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REVISANDO LOS '90 - 2/6

Carlos Corach y el último golpe de Estado: "Asegurar la Unión Nacional"

El gobernante toma riesgos. Los años '90 no fueron sólo economía sino también consolidación institucional, y Carlos Corach recuerda el último golpe de Estado.

El 25/11/1990 Mohamed Ali Seineldín, preso en San Martín de Los Andes, Neuquén, ordenó poner en marcha un alzamiento contra el gobierno constitucional de Carlos Menem. Esto sucedió pese a que, luego de asumir como Presidente, Carlos Menem había indultado por Decreto N° 1004/89 a Seineldin. Pero en octubre de 1990, Seineldin dejó una carta en Casa Rosada denunciando supuestas diferencias internas en el Ejército. Por este gesto desafiante, él fue detenido, lo que le concedió uno de los objetivos de la posterior revuelta: exigir su liberación. Aldo Rico nada tuvo que ver con este capítulo de la historia. Carlos Corach recuerda aquellos acontecimientos.

Seineldín no pudo salir de prisión, tal como él creía que le asegurarían sus subordinados.

De todos modos, el 03/12/1990 se ejecutó el más cruento alzamiento castrense, la 4ta. sublevación militar en 4 años pero la 1ra. en que en el Ejército ocurrió una tarea de inteligencia preventiva, una preparación de la represión y una ejecución inmediata del contraataque.

Fue el último intento de golpe de Estado, del que se cumplirán 31 años. Días más tarde Menem recibió la visita de George W.H. Bush, provocando una sucesión de eventos emblemáticos para la consolidación no sólo de la democracia sino de las relaciones de la Argentina con USA. Menem intentó sumar y no discriminar a las Fuerzas Armadas, aún cuando él fue un prisionero durante muchos años de los militares. En cambio, otros, que jamás conocieron la prisión y se pavonearon como 'perseguidos' sólo fracturaron cuanto pudieron el tejido social, iniciando la peligrosa fragmentación que hoy padece la Argentina y que resulta tan difícil superar.

La Unidad Nacional es una construcción que reclama hechos en vez de palabras y la comprensión de qué es lo más importante para la construcción de una Nación, en vez de un coyuntural liderazgo personal que será barrido por la historia.

Precisamente, es el tema que aborda Carlos Corach en su nueva entrega para Urgente24, que él tituló "Menem, el último golpe de Estado", y advierte sobre el grave error que creer que la consolidación de la Republica comienza con la aniquilación del oponente:

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En marzo de 1976 se produjo el golpe de Estado que destituyó a Isabel Perón, a todos los gobernadores y disolvió los cuerpos legislativos. Carlos Menem era en ese momento gobernador de la Rioja, y fue destituido, detenido por oficiales del Ejército, encarcelado varios años en barcos y dependencias penitenciarias y, finalmente, confinado a la localidad de Las Lomitas, en la provincia de Formosa.

Interrogado por un grupo de abogados peronistas, interesados por la situación de Carlos Menem y su curioso destino en la ignota localidad formoseña, el entonces general y ministro del Interior del gobierno de la dictadura, les contestó:

Lo mando a Las Lomitas porque es verano y hay 42°C, si fuera invierno lo mando a la Antártida. Lo mando a Las Lomitas porque es verano y hay 42°C, si fuera invierno lo mando a la Antártida.

Sin embargo, Menem nunca conservó resentimiento hacia las Fuerzas Armadas, sin dejar de distinguir del conjunto de ellas a aquellos que cometieron hechos criminales de lesa humanidad.

Él siempre tuvo presente que, entre las necesarias conciliaciones nacionales, debían participar las Fuerzas Armadas, previa autocrítica de su papel durante la dictadura. Él sabía, también, que era fundamental para el destino de la Republica cortar la seguidilla de golpe de Estado e intentonas, que sufríamos desde 1930.

Los golpes de Estado militares y cívico-militares se sucedían, cada vez con intervalos más breves. En 1930, luego en 1943, 1955, 1962, 1966 y 1976. Y desde el retorno de la democracia en 1983, el presidente Raúl Alfonsín sufrió 3 intentos en 6 años:

  • Semana Santa de 1987,
  • enero de 1988 y
  • diciembre de 1988.

No bastaron las extraordinarias decisiones del Gobierno radical, implementando los Juicios a las exJuntas Militares.

Menen asumió la Presidencia en julio de 1989, y diseñó un plan de trabajo para alcanzar la conciliación nacional, dictando el 7 de octubre de 1989, 4 decretos de indultos para 220 militares y 70 civiles, y lo hizo convencido que estos instrumentos desalentarían definitivamente en las Fuerzas Armadas y en los sectores civiles golpistas cualquier participación violatoria del Estado de Derecho.

Sin embargo, Menem fue sorprendido el 3 de diciembre de 1990 por una sublevación militar comandada por el coronel Mohamed Alí Seineldin. Ante esta actitud, Menem

  • decidió la represión militar inmediata y
  • exigió la rendición incondicional de los efectivos sublevados y de sus jefes,
  • prohibió taxativamente cualquier negociación y
  • anunció para los responsables las penas más duras posibles.

El teniente general Martín Félix Bonnet y el general Martín Antonio Balza reprimieron de acuerdo a las instrucciones presidenciales, con un saldo lamentable de bajas y heridos.

Simultáneamente se decretó el Estado de Sitio y el cabecilla fue encarcelado, juzgado, y condenado, permaneciendo en prisión desde diciembre de 1990 a mayo de 2003, fecha en que fue indultado por el entonces presidente Eduardo Duhalde, habiendo purgado 13 años de cárcel.

Este castigo, inédito en la historia militar de los golpes de Estado, fue una dura enseñanza que tuvo como resultado que nunca más, a partir de ese momento, ocurrieron intentos de sublevación. El Presidente continuó sentando las bases de la reconciliación nacional, dictando el 29 de diciembre de 1990, 6 decretos de indultos para militares y exguerrilleros.

Menem aplicó la máxima que señala:

La tolerancia es inteligencia, pero la tolerancia hacia la intolerancia es una locura. La tolerancia es inteligencia, pero la tolerancia hacia la intolerancia es una locura.

Y las combinó con las enseñanzas de Henry Kissinger:

Una estructura social estable no se nutre de triunfos, sino de acuerdos y conciliaciones. Una estructura social estable no se nutre de triunfos, sino de acuerdos y conciliaciones.

'Carapintadas'

El Presidente aplicó estas enseñanzas en toda su acción política, y simultáneamente rechazó obsesionarse con el pasado porque sabía que esa obsesión se traduciría en impotencia frente al presente y el porvenir. Este atajo obsesivo facilista conduce al único camino que parece quedar abierto, que no es el presente ni el porvenir, sino el pasado.

De esa manera Menem actuó en el presente y abrió el camino del porvenir. Ese cambio del paradigma de encuadramiento de las Fuerzas Armadas en el Estado de Derecho, fue una decisión claramente disruptiva en la historia argentina, en el sentido que destacó Julia Pomares en el diario La Nación del 3 de abril de 2021:

Un hecho disruptivo es que hagamos transformaciones incrementales que se sostengan en el tiempo. Un hecho disruptivo es que hagamos transformaciones incrementales que se sostengan en el tiempo.

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Carlos Menem y el general Martín Balza.

Carlos Menem y el general Martín Balza.

La tradición de violencia y discordia de nuestra historia, realza aún más el éxito de las políticas implementadas por Menem.

Durante la primera mitad del siglo XIV entre las invasiones inglesas (1806) y la batalla de Caseros (1852) se produjeron en nuestro país ni más ni menos que 65 batallas generales y 191 combates parciales, consolidando una cultura de odio y exclusión que se transmitió a varias generaciones.

Como material de consulta sobre las rebeliones 'carapintadas' puede leerse en la revista Ñ, del 28 de noviembre de 2020, un artículo escrito por Alejandro Canepa titulado 'Carapintada: El tiro del final'. Su subtitulo es: “Hace 30 años, en diciembre de 1990 el movimiento que tuvo como líderes a Aldo Rico y Seineldin se rebeló por cuarta y última vez. Así se inició una profunda reforma en el Ejercito, que encaró su profesionalización”.

La autocrítica de las Fuerzas Armadas

El Presidente sabía que no bastaba la represión ni los indultos, y que la sociedad exigía, y esperaba, una profunda autocrítica sobre el accionar de las Fuerzas Armadas durante la dictadura militar (1976 - 1983).

En abril de 1995, a pocas semanas de mi designación como ministro del Interior (05/01/1995) el Presidente me convocó a su despacho y me hizo partícipe de esta inquietud. Luego de un largo intercambio de ideas, me encargó explorar las posibilidades y, eventualmente, promover esa autocritica.

Inmediatamente convoqué a mi despacho para compartir un almuerzo, al Jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas, general Cándido Diaz; al Jefe del Ejército, general Martín Balza; al Jefe de la Armada, almirante Enrique Molina Pico; al jefe de la Fuerza Aérea, brigadier Juan Paulik; y al ministro de Defensa, Dr. Oscar Camilión.

Durante la reunión, expuse la idea presidencial, compartida por el ministro de Defensa y recabé opiniones sobre el tema. Hubo importantes reticencias del general Díaz y del almirante Molina Pico, acuerdo parcial del brigadier Paulik y apoyo entusiasta del general Martín Balza.

El general Balza manifestó su voluntad de hacer pública su autocritica a través de un documento. Transmitido que le fue al Presidente el resultado del encuentro, me indicó que le pidiera al periodista Bernardo Neustadt un espacio para la presentación del general Balza.

Así fue que éste leyó por televisión un magnífico documento de autocrítica en el programa periodístico político más visto de la época. Este histórico hecho completó un ciclo en el proceso de la conciliación de la sociedad con sus Fuerzas Armadas.

En síntesis, el objetivo de los gobiernos peronistas del Presidente Menem y de quienes lo acompañamos en su gobierno, fue cumplir a rajatabla con el mandato constitucional de asegurar la Unión Nacional, dejando atrás el tiempo nefasto en que muchos creían que la consolidación de la Republica comenzaba con la aniquilación del oponente.

Lamentablemente, una porción de nuestra sociedad, alentada por un aparato cultural y mediático que no supimos percibir, logró torcer ese sentido mezclando esa iniciativa de conciliación nacional con el errado concepto de la "impunidad".

Tanto no fue así que uno de los logros innegables de los gobiernos del Presidente Menem fue terminar para siempre con los golpes de Estado en la Argentina.

FUENTE: Urgente24

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