Por supuesto que lo sensato habría sido suspender la ceremonia, pero quién convence a los poderosos de que sus errores deben ser corregidos…
¿Han visto esas viejas películas mudas, con los policías de Keystone persiguiendo por las calles a Charlie Chaplin? Pues es más de lo mismo.
Preparémonos para ver un espectáculo similar en otras ciudades, cuya gravedad dependerá, entre otras cosas, del nivel de violencia con que los chinos sigan reprimiendo a los tibetanos y otras minorías.
Y dado que una cosa se alimenta de la otra, no se ve cómo puede cambiar la situación, salvo para peor.
Lo interesante es que estos traslados de la antorcha no tienen nada que ver con los Juegos Olímpicos.
Se trata de una operación de propaganda política, concebida por relacionadores públicos al servicio del gobierno chino, en coordinación con las empresas auspiciantes.
Cuatro meses de "paz y armonía", prometieron los creativos a sus amos, llevando la antorcha por 21 países. Imaginen el capital político por ganar.
En realidad, hasta el más miope de los operativos debió darse cuenta de que justamente la enorme importancia que Pekín otorga a esta manipulación publicitaria la convertiría en un objetivo irresistible para los manifestantes.
La antorcha, en su camino hacia Pekín, hará escala en Lasa, la capital tibetana. Allí llegará también una antorcha procedente del Everest, en una confluencia cuyo propósito es recordar a todo el mundo la soberanía china sobre el Tibet.
De modo que los chinos, que se quejan de quienes "hacen política" con los juegos, son los primeros en deslizar un significado político al traslado de la antorcha y por consiguiente a toda la operación.
Hace unos días pregunté en este blog si convenía o no boicotear los juegos olímpicos. Muchos lectores opinaron que no, que sería un error.
Estoy de acuerdo. Ya hemos visto las consecuencias de los boicots anteriores: los que más sufren son los deportistas, muchos de los cuales se han sacrificado durante años para poder participar en los juegos.
Los regímenes que supuestamente "sufren" el boicot siguen haciendo de las suyas, sea lo que fuere.
Al mismo tiempo, debemos respetar y reconocer el derecho de quienes quieren repudiar lo que ocurre en Tibet y para hacerlo aprovechan una ceremonia política y publicitaria organizada y pagada por el régimen chino.
Y aprovecho para recordar, una vez más, que a los Juegos Olímpicos, en esta manifestación faraónica, se les está acabando la cuerda.
Es hora que la organización se base en criterios de conservación y aprovechamiento de las instalaciones y servicios existentes, en vez de exigir la construcción de elefantes blancos* que luego apenas son utilizados por la sociedad que las paga.
El COI y organizaciones de todo tipo que se benefician con este derroche nos dicen que las inversiones son justificables por sus repercusiones sociales.
Pamplinas. El gobierno de turno esquilma a la mayoría de los habitantes para rellenar de instalaciones muchas veces innecesarias a la ciudad sede.
Esa es otra venda que tarde o temprano terminaremos por quitarnos de los ojos.
*Copio una entrada en Wikipedia: la expresión Elefante Blanco "es atribuida a posesiones que tienen un costo de manutención mayor que los beneficios que aportan o aquéllas que proporcionan beneficio a otros, pero que a su propietario únicamente le ocasionan problemas.
"Su origen viene de que antiguamente los reyes de Tailandia, cuando no estaban satisfechos con un súbdito, le regalaban un elefante blanco. El súbdito debía darle comida especial y permitir el acceso a aquéllos que quisieran venerarlo, lo cual tenía un costo que muchas veces lo arruinaba."
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Ya es hora de transformar los Juegos Olímpicos
Las escenas en Londres han sido grotescas. ¿A quién se le ocurre rodear de decenas de policías y agentes secretos a los corredores que se turnaban para llevar la antorcha olímpica? A horas de que la antorcha llegue a Buenos Aires, un blogger de la BBC reflexiona sobre la tradicional ceremonia de la antorcha.
11 de abril de 2008 - 12:00







