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ES LA INFLACIÓN, PRESIDENTE

Enorme error de Alberto Fernández, quien no comprende a Benjamín Franklin

Jue, 24/09/2020 - 12:33pm
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Hay que empezar a imaginar cómo incorporar a Benjamín Franklin en el Himno Nacional ya que es el gran integrante del panteón de héroes criollos gracias a su virtud de jamás defraudar a quienes en él confían. Alberto Fernández debería aprender un poco más de B.F.

Benjamín Franklin
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Benjamin Franklin, macho semiargentino, One Hundred Dollar Heroe.
Contenido

La pesificación es una ambición frustrada de Cristina Fernández de Kirchner, quien en varias ocasiones lamentó, cuando era Presidenta de la Nación, que sólo USA tenía la posibilidad de emitir dólares estadounidenses.

En 2012 y 2014, CFK invocó la necesidad de pesificar la economía, fracasando en ambas ocasiones. El público percibe que los funcionarios piden pesificar cuando tienen problemas con el ingreso de dólares, por lo tanto consideran, con indudable racionalidad, que es mejor persistir en la huida del peso.

El presidente Alberto Fernández no ha innovado, participa de una historia circular, y retoma los argumentos por la pesificación, reiterando, que los dólares son para la producción y no para el atesoramiento.

Podría debatirse muchísimo el concepto implícito en la desafortunada apelación de Alberto F.

El ahorro no es un error de los pueblos. Las sociedades que consiguen desarrollar mercados de capitales domésticos, logran mayor capacidad de financiar su desarrollo y desarrollan inmunidad ante los desequilibrios externos.

En todo caso, el problema de Fernández consiste en que el ahorro permanece en los colchones o en el exterior; en cualquier caso, a resguardo del Estado. Ahí tiene el Presidente el problema de fondo: la conducta del público es consecuencia de la falta de confianza en el Estado, las decisiones o indecisiones del Gobierno y la evidencia de que falta idoneidad en los funcionarios.

Inflación

Fernández comete el mismo error que la hoy vicepresidenta de la Nación cuando era Jefa del Estado: exige sin dar nada a cambio.

Es muy interesante: Fernández lleva promesas de financiar obra pública a cambio de que los gobernadores renueven su apoyo, pero no le concede nada a los agentes económicos para que permanezcan en pesos. Por supuesto que es una inconsistencia. No es la única.

La inflación lo condiciona todo pero ni Alberto Fernández ni Mauricio Macri resuelven el problema de la estampida permanente de los precios, que impide la posibilidad de atesorar moneda local. 

Es ridículo parir la conspiranoia de millones de argentinos tramando la caída del peso en el mercado cambiario. En verdad, no aumenta el dólar sino que cae el poder de compra de la moneda argentina.

Millones de argentinos son víctimas de la estafa que comete el Estado emitiendo y pagando con billetes y monedas que cada día valen menos que ayer. Entonces, ellos son empujados hacia el dólar, y el Presidente se queja que preserven su dinero.

Hay una alternativa espantosa: aumentar la tasa de interés para compensar a los que se quedan en pesos por la pérdida de valor de la moneda. La economía no puede funcionar en esa circunstancia y, además, los capitales que se consiguen son 'golondrinas'. Ya se vivió con Macri.

Ahora, Fernández no puede pretender que el público pesifique sin recompensa alguna. El Presidente desliza una tontería importante: la necesidad de solidaridad. Es un concepto propio de la Doctrina Social de la Iglesia Católica, que rige en todos lados menos en la magnificencia del Vaticano, más allá de los gestos de Francisco

Luego, quien no tiene solidaridad es el Estado, el único que se beneficia con la inflación, que resulta un extraordinario impuesto sobre sus ciudadanos / contribuyentes.

Dicen que Fernández esperaba que, con la pandemia, la inflación se calmara por inactividad de la economía, pero esto no ha sucedido. Sólo ha menguado por congelamientos diversos. La mayoría de los agentes económicos teme una mayor inflación futura porque esos congelamientos no pueden permanecer en el mediano plazo.

Fernández, quien no ha anunciado ningún plan acerca de su economía sino que envió un proyecto de Presupuesto 2021 al Congreso -que no es un plan sino una herramienta-, se enoja porque las personas intentan preservar sus ahorros.

En el interín, Fernández tendrá que negociar con el Fondo Monetario Internacional una serie de metas que terminarán resultando el plan económico. Los tenedores de pesos tienen derecho a esperar.

Reflexiones

En verdad, desde Juan Perón a la fecha, el peronismo -con la excepción de Carlos Menem- siempre tuvo enormes dificultades para conseguir moneda extranjera. El General y su mujer dilapidaron el stock de las reservas que encontraron y nunca supieron cómo recuperar el flujo.

Desde entonces, tanto civiles como militares argentinos se han consumido administrando las escuálidas reservas internacionales, que sólo crecen por endeudamiento externo, e intentando diferentes controles de cambio que sólo intentan ocultar el problema verdadero: la inflación.

No es una casualidad que el período más exitoso en cuanto a ingreso genuino de dólares -período imperfecto, con sus problemas, que eran corregibles, de todos modos- coincidiera con días de inflación local posible de comparar con la internacional, ausencia de derechos de exportación al agro y cierta apertura de la economía. Sus críticos hablan de que en el período ocurrió una sobrevaluación de la moneda local y desempleo. En verdad, el mayor problema fue el desequilibrio fiscal, instrumento indispensable para mantener aquella política cambiaria.

La emisión de moneda que provoca el desequilibrio fiscal es uno -no el único- multiplicador de inflación.

No es nada complicado pero la lógica de la economía a menudo discrepa con las necesidades de la política argentina. Y como siempre prevalece la exigencia de la política, no hay lógica en la economía.

Le sucedió a Raúl Alfonsín y por eso fracasó el Plan Austral. A Carlos Menem y por eso no pudo salir de la recesión 1998/1999. Le ocurrió a Fernando De la Rúa y por eso subió los impuestos al asumir. Pasó con Eduardo Duhalde, y por eso quien depositó dólares recibió pesos. Y a Néstor Kirchner, por eso inició los controles de precios. Y a Cristina Fernández de Kirchner, y por eso extendió en forma innecesaria el default externo, el desacuerdo con el Club de París y la ridícula guerra contra los 'arbolitos' de la calle Florida. Y quedó en evidencia en aquella famosa derrota pública que sufrió el BCRA a manos de Marcos Peña, origen del derrumbe del caprichoso Mauricio Macri.

Por lo tanto, el verdadero problema argentino no es la carencia de dólares sino la abundancia de inflación, que deprecia el valor de la moneda local, y así comienza la llamada 'fuga de divisas'.

Entonces, hay una fuga inicial que es de pesos a dólares; y luego, la presión tributaria extraordinaria y la inseguridad jurídica implícita en la discrecionalidad e imprevisión en las decisiones del Estado, provoca la siguiente fuga, que es la de capitales.

El problema de Alberto es que está repitiendo la historia de quienes le precedieron. Y eso asusta a todos los tenedores de pesos que confían en el mayor héroe nacional argentino, Benjamín Franklin, el que no defrauda.