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CAYÓ PARADO

Trío amoroso y escándalo: La historia jamás contada de cómo Jeff Bezos tendió una trampa mortal a sus enemigos

La revista National Enquirer, que enfrentaba sus propios problemas legales por vínculos a la campaña de Donald Trump, intentó negociar con Bezos la no publicación de material suyo comprometedor a cambio de que Bezos dejara de fustigar la hipótesis de que la revista tenía una motivación política detrás de haberlo ya "escrachado" junto a su amante. Bezos tomó la oferta como una extorsión y dijo no: en cambio, los expuso.

No fue de un día para el otro pero en algún momento, Jeff Bezos, fundador de Amazon, pasó de ser un "tech geek" (un freaky tecnológico) con una mente brillante, a manejar un imperio billonario.

Además de Amazon, pasó a manejar una compañía espacial, Blue Origin y se puso al hombro la tarea de revivir el diario The Washington Post.

Su matrimonio estaba en pedazos y mantenía una relación extramatrimonial, que no se esforzaba demasiado en ocultar aunque tampoco era explícitamente pública. 

Pero el asunto no pasó desapercibido para sus enemigos y en un momento, llegó a poner en riesgo su imperio entero. Pero Bezos se salvó: con ingenio, agudeza y osadía.

Un capítulo del libro "Amazon Unbound: Jeff Bezos and the Invention of a Global Empire" de Brad Stone, publicado en Bloomberg, elabora una hipótesis sobre cómo Bezos le "ganó a los tabloides" que buscaron hundirlo publicando detalles de su vida privada.

Sus enemigos, para la época en que el hombre mantenía esta aventura amorosa, no eran bebés de pecho: estaban al nivel del entonces presidente estadounidense, Donald Trump, o el príncipe saudita Mohammed bin Salman, quien hervía de ira por la cobertura que el diario que Bezos manejaba -el Washingont Post- mantuvo en torno al asesinato del periodista disidente saudita Jamal Khashoggi (quien hasta su muerte escribía en ese mismo diario).

Bin Salman aparecería más adelante implicado en un presunto plan para introducir un malicioso bot espía en el celular de Bezos -un vínculo sospechado pero que nunca llegó a demostrarse-.

En febrero de 2019, Bezos publicó un ensayo en Medium denunciando que era víctima de extorsión por parte de la revista National Enquirer, que lo amenazaba con publicar fotos explícitas de sus partes íntimas.

En lugar de hacer lo que muchos harían en esa situación -bajar la cabeza y mantenerse callado- Bezos contó su odisea en un posteo de blog, que incluía descripciones de las fotos que el Enquirer aseguraba tener.

Bezos sugería que el Enquirer estaba haciendo esto para vengarse de la cobertura del Post sobre las conexiones entre esa misma revista y la administración de Trump.

Pero esa denuncia tiene un trasfondo.

De acuerdo a la investigación, fue el propio hermano de la amante de Bezos -llamada ella Lauren Sánchez y llamado su hermano, el presunto delator, Michael- quien vendió ese material al tabloide.

Lauren le habría reenviado algunas de las fotos y mensajes que había intercambiado con Bezos.

Michael Sánchez plantea que nunca traicionó a su hermana: "Todo lo que hice protegió a Jeff, Lauren y mi familia", dijo en un email. "Nunca vendería a nadie." Por otro lado, ingenuamente creyó que el Enquirer cumpliría el pacto que tenían de no mostrar el material más caliente y vergonzoso que les había provisto. Dijo a investigadores del FBI que de hecho nunca había tenido una foto explícita de Bezos en su posesión. En cambio, había mostrado a los del Enquirer una foto de genitales masculinos obtenida en una website de escorts. Sí eran reales las fotos de Bezos con su hermana, que ella misma le había compartido, y mensajes calientes entre ambos.

El Enquirer sacó un primer artículo anunciando que el divorcio de Bezos (que el propio magnate acababa de anunciar por Twitter) se debía a la aparición de la tercer en discordia.

En los días siguientes, publicó mensajes entre Bezos y Sánchez.

Bezos apuntó a que había una motivación política detrás del ataque a su persona: que la operación del Enquirer formaba parte de la campaña de Trump contra el Post.

El Enquirer, que enfrentaba sus propios problemas legales por vínculos con la administración de Trump, intentó entonces -según el intercambio de emails expuesto luego por el propio Bezos- negociar con él la no publicación del material más explícito, que aún mantenían a resguardo, a cambio de que Bezos dejara de fustigar la hipótesis de la motivación polítcia detrás del ataque.

Bezos consideró la oferta como una extorsión y dijo no. Pasó directamente a la ofensiva, revelando él mismo que era objeto de extorsión y contando qué material tenía la revista.

Lo hizo a través de un ensayo titulado "No gracias, Sr. Pecker" (referencia a David Pecker, editor del Enquirer). Allí incluía los emails cruzados con la gente del Enquirer, poniéndolos en evidencia.

Bezos, explica el libro citado en Bloomberg, manipuló a sus adversarios para que cayeran en la trampa y dejaran evidencia de actitudes incriminatorias.

Se mostró así públicamente como un defensor de la prensa y un opositor de las táctica sucias de algunos periodistas. Bezos corrió el eje de su aventura extramatrimonial y las fotos "hot" y se ganó la empatía pública.

Aún más, el detective que trabaja para Bezos, Gavin de Becker, publicó posteriormente la sospecha de que los sauditas habían penetrado el teléfono de Bezos, ganando acceso a información privada.

El National Enquirer insiste en que su única fuente fue Michael Sánchez.

En el distrito sur de Nueva York, investigadores federales abrieron una pesquisa en torno a la acusación que Bezos planteó en su ensayo, de que había sufrido una extorsión. Sin embargo, la evidencia no debe haber sido suficiente para proseguir porque el caso cayó poco después sin hacer demasiado ruido. Sin embargo, la sospecha estaba instalada y la reputación de Bezos, indemne. Así, el magnate supo caer parado.

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