Exclusivo 24

ECONOMÍA 2020/2021

Santiago Cafiero no habló lo suficiente con Antonio

Demasiado circular la historia económica argentina. Por ese motivo hay que ser prudente en los dichos, y más profundo en el análisis de los sucesos del pasado que se repiten en el presente. Es un mensaje para Santiago Cafiero pero no sólo para él.

En la entrevista, Cafiero abunda, sin repreguntas, en los clichés de las entrevistas ficticias: "dos modelos en pugna", el de "producción, trabajo, distribución de la riqueza y fortalecimiento del mercado interno" y el que de "especulación financiera y concentración de riqueza".

La culpa no es de los periodistas. Cafiero es quien asigna las partidas presupuestarias de Telam.

Pero la grieta, tal como la presenta Cafiero, es falsa. Justicialismo K y UCR/PRO/CC ARI representan lo mismo porque la tasa de inflación tan elevada, tolerada y hasta estimulada por ambos, provoca la especulación financiera y la concentración de la riqueza.

En verdad, en la Argentina habría que hablar de

 # un modelo, el inflacionario; y

 # otro modelo -cuyos líderes se desconocen, no existen- de estabilidad, consecuencia una reforma que normalice la distorsionada estructura de precios relativos. Quizás introduzca una doble circulación de moneda, liberando pagos en forma indistinta de pesos y dólar.

No hay imaginación ni audacia, quizás ni siquiera recursos humanos, y menos voluntad política.

Cafiero explica el año 2021: "Tenemos expectativas que será un año de recuperación, de reconstrucción, sobre todo de recuperación económica y también de vínculos sociales. En todo sentido puede que sea un año de recuperación, estamos también muy esperanzados por la vacuna. Pensamos que también allí se va a inscribir una recuperación cada vez más sensiblemente visible al bolsillo de las familias argentinas. Estamos esperanzados que se recupere el salario real y el nivel de los haberes jubilatorios".

Puro voluntarismo. No hay recuperación de ingresos salariales y jubilatorios con alta inflación. Toda inflación de 2 dígitos es elevadísima e impide la competitividad de la economía argentina, sometiéndola al mandato de su mercado doméstico, sin escala suficiente, entre otros defectos. Cualquiera lo sabe. Entonces, ¿para qué instir en lo que ha fracasado desde hace muchos años?

Santiago y su abuelo Antonio

"La independencia económica - El pensamiento económico de Antonio Cafiero", es un libro que escribieron 2 nietos del fallecido dirigente que no llegó a Presidente: Santiago Cafiero e Ignacio Lohlé.

Sin embargo, es mucho más interesante el análisis del debate económico entre Alfredo Gómez Morales y Antonio Cafiero, con Juan Perón vivo y Eva Duarte ya fallecida, que desarrolló Claudio Belini en el Boletín del Instituto de Historia Argentina y Americana Dr. Emilio Ravignani.

Belini lo tituló "Inflación, Recesión y Desequilibrio Externo - La crisis de 1952, el Plan de Estabilización de Gómez Morales y los Dilemas de la Economía Peronista". La historia de la economía argentina es circular, e incluye a la del peronismo.

Belini describe el problema a considerar, en 44 páginas muy interesantes:

"A comienzos de la década de 1950, la Argentina inició una nueva etapa en su historia económica. El ritmo de crecimiento se desaceleró, la industrialización enfrentó nuevos obstáculos y el sector agrario pampeano, otrora el motor de la economía argentina, culminó una etapa de casi veinte años de estancamiento en medio de la más aguda de las crisis de su historia. A estos factores se sumaba la aceleración del ritmo de la inflación que amenazaba el nuevo patrón distributivo implantado por el peronismo." 

La inflación es el gran degenerador de una distribución progresista de la riqueza. Pero los supuestos 'progresistas' aman la inflación. O aceptan convivir con ella. Hasta la estimulan. 

En una deformación de la ciencia económica, ellos creen que cualquier intento de detener la inflación es conservador e impopular. No hay cómo recuperar el ascenso del estamento de los sectores medios en un proceso inflacionario, que sólo genera la pauperización de esos ciudadanos / electores / contribuyentes / usuarios / consumidores.

Es evidente que Santiago nunca habló en profundidad con Antonio, para preguntarle acerca de sus experiencias históricas.

El gran obstáculo

Belini menciona el problema de fondo de toda inflación que es la expansión monetaria que hizo trizas el proyecto de Perón y su 2do. Plan Quinquenal, definiendo un escenario propicio para su debilitamiento político (1955), tal como le sucedió a una futura viuda suya (María Estela Martínez, 1976) e inclusive más adelante a quien por entonces era un joven de 25 años pero alguna vez sería Presidente (Raúl Alfonsín, 1989). ¿Acaso hay alguna duda de que sin inflación Mauricio Macri habría logrado un 2do. mandato presidencial? Pero Patricia Bullrich no entiende estas cuestiones y sigue hablando, hasta con frivolidad, de la inseguridad, para un conjunto de personajes cada vez más parecidos a los Proud Boys, del tío Donald.

Belini:

 # "La crisis no se limitaba al desequilibrio de la cuenta corriente del balance de pagos. Entre los factores internos que agravaban la coyuntura, la inflación ocupaba el primerísimo lugar. A partir de 1949 el ritmo de la inflación local se había distanciado de la inflación internacional. Y si bien el equipo de Gómez Morales, que había reemplazado a Miguel Miranda en la conducción económica a principios de 1949, había identificado con bastante precisión los problemas que afrontaba la economía local, las medidas tomadas para contener el crecimiento de los precios no habían dado resultados apreciables.
 
 # "La reanudación de políticas monetarias y crediticias expansivas, en el marco de una economía con plena ocupación, alentó la inflación. El costo de vida ascendió al 37% en 1951, revirtiendo la tendencia del año previo, y la inflación mayorista trepó al 49%. El conflicto por la distribución del ingreso se acentuó mostrando los límites de una estrategia económica que se había basado en la transferencia de una parte de la renta agraria hacia el sector urbano.
(...)".

Perón aceptó el Plan Gómez Morales, que era contra la inflación pero sin mencionar la inflación. Sin embargo, más adelante ya no pudo evitar referirse a lo que preocupaba a sus propios electores y, tal como ahora hace Santiago Cafiero, decidió culpar a alguien por el fenómeno de destrucción de la moneda propia, y habló de los especuladores: ¿el huevo o la gallina?

"(...) El 5 de marzo (1952), Perón se refirió a la inflación, a la que adjudicó causas externas fundamentales. Al mismo tiempo, se enfocó en la especulación como “otro aspecto de la inflación”, originada por “defectos profundamente arraigados en el sistema económico argentino que es necesario desterrar” como el mercado negro y las maniobras tendientes a incrementar los márgenes de utilidad a través de la intermediación, entre otras. Para resolver esos problemas, prometió mayores controles y sanciones."

Nada nuevo bajo el sol.

El tipo de cambio

Por entonces, Perón tuvo que enfrentar un dilema entre sus ministros: Gómez Morales se negaba a devaluar porque deterioraría aún más los salarios, pero Antonio Cafiero era partidario de la devaluación para estabilizar el balance de pagos.

Al fin quien mencionó cierta vez que la verdad es la única realidad, tuvo que aceptar que la inflación tenía un origen propio y destrozaba su proyecto político:

"(...) La devaluación como camino había sido rechazada por el equipo económico en febrero de 1952, debido a que, por sus efectos sobre la distribución del ingreso, reduciría la demanda efectiva deprimiendo aún más el mercado doméstico, provocaría una recesión industrial e incrementaría la desocupación. Sin embargo, el agravamiento de la crisis de balanza de pagos reabrió la discusión en el interior del Gabinete Económico. 

Por un lado, el ministro de  Comercio Exterior, Antonio Cafiero, propuso corregir el tipo de cambio para alentar las exportaciones y poner fin a los subsidios otorgados por el IAPI, que se financiaban con crédito oficial. 

Por otro lado, Gómez Morales sostenía la necesidad de mantener el tipo de cambio y no devaluar por el momento, para lograr frenar la inflación y evitar que la crisis cayera con mayor peso sobre el sector urbano y, especialmente, los asalariados.

El enfrentamiento entre ambos enfoques se inició tempranamente y tomó diversas formas. El 27 de junio, el Gabinete Económico consideró las perspectivas para la cosecha 1952-1953 y dispuso fijar con mayor antelación precios oficiales, que implicaban aumentos sustanciales destinados a cubrir el incremento de los costos de producción. (...)

El problema de la inflación fue atacado a través de diferentes mecanismos. 

Por un lado, el congelamiento de precios y salarios detuvo la lucha por la distribución del ingreso. 

Por el otro, las políticas monetarias y crediticias expansivas fueron reconocidas como un factor inflacionario. 

Por ello, el gobierno se propuso “racionalizar” el uso de estos instrumentos a fin de contener esa fuente inflacionaria. Según el gobierno, esta orientación reconocía sus orígenes en las medidas tomadas en 1949. El agravamiento de la crisis obligaba a intensificar su aplicación. En realidad, fue en este aspecto en donde se apreció un importante giro en la orientación oficial. (...)".

La desinversión

Perón también tuvo que enfrentar no sólo las consecuencias de apostar por la demanda agregada expaniendo moneda sino el resultado de suponer que una economía puede sobrevivir a un largo período de insuficiente inversión directa.

Es otro tema que debería considerarse en 2020 con cierta seriedad, y no está ocurriendo. 

La única preocupación -hoy tal como ayer- parece resultar de recaudar más creyendo que es sustentable un equilibrio fiscal ficticio (los impuestos adicionales, comenzando por los extraordinarios, llevan a una ficción porque son insostenibles en el tiempo, sólo provocan evasión o derrumbe en las urnas).

Más temprano que tarde el gasto público necesita revisarse pero es otro concepto sometido al cliché del falso populismo: se ha escuchado hasta la aberración de que bajar el gasto público es antidemocrático: ¿?

Belini:

 # "El control de la inflación también demandaba un ajuste de las cuentas públicas y una reducción de los gastos fiscales. Entre 1945 y 1954 el gasto público ascendió un 60% en moneda constante. El incremento más importante se produjo en los primeros años, con un record del 97% entre 1945 y 1948. Luego, se inició una caída, aunque todavía en 1951 superaba en un 39% las cifras de 1945. 

Como señaló el estudio de la CEPAL de 1959, la mayor parte del incremento de los gastos públicos se destinó al consumo, las subvenciones a las empresas privadas y las transferencias, antes que a las inversiones de capital.

 # El incremento del gasto fue acompañado del aumento de los ingresos mediante la diversificación de la estructura impositiva; del peso relativo de los tributos directos que incluyendo los nuevos aportes por seguridad social llegaron a representar el 59% de los recursos; y de la presión impositiva, que ascendió desde el 10% del PBI en 1946 al 17% en 1951.44 Como los gastos crecieron a mayor ritmo, el déficit fiscal se incrementó hasta alcanzar un 13% del PBI en 1948, declinando a un 4,5% en 1951. (...)

 # El plan de 1952 fue acompañado por una intensa política oficial enfocada a atemperar el impacto de la inflación sobre la demanda doméstica y el mercado interno.

Esta fue una dimensión central del plan de estabilización, que no ha merecido hasta el momento un estudio sistemático.

 # El programa económico profundizó el debilitamiento de la demanda interna y la caída del consumo, que se observaban desde comienzos de la década. El laudo de Perón en la cuestión de precios y salarios implicó también una caída de los salarios reales del 25% en 1952 con respecto a 1950. A partir de entonces, se habría iniciado una lenta recuperación que, hacia 1955, los acercó apenas por debajo del nivel de 1948. (...)".

Final

Si el diagnóstico era correcto, ¿por qué no funcionó el plan de ajuste de Gómez Morales?

Porque el gradualismo no funciona. Nunca funcionó. Es lo que, de alguna manera, intentaron explicar Pablo Gernuchoff y Damián Antúnez, en su "De la bonanza peronista a la crisis de desarrollo", cuando citan al propio Gómez Morales explicando su via crucis:

 # “...las medidas tendían a frenar el proceso inflacionario, si no del todo, al menos a disminuir su aceleración...”. 
 # “... no paralizamos la actividad económica, frenamos la aceleración del proceso inflacionario, que de otra manera hubiera alcanzado magnitudes difíciles de prever...”. 
 # “...había una situación de arrastre; los salarios, por razones lógicas de tipo político, no acompañaron del todo a las iniciativas del equipo económico...”. 

Gernuchoff, quien integró el intelectualmente brillante pero de resultados calamitosos equipo de Juan Sourrouille, co-escribió, con su propia experiencia, tal vez: "Frenar la aceleración, apenas una tímida y secreta victoria de la política antiinflacionaria que sólo quienes participan del gobierno pueden valorar. Comprender las situaciones de arrastre, un peso muerto imposible de sobrellevar si se quiere estabilizar la economía. Por cierto, no había llegado todavía el tiempo de un plan antiinflacionario integral."

Por lo tanto, cuando Santiago Cafiero le dice a Telam: "Tenemos como tarea primordial bajar la pobreza y sostener los precios... Hoy se alejó ese fantasma de corrida y estamos conformes con la política cambiaria que estamos sosteniendo", no está en lo correcto. Apenas goza de una tregua, y con esta inflación todo es insostenible.

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