LA GRIETA Y LOS GUSTOS POPULARES

Los 'chetos' abominan de los 'choris' pero bien que se los 'morfan'

El arbitrario corte clasista que, con interesados fines de rédito político, practican las dirigencias macrista y kirchnerista tomando como referencia la línea de la desigualdad social no se corresponde con el acervo patrio e intenta contaminar un símbolo culinario patrio (como el que también representan el tango y el mate): el choripán., que pobres, ricos y no tanto de ambos, comparten en los countries, las villas, las canchas de fútbol y las populosas calles. Aunque el Presidente Mauricio Macri le haya sacado medio pan y lo adorne con una hojita verde para bautizarlo como gourmet en un asado servido en Olivos al radicalismo aliado en Cambiemos, no deja de ser el humeante y grasoso choripán que, aunque le ponga el sello de cheto, distingue al ser nacional sin grietas. Las únicas excepciones son los vegetarianos. Si el cuestionamiento pasa por quiénes los pagan y con qué fines, los triples de miga con champaña no cambiarían la controversia. Aunque en ese caso habría que incluir de dónde saca la plata cada uno.

La connivencia entre los dirigentes del fútbol y los barrabravas terminó por erradicar del fútbol argentino la tradicional fiesta integradora que se vivía en los estadios, con los duelos de hinchadas, el ruidoso colorido y las banderas que daban marco a los espectáculos, tal como sigue sucediendo en cualquier parte del mundo. Sin embargo, no pudo con una ceremonia que congrega a los abonados de los palcos, los plateístas e hinchas del tablón por igual: el choripán de la entrada, el entretiempo y la salida de la cancha.

Una encuesta desmiente que en los últimos años el alcance del representativo choripán haya hecho un corte longitudinal en la sociedad y que sea auténtico convertirlo en epicentro de una batalla cultural, más que culinaria: en total se consumen 600 millones de unidades por año, un promedio de 15 por año por persona, incluidos ricos y pobres.

Los crepitantes embutidos sobre las parrillas móviles y la perfumada humareda que suele despertar un apetito consuetudinario del futbolero seguramente habrá tenido al Presidente Mauricio Macri, botella de chimichurri en mano, aguardando impaciente que le fuera puesto en el pan ya abierto en forma de sobre y entregado para ser deglutido con una voracidad ancestral ajena a los buenos y refinados modales que le enseñaron de chico. Cuando era presidente de un club popular como Boca Juniors, que de cheto precisamente no tiene imagen, y antes también.

La identificación de Mauricio Macri con el fútbol, con un club popular como Boca, y de éstos con la cultura del choripán, llevaría a pensar que se dejó llevar por la emoción y aceptó grabar el desafortunado video que se propaló desde su cuenta en las redes sociales, después de la movilización del #1A del sábado 01/04 (“desde el corazón, espontáneamente, sin que haya habido colectivos ni choripán”). Es probable que haya sido una desubicada ocurrencia de los chicos de la Universidad de San Andrés que se las operan, o que se haya originado en el gurú ecuatoriano Jaime Durán Barba, suposición a la que da pábulo la chiquilina repetición que hizo de la alusión el jefe de Gabinete, Marcos Peña.

Se trata del Presidente “de los 40 millones de argentinos”, tal como acertadamente vociferaba la locutora oficial militante de los actos de Cristina Fernández de Kirchner, quien ojalá se lo hubiera creído. Macri repitió la historia desde el opuesto y diferenció a su electorado del de una expresión popular que intenta deslegitimar identificándola con clientelismo (que finca en que los llevan en micros anaranjados y les dan de comer choripanes).

Y en ese caso, si se aplicara el carácter transitivo como en las matemáticas, y se considerara que su gobierno le adelantó más dinero para las obras sociales que su antecesor y los sindicatos que las administran organizaron la movilización en su contra y que Carolina Stanley en poco más de un año le lleva dada a los piqueteros más plata que muchos años juntos de Alicia Kirchner, habría que concluir que Macri termina siendo el mecenas de esos choripanes y micritos que alguna vez fueron escolares.

Uno de los integrantes del triunvirato de la CGT, Héctor Daer, recibió la pelota servida y le metió el sobrepique: "No se puede decir que otras personas (en otras ocasiones) vinieron por un choripán o traídas en micro (a protestar en la capital federal) porque hay gente que no podría llegar a Plaza de Mayo si no es porque la ayudan a llegar, porque hay gente que está muy bajo en la situación social", argumentó.

El escrache web

Una página web de Necochea, La Nueva Comuna.com, mostró la parte buena de la pluralidad de voces que propugnaba como excusa la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual que impulsó el kirchnerismo, aunque por venganza hacia el Grupo Clarín y expuso fotos de militantes del Pro movilizados en los colectivos naranja y de choripanes en la concentración del Sí en el exclusivo Patio Olmos cordobés. Nadie está exento, como en la cancha.

Sin reparar demasiado en que este clásico tentempié criollo, como el mate, es común al country club y a la villa, los estrategas de las campañas electorales de 2015 lo introdujeron arbitrariamente en la grieta. La BBC británica lo reflejó en un artículo que mostraba cuáles eran las palabras más utilizadas en la Argentina: choripán era la 2da. El medio de comunicación con sede en Londres, aprovechó para hacer una simplificación estadística: “es un imprescindible de los eventos kirchneristas” señalando que “la oposición critica al oficialismo por regalar choripán y coca-cola”.

También se decía el “pancho y la coca” cuando se quería subestimar alguna retribución, y también hubo una utilización marketinera de esa combinación al vincularla a una raigambre popular. Alrededor de la idea inspirada en obvias connotaciones políticas se asociaron el general César Milani, ahora preso, y el ex secretario de Comercio, Guillermo Moreno, con el dueño de las marcas Todo Moda e Isadora, Carlos Alberto Castelli, para invertir en una cadena de pancherías.

Una virtual aceptación de la grieta abierta con los choripanes y los panchos parece haber tenido el Presidente cuando agasajó en Olivos a varios dirigentes de Cambiemos el 17/02/2016. Degustaron asado y apareció el “chori gourmet”. Antes de ser servido el plato principal con la carne, fue repartida una variante que denominaron chorizo bombón, sobre una sola tapa de pan y decorado con una hoja verde.

En la reciente visita de Macri y esposa a la casa real de España, el chef de Felipe VI, informado de las arbitrarias implicaciones clasistas que había asumido en Argentina el plato criollo por antonomasia, les preparó un “choripán del Siglo XXI”.

Tal vez le llegó la declaración que formuló el presidente del Banco Nación, Javier González Fraga, frente a la masiva marcha del viernes 24/03, por el Día de la Memoria, la Verdad y la Justicia: “Ofrecían $500 y choripanes a los que fueran” a la movilización.

No le respondió Hebe de Bonafini con alguna grosería, sino la dirigente de Madres de Plaza de Mayo, Nora Cortiñas: tildó sus declaraciones de “fascistas” y que “le molesta el pueblo en la calle reclamando cuando ya no aguanta más tanto ajuste y mentiras”.

Con el mismo derecho, y los mismos gustos culinarios, que sus compatriotas de las otras manifestaciones, mal que les pese a los adoradores de la grieta, que afirman su autoridad mientras tienen el poder en no escuchar a los que piensan distinto, el Sí se Puede hizo su propia demostración en la Plaza de Mayo.

Muchos de los que asistieron seguramente son los que cortan el tránsito en Palermo y la zona norte los fines de semana para disputar competencias de atletismo por las calles. En todo caso, son piquetes rociados con aguas minerales, pero piquetes al fin.