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COYUNTURA ARGENTINA

Una pregunta maldita: ¿Qué tienen en común Messi y Duhalde?

Jue, 27/08/2020 - 1:05am
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En largos diálogos ochentosos en la Redacción de Clarín, Rubén Chorny siempre sostenía que fútbol y política es una fórmula ganadora en el periodismo. Si se lograra relacionar ambos vectores en una noticia, tendría garantizado muchos lectores. Y Clarín lo intentaba pasando cronistas de Deportes a la sección Política. La clave, teorizaba el periodista, era que si además se le sumara sexo, se lograba un producto imbatible. La tormenta perfecta, en tiempos en que todavía no se hablaba de 'tormenta perfecta'. Bueno, esta nota no tiene sexo, pero sí fútbol y política pero eso no deja de resultar una idea audaz e inédita. La compartimos:

Lionel Messi y Eduardo Duhalde.
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Lionel Messi y Eduardo Duhalde.
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El gen maldito de la argentinidad: la constante insubordinación al orden.

El N°1 del mundo del fútbol no se banca la disciplina que le impone su propio club. Él es empleado del Barcelona, y no tolera que el nuevo director técnico le imponga un planteo ajeno a su voluntad y lo corra de las decisiones. 

Más allá de lo correcto o no de la estrategia del flamante DT, Lionel no acepta la autoridad y quiere seguir siendo el centro del universo. No se conforma con ser el más talentoso, también él exige ser el entrenador. No entiende que no le pagan para eso, sino para jugar y hacer goles, cosas que hace maravillosamente, casi siempre. Pero no reconoce a las autoridades legalmente investidas en el club que prohijó su carrera deportiva.

Con el ex presidente Eduardo Duhalde pasa algo parecido. Desde la incandescencia televisiva, él agita fantasmas de golpe, dice que el año próximo el gobierno no llamará a elecciones, y hasta sugiere que Alberto Fernández debería dejarle el sillón a su vice, la multiprocesada Cristina Elisabet Fernández de Kirchner. Duhalde tampoco entiende la importancia de la formalidad institucional aunque los rumores sobre cierta enfermedad ya no curable le acompañan y sólo esto podría librarlo del análisis. Pero sigue incluído en esta nota porque algunos sí dijeron compartir su punto de vista.

Además, su propia historia lo condena a la posibilidad de que su conclusión resulte verdadera. Muchos no desconocen que él ya operó desde las sombras en 2001, con la aprobación de otro ex Presidente, y hordas que lo reivindicaban protagonizaron olvidables saqueos y disturbios públicos con decenas de muertos para voltear a un Presidente radical débil y bastante escaso de talento, pero legítimo al fin.

Ambos, Messi y Duhalde, comparten eso: el gen maldito argentino. La insubordinación permanente, la falta de respeto constante al orden legítimo. No son dos seres aislados: son parte de un sustrato que nos contiene a todos, que nos define y que no nos permite salir adelante.

Más de uno que me conoce dirá, no sin razón, que vivo denostando a Fernández por prácticamente todas las medidas que toma, y también por las que no toma. Que lo destruyo todos los días por su relativismo moral y por esa hipocresía que, a mi criterio, lo define. Sé que es así.

Pero en muchas oportunidades dije, y hoy sostengo, que Alberto, nos guste o no, fue el Presidente investido por el pueblo argentino en las elecciones de 2019, y que debe entregar el poder al próximo mandatario electo el 10 de diciembre de 2023. Y también insisto en que todos los argentinos debemos asegurarnos de que esto ocurra y sostenerlo para que cumpla con su mandato, lo que no significa que tengamos que ser blandos ni sometidos a sus habituales arbitrariedades.

Ser oposición no implica voltear al Presidente, ni rubricar disparates. El siglo 20 nos dio múltiples ejemplos sobre la inutilidad de los quiebres institucionales. Tenemos que aprenderlo de una vez.

Si algo crecimos, debemos aprender a marcar la cancha a Fernández y sostenerlo hasta el último día de su gestión. Acompañarlo en todas las buenas políticas que proponga, y antagonizar con él hasta torcer su voluntad en cualquiera de sus yerros, pero con la ley en la mano. Porque esa es la esencia de la democracia.

Aunque en el universo peronista esto no se pueda entender, la única carta de navegación que los ciudadanos de este país debemos seguir para salir del atraso, es respetar y seguir al pie de la letra la Constitución Nacional y las leyes vigentes. Leyes que ningún gobierno, de ningún signo político, ha sido capaz de acatar sin acomodarlas a sus conveniencias, aquí y allá. Corrernos del orden legal implica volver en forma cíclica al pasado que nos hundió.

Vivimos repitiendo en nuestra experiencia, como un mantra, el día de la marmota. Respetar el orden legal y la legitimidad del mando no implica aceptar los disparates que emanan desde el poder. Hay mecanismos de protesta y reclamo para eso, y tenemos que utilizarlos, sin necesidad de quebrar el orden constitucional.

Si a Duhalde le parece que a Alberto se le va el gobierno de las manos, en su rol de ex senador a cargo de la Presidencia, él debe poner todo de sí en su diálogo con los representantes del pueblo en el Congreso, con los gobernadores, con los líderes partidarios del territorio bonaerense que él cree controlar, para preservar y blindar la plena vigencia de la República.

En definitiva, lo que Messi debe hacer frente a la aparente intransigencia de Ronald Koeman: negociar en términos que no impliquen un tácito golpe de Estado. Es una pena tamaña falta de humildad en uno de los argentinos más talentosos.

La suerte nefasta que corrió nuestro país en el último mundial no sólo debe atribuirse al pobre desempeño del entrenador Jorge Sampaoli. Aquella debacle tuvo mucho que ver, también, con la irredimible conspiración de la camarilla de futbolistas liderada por Lionel, contra aquel complicado director técnico. Conspirar contra las autoridades legítimamente instituidas, a la larga, nos perjudicó a todos.

Habrá otros mundiales, y la Argentina volverá a tener la oportunidad de ganar, de la mano de técnicos y de jugadores más inspirados.

Habrá otras elecciones, y los argentinos podremos elegir, o no, un mejor gobierno.

Que hayamos elegido a una fórmula integrada por un candidato flojo, impulsado por una ex Presidenta muy cuestionada y multiprocesada, con 6 pedidos de detención, no nos da permiso ahora a quebrar el orden legal. Tenemos que ser mejores que eso.

En la Argentina peronista, respetar la ley parece ser una aspiración ingenua e inaplicable. Muchos de los que protestan desde la vereda de enfrente -en la mayoría de los casos, con legitimidad y bastante sentido común-, lo abandonan cuando de alguna manera exigen que "se vaya" el Presidente.

Yo digo: Que no se vaya nada. Debemos sostener a Alberto Fernández hasta el último día de su período. Que cumpla con su ciclo de gobierno.

Que ojalá lo mejore, porque esto incidirá en forma directa sobre la calidad de vida de todos nosotros. Pero si no lo hace, que todos entendamos que debemos lidiar con las decisiones que tomamos en las urnas.

Los ciudadanos votamos y elegimos Presidente a Alberto Fernández, y como vicepresidenta, a Cristina Elisabet Fernández de Kirchner. 

Hagámonos cargo de eso. Lo nuestro debe ser asegurarnos que los que están en el poder respeten el orden constitucional y la división de poderes, y se deje de trampear la legalidad desde lo más alto del Estado.

Y que los Messi y Duhalde de la vida aprendan a respetar esa legalidad que debe cobijarnos, que es lo que le da consistencia histórica a los pueblos.