Lo lograron, hicieron enojar al Presidente. ¿Cómo nos damos cuenta de que Javier Milei está furioso, realmente frustrado? ¿Insulta, grita, llama “mandriles” a economistas que critican su plan, pide odiar a los periodistas? No, señores, todo eso es apenas un discurso estándar, tan trivial como el café de la mañana. Entonces, ¿cómo comprobamos esa irritación? Simple: cuando Milei no termina sus discursos al grito de “¡Viva la libertad, Carajo!” sino con un “muchísimas gracias”, como cualquier presidente normal o el ganador de alguno de los tantos Martín Fierro. Ahí está enojado.
ÁCIDO ARGENTINO
2027 para Milei es reelección o curriculum vitae
El Presidente dice que si no lo votan, “no pasa nada” y que en ese caso se vuelve al sector privado.
Lo vimos en la presentación que el Presidente hizo en la AmCham un rato después de que el INDEC lo fajara (y a todos los argentinos) con la revelación de que en marzo la inflación fue del 3,4%, la más alta en el último año y, por si no lo notaron, con una tendencia contraria al cero por ciento.
¿Por qué deberíamos pensar que los precios iban a ir en esa dirección después de 10 meses de alza o, de mínima, sin retroceso? Bueno, empecemos por decir que fue el propio Milei el que el mes pasado tiró la pirotecnia de un índice que próximamente “empiece con 0” usando el dato de los precios mayoristas (IPIM). Según él, ese indicador “adelanta” la tendencia. En febrero el índice dio 0,9% y Milei festejó con un “tsunami de chanes” porque veía convalidada su teoría.
Fue mucho mejor para el Presidente (y todos los argentinos) que su tesis haya fallado porque el IPIM de marzo fue del 3,4%. Si la relación fuera la misma, más que pedirle “paciencia” a la sociedad, Milei debería solicitarle a Donald Trump que le de asilo político en USA.
Es cierto que en el Gobierno ya habían abierto el paraguas. Fue ‘Toto’ Caputo el que anticipó que el índice venía horrible, pero también dijo que no nos preocupemos porque de ahora en más vienen “los mejores 18 meses en décadas”. Esperemos que la bola de cristal que mira el ministro de Economía no sea la misma que le pronosticaba que el Riesgo País iba a estar en 300 puntos en algún momento del año pasado, por lo que iba a conseguir financiamiento en el mercado internacional.
No pasó y ‘Toto’ tiene que ingeniárselas para obtener en algún lado plata con destino al pago de la deuda. Ahora consiguió que algunos organismos internacionales pongan la cara por él ante bancos privados para que le habiliten algún billete.
Caputo también logró el aval del FMI en la revisión de las metas planteadas en el acuerdo firmado el año pasado. Con un “siga, siga” en materia de acumulación de reservas, el organismo dio el “OK” y desembolsará US$1.000 millones. También bajó las exigencias en cuanto al superávit fiscal, pero duplicó la previsión de inflación (la llevó hasta el 30% a fin de año) y recortó medio punto la proyección de crecimiento económico (ahora espera un 3,5%).
“La relación con el Fondo es soñada”, dijo Caputo, en una muestra involuntaria de que aún le queda algo de macrismo en sangre. Es que la expresión remite directamente a aquel pedido de Mauricio Macri a los argentinos para que “se enamoren” de Christine Lagarde, entonces titular del FMI. La que no se enamoró para nada fue Lagarde, pero de Caputo, quien tuvo que renunciar a la presidencia del Banco Central cuando vio que el por entonces inminente acuerdo no le dejaba margen de acción contra la corrida cambiaria.
En la Amcham, Milei dio su versión de por qué la inflación llegó en marzo a un nivel que le “repugna”. Mencionó factores estacionales -como los precios de la Educación-, el impacto de la carne y de la guerra en Irán, que disparó el precio de los combustibles, y que una vez superados la inflación volverá a caer.
Pero fue más enfático en apuntar un factor político, un supuesto intento de “golpe de Estado” que tuvo como punto de partida la victoria del multipropietario Manuel Adorni en las elecciones porteñas. Lo curioso es que según el Presidente, esa movida “destituyente” se instrumentó a través del impulso de leyes en el Congreso que incluso tuvo la posibilidad de vetar. Un golpe de Estado con la Constitución Nacional en la mano. Raro.
Como sea, Milei sostiene que el esfuerzo opositor por doblegar el equilibrio fiscal redundó en una corrida cambiaria, que -como todo en esta época- fue la más grande de la historia de la humanidad y cuyos efectos aún presionan sobre la inflación, pero como las cuentas están en orden no ocurrió lo que pudo pasar en otros momentos de la Argentina: que vuele todo por los aires.
Y ese es el “palo” al que Milei dice que, como Ulises, se va a atar contra los supuestos cantos de sirenas del “círculo rojo y los economistas profesionales” que le piden emitir para darle impulso a la economía. Llama la atención que el Presidente apunte contra esos sectores porque no son los que proponen tales soluciones, aunque reclamen alguna flexibilización monetaria y cambiaria para darle algo de oxígeno a la actividad, que tiene la mitad de su capacidad instalada detenida.
“La ortodoxia es innegociable”, dijo Milei mientras tiraba una vez más de la cuerda de la motosierra. El problema es que el recorte en el gasto para sostener el superávit fiscal cuando la recaudación tributaria no para de caer (por la eliminación de impuestos pero también por el parate de la actividad) está afectando, por ejemplo, las prestaciones del PAMI y en discapacidad, sectores muy sensibles de la sociedad. Antes había impactado en la circulación de los colectivos en el AMBA.
Todo recalienta un malestar social muy estimulado por los bajos ingresos y el aumento del desempleo, lo que lleva a que Milei tenga los peores índices de aprobación desde que asumió.
Pero el Presidente no vino para que lo quieran, sino para “hacer las cosas bien”, porque se lo demandan “los valores judeo-cristianos”. Por eso dice que si no lo votan, “no pasa nada” y que en ese caso se vuelve al sector privado. Está hablando de 2027.
Del resultado económico dependerá que sea reelección o actualización del curriculum vitae.
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