LATINOAMÉRICA

Todo listo para la re-re de Rafael Correa (y la asfixia del Legislativo)

Los ecuatorianos acuden hoy (domingo 17/02) a la 10ma. elección presidencial desde que el país retornó a la democracia en 1978... para elegir al 14to. Presidente de estos 35 años de vida democrática: en medio de los procesos de ir a las urnas, varios hechos históricos –desde la muerte de un Presidente hasta revueltas sociales y ciertos acuerdos políticos– han colocado a diversos actores en el sillón presidencial, sin haber sido electos. Pero en esta ocasión... es la re-reelección, que Rafael Correa anhela en 1ra. vuelta.

 

CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). Domingo 17/02 y en Ecuador, los jóvenes de 16 y 17 años y militares y policías (con voto facultativo) y los mayores de edad (con voto obligatorio) deberán elegir, a quien gobernará en los próximos 4 años, entre las 8 opciones presidenciables que presentan las agrupaciones políticas que lograron entrar a la papeleta tras un proceso de inscripción que estuvo marcado por inconvenientes por la detección de falsificación de firmas de apoyo de movimientos y partidos. Fueron 12 los grupos políticos nacionales habilitados, 2 de estos conformaron una alianza y participan en 1 solo casillero y otros 3 respaldan otras candidaturas a la Presidencia, y solo presentaron listas para otros cargos públicos que también se eligen hoy.
 
El menú del cual podrán escoger los 11.666.478 electores convocados a las urnas por el Consejo Nacional Electoral (CNE), pasa por propuestas de izquierda, derecha y hasta caudillistas, muchas de ellas relacionadas entre sí, aunque intenten cada una diferenciarse de la otra, según los analistas electorales.
 
Si bien el investigador del Centro de Estudios sobre Desarrollo y Movimientos Sociales del Ecuador (Cedime), Jorge León, encuentra, con base a las ideas que han difundido las agrupaciones políticas que tienen sus cartas presidenciales, discursos de los más diversos contenidos
 
(desde una menor participación del Estado y mayor protagonismo del mercado, es decir una más neoliberal; una nueva derecha a criterios de un sector más conservador; otros, de una intervención económica fuerte del Estado, y  una tendencia socialdemócrata que promueve el papel regulador del Estado. Y por otra lado, discursos de centroizquierda), a decir de Felipe Burbano de Lara, catedrático de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso), los anteriores procesos electorales registraron mayor confrontación, mayor lucha política y estaba en juego la idea de la alternabilidad democrática, lo que ahora no ocurre.
 
Otra diferencia que anota es que en esta campaña ha habido una importante participación de los actores y electores en las redes sociales. Sin embargo, Burbano cree que estos son espacios marginales y que los ganadores se deciden en otros escenarios, en los recorridos de los candidatos, las concentraciones, la publicidad, entre otros.
 
Al examinar la reciente etapa democrática, en la mayor parte de los gobiernos, a excepción del proceso electoral del 2009, todos los presidentes fueron elegidos en 2da. vuelta electoral.
 
Jaime Roldós Aguilera ganó en 2da. vuelta el 29 de abril de 1979. Tras el fatal accidente aéreo que terminó con su vida el 24 de mayo de 1981, asumió el vicepresidente, Osvaldo Hurtado que terminó el periodo.
 
En las siguientes elecciones, el binomio ganador fue el de derecha conformado por León Febres-Cordero y Blasco Peñaherrera. También ganaron en 2da. vuelta, el 6 de mayo de 1984.
 
Rafael Correa quiere ganar, otra vez, en 1ra. vuelta... y por 3ra. vez.
 
El proselitismo
 
Antes de ir a las ideas, pero probablemente muy relacionadas con ellas, un análisis de Roberto Aguilar en el diario Hoy, de Quito:
 
"La campaña electoral fue un reflejo del país político. Por lo general, los equipos de comunicación y propaganda de los candidatos dieron preferencia a la retórica que a la explicación de planes de gobierno. También se privilegió la burla del adversario por sobre la confrontación de ideas. Esto último ocurrió de forma masiva y, casi siempre, bajo la protección del anonimato que proporciona el Internet. 
 
Hubo superproducciones de aliento épico en el estilo que inauguró León Febres Cordero en la campaña que lo llevó a la Presidencia hace 28 años. Hubo también cuñas más básicas y baratas, con primer plano del candidato sobre el fondo de una bandera y discurso de autoalabanza. Los equipos de comunicación volvieron a echar mano de recursos tan trillados como el de la oposición entre color y blanco y negro para significar el contraste entre el oscuro pasado y el futuro luminoso que espera al país si elige a NN. 
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Tomas, amañadas o no, de masas agitando banderas, repetidas hasta el hartazgo. Voces luminosas, no lo suficientemente ensayadas, que desnaturalizaron a varios candidatos haciéndolos parecer locutores radiales de programas matutinos, de esos que reparten optimismo y buenas intenciones. Y palabras, muchísimas palabras. La nueva costumbre de contratar a las radios para que repitan la misma cuña dos y hasta tres veces seguidas, multiplicó esas palabras hasta la saturación.
 
Hasta aquí, nada nuevo. Las sorpresas se produjeron en dos frentes: en las redes sociales, donde se desarrolló la campaña negativa acaso más costosa de la historia política del Ecuador; y en la publicidad de uno de los candidatos, Norman Wray, que se jugó abiertamente por la antipropaganda y dejó, con la colaboración del director de cine Sebastián Cordero, los únicos productos audiovisuales que posiblemente sobrevivirán a la coyuntura política y permanecerán en el tiempo como lo que son: cortometrajes artísticos. (...)".
 
Asamblea con menos facultades
 
El control de la Asamblea Nacional está en disputa en las elecciones de hoy. A pesar de que la Constitución vigente le restó atribuciones a la Función Legislativa –tales como la designación de los integrantes de los organismos de control o la interpretación exclusiva de las leyes, que ahora también la tiene la Corte Constitucional– su conformación será clave en la definición del nuevo escenario político y en la aprobación de normas que determinarán el rumbo de gestión pública.
 
Son 12 agrupaciones políticas nacionales y 35 provinciales las que buscan representación en las 137 curules que tendrá la Asamblea. De estas, 15 corresponderán a asambleístas nacionales, 116 a provinciales y 6 a los emigrantes.
 
Actualmente hay 124 asambleístas. El número sube a 137 por el aumento de la población evidenciado en el censo del 2010.
 
Quienes resulten electos –junto con sus agrupaciones políticas– buscarán conseguir la mayoría parlamentaria que les permita impulsar su propia agenda de legislación y de fiscalización.
 
Además de consolidar bloques parlamentarios, que según la ley se lo hace con un mínimo del 10% de los miembros de la Asamblea, intentarán controlar o tener una participación en el Consejo de Administración Legislativa (CAL), que es la principal instancia administrativa, así como en las comisiones parlamentarias.
 
En el actual periodo legislativo están pendientes proyectos complejos y polémicos: el de la Ley de Aguas, que está a la espera de la consulta prelegislativa; el de la Ley de Comunicación, en el que solo falta la votación; el de reformas al Código Penal, cuyo informe para segundo debate está en elaboración; y el de la Ley de Tierras, estancado en primer debate.
 
Para el próximo periodo hay propuestas de leyes como la de Seguridad Social, Código de Trabajo, reformas tributarias para reducir los impuestos, reformas a la Ley Orgánica de la Función Legislativa e incluso cambios a la Constitución.
 
Para el catedrático de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso), Santiago Basabe, si la organización política de quien resulte elegido como Presidente de la República obtiene más de la mitad de la representación, los diálogos con la Asamblea se reducirán. En caso de que no, estos se ampliarán y se abre la posibilidad de aplicar la figura de muerte cruzada, que implica el cierre del órgano legislativo y la convocatoria a nuevas elecciones.
 
A criterio del jurista Antonio Rodríguez, la Función Legislativa está “decapitada” por disposiciones constitucionales que le restaron funciones y considera que la única forma de cambiar ese panorama es que varias fuerzas políticas tengan una mayor representación en el Parlamento.
 
El Correa que viene
 
Complementando esa cuestión tan importante (el peligro que acecha al Legislativo), algunos conceptos sobre el Ejecutivo que viene, también en el diario Hoy, de Quito:
 
 
"1. Los interrogantes alrededor de la elección
 
En la elección de este domingo se juegan dos partidos estelares y algunos paralelos, nacionales o locales. La Presidencia de la República y la conformación de la Asamblea Nacional coparán todas las miradas. El electorado está invitado a escoger entre seguir con una experiencia propuesta por Alianza País o cambiar. El rumbo económico y el modelo político han sido, en el escaso debate planteado en esta elección, los puntos más evocados por los candidatos. 
 
El control de la Asamblea es, en el actual contexto, el punto medular tanto para el gobierno como para sus opositores. El candidato-presidente hizo de ese tema su propósito principal. La oposición hizo campaña pensando en que el oficialismo no se quede con la mayoría de los 137 asambleístas que hoy serán elegidos.
 
Pero detrás de los partidos estelares, se juegan un sinnúmero de partidos nacionales y locales. Esta elección pudiera jubilar a algunas fuerzas políticas y poner el pie en el estribo, en forma definitiva, a otras.
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Los electores definirán si, tras el apoyo al actual Presidente, el bloque de las izquierdas cumplió su reto: que el electorado compre la idea de radicalizar el proyecto político inspirándose en el espíritu genuino de la Constitución de Montecristi. Mantener esa racha o volver al cauce testimonial: ese dilema lo resolverán hoy los electores. De todas maneras, algunos de los puntos cruciales de la agenda nacional, de corto y mediano plazo, tendrá como actores principales a los movimientos sociales y a los indígenas. No es su protagonismo lo que está hoy en juego sino su estrategia política.
 
Las fuerzas que se reclaman de centro o de izquierda no solo miden su caudal electoral. Sus estrategas podrán cotejar, igualmente, el bien fundado de las campañas y la viabilidad de sus programas políticos. 
 
Esta consideración concierne a todas las tiendas políticas y a cada uno de los representantes que participa en la elección. Por supuesto no están en condiciones de ser comparados Álvaro Noboa, que corre por la quinta vez para la Presidencia, con Norman Wray o Mauricio Rodas, que lo hacen por primera vez. O Lucio Gutiérrez, ex presidente, con Guillermo Lasso que hace su entrada en una campaña electoral. O el pastor Nelson Zavala, una carta imprevista que lanzó el Partido Roldosista Ecuatoriano en la elección. Por ello, cada uno merecerá, tras el anuncio de los resultados oficiales, un examen detallado. 
 
En la oposición de centro y centro derecha hay otras inquietudes. Si hubiese una segunda vuelta electoral, su reto será alcanzar alianzas ganadoras. De no ser el caso, cada una de las fuerzas merecerá un estudio aparte. En él habrá que considerar: su viabilidad política hacia el futuro, su peso real ante el ganador, los partidos y los liderazgos que se instalan o que se eclipsan, la vocería legítima de la tendencia ante el Gobierno, su capacidad para acordar posibles alianzas en la Asamblea, sus posibilidades de unión (o no) para el 2017…
 
El mapa nacional electoral que hoy se dibujará tendrá otros ingredientes provenientes de la concentración política y del sistema electoral (que la incrementa): estado en que quedarán las minorías, futuro de los movimientos políticos pequeños o locales, la relación política entre el poder central y Guayaquil, Azuay, Manabí, El Oro, la Amazonía…
 
En el campo político se juegan hoy, entonces, muchos partidos. En todos se verá cuán atentas han estado las fuerzas políticas a las condiciones nuevas de una sociedad que muta mucho más rápido, en general, que las ideas políticas.
 
 
2. Mucho más mercadeo que política 
 
Una campaña presidencial es para confrontar ideas y cotejar modelos, planteamientos, soluciones… sobre los grandes problemas, expectativas y derroteros de un país. Pues bien: esta campaña se singularizó porque los candidatos anduvieron, como si de trenes se tratara, cada uno por sus rieles. No hubo posibilidad alguna para los electores de cruzar, en forma directa, las propuestas de los ocho candidatos a la primera magistratura. Salvo un debate, al cual no asistió Rafael Correa, el electorado no pudo saber qué piensan y qué proponen los candidatos y, por supuesto, no pudo comparar lo que ellos proponen. Ese es, en forma innegable, un vacío que no puede ser llenado en el espacio público, por el programa de cada uno de ellos. El sentido público de la política no se construye con una retahíla de ofertas. Ese ejercicio, aunque parezca posible, resulta falaz para un electorado que en 42 días está sometido a una lluvia de spots, visitas, afiches, camisetas, lemas, canciones, jingles… El sentido público requiere una voluntad política para aceptar jerarquizar los problemas y, en torno a algunos de ellos, contrastar soluciones. 
 
Sin esa voluntad, las agendas se dispersan y los candidatos hacen sus ofertas como si sus soluciones fueran las únicas posibles. El elector no suma opciones en función de la pertinencia de una de ellas frente a las otras: queda preso de la capacidad de cada uno de los candidatos para venderse como la único solución posible. El mercadeo termina imponiéndose a la política pública concebida como posibilidad de construcción de una agenda pública mínima y común.
 
Hoy los electores irán a las urnas sin saber, a ciencia cierta, cuáles son las mejores propuestas para luchar contra la inseguridad, generar empleo, atraer inversión, respetar las libertades, devolver poder a la sociedad o concentrarlo… 
 
Los electores no pudieron cotejar fórmulas para pagar más o menos impuestos, engordar al Estado o someterlo a una cura de adelgazamiento, concentrar o desconcentrar la administración pública… 
 
¿Profundizar modelos o cambiarlos? Ese dilema en el cual los partidos centraron sus discursos, anduvieron por el país sin toparse. Correa no quiso confrontar. 
 
La mayoría de los electores van hoy a las urnas más prendados de imágenes de mercadeo político que de programas que serán aplicados por aquellos que ganen. La política volvió a perder una oportunidad para madurar.
 
 
3. ¿Sociedad cooptada o independiente? 
 
Todos los políticos hablan en nombre de la sociedad. Según los credos, la sociedad es el constituyente primario, la voz de Dios, la sabiduría misma… 
 
En realidad, los sociólogos saben que la sociedad es el ente político más misterioso, más inasible.
 
Hay corrientes y tendencias de fondo que hacen valer los historiadores. Pero también humores y cambios pasajeros y, en muchos casos, imperceptibles hasta para las empresas dedicadas a los sondeos de opinión… 
 
La sociedad ecuatoriana es, en ese sentido, una caja de pandora.
 
Hasta la llegada de Rafael Correa al poder, parecía lugar común decir que los movimientos sociales y civiles se oponían a los gobiernos. Tras su instalación, suena igual afirmar que todos ellos han sido todos cooptados por el poder. Representantes puros y duros en un caso; vacío total en el otro.
 
En realidad, la sociedad, en esa construcción de una esfera pública y autónoma del poder, sigue siendo un campo polémico para los políticos. Hablan en nombre de ella, pero ¿dónde la ven? ¿Está en la miríada de siglas que, con representantes y archivos, se disputan siempre los gobiernos con los movimientos políticos y los movimientos sociales? ¿Está solamente en esos movimientos sociales que pasaron a engrosar las filas de la burocracia estatal?
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Los políticos hablan en nombre de los ciudadanos que hoy depositarán su voto en las urnas. ¿Pero los porcentajes que obtengan les permite, en nombre de esos ciudadanos tomar, en forma discrecional, todas las decisiones que les afectan o les favorecen?
 
¿El voto es un pasaporte en blanco para que los ganadores, del borde que sean, puedan actuar, reclamar legitimidad y tomar las decisiones que se les antojen?
 
El debate sobre el poder y la sociedad, tan fuerte en todas las democracias maduras, ha vuelto a estar presente en esta elección. ¿La sociedad es un apéndice del poder, una suerte de cómplice silenciosa de sus actos, o es un ente independiente de él? ¿Y en ese caso, cómo se expresa y dónde está?
 
La sociedad política clásica siempre ha creído, por su visión corporativa, que la sociedad está representada por algunos que, además piden al poder político, personería jurídica y representación legal. Es una vieja forma de ver. Hoy esa sociedad, inasible en muchos campos e imprevisible en otros, participa de la esfera pública por muchos canales que, en forma alguna, figuran en las instituciones u oficinas públicas. 
 
La construcción de lo público corre por redes sociales y canales de expresión que no esperan legitimación alguna por parte del poder político. El voto, en ese caso, es la aprobación de un rumbo; no la consagración de una autoridad con poder para definir todas y cada una de las acciones que involucren o marquen el futuro de los ciudadanos. 
 
En la campaña sí surgieron estas cuestiones fundamentales que atañen la relación entre el poder político (cualquiera que sea su orientación) y la sociedad. Se vio, en forma expresa, en esa percepción que circuló en todas las redes sociales, de una campaña apática. ¿Por qué? ¿Qué implicaciones tiene esto y cuáles son los motivos? ¿Es una sociedad pasiva y consumista dedicada a gozar del canto de sirenas generalizado que produce la bonanza petrolera? ¿Es una actitud cómplice, por las razones que sean, con las autoridades que administran el Estado? ¿Es una actitud distante y quemimportista sobre los asuntos de fondo que la atañen? ¿Es una sociedad cooptada o sencillamente satisfecha?
 
Los debates que surgieron en la campaña y que claramente se reflejaron en una despolitización a cambio de mayor mercadeo no es nuevo en forma alguna. Estuvieron presentes en la bonanza europea de los años '70 y '80.
 
También antes y después de la caída del muro de Berlín. O en los textos y la estrategia política de Vaclav Havel, el presidente checoslovaco que, desde la izquierda, teorizó que la sociedad no estaba al servicio del poder político sino al revés. Es un debate, entonces, que por sus características, llegó para quedarse.