la destrucción, sino de construcción; no se trata de odio, sino de relacionarse."

En una encuesta que se hizo en Canadá, de 1.500 personas adultas, más de un tercio de las mujeres y más de un cuarto de los hombres reportó haber fantaseado con recibir azotes.

Un estado de atención plena, un escape a la mente

¿Qué es lo que hay en el masoquismo, que puede aumentar el placer sexual? Según el doctor Justin Lehmiller,  una teoría dice que cuando las personas experimentan la sensación de dolor, esto los trae al aquí y ahora. Esto crea una especie de estado de "mindfulness" o atención plena, que les permite concentrarse en las sensaciones físicas, explica el Dr. Lehmiller en su blog sobre sexo y psicología.

Así, experimentan las sensaciones de manera más intensa, porque no están atrapados en sus pensamientos, no están trabados por la ansiedad, las inseguridades y demás. Entonces, lo que muchas personas encuentran atractivo del masoquismo es que los trae al aquí y ahora y los saca de sus propias mentes, permitiéndoles relajarse y disfrutar más intensamente del sexo.

El masoquismo es inherente en las mujeres, según Freud

Si bien Freud creía que el masoquismo era inherente en las mujeres -lo que valió mucha crítica, especialmente desde el feminismo-, según Stephen Betchen  de Psychology Today, existen más hombres que se involucran en actos sexuales masoquistas que mujeres.

Ellos prefieren actos de masoquismo más intenso, que tengan que ver con escenas que "reduzcan" su estatus como hombres, tales como ser forzados a besar los pies de su comapñera o que los "hagan cornudos", y ellas prefieren formas menos intensas de masoquismo tales como ser azotadas de manera suave.

Shpancer apunta que si bien los actos masoquistas prevalecen más entre los hombres, las fantasías masoquistas parecen ser más prevalentes en las mujeres.

Tomarse unas vacaciones del ser y la autoconsciencia

Según el psicólogo social, Roy Baumeister, de la Universidad del Estado de Florida, recurrimos al masoquismo para liberarnos por un rato de la autoconsciencia.

Baumeister apunta que la vida moderna es dura, y mucha gente no llega a cumplir sus expectativas. Ser autoconsciente, según lo define, es estar conscientes de nuestras faltas. Ser autoconsciente también es estresante, ya que se supone que mantengamos el autocontrol, el aplomo, el propósito personal, el cuidado de nosotros mismos, que cuidemos nuestra presentación, la autoestima y la eficacia.

"Es agotador", explica Shpancer en Psychology Today. "Así como necesitamos descansos periódicamente del trabajo en la forma de vacaciones exóticas, necesitamos descansos periódicamente de la carga del ser. El masoquismo, con sus rituales, nos hace ovidarnos de nosotros mismos y ofrece un período de alivio de estas cargas, estrés y responsabilidades pesadas."

Un compañero/a dominante que reemplace a un Dios todopoderoso

Baumeister considera adicionalmente que el masoquismo es una respuesta a la necesidad de encontrar un sentido.

Según el psicólogo, en el siglo XVIII, al tiempo que la gente comenzó a alejarse del cristianismo, perdió su justificación (la palabra de Dios) y el camino hacia la realización (la vida después del muerte), en la que estaba anclado su esquema.

El masoquismo ofreció una nueva justificación y una nueva forma de realización. En el masoquismo, hay una relación con un compañero dominante (quien, como Dios, tiene el control total).

Ofrece una justificación, al tiempo que ofrece la realización a través del lazo emocional que se crea con el compañero. Paradójicamente, estar sometido y ser un "buen esclavo" provee un sentimiento de cumplimiento y autoestima.

"Aquellos que escalan montañas, los exploradores, los ascéticos religiosos, los que corren maratones extremas, etcétera, todos encuentran sentido y la satisfacción en desafiar los límites en cuanto al sufrimiento que pueden soportar", explica Shpancer.