POLÍTICA

Otra vez Página/12 contra el Papa (y Verbitsky le promete un domingo en el infierno)

El diario Página/12 es financiado con los recursos del Presupuesto Nacional, tal como se sabe. Es un matutino que, cuando comenzó gozó de recursos del ex Ejército Revolucionario del Pueblo, Enrique Haroldo Gorriarán Merlo; más tarde fue financiado por el diario Clarín; y -resultado de una negociación en los días de los acuerdos entre Néstor Kirchner y Héctor Magnetto-, terminó dependiendo de los recursos del Estado Nacional, a cambio de su apoyo editorial irrestricto al gobierno de los Kirchner. Página/12 es el vocero del cristinismo no peronista, con base en los autodenominados 'organismos defensores de los derechos humanos'. Su principal columnista es Horacio Verbitsky, presidente del Centro de Estudios Legales y Sociales, que se especializa en reescribir la historia argentina, intentando demostrar que toda la violencia de los años '70 fue una injustificada cacería de fuerzas militares, con apoyo civil, contra gente inocente, entre la que se encontraba él mismo como militante de la organización armada Montoneros. entre esos civiles ha ubicado a la Iglesia Católica argentina, y a Jorge Bergoglio en particular. La historia es conocida, con la novedad de que Bergoglio ahora es el Papa. Y es un menudo problema para Cristina Fernández de Kirchner, quien debe viajar al Vaticano a, se supone, sumarse a los honores del inicio del pontificado de Francisco. Para muchos, la ofensiva de Página/12 es solo un doble juego de la Presidente argentina, cuya relación distante con Bergoglio es conocida, mientras éste fue arzobispo de Buenos Aires y presidente de la Conferencia Episcopal de la Iglesia Católica argentina.

 

CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). El Vaticano difundió el siguiente comunicado, durante el viernes 15/03, que apunta directamente al diario Página/12, que financia el Estado argentino a través de recursos publicitarios que le concede el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner:
 
“La campaña contra Bergoglio es bien conocida y data de hace varios años. Es llevada adelante por una publicación que realiza campañas calumniosas y a veces difamatorias. El carácter anticlerical de esta campaña y de otras acusaciones contra Bergoglio es bien conocido y obvio.
 
Los cargos se refieren a la época anterior a que Jorge Mario Bergoglio fuera obispo, cuando era Superior Provincial de los Jesuitas en Argentina, y lo acusan de no haber protegido a dos sacerdotes que fueron secuestrados.
 
Esta acusación nunca fue concreta o creíble. Él fue interrogado por una Corte argentina como alguien al tanto de la situación, pero nunca como un acusado. Él ha negado por escrito cualquier acusación.
 
Al contrario, hubo muchos testimonios que demuestran cuánto hizo Bergoglio para proteger a varias personas en tiempos de la dictadura militar. El rol de Bergoglio, al llegar al obispado, en promover un pedido de perdón para la Iglesia por no haber hecho lo suficiente durante la dictadura es también bien conocido.
 
Las acusaciones hacen al uso de un análisis histórico-sociológico de la dictadura hecho hace años por elementos anticlericales para atacar a la Iglesia. Esto debe ser firmemente rechazado."
 
 
"La edición de mañana (domingo 17/03) de Página/12 incluirá la columna que todos los domingos publica el periodista Horacio Verbitsky, en la que se referirá al papel de Jorge Bergoglio y la Iglesia durante los años de la dictadura militar, que trató de desmentir ayer el vocero del Vaticano."
 
Y para que quede en claro la posición del matutino K, con la firma de Eduardo Febbro, desde Roma, se publica lo siguiente:
 
"(...) El portavoz de la Santa Sede dijo en Roma que esas acusaciones derivadas de las investigaciones de Horacio Verbitsky eran llevadas “a cabo por una publicación que lanza, a veces, noticias calumniosas y difamatorias. El cariz anticlerical de esta campaña y de otras acusaciones en contra de Bergoglio es notorio y evidente”. Se trata, desde luego, de Página/12. 
 
El vocero del Vaticano aclaró que las sospechas que recaen sobre el hoy papa Francisco datan de la época en que era superior de la Compañía de Jesús en la Argentina, en 1976. En ese período fueron secuestrados dos misioneros jesuitas, Orlando Yorio y Francisco Jalics. Ambos trabajaban en la villa porteña del Bajo Flores y fueron torturados y liberados cinco meses más tarde. 
 
Horacio Verbitsky llevó a cabo varias investigaciones a partir de las cuales estableció un lazo entre Bergoglio y la desaparición de los dos curas jesuitas: Yorio, ya fallecido, y Jalics, que reside en Alemania desde 1978. 
 
Varios testimonios recogidos por Verbitsky dieron cuenta de que Yorio nunca perdonó el papel que habría jugado Bergoglio, sobre quien tenía sospechas de que los había delatado. 
 
Federico Lombardi dijo que “jamás hubo una acusación verosímil contra el Papa. La Justicia argentina lo interrogó pero como persona informada de hechos y jamás fue imputado por algo. El negó de forma documentada las acusaciones”. 
 
El vocero se refirió luego al texto que publicó ayer uno de los interesados, Francisco Jalics, quien rompió el silencio por medio de la pagina web de los jesuitas alemanes (http://www.jesuitas.org/aktue lles/details/article/erklarung-von-pater-franz-jalics-sj.HTML).
 
En una declaración personal aparecida en dicha página, Jalics escribe: “No puedo pronunciarme sobre el papel del padre Bergoglio en aquellos hechos”. 
 
Jalics cuenta luego que, tal como lo mencionó el vocero del Vaticano en su declaración, tuvo “la ocasión de hablar sobre ese tema con el padre Bergoglio. (...) Estoy reconciliado con los acontecimientos y considero que ha llegado la hora de dar el caso por terminado”, escribe el jesuita. 
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La edición digital del semanario Der Spiegel difundió a su vez una declaración del portavoz jesuita, Thomas Busch, quien cuenta que, invitado por el Arzobispado de Buenos Aires, Jalics viajó a la Argentina hace varios años (2000) y que, luego de hablar con él, “está en paz con Bergoglio”. 
 
Federico Lombardi argumentó que el Papa “hizo mucho para proteger a las personas durante la dictadura”. 
También puntualizó que una vez que fue nombrado arzobispo de Buenos Aires “pidió perdón en nombre de la Iglesia por no haber hecho lo suficiente durante el período de la dictadura”. 
 
Sin embargo, el testimonio que aporta Francisco Jalics esclarece un poco más el doble juego de la Iglesia en aquellos años. Jalics anota que “la Junta Militar mató a unas 30.000 personas en uno o dos años, tanto guerrilleros de izquierda como civiles inocentes”. En esa mezcla cayeron también ellos dos: ni él ni Yorio tenían contactos “ni con la Junta ni con los guerrilleros”. 
 
Sin embargo, Jalics deja claro en su relato que “informaciones deliberadamente falsas”, surgidas incluso “dentro de la Iglesia”, indujeron a que se sospechara sobre las supuestas relaciones que Yorio y Jalics mantenían con los grupos armados. Eso les costó el secuestro. 
 
En realidad, el testimonio de Jalics no dice gran cosa sobre la actitud de Bergoglio. Ni lo disculpa, ni tampoco lo acusa: solo alega que se reconcilió con él y que no puede pronunciarse sobre el papel que desempeñó.
 
Página/12 no es el único que se interesó en lo que Jorge Bergoglio podía o no saber de lo ocurrido a partir de 1976. 
 
La Justicia francesa también puso sus ojos en él. 
 
En 2011, la magistrada francesa del Tribunal de Gran Instancia de París, Sylvia Caillard, remitió a Buenos Aires una comisión rogatoria internacional para que el entonces cardenal Bergoglio prestase declaración en calidad de “testigo” en torno del asesinato del padre francés Gabriel Longueville. 
 
La abogada francesa Sophie Thonon confirmó en París que las “autoridades argentinas nunca respondieron positivamente a la comisión rogatoria correspondiente a Bergoglio”. El sacerdote francés trabajaba en la Argentina para la Orden de las Misiones de Francia. 
 
En la noche del 18 de julio de 1976, los padres Gabriel Longueville y Carlos Dios Murias fueron secuestrados en la localidad de Chamical, provincia de La Rioja, por civiles armados que se identificaron como miembros de la Policía Federal. Al día siguiente, sus cuerpos, con evidentes signos de tortura, fueron encontrados a 5 kilómetros de Chamical, tirados al lado de la vía. 
 
Las condiciones del secuestro y el asesinato de Murias y Longueville llevaron a otro religioso a investigar y pagar con su vida esa intervención. Se trata del arzobispo de La Rioja, monseñor Angelelli, quien llevó a cabo una investigación para esclarecer el crimen. Su trabajo le fue fatal: el 4 de agosto de 1976, 17 días después del asesinato de Murias y Longueville, monseñor Enrique Angelelli murió en circunstancias dudosas. 
 
La primera versión oficial estableció que Angelelli falleció en un accidente automovilístico. Sin embargo, las pruebas aportadas más tarde confirmaron que se trató de un atentado. El día de su muerte, el obispo de La Rioja regresaba de Chamical, donde había celebrado una misa y pronunciado la homilía en la cual denunció el asesinato de los dos padres. 
 
En la camioneta que conducía Angelelli había un testigo, el padre Arturo Pinto, y un elemento central: un portafolio que contenía las pruebas recabadas por Angelelli sobre el asesinato de Murias y Longueville. Pinto contó que apenas dejaron Chamical, otro auto comenzó a seguirlos. El obispo se dio cuenta, aceleró, pero a la altura de Punta de los Llanos surgió otro coche que lo encerró hasta hacer volcar la camioneta. El cuerpo de Angelelli fue encontrado con la nuca destrozada a golpes.
 
En 2011, fecha en que se remitió la comisión rogatoria, la abogada Sophie Thonon juzgó que la audiencia de Bergoglio como “testigo” era necesaria para que el entonces arzobispo de Buenos Aires aportara información sobre la posible existencia de archivos ligados con este caso. 
 
Sophie Thonon dijo que “seguramente este Papa no es una gran figura de la defensa de los derechos humanos. Al contrario, está bajo sospecha de no haber denunciado los crímenes de la dictadura, de no haber pedido cuentas y, por consiguiente, de haber cubierto esos actos con su silencio”. 
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La instrucción del caso del padre Longueville sigue siempre activa en Francia, pero podría quedar en la nada debido a las condenas que ya se pronunciaron en la Argentina contra los implicados en el asesinato del padre Longueville. 
 
En este contexto, Sophie Thonon consideró que “la Justicia argentina está haciendo un trabajo excepcional sobre los crímenes cometidos en la Argentina durante la dictadura”. 
 
Federico Lombardi evacuó el viernes la cuestión del papa Francisco sin hacer la más mínima mención a lo ya probado: la trama montada por la Iglesia para sustentar la dictadura argentina. Una mención, aunque fuese de disculpas o reconocimiento, o el anuncio de alguna futura audiencia con las Madres de la Plaza de Mayo o los defensores de los derechos humanos, hubiese sido sin dudas más noble y acertado: habría probado que el cambio en las esferas vaticanas empezaba al menos por ese camino. 
 
Pero la Iglesia es tan hermética a la hora de admitir sus pecados como lo es para administrar los fondos a través del Banco del Vaticano."