Guatemala elegirá el domingo un nuevo presidente con la esperanza de que el próximo gobierno logre bajar la rampante violencia que asola al país, agravada en los últimos años por la creciente presencia de los sanguinarios cárteles de la droga mexicanos.
HABRÍA BALOTAJE
Un militar retirado, el favorito para gobernar Guatemala
El candidato presidencial Otto Pérez Molina pica en punta según las encuestas gracias a su su propuesta de "mano dura" con el que promete combatir la delincuencia y la violencia ligada al narcotráfico. Los comiciós serán el próximo domingo 11/9.
El favorito a suceder al presidente centroizquierdista Alvaro Colom es el militar retirado de derecha Otto Pérez Molina, quien al igual que en las elecciones del 2007 promete mano dura para combatir la delincuencia en un país que tiene una de las tasas de homicidios más altas de América Latina.
El apoyo a Molina, subió al 42,6 por ciento pero no lo necesario para evitar una segunda vuelta, mostró un sondeo publicado el jueves.
Pérez Molina, un militar retirado postulado por el Partido Patriota (PP), subió respecto al 39.6 por ciento que obtuvo el mes pasado en una encuesta del periódico Prensa Libre.
Un candidato presidencial necesita el 50 por ciento más uno de los votos para ganar en primera ronda. Una segunda está programada para el 6/11.
Pérez Molina, cuestionado por grupos de derechos humanos por su supuesta participación en delitos de lesa humanidad durante la guerra civil de 1960 a 1996, ha ganado apoyo con su propuesta de "mano dura" con el que promete combatir la delincuencia y la violencia ligada al narcotráfico.
Compitiendo con el ex general se encuentra el diputado centrista Manuel Baldizón, candidato del Partido Libertad Democrática Renovada (Líder), quien obtuvo un 26,2 por ciento de intención de voto en el sondeo, por arriba del 18,5 por ciento de agosto.
Baldizón está peleando por los votos que perdió la gobernante centroizquierdista Unión Nacional de la Esperanza (UNE) después de que la ex primera dama, Sandra Torres, quedó fuera de la contienda.
Tribunales dijeron que Torres no podía competir en el proceso, a pesar de que se divorció del presidente Alvaro Colom en busca de sortear una prohibición para que familiares de mandatarios sean candidatos.
El general retirado, que busca por 2da vez la presidencia, ha ganado apoyo entre electores en uno de los países latinoamericanos más violentos con sus promesas de acabar con los narcotraficantes y bandas de delincuentes mediante una política de "mano dura" contra el crimen.
El candidato de 60 años lidera el derechista Partido Patriota (PP), dice que desplegará el Ejército para hacer frente a los poderosos cárteles mexicanos que han extendido sus negocios criminales a Guatemala y otros países centroamericanos.
Pérez prometió también "mano dura" contra los criminales en las elecciones del 2007, cuando perdió contra Colom en una segunda vuelta electoral, y ahora ha ofrecido incrementar las filas de la Policía Nacional con 10,000 efectivos más y las del Ejército con 2,500 soldados.
Pérez, quien sirvió al Ejército hasta 1998 y está a favor de recibir fuerzas extranjeras para apoyar el combate a la delincuencia y los cárteles, llega a los comicios cargando con acusaciones por su supuesta participación en graves violaciones a los derechos humanos durante la guerra civil (1960-1996).
A comienzos de la década de 1980 comandó tropas en Nebaj, en la occidental provincia de El Quiché, donde el Ejército es considerado culpable de algunas de las peores masacres de civiles, en su mayoría indígenas mayas, según una Comisión de la Verdad respaldada por las Naciones Unidas.
Más tarde, Pérez, quien rechaza las acusaciones, encabezó la temida unidad de inteligencia militar a la que grupos de derechos humanos atribuyen torturas y asesinatos políticos durante el conflicto.
Durante la guerra civil, en la que murieron unas 250,000 personas, la comisión de la verdad halló que el 85 por ciento de las violaciones de los derechos humanos fueron cometidas por militares y, después de años de evasivas, el Gobierno ha comenzado a procesar a algunos implicados.







