CAPITAL SOCIAL

El demonio verde suelto en el Rio +20

Las minas se están multiplicando, extendiendo los daños sociales y ambientales, sin que la pobreza y la desigualdad tengan una solución, dicen los activistas en el foro de la sociedad civil que forma parte de las actividades no gubernamentales del evento ambiental Río+20.

 

S. PAULO (CartaCapital). "Se trata de la nueva expansión del capitalismo a causa de la 'mercantilización de los bienes comunes de la humanidad', en el que 4 recursos extraídos de la naturaleza, petróleo, gas, minerales y agua, resultan la base de todo", sintetizó Carlos Torres, científico político chileno y colaborador del Observatorio Latinoamericano de Conflictos Ambientales (OLCA).
 
"Tenemos que pagar por cualquier cosa, incluyendo los bienes públicos como el agua y los servicios ambientales de la naturaleza. Pero nuestros pagos no vuelven en términos de mejora de la calidad de vida, esa es la 'perversidad de la economía verde", por eso es necesario "hacerle frente", construir alternativas", dice Torres.
 
En este contexto, la minería vive un crecimiento explosivo en el mundo, especialmente en América Latina. Las minas se están multiplicando, extendiendo los daños sociales y ambientales, sin que la pobreza y la desigualdad tengan una solución, agrega el activista, quien coordina una asamblea contra "mega proyectos extractivos" en el foro de la sociedad civil que forma parte de las actividades no gubernamentales del evento ambiental Río+20.
 
En Brasil, la industria extractiva aumentó del 1,6% del PIB en 2000 al 4,5% en 2011, y los planes del gobierno indican un aumento aún mayor en las próximas décadas, destacó Carlos Bittencourt, coordinador de estudios del sector en el Instituto Brasileño de Análisis Sociales y Económicos (IBASE).
 
Serra Pelada, la más famosa cantera brasileña de los años '80, reabre ahora para la exploración de oro por una empresa canadiense. 
 
La empresa Vale (ex Vale do Rio Doce) planifica duplicar la producción de hierro en la Sierra de Carajás, ambición que requiere una expansión equivalente a la del ferrocarril que corre por el sur de Pará.
 
Incluso Río de Janeiro se convirtió en un centro de la economía extractiva, con nuevos puertos de exportación de minerales y la construcción del mayor complejo portuario de las Américas, en la localidad de Açu, al norte del estado, una iniciativa del grupo EBX, del empresario Eike Batista, quien también participa del boom de la minería en Chile y Colombia.
 
Sin embargo, el mayor emprendimiento brasileño es la extracción de petróleo de la plataforma submarina conocida como pre-sal, que hizo prever a Petrobras inversiones de US$ 236.000 millones hasta el año 2016, generando pedidos de equipos de perforación, navíos petroleros y plataformas que están reactivando la industria naval en el país, destacó Bittencourt.
 
"Esta avalancha que exige mucha energía y agua, en contrapartida ha producido crecientes resistencias populares", concluyó Torres.
 
En Chile, un nuevo drama, narrado por Juan Carlos Morales, es el proyecto de la empresa de Eike Batista, de construir en Atacama la mayor planta de energía en América Latina, con una potencia de 2.350 megavatios. El uso de carbón pulverizado es muy contaminante, su tecnología ya ha sido prohibida en Europa, según el activista.
 
La minería en el norte de Chile requiere más energía, lo que justificaría la obra. Sin embargo, la región se ha visto seriamente contaminada por otra termoeléctrica durante 40 años, y 1 persona muere de cáncer de pulmón por día, relaciona Morales. Una batalla legal y la resistencia de 70 familias no logran detener el proyecto.
 
Colombia, sin la tradición minera chilena o peruana de minería pesada, se unió al club. Para el actual gobierno, la minería es el motor del desarrollo, se lamentó Camilo Salcedo, investigador de políticas ambientales en la Universidad Nacional. Ya hay 5,8 millones de hectáreas otorgadas para la explotación minera y allí también está presente Eike Batista.
 
Los movimientos de resistencia también crecieron. En Bucaramanga, que depende del agua de las montañas, un proyecto de oro fue detenido por las protestas. Y se traba una batalla legal para evitar concesiones mineras en territorios indígenas.
 
En el Perú, la Constitución de 1993, impuesta por el ex presidente Alberto Fujimori, "protege" a las empresas mineras de todos los riesgos. La expansión del sector en la última década fue tal, con impactos tan severos que una quinta parte del país vive en " malestar social permanente", informó el peruano Gonzalo Luna.
 
El proyecto Conga, de extracción de oro y cobre en la región de Cajamarca en el norte de Perú, se enfrenta a protestas que llegaron a la huelga general en defensa de cuatro lagunas y amenazadas por la contaminación. En la sureña provincia de Espinar, se traba una lucha similar.
 
La onda extractiva se extiende a muchos países. En Haití sufre una avalancha de empresas canadienses en busca de oro, cobre y plata, denunció Camille Chalmers, economista y líder de una red de organizaciones sindicales y campesinos para el desarrollo alternativo.
 USAEstados Unidos, el sector cuenta con privilegios constitucionales con exenciones fiscales y mecanismos favorables bajo el pretexto de estimular la inversión, de modo que una cuarta parte del territorio nacional ya fue concedido a la minería, informó Rosalinda Hidalgo, activista del agua y de los derechos de las comunidades indígenas y campesinas del estado de Veracruz.