MISTERIOS E IMPRECISIONES

Casi Indiana Jones: Desesperación por encontrar el dinero K

¿Realidad o fantasía? ¿Descubrimiento inminente o un albur que alimentará generaciones buscando el arca perdida como Indiana Jones? Las bóvedas con dinero K alimentan expectativas de los antikirchneristas y el horror de los kirchneristas. Clarín -que padeció a los K, luego de haber sido su socio- despliega el tema en su edición dominical aunque no brinda precisiones. Sucede que la causa de La Rosadita luce trabada. Tal como afirmó Ignacio Fidanza, de La Política Online, luego de leer las 85 páginas de la declaración testimonial de Leonardo Fariña, no aparece cómo imputar por ahí a Cristina Fernández de Kirchner. Quienes apuntan a eso, en especial gente del Poder Judicial con muchas culpas que lavar y siempre con ambición desmedida, intentan abrir nuevos frentes que 'quiebren' a Lázaro Báez, el único que conoce, en teoría, los misterios del dinero. Aquí un combo de 3 que escribieron sobre el tema. Nicolás Wiñazki, en el diario Clarín; Oberdán Rocamora, en Jorge Asis Digital; y Carlos Salvador La Rosa, en Los Andes, de Mendoza:

"A Néstor Kirchner, El Furia, se lo definió aquí como la extraña combinación de Líder de Culto y de Fenómeno delictivo. En simultáneo.

Es un error tomarlo exclusivamente como un gran constructor de poder.

Pero es otro error tomarlo, apenas, como un delincuente.

Para liberarse del fenómeno delictivo La Doctora debió matar el muerto. Era la heredera de la dote política, supo explotarla. El 54% “no fue magia”.

Lo que La Doctora no supo administrar fue la herencia económica. La inagotable monstruosidad de lo acumulado, que en gran parte -aceptémoslo- desconocía.

Sin embargo matarlo de nuevo, rematarlo, era literalmente imposible. Un atropello desleal a la memoria. Ni siquiera podía aceptar que, en su patología, el extinto había recaudado mucho más de lo necesario.

Entonces La Doctora prefirió escudarse en las emotividades plácidamente románticas del Líder de Culto. Convertirlo en el héroe épico. El que “no cambió las convicciones” al llegar a lo más alto del poder.

Es la clave del error que hoy -judicialmente- la condena. (...)".

Nicolás Wiñazki escribió en el diario Clarín acerca de supuestas nuevas evidencias sobre la ubicación de las bóvedas con dinero K:

"Dólares con champagne. Una fortuna en efectivo oculta en lo que aparentaba ser una bodega, a su vez, repleta de botellas de espumante exquisito. Ése era uno de los métodos con los que el empresario Lázaro Báez habría escondido parte de los fondos multimillonarios que generó gracias a contratos públicos otorgados por el Gobierno de sus socios, los Kirchner.

Esas bóvedas, a su vez, bodegas, estaban equipadas con dispositivos para atesorar el “cash”, algo que también se hacía en escondrijos más primarios. Cajas enterradas en la tierra.

La causa judicial conocida como “La Ruta del Dinero K” sumó testimonios, pruebas, indicios concretos y documentos de importancia variable sobre los secretos de las “bóvedas” sureñas.

El 8 de abril, el imputado en el caso del lavado y preso por evasión en otra causa Leonardo Fariña sorprendió al juez Sebastián Casanello cuando le notificó que declararía bajo la figura penal del “arrepentido”.

Su testimonio fue apabullante. El fiscal Guillermo Marijuán decidió imputar a la ex presidenta Cristina Kirchner, entre otros ex funcionarios del último gobierno nacional.

Fariña dio datos ese día de las “bóvedas” que poseía su ex jefe Báez. Dijo que conoció una de ellas en la chacra en la que vivía Lázaro antes de caer preso. Según afirmó el “arrepentido”, los millones que vio allí, y que supo que estaban repartidos en varios lugares similares, provenían “del negocio que tenía en común Néstor Kirchner con Lázaro Báez”.

Los detalles de las “bóvedas” que constan en el expediente, aun no constatados por la Justicia, exceden  a los que se conocen hasta ahora por aquel primer testimonio de Fariña. (...)".

Carlos Salvador La Rosa en el diario Los Andes  (¿él le creerá a Ricardo Lorenzetti?):

"Luego del alud de indagatorias, imputaciones, procesamientos y arrestos por parte de la Justicia Federal y después de la proclama con pretensiones épicas de Ricardo Lorenzetti del “Nunca más a la impunidad”, ya casi nadie duda, en la clase política, de que la ola anticorrupción es imparable en la Argentina.

Por eso, todos los que se oponen a la misma (por complicidad, por temores a la ingobernabilidad, o por ambas cosas juntas) están desesperados. Sobre todo después de que fallara el último freno: el del regreso de Cristina Fernández quien intentó aplicar la fórmula clásica de acusar a los jueces de hacer política con sus acusaciones.

Pero ya nadie se cree esa impostura tan reiterada durante el kirchnerismo acerca de que todo quien se le oponía por cualquier cosa era un mero golpista. Ahora, paradójicamente, la que parecía golpista es la ex presidenta, pero tampoco le alcanza para ello.

Apenas es una opositora despechada y furiosa que aparenta ponerse a la ofensiva, en la primera línea de la lucha contra el macrismo, en el vamos por todo otra vez, cuando en realidad es la que más a la defensiva está de todos los opositores: porque más que retomar el poder (eso es el discurso para la gilada honesta) lo que hoy busca es que no llegue hasta ella la guillotina de la corrupción.

Basta con fijarse cómo, cada día, sus fieles restantes elevan más la tolerancia hacia los que deben ser castigados: primero el límite fue Jaime, ahora se bancan entregar también a Lázaro Báez; no dudarán en hacer lo mismo con Boudou al cual en el fondo ya tienen asumida su recontraentrega.

Llegado el caso extremísimo, al mismo Julio de Vido. Pero eso sí, siempre que a Cristina no la toquen. Ésa no es la política de una vanguardia sino de una retaguardia que quiere salvar de la debacle a su jefa, aunque no sea más que a ella sola. Una revolución en fuga hacia atrás disimulando que se va hacia adelante. Actos intimidatorios hacia la Justicia frente a Tribunales para en el fondo, tras tanta prepotencia, pedir un solo favorcito a la Justicia: que perdonen aunque más no sea, a Ella solita. (...)".

En esta etapa, es necesario volver a Asis, quien insiste en que hay que crear la miniserie sobre Néstor y su poder medido en dinero:

"(...) Con lo que El Furia le dejaba a La Doctora, en blanco, podían asegurarse la manutención de cinco generaciones de Kirchners.

Si sumaban lo que les dejaba en negro, serían todos dispendiosamente ricos. Hasta la eternidad.

Es el tiempo de Lázaro, El Resucitado. El antihéroe de la etapa lazarista. El socio irreal de quien nunca tuvo socios. El Palo Blanco.

Con las valijas, las bodegas, las estancias. Con los euros crocantes de 500, que amaba acariciar. Con el poder que derivaría en el impresionante festival de buchones que hoy cautiva a la sociedad sensible. Que impregna, hasta la misericordia, el primer plano del acontecer nacional.

En adelante es el infame espectáculo de los pequeños ladrones que pugnan por repartirse los euros crocantes, los dólares apilados, las propiedades del Líder de Culto transformado en Fenómeno Delictivo. O a la inversa.

De los tres poderosos jefes que tuvo el peronismo, debe aceptarse que el único que supo hacer dinero fue el último. Kirchner.

Pese a las barbaridades escatológicas del “Libro negro de la segunda tiranía”, Juan Domingo Perón, el fundador y primer jefe, partió hacia el exilio con piadosas monedas. El poder y los buchonesEn el periplo llegó a ser mantenido por un industrial astuto y sabio, o por puntuales sindicalistas que le llevaban el “regalito”. Y hasta por un audaz de Paso de los Libres que organizaría una distribuidora de libros para darle aire espiritual. Finalmente El General iba a ser “valijeado” por los fervorosos frentistas que lo acompañaron en el regreso, en los setenta trágicos (pero se quedaron afuera, lo prefirió a Gelbard).

Por lo menos Perón no terminó preso. Como si fue presa su mujer, la señora Isabel, o sea María Estela Martínez. Derivaciones del cheque de la Cruzada de Solidaridad Justicialista. Un vueltito inofensivo si se lo compara con los montos de las acusaciones de hoy. Isabel aún reside en Madrid. Es una venerable anciana española. Aquí los ingratos ni le construyeron el busto vulgar.

El segundo jefe, Carlos Menem, también fue preso. Se quedó con la estampilla del poder corrupto en la frente. Algunos canallas recaudaron a su alrededor, en su nombre. Su error consistió en dejar hacer.

La leyenda, que siempre mantiene visos de realidad, indica que a Menem muchos de los favorecidos lo pasaron al cuarto.

(...) No le quedó ni la bodega familiar. Hoy es un melancólico senador que no luce. Vive en la casa de la hija. Su vehículo y los custodios son puestos por el Estado.

En cambio Raúl Alfonsín, el titular del Primer Gobierno Radical (si se cuenta desde 1983), pasó a la posteridad como el máximo ejemplo de transparencia. Contó con la suerte de tenerlo como sucesor a Menem, que no tuvo interés de ponerse a investigar entre viejas rendiciones. Alrededor de Alfonsín también algunos amigos juntaron monedas. Tortitas negras. A su lado se vieron bastantes ráfagas de luz espiritual sólo cuando aconteció el Pacto de Olivos, que facilitó la gloria permanente de la Hidrovía, del titán don Gabriel.

Fernando De la Rúa, titular del Segundo Gobierno Radical, era inepto para recaudar. Se enredó torpemente en la lucha contra el déficit. Iba a terminar en los tribunales de Comodoro Py, como consecuencia del prematuro buchón. Un anticipo de los buchones fastuosos que proliferarían en la posteridad. O sea hoy.

En materia de poder y recaudación, a quien debe celebrarse es al extinto Kirchner. El Líder de Culto y el Fenómeno Delictivo. (...)

El Furia fue el único presidente que supo hacer política y hacer caja. Al mismo tiempo. Era su forma de interpretar el poder. Nada del 10, o del 15, iba directamente a quedarse con la propiedad de las empresas. El insaciable no paró un segundo de acumular. (...)".

Y Wiñazki Jr. (amigo de Asis), que al dinero le suma ametralladoras, dice:

"(...) Siempre según el relato de fuentes de la causa, los investigadores analizan otros puntos e inmuebles en los que Báez habría escondido dinero en efectivo –dólares estadounidenses y también euros– en montos multimillonarios.

En las “bodegas” en las que el empresario solía atesorar su champagne preferido, también instaló casilleros para guardar fajos de esas divisas extranjeras.

Y a su vez utilizó cajas para enterrar de modo literal más plata aún. Es por eso, dijo Fariña en la Justicia, que algunos billetes terminaban arruinados por la humedad y los “hongos”.

En la causa también consta que en esas “bóvedas” se guardaban, según testigos, armas largas, como “ametralladoras”.

Siempre según testimonios verbales y documentados en el expediente, Báez también habría levantado en terrenos que no se identificarán para no entorpecer el accionar judicial, diferentes construcciones, que a simple vista, podrían confundirse como funcionales para la dinámica de las casas de alrededor.

En su interior no habría más que dinero y dinero en efectivo.

Serían “bóvedas” de gran tamaño.

Alrededor de esas construcciones extrañas, siempre según información del expediente, habría diferentes custodios con armas pesadas.

Esos “soldados del dinero K” trabajarían formando diferentes “anillos” de seguridad, copiando los protocolos de las custodias policiales.

¿Están esas propiedades registradas a nombre de los Báez? Se trata de un enigma que develará la Justicia. O no. Fariña dijo en su primera declaración que la plata que llegaba desde el sur a Buenos Aires viajaba por aire, y también por tierra, en camionetas Toyota Hilux, siempre cuidada por miembros de fuerzas de seguridad. (...)".

Final con De la Rosa, quien  clama contra una 'línea de corte' en todo este tema:

"(...) Esta línea política también viene tentando a muchos otros peronistas, como Miguel Ángel Pichetto, temerosos de que la ola alcance niveles impensados y hasta seduce a macristas como Marcos Peña o Durán Barba que preferirían trazar una línea “de corte” con el pasado. O sea, no sólo no hablar más del kirchnerismo sino perdonar todos sus pecados de corrupción o, cuando menos, no avanzar más de lo que se avanzó hasta ahora.

Tienen miedo en la clase política que pase lo de Brasil o lo de Italia; tiemblan y piden racionalidad, o sea que los jueces vuelvan a ser lo que fueron durante la época de Cristina. Quieren un punto final en la corrupción y, si fuera posible, un indulto. Y lo piden apenas iniciados los juicios, no como durante el alfonsinismo que la obediencia debida y el punto final se aplicaron luego de que fueron condenados todos los jefes, para dejar fuera del castigo a los responsables menores.

Ahora, aparte de adelantarse, proponen un punto final al revés: que caigan únicamente los que “obedecieron” y que se salven los que ordenaron. Que el punto final no sea para los de más abajo en la línea del delito, sino para los de más arriba.

¡Absurdo! Primero intentaron que sólo cayeran los perejiles como Fariña o Felisa Miceli, para proteger a los más pesados, como Lázaro y compañía. Ahora se conforman con que el punto final no lo alcance a De Vido, o al menos a Cristina. Que caigan todos los corruptos presos menos los jefes de la corrupción: ésa es la línea de corte, del nuevo punto final modelo siglo XXI.

Sin embargo, más allá de la decisión de los actores políticos, tanto de los que están a favor del indulto como de los que quieren seguir hasta la última instancia, lo que acá está en juego es algo mucho más objetivo: que la realidad ha tomado vuelo propio, siendo infinitas las razones por las cuales la ola anticorrupción ya se parece más (tanto acá como en casi toda América Latina) a un tsunami natural que a un hecho político surgido de la voluntad conspirativa de unos contra otros.

Esto es porque la corrupción a la que hoy se está juzgando no es la de la mera coima, sino el verdadero motor que hizo funcionar al Estado como contundentemente dice Héctor Schamis en el diario El País: “La corrupción ha dejado de ser un medio para lograr el enriquecimiento rápido, y se ha convertido en una finalidad política: el control del Estado”. (...)".

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