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CRISIS DE IDEAS

Efecto Carrió: política banalizada y dirigentes oportunistas

Mientras que el país se sumerge cada vez más en la miseria, pobreza e incertidumbre, la dirigencia política se entretiene en una contienda dramática.

Una vez más, Elisa Carrió generó tensiones dentro de JxC por sus “justas” críticas. Pero, ¿es la TV el ámbito para agraviar a sus correligionarios?¿Las mesas internas para que existen? ¿Por qué en lugar de agraviar y querer “purificar” JXC con sus declaraciones no propone políticas que mejoren la calidad de vida de la sociedad? La política se ha banalizado y los dirigentes políticos aprovechan su tiempo público para difamarse entre ellos en vez de intentar acordar políticas beneficiosas para los argentinos.

La visibilización de los negocios de los políticos que quiere exponer Carrió es excepcional, entre tanta mentira, secretismo y ambición en el poder. Sin embargo, el ámbito y el tiempo no son los adecuados. La decisión de condenar a sus socios políticos públicamente en un programa específico de TV (LN+), asociado al expresidente Mauricio Macri con quien ha tenido públicamente varias cruces, es bastante curiosa.

Sobre todo si se considera que ella no es una periodista de investigación o una analista política sino que pertenece a un espacio al que al adherirse tuvo que seguramente someterse a ciertos estatutos de respeto y convivencia entre sus socios.

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El fuerte cruce de Elisa Carrió con sus aliados es el símbolo de la banalización de la política y de dirigentes oportunistas.

El fuerte cruce de Elisa Carrió con sus aliados es el símbolo de la banalización de la política y de dirigentes oportunistas.

La líder de la CC, "Lilita" Carrió en menos de 48 horas, sin filtro y con firmeza cuestionó en duros términos a diferentes dirigentes de JxC a quienes no solo los asoció con el flamante ministro de Economía Sergio Massa sino que advirtió que no permanecerá callada. Apuntó contra el exministro del interior Rogelio Frigerio, el presidente del bloque opositor de diputados Cristián Ritondo, el expresidente de la cámara de senadores Emilio Monzó, el diputado Gerardo Milman y los radicales Facundo Manes y Gerardo Morales.

La acusación de Carrió contra esos referentes de JxC puede ser leída como un proceso de “purificación” de aquellos “inmorales”, que ella como ferviente católica los considera de ese modo. Tal vez estas críticas ya las había exhibido en la mesa interna pero como se negaron a escucharla, explotó en TV.

“Todavía tenemos tiempo de tener una unidad en serio con gente decente en serio. Yo la quiero mucho a Patricia, los quiero mucho a todos, pero esto no se trata de una cuestión de cariño, se trata de una cuestión de purificación, de limpieza. ¿Vamos a hacer lo que decimos y a ser lo que decimos que somos o vamos a estar engañando a la sociedad?”, manifestó.

Es tarea vana replicar cada acusación que realizó Carrió contra esos dirigentes que se difundieron durante todo el día en diferentes medios. El eje de la discusión no es ese. La manera que tanto JxC como el FdT tienen de resolver la crisis inflacionaria, la pobreza e inflación que sufre el país es enredarse en vacías discusiones y profundizar la grieta externa e interna. Esto también se ve en la profunda discordia entre CFK y Alberto Fernández y Sergio Massa.

¿Cómo confiar en la unidad y futuro de un espacio, que supuestamente presume tener programas de gobierno, si los máximos referentes se entretienen criticándose en duros términos el uno al otro?

Las declaraciones de Carrió evidencian una vez más que la naturaleza de las coaliciones políticas argentinas son meramente electorales y no de gobierno. Son coaliciones oportunistas, temporales y circunstanciales. Una vez que cada uno recibe o no lo que arregló con el otro, la alianza política cesa y empiezan las peleas por el liderazgo, por las candidaturas y el griterío interno.

Con una inflación del 100%, pobreza del 55%, indigencia de casi el 20%, desempleo 30% y salarios desplomados, ¿esta es la respuesta que quiere la sociedad?

Las mayores fuerzas políticas del país, impotentes de resolver la problemáticas complejas, ocupan la agenda política con una tediosa lucha de poder interna que termina por perjudicar a los “representados”, la sociedad que espera desesperanzada respuestas, soluciones, reacciones. De este modo, la política se encuadra como una contienda dramática entre sus actores con sus pasados y sus experiencias, en lugar de afrontar problemas como la sanidad, las ayudas sociales o la educación, de discutir y acordar ideas ,y de formular de una vez por todas un rumbo no perfecto, pero prometedor en beneficio del país.

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