La diferencia se notaba. Entre el lunes a las 17 hs y el viernes a las 15 hs había transcurrido un siglo en las azules oficinas de la Fundación "Axel Blumberg por la vida de nuestros hijos". Edición i había asistido para entrevistar a Juan Carlos Blumberg el lunes 28 de agosto, tres días antes de la marcha. La cita, Corrientes 550, quinto piso, sede de la Fundación.
Ese lunes la oficina era un hormiguero. Las cajas apiladas contenían volantes, los grandes cilindros de papel madera, tirados en el piso, afiches. Cada cinco minutos entraba alguien en búsqueda de los mencionados papeles. Un hombre mayor se llevaba 10 volantes en un sobrecito, un joven de traje miembro de una ONG desconocida decidía si cargaba con una o dos cajas.
Mientras tanto, en un rincón se desarrollaba una suerte de reunión de un improvisado comité de logística. Alrededor de un escritorio, sobre el cual no se alcanzaba a distinguir si había algún tipo de plano, dos hombres y una mujer debatían sobre la conveniencia de la ubicación de vallas, sobre el sonido, sobre si había que hacer un "corralito" para la prensa o no, sobre dónde era conveniente reunir a los familiares de las víctimas que subirían al palco.
Juan Carlos Blumberg se demoró 30 minutos, en ese tiempo el teléfono sonó unas 30 veces. La mayoría de las respuestas eran "puede venirlo a buscar a Corrientes quinientos…", dadas a promotores voluntarios de la marcha.
Pero Jenny, rubia, veinteañera y voluntaria también debió atender un llamado de una señora que explicaba que su hijo había desaparecido hacía un mes y que ni la policía ni la fiscalía le habían dado respuestas. Jenny anotó los datos y pidió que llamara al día siguiente al mediodía, acto seguido se levantó y fue explicarle el caso a otra mujer, ella murmuró algo de lo que solo se alcanzó a escuchar "hay que llamar a la fiscalía".
El viernes, Jenny narraría que el jueves, el día de la marcha, hasta el mismo instante que cerraban la oficina para caminar las cinco cuadras hasta Plaza de Mayo la gente seguía llamando para contar sus casos y buscar ayuda.
En los 30 minutos de espera del lunes, dos mujeres humildes, de facciones compungidas, una de mediana edad y una mayor, aspecto de madre e hija, fueron atendidas en una de las oficinas y se fueron con lágrimas en los ojos. No hacía falta explicación, víctimas de la violencia en búsqueda de contención, probablemente consejo y quizás alguna respuesta.
El viernes ya no había cajas, la oficina estaba medio desierta, y sólo tres mujeres ocupaban el amplio espacio común. Semblantes cansados, gestos serenos, sonrisas adivinadas, satisfacción impresa en cada uno de los rostros. "¿Están contentas?" "No tenemos por qué estar contentas", se atajan, "la inseguridad sigue".
Si alguien está convencido de que esta marcha no fue "política" y fue por la "seguridad" son Jenny, Analía, dos jóvenes voluntarias, y Claudia, madura, rubia, enérgica ( y que por más que su tarjeta diga simplemente "secretaria", es una suerte de alma mater de la Fundación).
Ellas son las que todos los días atienden el teléfono, escuchan las voces dolientes de madres que no encuentran a sus hijos, de padres que les relatan el asesinato de sus niños, hijos que llaman por sus padres jubilados y atacados.
Sobre el escritorio se desparraman los diarios. Una se enoja por el enfoque de Página/12, no porque venga de Página/12 sino porque, señalando una de las fotos de los familiares de las víctimas con los carteles en alto: "¿no ven las caritas de los chicos muertos? ¿Cómo pueden pensar que esa gente hace política?".
Luego, se calla y se concentra en decidir con qué analgésico mitigar el dolor de cabeza. Las explicaciones sobran, pero igual son dadas: "Trabajamos como burras, las chicas venían a las 9 de la mañana y se iban a las 10 de la noche, nosotros nos terminábamos yendo después de las 12", detalla Claudia.
Se interrumpe para saludar a un señor mayor que llega, de traje y chaleco, sonrisa en la cara, actitud humilde y una bolsa en la mano. Reparte felicitaciones y chocolates en simultáneo. Declina el café, la silla y encarga sus "respetos para Juan Carlos". Tres minutos después se va, llevándose palabras de cariño y agradecimiento de las mujeres de la oficina por su colaboración. Antes de salir, como al pasar, comenta que a su yerno lo llamaron el jueves a la noche para amenazarlo "dejate de joder con eso de las marchas", dice que le advirtieron.
Pequeñas anécdotas sobre la marcha se van arrastrando en la charla. Entre tanto, los timbrazos del teléfono, ya no furiosos como los del lunes, traen felicitaciones, pedidos de notas periodísticas, solicitudes de las desgrabaciones de los discursos de la marcha (que se lamentan en no tener) y también algún relato vivo, doliente, de las consecuencias de la inseguridad que real, constante e implacable no entiende de marchas.
En ello Juan Carlos Blumberg sale de su oficina, con un celular en el oído, una hoja en la mano y el mismo paso enérgico y adrenalínico del lunes. Urgido, pide que le impriman una copia del petitorio dirigida al vicepresidente Daniel Scioli (todavía no sabe que en el Senado no lo estaría esperando Scioli para recibirlo tal como lo había prometido y debería entregar el petitorio en mesa de entradas). Esboza una sonrisa a forma de saludo y vuelve a su oficina tan rápido como salió.
Se nota, para él no hay diferencia entre el pre y el post. Claudia relata que el jueves a la noche "lo llevaron a cenar", porque en los dos días anteriores no había comido prácticamente nada.
En ello vuelve a sonar el teléfono, vuelve a aparecer el ingeniero, pide alguna otra cosa, desaparece nuevamente. Cansadas, las chicas Blumberg se vuelven a poner en actividad, el recreo terminó. Solo queda un cenicero y un par de tasas de café sobre un escritorio. Y la sensación de que, al menos para estas mujeres, la marcha fue 100% humana y 0% política.
El día después: Cómo vivieron la marcha desde la Fundación Axel Blumberg, antes y después
Entre el lunes a las 17 hs y el viernes a las 15 hs había transcurrido un siglo en las azules oficinas de la Fundación "Axel Blumberg por la vida de nuestros hijos". A continuación, una crónica acerca de cómo se vivió la marcha desde adentro, antes y después.
04 de septiembre de 2006 - 00:00






