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¿CAMBIÓ EL SISTEMA POLÍTICO EN ARGENTINA?

Rosenkrantz, de Hamlet a la Corte

Mar, 20/10/2020 - 8:08pm
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Hamlet es probablemente la obra dramática más famosa de la literatura occidental y una de las obras literarias que ha originado mayor número de traducciones, análisis, y comentarios críticos. Es el más extenso drama de William Shakespeare, y se encuentra entre las más influyentes y principales tragedias en lengua inglesa.

Carlos Rosenkrantz, presidente CSJN
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Carlos Fernando Rosenkrantz, escapado de Hamlet.
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En silencio, sin que nadie lo advierta, Argentina ha cambiado su sistema político. Pasamos de ser una república a una monarquía parlamentaria en la que el Presidente funge de 1er. Ministro y una  Reina vengativa marca el rumbo.

El 1er. Ministro pasea por los jardines de Olivos acosado por el presente. Una realidad que es un azote que tiene nombre y apellido: Covid -19, brutal caída de la economía, aumento sideral de la pobreza.

Tanto pareciera afectarlo esta medusa de mil cabezas que sus declaraciones parecen las de  un psicótico: alguien desligado de la realidad. Por si fuera poco la Reina vengativa acecha.

En 1609 se publicó en Inglaterra “Hamlet”. Para la confección de esta nota estoy usando la traducción de Silvia Santana. publicada por la editorial Cántaro en 2014.

La trama es conocida: Dinamarca es gobernada por Claudio luego de la muerte de su hermano, el padre de Hamlet, y de haber contraído matrimonio con Gertrudis, la madre de Hamlet. Al joven y dubitativo Hamlet se le aparece el fantasma del padre. Tiene un mensaje: ha sido asesinado por su hermano, Claudio, para quedarse con el reino. Hamlet  cavila. Reúne a dos cortesanos, Guildenstern y y Rosencrantz, quienes se disponen a ayudarlo.  

La conversación inicial entre los tres es maravillosa. Hamlet les pregunta cómo se encuentran. Dice Rosencrantz: “Más o menos, como toda la gente de esta tierra”. Dice Guildenstern: “Felices de no ser demasiado felices”.  

La estrategia de Hamlet para averiguar si realmente su padre fue asesinado por Claudio es fingir una cierta locura. Ni Guildenstern ni Rosencratz conocerán esta decisión de Hamlet.

La obra es tan notable que el lector no sabrá exactamente cuál es la materia de la realidad y cual de la ficción.  Esta ambiguedad permitió en 1967 que el  dramaturgo inglés Tom Stoppard escribiera “Rosencrantz y Guildenstern han muerto” cuyo  corazón es revelar  lo absurdo y ambiguo de la existencia de dos personajes menores en la obra de Shakespeare traídos y llevados por las corrientes de la intrigas políticas que no entienden.

Por carácter transitivo, esa neblina podría extenderse  a muchos de los ciudadanos comunes del país.

Si miráramos la Argentina de 2020 con los ojos de Shakespeare,  el que funge de Primer ministro pareciera correr entre las órdenes de la Reina vengativa y el presidente de la Corte, Carlos Rosencrantz, para tratar de atenuar los daños colaterales que los fallos del alto Tribunal pudieran causar en el humor ácido de la Reina.

Mientras tanto, en el cuarto piso del Palacio de Justicia, el titular de la Corte cavila.

¿Sus decisiones serán acompañadas por el resto de los integrantes del Tribunal?

¿O quedará sólo como en decisiones anteriores?

¿La Justicia es la representación de la verdad o se trata de dos nociones  distintas?

¿Terminará, como en las obras de Shakespeare y de Stoppard, políticamente muerto si no se somete a la voluntad de la Reina?

¿O soportará el embate con gallardía?

Pronto se sabrá.