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HÁBITO SALUDABLE

Este truco avalado por la ciencia te ayuda a no engordar

La teoría ha sido estudiada por décadas e involucra varios procesos del metabolismo. Ahora, una nueva investigación confirma la eficacia del truco.

Dedicar tan solo unos minutos a la hora de la comida corriendo para ingerir los alimentos es una costumbre que se asocia al aumento de peso. Por el contrario, comer de forma pausada, masticando despacio y minuciosamente, es un truco eficaz que acelera el metabolismo y previene el sobrepeso.

Pero el truco no es ninguna novedad. Horace Fletcher (1849–1919) fue el primero en descubrir que la estrategia de masticar mucho los alimentos puede prevenir el aumento de peso.

¿Cómo funciona?

Al masticar despacio aumenta la termogénesis inducida por la dieta (DIT, por sus siglas en inglés), efecto térmico o acción dinámica específica del consumo de alimentos.

Se trata del aumento del gasto energético por encima del nivel basal de ayuno asociado con la digestión, absorción, transporte, metabolismo y almacenamiento de la comida.

Este factor representa un aumento en el metabolismo, en particular en el tejido adiposo pardo, por el incremento en la secreción de histamina que acompaña a la estimulación del gusto y la masticación por un tiempo más prolongado.

Otro de los procesos involucrados es el del aumento de la motilidad intestinal, ya que la respuesta del flujo sanguíneo se eleva después de comer.

A pesar de que la masticación ha sido un truco recomendado hace décadas, no estaban claros los procesos hasta la investigación liderada por Yuka Hamada y el profesor Naoyuki Hayashi, de la Universidad de Waseda (Japón) y publicado en Scientific Reports.

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El efecto de masticar en el metabolismo

Los científicos realizaron una investigación que incluyó tres ensayos:

  1. En la prueba de control, pidieron a los voluntarios que tragaran 20 ml de comida líquida de prueba normalmente cada 30 segundos.
  2. En el segundo test, mantuvieron el mismo alimento de prueba en la boca durante 30 segundos sin masticar, lo que les permitió saborearlo durante más tiempo antes de tragarlo.
  3. Por último, en el tercer ensayo estudiaron el efecto tanto de la masticación como del gusto: los voluntarios masticaron el alimento de 20 ml durante 30 segundos a una frecuencia de una vez por segundo y luego lo tragaron.

Los resultados resultaron ser bastante esclarecedores. En primer lugar, no hubo diferencia en las puntuaciones de hambre y saciedad entre los ensayos.

Sin embargo, como explicó Hayashi, "encontramos que la producción de energía aumentó después de consumir una comida y aumentó con la duración de cada estimulación gustativa y la duración de la masticación”.

Esto significa que los estímulos orales, tanto la duración de la degustación de los alimentos en la boca y la duración de la masticación, generan mayor termogénesis.

En efecto, masticar bien aumenta el gasto de energía y puede ayudar a prevenir la obesidad y el síndrome metabólico.

Hayashi reflexionó que “si bien la diferencia en el gasto de energía por comida es pequeña, el efecto acumulativo obtenido durante las ingestas múltiples, tomadas todos los días y los 365 días del año, es sustancial".

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*Fuente: El Confidencial

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