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CLOROFORMO PARA EL ENEMIGO

Béliz no logró la reelección pero quieren que consiga un acuerdo socioeconómico

Vie, 19/02/2021 - 1:12pm
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La Administración Fernández quiere hacer un gesto de política socioeconómico con la creación de un Consejo Económico y Social que no tiene destino porque lo lidera el propio Gobierno y, por lo tanto, para comenzar ya tiene una limitación. Su apuesta de máxima es dividir a la oposición pero cuidado con los disparos en los pies propios.

Gustavo Béliz desistió de su candidatura para el BID.
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Gustavo Béliz otra vez buscando un acuerdo con opositores.
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En los años '90, Gustavo Béliz era el rostro transparente de Carlos Menem, acusado por sus opositores de condescendiente con los corruptos, por lo menos.

Béliz era un joven con formación católica militante, que se había desempeñado en el periodismo gráfico deportivo -por ejemplo, el diario La Razón, a las órdenes de quien luego se convirtió en su amigo y colaborador, Jorge Azcárate-, y que había comenzado a escribir declaraciones públicas para Menem.

Béliz era conocido como un 'distinto' en la hoguera del menemismo donde debía convivir con la heterodoxa pócima de Luis Barrionuevo, 'Buscapié' Rubén Cardozo, Julio Bárbaro, César Arias, Juan Yofre, Moisés Ikonicoff, Julio Mera Figueroa, Luis Santos Casale... Quizás el más cercano podía ser Eduardo Bauzá, quien se decía admirador de Giuseppe Giovanni Luigi Maria Enrico Lanza di Trabia-Branciforte, más conocido como el filósofo católico Lanza del Vasto. Pero chocaban por la autonomía y el liderazgo.

Menem le concedió a Béliz una Secretaría de Estado para la Reforma del Estado (que llamó INAP o Instituto Nacional para la Administración Pública), y lo cierto es que la idea de Béliz era muy oportuna, audaz y racional: llevar a la función pública hacia la meritocracia, empeño en el que había fracasado Jorge Esteban Roulet en días de Raúl Alfonsín pero con Béliz había una 2da. oportunidad.

Obvio que luego del anuncio feliz, llegaron los bloqueos sindicales. Pero para entonces Béliz había comenzado otra aventura, que tampoco era mala: convocar a jóvenes intendentes de todo el país para producir una renovación de la política, quizás más allá del Partido Justicialista. Eso se terminó llamando Nueva Dirigencia, y provocó la tirria de los gobernadores porque los alcaldes conseguían un diálogo con la Casa Rosada sin pagar peaje. Le fue útil a Menem para licuar la 'Liga de Gobernadores' que algunos querían armarle.

Tal como sucede hoy con Axel Kicillof, Béliz podía cargar con defectos conceptuales o de soberbia de carácter, pero lucía blindado por la honestidad, una virtud que parece infrecuente en los hombres públicos argentinos: la mayoría está bajo sospecha. Entonces, a Béliz resultaba difícil cuestionarlo, y la única forma de herirlo era atacando a su familia política, los Meritello, o a la polémica familia Trusso, que aún era banquera y que protegía a Béliz, aunque entonces había que chocar con el cardenal Antonio Quarracino. Con cierta impotencia sus enemigos le apodaron 'Zapatitos Blancos'.

Béliz logró marcar contrastes con quien parecía su alter-ego, José Luis Manzano, y le quitó el Ministerio del Interior, en diciembre de 1992, pese a que el hoy accionista de Edenor había conseguido la protección del otro cardenal católico, Raúl Primatesta. 

A ojos de Menem y de Bauzá, ¿cuál debía ser la prioridad para la gestión de Béliz? Obtener un acuerdo con la oposición, básicamente la Unión Cívica Radical, para reformar la Constitución Nacional y obtener la posibilidad de un 2do. mandato consecutivo para el Presidente de la Nación.

Y Béliz lo intentó. Muchísimo. Por aire, mar y tierra diría el coronel José Meritello, suegro de Beliz. Pero no lo consiguió. Bauzá tampoco. Lo terminó logrando Barrionuevo, hablando con Enrique Nosiglia en el Hipódromo de Palermo, tal como lo recordó alguna vez Miguel Ángel Vicco, y fue una gran primicia de Ámbito Financiero, contada por Carlos Pagni y Roberto García.

La anécdota es oportuna para la nueva responsabilidad que afronta Béliz: otra vez le arrojan encima la necesidad de un acuerdo con la oposición. Otra vez incluye a la UCR.

El objetivo es intentar convencer a la opinión pública que Alberto Fernández piensa en grande, más allá de la coyuntura, que la ocupan el Fondo Monetario Internacional y la elección de medio término. La estructura para el acuerdo es el Consejo Económico y Social, que Roberto Lavagna rechazó tanto liderar como integrar.

En verdad, es una condena para Béliz porque él hubiese querido estar, en febrero de 20211, en la confortable oficina del 1300 de la New York Avenue NW, en Washington, D.C., justo donde está sentado, luchando por su permanencia, el trumpista Mauricio Claver-Carone.

Pero esa batalla no prosperó, y Béliz consiguió este repechaje para el que cuenta con la ayuda del pontífice católico Jorge Bergoglio, hoy papa Francisco, que lo designó consejero en el Vaticano.

Bergoglio tiene experiencia en este emprendimiento porque cuando era el jefe del Arzobispado de Buenos Aires colaboró -aunque el rostro visible fue Estanislao Esteban Karlic, quien era presidente de la Conferencia Episcopal- con Eduardo Duhalde y Raúl Alfonsín en el 'Diálogo argentino. ¿Queremos ser nación?', que garantizó la paz social en 2002.

Hay varios problemas en la agenda de Béliz, comenzando por la dificultad de que él es funcionario público, quizás hubiese sido más sencillo convocar a los opositores desde alguna posición menos comprometida cuando por delante hay elecciones legislativas y una agenda de choque con, por ejemplo, primarias abiertas simultáneas obligatorias sí o primarias abiertas simultáneas obligatorias no. Juez y parte es comenzar debajo de cero.

Luego, la oposición no confía en Bergoglio, a quien llaman "el Papa peronista". Karlic garantizaba imparcialidad.

Otro problema consiste en que ya fuese con Menem o con Duhalde, la oposición sabía que en sus respectivos períodos históricos eran 'los dueños de la pelota'. Sin embargo, con Alberto Fernández la oposición tiene la convicción de que las decisiones de fondo pasan por Cristina Fernández de Kirchner y, luego, por la agrupación La Cámpora. Por lo tanto, Béliz no representa 'al dueño de la pelota' en 2021.

No obstante, Alberto Fernández no tiene hoy día otra táctica para intentar generar titulares de expectativas positivas. El covid-19 se cargó casi 51.000 fallecidos, la vacunación va más pausada de lo esperable y la inflación no da tregua, con sus consecuencias negativas en pobreza, pauperización y conflicto social.

En fin, Béliz en escena. Veremos.