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Una de cada 2 estaciones de servicios venden con restricciones y esperan que la situación empeore

Desde el sindicato de estacioneros revelaron, mediante un relevo, que de 39 expendoras 31 están desabastecidas, mientras que solo en la provincia de Buenos Aires 1 de cada 2 expendedoras vende combustibles con restricciones de $50 a $100. Los estacioneros advirtieron que la situación se agravará en los próximos meses y aunque las petroleras inviertan ahora "llevará aproximadamente 6 años modificar esta problemática".

CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). El drama por el desabastecimiento de los combustibles continúa y como si fuera poco los estacioneros pronostican que la situación se agravará en los próximos meses. Según un relevamiento efectuado por Federación Obreros de Estaciones de Servicio y GNC (Foesgra) sobre distintas provincias, de 39 estaciones de servicios 31 se encontraban desabastecidas, mientras que solo en la provincia de Buenos Aires 1 de cada 2 expendedoras vende combustibles con restricciones de $50 a $100. En las palabras de Carlos Acular, titular de ese sindicato, el desabastecimiento se debe al crecimiento del parque automotor y a las empresas petroleras por no haber realizado las inversiones para ampliar las refinerías a los efectos de producir la cantidad de combustible suficiente para satisfacer la progresiva demanda. Por su parte, la  presidenta de la Federación Empresarios de Combustible de la República Argentina (FECRA), Rosario Sica,  informó que cada 30 días de actividad, normalmente, 8 días están faltando combustible en las estaciones de servicio de todo el país. La representante coincidió con Acuña en que la demanda del producto es mayor que la oferta debido al crecimiento del sector agropecuario y a la reactivación de la industria y el comercio. Con respecto a la falta de inversión de las empresas, Sica expresó: "De todas formas, aunque inviertan -las petroleras- llevará aproximadamente 6 años modificar esta problemática que ya es una cuestión estructural". "La situación es muy difícil porque al desabasteci-miento se suman los sueldos ociosos y las presiones del sindicato para que brindemos un aumento salarial a los empleados de las estaciones de servicio", explicó Sica. Por otro lado, un artículo publicado por el diario Ambito Financiero advierte que una disputa entre las petroleras podría impulsar la escasez del gasoil. Según consigna el matutino, "esta confrontación podría agudizarse en las próximas semanas y es el resultado de las ambigüedades de la Resolución 394 de noviembre de 2007 que fijó un nuevo sistema de retenciones para las exportaciones de petróleo y combustibles. Transcurridos más de 6 meses, se da como un dato cierto que el gobierno no intervendrá para solucionar los puntos poco claros de esa norma, y que los mismos quedan sujetos a una negociación entre privados. Esta, a su vez, se ve cada vez más dura, debido a la escalada en el precio del crudo de las últimas semanas. En esa polémica resolución, que se atribuye al secretario de Comercio, Guillermo Moreno, el gobierno parte de una cotización internacional del petróleo y derivados que toma como referencia la variedad West Texas Intermediate (WTI) que se negocia en el mercado de Nueva York. Luego la norma establece que si el precio internacional (actualmente en 133 dólares), es igual o supera al llamado valor de referencia de US$60,9, el productor siempre recibirá US$42. Ese cálculo no considera los descuentos por menor calidad al WTI que tiene el petróleo argentino cuando se exporta, de modo que los descuentos los termina absorbiendo el productor, porque el cálculo no se hace sobre el precio efectivamente percibido, sino sobre el internacional publicado por la Secretaría de Energía. La ambigüedad se extiende al mercado local. En teoría, para las productoras US$42 es un piso sobre el que deben cobrarse adicionales por mayor calidad. Para las refinadoras sin petróleo propio en el país, Shell y Esso, US$42 es un techo, sobre el que deben aplicarse descuentos por menor calidad al WTI. En la práctica, esos desacuerdos se fueron piloteando en el día a día, ya sea mediante pagos parciales de las refinerías o abonando facturas baja protesta. Pero con el alza persistente en el mercado internacional, los forcejeos se hicieron más notorios. Hasta hace unos quince días, el precio del mercado local promediaba unos 39 dólares en la práctica. Después, los hechos se aceleraron: YPF, presionado por la falta de crudo debido al paro en sus instalaciones en Santa Cruz, salió de apuro al mercado y pagó 42 dólares. Casi simultáneamente, Esso -que no lograba cerrar un acuerdo con algún productor-, empezó a quedarse sin reservas de crudo, por lo cual un barco que tenía en el puerto para cargar con productos exportables, se demoró más de siete días en partir. (Esso tiene, además, menos posibilidades que Shell de cerrar contratos en el mercado interno, porque hubo una época en que importaba petróleo, lo que la obliga a renegociar muy seguido con las productoras.) Finalmente, cuando en apariencia ya estaba al borde de empezar a disminuir la producción de la refinería de Campana, Esso cerró un trato a US$42 el barril. Como esta petrolera usa crudos pesados en su planta, la decisión de Esso fue tomada en el mercado como una virtual convalidación de las pretensiones de las productoras, siendo Shell la que más habría enfrentado a su competidora. La angloholandesa además, refina petróleo más liviano y estaba pagando alrededor de US$39. "El precio del crudo pesado debería bajar", dijo recientemente el director de Relaciones Institucionales de Esso, Tomás Hess, sin dar mayores precisiones, pero posiblemente marcando parámetros con relación a futuras negociaciones. Un dato llamativo es que al abstenerse de intervenir, el gobierno convalida el precio de US$42, que en algunos casos, es superior al que perciben los productores por sus exportaciones, considerando los descuentos por calidad que hacen los compradores del exterior. Se puede suponer que esta actitud oficial obedece a evitar más conflicto con las provincias petroleras que perciben regalías sobre el valor efectivamente cobrado por las productoras. Esta especie de venia acentuaría la dureza de las empresas que extraen el crudo, y hay sospechas de que todavía pidan mayores precios en futuros convenios, sobre todo en el caso del petróleo liviano que usa Shell. Puede pensarse que también hay cierta predisposición oficial a admitir los aumentos de combustibles, que se están registrando a veces uno o dos veces por semana. Pero cuanto más caro cueste el crudo en el mercado interno, más subirán los combustibles. Y si no se logra que haya una cierta diferencia aceptable entre crudo pesado y liviano, crecerá la puja entre Shell y Esso, y alguna de las dos saldría perjudicada. El tema puede no importarle en sí mismo al gobierno, pero incidiría en los suministros, en un momento en que se está operando con un abastecimiento por lo menos acotado".