PANORAMA

Un día, todos seremos Depardieu

Harto de la presión impositiva (en su caso, la francesa), Gerard Depardieu se mudó a Bélgica y acaba de devolver su pasaporte francés. Los socialistas siempre son generosos con el dinero ajeno. Muy interesante el tema en días cuando se habla, en las redes sociales frecuentadas por contribuyentes argentinos, de rebeldía fiscal próxima:

 

CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). El actor francés, Gerard Depardieu, devolverá su pasaporte y su tarjeta de seguridad social a Francia, en protesta por los aumentos de impuestos del gobierno del presidente socialista, Francois Hollande.
 
Según las nuevas reglas, los ciudadanos franceses que ganan más de  1,32 millón de euros anuales pagarán un tributo de 75%.
 
Depardieu expresó que sentía que se le estaba tratando injustamente y que ha pagado 190 millones en impuestos a lo largo de su carrera de 45 años.
 
La semana pasada, anunció que se mudaba a un pueblito de Bélgica, que no cobra impuestos adicionales a la riqueza.
 
 
"¿Despreciable?" ¿Cómo despreciable?
 
Nací en 1948, empecé a trabajar a la edad de 14 años en una imprenta, luego como encargado de almacén y después como artista dramático. Siempre he pagado mis impuestos sean cuales fueren las tasas impuestas por los sucesivos gobiernos.
 
En ningún momento he dejado de cumplir con mis obligaciones. Las películas históricas en las que participé reflejan mi amor por Francia y su historia.
 
Personajes más ilustres que yo se han expatriado o han abandonado el país.
 
Lamentablemente, yo ya no tengo nada que hacer aquí, pero seguiré amando al público francés ¡con el que tantas emociones he compartido!
 
Me voy porque se considera que el éxito, la creatividad, el talento, en realidad, lo diferente, debe ser castigado.
 
No pido aprobación, pero al menos podría ser respetado.
 
No todos los que han salido de Francia han sido insultados como yo.
 
No tengo que justificar las razones de mi elección, que son numerosas e íntimas.
 
Me voy después de pagar, en 2012, el 85% de impuestos sobre mis ingresos. Pero tengo en cuenta que Francia era hermosa y espero que seguirá siéndolo.
 
Le devuelvo mi pasaporte y mi seguridad social, que nunca he usado. Nosotros ya no tenemos la misma patria, yo soy un verdadero europeo, un ciudadano del mundo, como mi padre siempre me ha enseñado.
 
Lo que a me parece despreciable es el encarnizamiento de la justicia contra mi hijo Guillaume, condenado siendo casi un niño a tres años de prisión por 2 gramos de heroína, cuando tantos otros escaparon de la prisión por actos de naturaleza más grave.
 
Yo no culpo a los que tienen colesterol, hipertensión, diabetes, beben demasiado alcohol, o a los que se duermen sobre su scooter. Yo soy uno de ellos como vuestros queridos medios no se cansan de recordar.
 
Nunca he matado a nadie, he pagado 145 millones de impuestos en cuarenta y cinco años, tengo 80 personas que trabajan en empresas que se han creado para ellas y que son gestionados por ellas.
 
Yo no me quejo ni alardeo, pero rechazo la palabra "despreciable".
 
¿Quién es usted para juzgarme así, yo se lo pregunto señor Ayrault, primer ministro de Mr. Hollande, yo se le pregunto, ¿quién es usted?
 
A pesar de mis excesos, de mi apetito y mi vida amorosa, yo soy un ser libre, señor, y quiero seguir siendo educado."