DONALD TRUMP ES TEMA DE DEBATE EN BEIJING

China se pregunta si "la peligrosa democracia occidental" es la única democracia posible

A medida que la economía de China se desacelera tras más de 2 décadas de vertiginoso crecimiento, las huelgas y protestas laborales se han multiplicado por todo el país. Fábricas, minas y otras empresas están reteniendo salarios y beneficios, despidiendo a su personal y cerrando por completo. Preocupados por su futuro en un empobrecido mercado laboral, los trabajadores están luchando con una inusual ferocidad, tal como sucedió en el Grupo Minero Longmay, propiedad del Estado, la compañía más grande de carbón en el noreste de China. El Boletín Laboral de China, un grupo a favor de los derechos de los trabajadores en Hong Kong, reportó más de 2.700 huelgas y protestas en 2015, más del doble que en 2014. Más de 500 protestas tan sólo en enero 2016. El presidente Xi Jinping respondió aplastando las protestas, desmantelando a organizaciones de derechos laborales y encarcelando a los activistas. Pero también presionando a las empresas a que resuelvan sus disputas y que pongan a disposición miles de millones de dólares para pagar beneficios sociales y programas de recapacitación. Más de 3 millones de trabajadores podrían perder sus empleos en 2016 + 2017. Xi está lidiando con una fuerza laboral más informada y organizada: en una protesta reciente, los movilizados usaron WeChat, una aplicación popular de mensajería, para apoyar el movimiento y reunir dinero para comprar pancartas de protesta. La gran pregunta se refiere al impacto político que tendrán lo socioeconómico: ¿Democracia o represión? O, mejor expresado, ¿cuál es la democracia posible para esta China?

"¡Levantaos, aquellos que rehúsan ser esclavos!
¡Con nuestra carne y sangre alcemos una nueva Gran Muralla!
La Nación china ha llegado a su más crítico momento.
¡Que cada uno lance su último clamor!
¡Levantaos! ¡Levantaos! ¡Levantaos!
Millones de personas, pero un sólo corazón.
¡Enfrentemos el fuego enemigo! ¡Marchemos!
¡Enfrentemos el fuego enemigo! ¡Marchemos!
¡Marchemos! ¡Marchemos! ¡Adelante!".

Marcha de los Voluntarios (himno nacional de la República Popular China),
letra de Tian Han y música de Nie Er (1934).

Ante el avance del precandidato presidencial republicano, Donald Trump, en USA, en la F Topnew Tower, Guanghua Road 15, Beijing, el periódico apoyado por el Estado chino, The Global Times, publicó un editorial argumentando que el posible presidenciable estadounidense es un excelente ejemplo de por qué la democracia occidental es peligrosa.

Trump es un “rico, narcisista e incendiario candidato” cuyas declaraciones son “abusivamente racistas y extremistas.” “(Benito) Mussolini y (Adolfo) Hitler llegaron al poder a través de elecciones, una lección pesada para la democracia occidental”, agregó el Global Times.

La columna advirtió: “Que Estados Unidos mejor se cuide de no ser una fuente de fuerzas destructivas contra la paz mundial, en lugar de señalar a otros países por su supuesto nacionalismo y tiranía.”

Según el portal estadounidense Quartz, el objetivo del texto del The Global Times consiste en que el lector quede con la impresión de que si USA es una fuerza potencialmente destructiva, se debe principalmente a la naturaleza misma de la democracia occidental.

La opinión del diario chino va de la mano con otra que ya había publicado el Diario del Pueblo, vocero oficial del PCCh (Partido Comunista de China): “De Oriente Medio al norte de África o de Ucrania a Tailandia, todos, sin excepción, intentaron conseguir una democracia al estilo occidental y en todos, la política de la calle se ha convertido en mitines, después manifestaciones, hasta el conflicto armado", escribió el editorialista Mi Bohua.

Citado por la agencia AFP, Mi Bohua agregó: “La democracia al estilo occidental es una trampa” que China debe evitar.

Sin embargo, desde Occidente (en crisis dramática), el modelo autoritario chino es visto como un fósil, que gradualmente irá “evolucionando” hacia la democracia tal como se conoce en Europa o en USA, o bien se estancará y terminará cayendo de una manera u otra. Curiosa la opinión que prevalece en un Occidente que, en nombre de su guerra contra el terrorismo ha reducido o suspendido derechos individuales y libertades civiles colectivas. Ni hablar lo que acomete en las redes sociales, las escuchas telefónicas y los correos electrónicosm: en nombre de la Libertad se imita en muchos aspectos a lo que más se critica de China.

“Desde el colapso de la Unión Soviética y otros regímenes autoritarios entre los ’80 y los ’90, la verdad comúnmente aceptada entre los que se dedican a la Ciencia Política ha sido que las dictaduras inevitablemente devendrán en democracias o bien se estancarán”, explica el semanario estadounidense The Atlantic.

Sin embargo, el modelo chino parece desafiar esta creencia casi inamovible. ¿Qué pasaría si se tomara lo mejor del modelo chino y lo mejor de la democracia occidental para pensar un modelo alternativo, que combine lo mejor de ambos? ¿Existen otros modelos posibles?

Lo mejor de los 2 mundos: responsabilidad con meritocracia

“El siglo XX asistió al ascenso y poderoso auge global de las democracias liberales. Tras vencer al nazifascismo y después del colapso de la Unión Soviética, el modelo político occidental adquirió una preeminencia absoluta, y atrajo a un cada vez mayor número de países en su estela (…). El amanecer del siglo XXI, sin embargo, está poniendo en evidencia inquietantes grietas en ese modelo”, escribió el periódico español El País.

En especial desde la crisis del 2008, existe un gran rechazo y desconfianza hacia las estructuras democráticas existentes en Occidente, algo que evidencia el terreno que han ganado en varios países de Europa, líderes populistas o de tendencias autoritarias.

“Frente a los devastadores golpes de la crisis económica, muchos Estados occidentales renquean en la búsqueda de soluciones, enmarañados en actitudes cortoplacistas, secuestrados por miopes intereses partidistas, chantajeados por poderosos grupos de presión, asustados por el creciente malestar social. Todo ello mientras, en el otro extremo del mapa, China prosigue firme en su exorbitante senda de desarrollo y crecimiento. Un progreso admirable, obtenido, sin embargo, en un sistema sin libertad política y con severas restricciones a la libertad de expresión”, explica El País.

Es dentro de este marco que los autores Nicolas Berggruen y Nathan Gardels emprendieron la tarea de escribir su libro “Gobernanza inteligente para el siglo XXI: Una vía intermedia entre Occidente y Oriente”, en el que imaginan un sistema político que combine lo mejor de la democracia occidental con lo mejor del sistema chino: responsabilidad con meritocracia.

“Por un lado, Europa y USA se hallan en una clara crisis de gobernanza. En las democracias occidentales, el poder tiene legitimidad pero no logra implementar cambios estructurales fundamentales. Por el otro, China experimenta un gran crecimiento, toma eficazmente medidas a largo plazo, pero con el bienestar se enfrenta a crecientes demandas de transparencia, control sobre el poder y participación ciudadana, cualidades propias de la democracia”, detalló Nicolas Berggruen durante la presentación del libro, en el año 2013.

El expresidente del Gobierno español, el socialdemócrata Felipe González, quien prologó el libro de Berggruen y Gardels, agregó: “Yo siempre he pensado que la democracia tiene la capacidad de auto-regenerarse. Pero es verdad que hay una crisis. Basta con ver a (Barack) Obama, que acaba de ser reelegido, paralizado por una vetocracia que le impide subir el techo de deuda y que le obliga a pactar hasta descafeinar todas las políticas que ha prometido”.

“En cierto sentido”, prosiguió González, “Occidente está muriendo de éxito. Ganó la Guerra Fría. Ganó la carrera tecnológica. El mundo actual es el resultado paradójico de esas victorias: ahora los países emergentes avanzan con capitalismo y tecnología”.

Otro pensador que se ha planteado la potencialidad del sistema chino es Daniel A. Bell, autor de “El modelo chino: la meritocracia política y los límites de la democracia”.

En el libro argumenta que el ideal chino, que combina elecciones libres y democráticas para elegir a los gobernantes de las aldeas, meritocracia para elegir a los líderes más altos y experimentación en el medio, tiene el potencial de generar mejores resultados gubernamentales que el modelo de democracia occidental.

De todos modos, aclara, este ideal está lejos de funcionar en la práctica en China hoy. Bell llama al sistema ideal chino “meritocracia democrática y vertical”.

“Durante la mayor parte de la historia imperial china, los funcionarios eran seleccionados primero mediante una examinación, y luego mediante evaluaciones de performance en cargos bajos de Gobierno. Lo fascinante es que este sistema ha sido reestablecido en su forma durante los últimos 30 años en China –con muchas imperfecciones, como veremos”, explicó Bell en un debate organizado por ChinaFila en la Sociedad de Asia, en Nueva York.

Para Bell, lejos de ser una tiranía oscura, como se la retrata a veces desde algunos medios occidentales, la meritocracia china es una alternativa válida a la democracia multipartidaria y liberal.

“Estoy en desacuerdo con la visión de que hay una sola manera moralmente legítima de elegir a los líderes: una persona, un voto”, expresó.

En el sistema chino, explica la revista estadounidense The Atlantic, los líderes locales –que manejan los asuntos básicos- deben rendirles cuentas a sus votantes. Pero los líderes nacionales, que deben manejar asuntos más complejos y tomar decisiones difíciles que pueden ser impopulares, pueden ser elegidos basándose en la experiencia y el conocimiento, sin las disputas políticas y susceptibilidad a la aprobación populista, características de las democracias occidentales.

“Ésta es la idea política que ha informado la reforma política en China en los últimos 30 años”, dijo Bell. “Pero aún hay una enorme brecha entre el ideal y la práctica. El ideal es, de todos modos, razonablemente bueno, y puede y debe seguir inspirando la reforma política de China en el futuro.”

Él destaca, sin embargo, que en el sistema chino de hoy hay problemas serios, como las restricciones a la libertad de expresión y problemas de visado.

Contra el argumento de Bell, Andrew Nathan, politólogo de la Universidad de Columbia, dijo que lo que hace a la democracia liberal mejor que los modelos autoritarios como el de China, no es la forma en que se eligen los líderes, sino los sistemas de controlar lo que hacen una vez que llegan al poder.

“Daniel (Bell) ha reconocido que hay una brecha entre el ideal y la práctica (del sistema político chino). Esa brecha no es un accidente –es el producto de la estructura del sistema político”, dijo Nathan.

Coincidió Felipe González: “Pese a que en China no haya elecciones más allá del nivel de aldea, por lo que sabemos, no por ello ha dejado la gente de dar su consenso al sistema, ya que creen que es capaz de obtener resultados. Ahora bien, cuando la brecha entre la propaganda y la verdad se hace demasiado grande, llega un día en que la gente simplemente deja de creer en el sistema, y entonces basta un empujoncito para que caiga.”

Enrique Fanjul: “China será un día una democracia”

Para Daniel Bell, el ideal de “meritocracia democrática y vertical” es el motor de la reforma que hubo en las últimas décadas en China y, si bien está lejos de ser una realidad hoy, es lo que debe aspirar realizar el país. Pero hay otros pensadores que consideran que China se encuentra encaminada a ser una democracia, y que un día, quizás no muy lejano, habrá elecciones libres en el país.

Uno de ellos es Enrique Fanjul, consejero comercial de la Embajada española en Beijing y presidente del Comité Empresarial Hispano-Chino, y autor de 3 libros sobre China. Según él, China está embarcada en un proceso gradual de transición democrática. Según escribió en el diario español El País, en materia económica, desde hace 30 años que China viene, paulatinamente, liberalizándose.

“Se liberalizaron progresivamente los precios. Se permitió la propiedad privada en las empresas. En una primera etapa ésta se desarrolló fundamentalmente a través de la entrada de inversiones extranjeras. Más tarde se empezaron a privatizar empresas estatales. Fue surgiendo un sector empresarial privado chino, que cada vez tiene un papel más determinante en la economía”, escribió.

Si bien las empresas estatales siguen desempeñando un papel fundamental y el Estado sigue interviniendo en la economía, él admite, la tendencia es hacia el crecimiento de los sectores privados. Para Fanjul, así como China fue liberalizándose en lo económico cada vez más hasta un día darse cuenta de que ya no era socialista sino capitalista, lo mismo se da a nivel político.

Un día, “China se encontrará con que, por fin, se puede considerar como una sociedad democrática”, escribió. “Como es lógico, es difícil anticipar los detalles del proceso”, advierte.

Muy posiblemente, si hay elecciones, “el Partido Comunista será el partido que gane las elecciones libres durante un periodo de tiempo”, ya que el país se alineará con las tradiciones políticas de las sociedades asiáticas de influencia confuciana, caracterizadas por un alto grado de estabilidad política y, según algunos, de autoritarismo.

Algunos ejemplos son Japón, en donde el Partido Liberal Demócrata ha estado en el poder desde 1955 -salvo un breve paréntesis en 1993-, y Singapur, país en el que desde la independencia, gobierna el mismo partido, el PAP (People's Action Party).

¿Qué tipo de democracia quieren los chinos?

Zhang Mingshu, un investigador de la Academia China de Ciencias Sociales, publicó un libro titulado: “¿Qué tipo de democracia quieren los chinos?”, tras investigar exhaustivamente el tema.

Sin embargo, como cualquier publicación oficial china, hay que tomar con pinzas sus resultados. A pesar de defender la validez de su trabajo (basado en una encuesta a 1.750 personas mayores de 18 años que viven en zonas urbanas), el propio Mingshu reconoció que “no se pudo pasar de la raya”, según lo reportado por el portal ZaiChina.

De todos modos, el investigador afirmó que, basándose en sus investigaciones, la mayoría de los chinos prefiere un Gobierno virtuoso y moral (siguiendo el concepto de Confucio) que un Estado de Derecho, y que le dan mucha más importancia al propio contenido de la democracia y a la calidad del Gobierno que a las formas y rituales.

Tanto es así, que, según descubrió, sólo un 15,3% de los chinos piensa que “una democracia es un país donde se celebran elecciones de forma regular y donde además los líderes del país surgen de la competencia entre distintos partidos políticos”.

Otro de los fenómenos que llamó la atención del investigador fue la fuerza que todavía tienen las ideas de izquierda en la sociedad china. Según su estudio, el 51,1% de los chinos podría considerarse de centro, el 38,1% de izquierdas y el 8% de derechas.

Pero, ¿qué quiere decir esto en la sociedad china? Centristas son aquellos cuyas ideas coinciden con las de los medios tradicionales, pueden estar disconformes con algunas cosas pero temen al caos y prefieren una transformación progresiva del país, explica Mingshu.

Para los centristas, la democracia debería adaptarse a las condiciones chinas y no seguir al pie de la letra la democracia estadounidense. Los chinos de izquierda con aquellos con tendencias maoístas, mientras que los de derecha se consideran liberales.

El portal ZaiChina destaca que, de todos modos, en la red social Sina Weibo, los datos de Mingshu causaron un gran revuelo. Sina Weibo es una especie de Twitter chino, formado por jóvenes urbanos y de carácter reivindicativo. Allí, un usuario realizó una encuesta en la que participaron 3.358 personas.

En ella, un 82,3% se declaraba de derechas (o liberal); un 89,6% decía preferir un Estado de Derecho a un gobierno moral-virtuoso; y un 73,4% le daba más importancia a votar que a un sistema deliberativo. Todo lo contrario de lo que encontró Zhang Mingshu, aunque también debe tenerse en cuenta que se trata de un segmento recortado de la población.

Democracia occidental, desprestigiada

“En qué lado de la historia acabarán los sistemas estadounidenses y chino es algo que dependerá de la gobernanza. Estados Unidos sigue paralizado por un debate interminable acerca de cuánto gobierno quiere y cuál tiene que ser su papel, pese a que su clase política sigo siendo ideológicamente rígida en lo tocante a su compromiso con la democracia liberal en tanto mejor sistema de Gobierno jamás inventado por la humanidad”, escribió Felipe González en el prólogo del libro de Berggruen y Gardels.

Mientras que “los chinos no se cuestionan demasiado el papel económico o social del Estado, pero están comprometidos en un debate amplio y a fondo acerca de cuánta meritocracia autoritaria necesitan versus cuánta democracia pueden permitirse y aun así seguir manteniendo la ‘armonía’ y la estabilidad”, concluyó.

“La crisis, la falta de regulación, el cortoplacismo y el exceso de burocracia han hecho que la democracia esté perdiendo prestigio. Esto hace que las nuevas generaciones duden de ella. Por el otro lado, hay un modelo chino que consigue respuestas rápidas”, dijo Juan Luis Cebrián, presidente del multimedios español PRISA, durante la presentación del libro.

Sólo el tiempo podrá decir si la democracia occidental encuentra el camino para reinventarse y arreglar los desajustes que su misma naturaleza ha creado. “La democracia, tal como ha evolucionado en Estados Unidos, no parece estar dotada de mayor capacidad para corregirse a sí misma que los mercados de valores, los cuales, como ha argumentado exhaustivamente George Soros, tienden hacia el desequilibrio, no al equilibrio”, escribe González en el prólogo del libro.

El tiempo dirá si el ideal chino del que habla Bell, la “meritocracia democrática y vertical”, hoy muy lejos de la realidad, consigue perfeccionarse y convivir con mayor libertad de expresión y apertura.

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