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COVID-19 Y EL CASO ELSEVIER

Informe Especial: El cementerio para los dinosaurios del conocimiento por suscripción

Mar, 17/03/2020 - 8:11pm
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Por Urgente24

Las crisis son oportunidades, ya se sabe. Una reacción deficiente puede resultar un cementerio y un enfoque adecuada puede concluir en un éxito. Un caso muy interesante ha ocurrido con las editoriales para investigadores científicos. El conocimiento debe democratizarse, en especial ante una pandemia, y quien no lo entienda puede quedar a un costado del camino.

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"Creo que los editores que piden precios exorbitantes para compartir conocimientos científicos, son dinosaurios".
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El viernes 13/03 las autoridades científicas de 12 países, incluidos USA, Italia y Corea del Sur, emitieron un comunicado en el que instaban a los editores corporativos de trabajos académicos a poner toda la información relevante disponible de forma abierta y rápida.

"[Instamos] a los editores a que acepten voluntariamente hacer sus publicaciones relacionadas con Covid-19 y coronavirus, y los datos disponibles que los respaldan, inmediatamente accesibles", fue la consigna, explicó Linda Lews, en el South China Morning Post.

La declaración no solo señaló la necesidad urgente de información a medida que la epidemia mata a miles, sino que también marcó un conflicto detrás de escena entre 

> los editores académicos, como Elsevier -con sede en Amsterdam (Países Bajos)- y Taylor & Francis Group (USA),
 
vs. 

> científicos críticos a las prácticas de publicación que bloquean la investigación líder detrás de pagos de suscripción o pay-wall.

La pandemia de Covid-19 pone de relieve cómo funciona la prensa académica: una industria que, según algunos científicos, se basa en un modelo obsoleto y que precisa modificaciones.

Los editores académicos han creado negocios altamente rentables al promover investigaciones científicas de vanguardia, someterlas a revisión especializada y luego cobrar su lectura a empresas, bibliotecas y universidades de todo el mundo, recordó Linda Lew.

La mercantilización del conocimiento ha enojado a muchos integrantes de la academia de ciencias global durante años. Ahora, el brote mundial de coronavirus revitalizó a los críticos. Cientos de científicos firmaron una petición difundida 'online' que llevó a los editores a desbloquear miles de páginas de investigación de coronavirus que estaban escondidas detrás de los muros de pago.

Según el sistema existente, un científico presenta un trabajo de investigación que luego es revisado por pares en un proceso que puede llevar meses.

En la mayoría de los casos, los autores hacen esto sin recibir dinero como contraprestación porque la oportunidad de publicar el trabajo puede ser rentable en forma de becas de investigación y oportunidades de trabajo para un investigador y/o su equipo, además de participar del progreso científico.

Sin embargo, el enfoque se vio afectado por el brote de coronavirus en la ciudad china central de Wuhan a fines de diciembre 2019, iniciando lo que hoy se reconoce como pandemia.

El asesino N°8

Los científicos tenían hipótesis de que algo podría suceder.

La Organización Mundial de la Salud había difundido, en 2018, un trabajo para mostrar a los 194 países que financian al organismo de las Naciones Unidas la amenaza de las emergencias mundiales de salud pública (epidemias), una lista de las 8 enfermedades infecciosas más conocidas de la humanidad. 

El ébola era N° 2: un virus que se cree que saltó de los murciélagos africanos a los animales que consumen los humanos y mata al 50% de las personas que infecta, a través de la pérdida masiva de fluidos corporales. El virus del Ébola usa esos mismos fluidos (saliva, sangre, vómito) para infectar a los humanos que entran en contacto con ellos. 

El síndrome respiratorio agudo severo (sars) era la N°4. Los sars pueden causar neumonía y mataron a más de 800 personas, la mayoría de ellas en China continental y Hong Kong, antes de desaparecer en gran medida en 2003, menos de 11 año después de su aparición.

También en ese caso se cree que los murciélagos fueron los anfitriones del virus, que posteriormente se introdujo en los animales que consumen los humanos, en este caso probablemente gatos de civeta vendidos en los mercados de China como carne. 

El sars no necesita nadar para infectar, puede flotar entre los huéspedes humanos en gotitas de la tos o estornudos, o puede ser recogido al tocar una superficie infectada.

El N°8 en la lista era la "enfermedad X", que no tenía nombre aún pero se describió así: "representa el conocimiento de que una epidemia internacional grave podría ser causada por un patógeno que actualmente se desconoce como causante de enfermedades humanas".

Más adelante, la enfermedad X se publicó con una imagen gris borrosa de un globo salpicado de espinas minúsculas, tomada por un científico con un microscopio electrónico. Los investigadores pudieron ponerle cara al virus porque ya lo habían capturado.

El siguiente paso en el proceso de identidad fue conseguir que el patógeno misterioso revelara sus secretos. Para eso, recurrieron a un secuenciador de ADN del tamaño de una máquina de fax de oficina, que escupe un código que se puede volver a armar como un rompecabezas para dar una identidad genética.

De estos datos surgió que el 'asesino en Wuhan' provenía de una familia desagradable, un nuevo miembro del clan coronavirus, primo del sars. 

Los científicos lo bautizaron 2019-nCoV en función de la fecha en que apareció y sus lazos familiares. 

Más tarde pasó a llamarse SARS-CoV-2.

Las únicas otras certezas sobre este virus son que 

> nadie sabe exactamente de dónde vino, 
> cómo se deslizó en la ciudad de 11 millones de personas, 
> cuándo llegó y 
> qué lo desencadenó para causar disturbios.

¿Cómo no compartir libremente toda la información disponible acerca del criminal N°8? 

Los editores de las editoriales científicas no tuvieron cintura. La avaricia los colmó. Creyeron que había llegado su gran oportunidad, y apostaron por la recaudación, no por la humanidad. Se fueron de madre.

La batalla contra el muro de pago

El 31/01, la organización benéfica británica de investigación en salud, Wellcome Trust, pidió que "los resultados de la investigación y los datos relevantes para este brote se compartan rápida y abiertamente para informar la respuesta de salud pública y ayudar a salvar vidas".

El Trust pidió apoyar el esfuerzo y decenas de científicos dijeron estar de acuerdo, inclusive editores académicos tales como Elsevier; instituciones médicas, los centros de control de enfermedades de USA y China; y los principales fabricantes de medicamentos como Takeda Pharmaceutical, de Japón.

Al mismo tiempo, los científicos que intentaban combatir el virus comenzaron a publicar más investigaciones en plataformas gratuitas de Internet conocidas como servidores de preimpresión (el caso de bioRxiv y de medRxiv). 

Una preimpresión se refiere a un artículo que aún no se ha revisado o publicado en una revista científica.

Desde el comienzo de 2020, más de 180 documentos sobre el nuevo coronavirus se han publicado en bioRxiv

El servidor de preimpresión de ciencias de la salud medRxiv, que comenzó en 2019, difundió 380 documentos relacionados con virus publicados en los recientes 3 meses.

En comparación, la epidemia de zika que apareció en Brasil en 2015 provocó apenas 96 artículos en bioRxiv hasta 2016. Demostración del interés que provocó el nuevo coronavirus.

En medio de estas iniciativas, apareció una petición 'online', que decía que, a pesar de la solicitud de Wellcome Trust, años de investigación sobre la familia de patógenos del coronavirus permanecieron restringidos, sólo para el acceso de suscripciones pagas, que podrían ascender a cientos de dólares por acceso. 

La petición instó a los editores a liberar todo el trabajo, y que fuese de libre acceso.

"Miles de estudios científicos sobre el coronavirus están bloqueados detrás de los pagos de suscripción, lo que impide que los científicos tengan acceso a la investigación necesaria para descubrir tratamientos antivirales y una vacuna para detener el virus", denunció la petición del 03/03, que tenía casi 2.000 firmas, desde Chris Bourg, director de bibliotecas del MIT (Massachusetts Institute of Technology); a Brooks Walsh, un médico de emergencias en Connecticut.

Cuatro editoriales académicas importantes (Taylor & Francis, Wiley, Oxford University Press y Springer), respondieron haciendo que casi todos sus documentos relacionados con el coronavirus tuvieran de inmediato acceso abierto, según un aviso posterior.

Sin embargo, aquel 03/03, Elsevier, el editor académico más grande del mundo por ventas, mantenía miles de artículos sobre investigación de coronavirus detrás de un muro de pago, según el organizador de la petición, un investigador con sede en USA que no deseaba ser identificado públicamente por las consecuencias legales que podría provocarle el reclamo.

Él dijo que los motores de búsqueda propiedad de Elsevier, conocidos como ScienceDirect y 1Science, contenían 7.945 investigaciones combinadas de coronavirus. 

Hasta el 03/03, un total de 4.110 documentos se habían puesto a disposición de forma gratuita, pero quedaban 3.800 documentos que seguían exigiendo un pago para acceder.

"No es así como funciona la ciencia", dijo el organizador de la petición. "La ciencia funciona aprendiendo de investigaciones previas y uniendo todo en una nueva comprensión".

Finalmente Elsevier eliminó el muro de pago acerca de los documentos, informando en un correo electrónico que desde que se intensificó el brote de Covid-19, recibió muchas solicitudes para hacerlo.

"[Esto] nos llevó a aumentar nuestro compromiso de liberar más artículos con ScienceDirect, de Elsevier; y el Repositorio de Investigación de Coronavirus 1Science, de Elsevier, desbloqueó casi 20.000 artículos de investigación", se informó el 10/03 en una respuesta por correo electrónico al cuestionario del diario SCMP, de Hong Kong.

Elsevier prometió que la "investigación seguirá de libre acceso mientras la Organización Mundial de la Salud considere las situaciones actuales y futuras como un riesgo para la salud pública"

La compañía se comprometió a apoyar el esfuerzo de contener y erradicar Covid-19.

El organizador de la petición confirmó que Elsevier había desbloqueado más de 19.000 documentos, cumpliendo con las solicitudes de los firmantes.

Sin embargo, esto no impidió la tensión porque los críticos de la comunidad científica han cuestionado durante mucho tiempo este modelo de investigación compartida, que permite rentabilidad a la industria editorial académica.

Un breve intervalo

Hace aproximadamente 122 años, los científicos que investigaban las causas de la enfermedad comenzaron a identificar sustancias más pequeñas que las bacterias, o lo que el microbiólogo holandés Martinus Beijerinck en 1898 denominó "agentes infecciosos parásitos".

En el mismo año en Alemania, el bacteriólogo Friedrich Loeffler y su colega Paul Frosch encontraron evidencia de material más pequeño que las bacterias que causaban la fiebre aftosa en los animales.

Sus hallazgos abrieron la puerta a un nuevo mundo microscópico de "sustancias ultravisibles y ultrafiltrables" nunca antes visto. Los parásitos fueron nombrados más tarde "virus" de un término latino que significa "veneno".

Siguió una serie de descubrimientos, incluido el virus de la gripe humana en 1933.

La Universidad de California, Berkeley, describe el trabajo de Loeffler y Frosch en términos de 'zombis': "Esta fue la primera pista sobre la naturaleza de los virus, entidades genéticas que se encuentran en algún lugar del área gris entre los estados vivos y no vivos".

Si el SARS-CoV-2 estaba en modo 'zombie' cuando entró en Wuhan, pronto se puso a trabajar haciendo lo que hacen los virus: encontrar un huésped vivo, secuestrar células, propagar, multiplicar, propagar.

Los estragos que dejan diferentes virus en el proceso de conquistar, ocupar y matar células humanas tienen muchos nombres: sarampión, herpes, poliomielitis, rabia, ébola y sida.

El tipo de estragos depende

> del lugar donde el virus encuentra un hogar,

> a qué tipo de células se enclava, excava y secuestra.

El lugar donde golpea a una persona depende de qué células de tejido corporal se unen mejor con ese virus en particular.

La neumonía es la especialidad de estragos del SARS-CoV-2. Mata a las personas al ahogar el suministro de oxígeno del cuerpo:

> La infección hace que los pulmones rezuman líquido que luego se engrosa en flema o pus, lo que bloquea lentamente la capacidad de los pulmones para transferir oxígeno a la sangre.

> La respiración se vuelve cada vez más difícil, lo que obliga al corazón a acelerar para bombear más sangre a los órganos sin oxígeno.

> La muerte puede llegar cuando el corazón con exceso de trabajo falla, junto con otros órganos debilitados. O, jadeando por aire, la persona infectada cae en coma y básicamente se sofoca hasta la muerte.

La neumonía mató a aproximadamente 2,56 millones de personas en todo el mundo en 2017, según el Instituto de Evaluación y Medición de Salud de la Universidad de Washington.

Elsevier vs. las plataformas gratuitas

El Grupo Relx, con sede en Gran Bretaña, propietario de Elsevier, tiene un margen de ingresos operativos del 26,16% en comparación con un promedio del 9,82% entre las 17 editoriales europeas que cotizan en bolsa, según datos de Bloomberg Intelligence.

El margen de ingresos operativos de Relx fue el N°1 en la lista.

Las publicaciones científicas, médicas y técnicas representan aproximadamente el 35% de sus ingresos.

Los críticos dicen que tales márgenes de rentabilidad, consecuencia de limitar el acceso a la investigación, no le conviene a la ciencia. 

Si bien el sistema tradicional de publicación académica está lejos de ser desplazado, los gobiernos y las universidades de todo el mundo están presionando para compartir más abiertamente la investigación y los datos.

En 2019 la Universidad de California mantuvo conversaciones con Elsevier sobre la renovación de las suscripciones de investigación. La universidad quería "opciones de publicación de acceso abierto" para sus investigadores en las revistas de Elsevier sin costo adicional.

Sucede que si el autor de la investigación quiere ponerla a disposición del público de forma gratuita, el autor tiene que pagar tarifas al editor.

La universidad dijo que ya le estaba pagando a Elsevier US$ 11 millones al año en costos de suscripción, pero Elsevier se negó a otorgar la opción de acceso abierto, y propuso en cambio que la universidad pagara US$ 30 millones adicionales durante 3 años por ese servicio, un aumento de aproximadamente 80%.

La Universidad de California se negó.

Mientras tanto, los servidores de preimpresión fuera del control de las grandes editoriales académicas están registrando un aumento en la actividad.

Un documento de preimpresión de un equipo del Laboratorio Nacional de Los Alamos en USA modeló la cantidad de reproducción posible de Covid-19 en base a datos disponibles en forma gratuita.

El número de reproducción, conocido como R0 o R-nada, indica cuántas personas corren el riesgo de contagio de una persona infectada. 

La información tiene implicaciones importantes para las estrategias sobre cómo controlar el virus, según el investigador Ruian Ke, del citado laboratorio.

La tasa de transmisión de la enfermedad podría haber caído hasta un 59% después de que China introdujo medidas de bloqueo en el país, cerca de fines de enero, fue una estimación.

"Creo que la atención prestada al servicio de preimpresión no tiene precedentes", dijo Ke.

Nicholas Hengartner, líder del grupo de Biología Teórica y Biofísica en el laboratorio de Los Alamos, dijo que las preimpresiones eran parte de la democratización del proceso científico.

En lugar de que algunas personas revisen el trabajo, muchos científicos podrían participar en este proceso, poner los hallazgos en contexto y en tiempo real junto con otra información disponible, dijo Hengartner.

El problema es que hasta que se estabilice esa nueva experiencia, hay un período de posibles dificultades. Ocurrió con Wikipedia también, por citar un sitio de conocimiento con aportes colectivos.

Ke y Hengartner reconocieron que algunos de los primeros hallazgos publicados a través de las preimpresiones podrían ser defectuosos, debido a los datos limitados durante las etapas iniciales del brote.

Algunas preimpresiones que provocaron controversia incluyeron una de científicos en India que comparó el nuevo coronavirus con el HIV.

Otro artículo de investigadores de la Universidad Tecnológica del Sur de China sugirió que el virus se filtró desde el Instituto de Virología de Wuhan.

Ambos documentos fueron retractados, pero ya se habían difundido en las redes sociales, alimentando la información errónea sobre la emergencia de salud pública.

Para tratar de reducir tales incidentes y destacar el trabajo más valioso, los científicos y expertos en salud pública han puesto en marcha una plataforma de investigación en línea llamada Outbreak Science Rapid PREreview, para ofrecer comentarios estructurados y oportunos a las preimpresiones, explicó Daniela Saderi, una de las fundadoras.

"Durante un brote, simplemente no tenemos tiempo para un proceso de 3 a 6 meses para la revisión por los pares. Con la nueva plataforma de código abierto, podemos trabajar juntos para examinarlos rápidamente y ayudar a otros a encontrar la mejor ciencia”, dijo Saderi.

La plataforma se lanzó el 01/01/2020, coincidiendo con la aparición de Covid-19. Si bien las preimpresiones pueden difundir ciencia no probada, eso también puede ocurrir con la publicación académica tradicional, según Saderi.

"Ha habido muchos ejemplos de investigación que han sido revisados técnicamente por 2 o 3 científicos, a través del sistema de revisión por pares organizado por la revista y que han resultado ser incorrectos", aclaró.

Un ejemplo es un artículo que vincula el autismo con las vacunas publicado en la revista médica The Lancet en 1998, que ayudó a apoyar el movimiento contra la vacunación. Se retiró en 2010, después de que se determinó que era un engaño médico, recordó Linda Lew.

Elsevier, que publica The Lancet, dijo que consideraba las preimpresiones como un complemento a la publicación de revistas, y una forma para que la comunidad de investigación compartiera información antes del importante proceso de revisión por pares.

"Al mismo tiempo, advertimos que las preimpresiones no se han beneficiado del papel fundamental de la revisión por pares, que valida y mejora la calidad de los artículos publicados en revistas", dijo un portavoz de la compañía, llevando agua para su molino.

Hengartner en Los Alamos no está totalmente de acuerdo: "Creo que los editores que piden precios exorbitantes para compartir conocimientos científicos, son dinosaurios".