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VENEZUELA

La verborragia de Bolton es un problema para Guaidó

Lun, 04/03/2019 - 7:08pm
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Por Urgente24

Hasta ahora, la población venezolana es la gran perdedora en la lucha de poder que ocurre en el país sudamericano, en un escenario en el que una solución diplomática es casi imposible. El problema es que crece en la oposición venezolana la decisión por apostar a provocar la intervención militar de USA, que todavía no parece inminente. Sucede que resultó una frustración el 23/02 porque no fue ningún "día D". El cambio de poder pacífico en Venezuela no sucedió. Pero la decisión política de plantarse en crear condiciones para un choque bélico no sólo es riesgosa sino también aísla a Juan Guaidó del apoyo de los gobiernos cuyo respaldo acaba de buscar en una gira regional.

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A los 70 años, John Robert Bolton, participante de varias administraciones presidenciales republicanas, es el Consejero de Seguridad Nacional de Donald Trump.

Él es un creyente en el mundo unipolar liderado por USA, y enuncia un nacionalismo funcional a los neoconservadores, desplegando una verborragia exuberante.

Alguna vez el diario The Guardian describió a Bolton como un persona que “hizo una carrera de ridiculización de la diplomacia como signo de debilidad”, concepto que remite a aquella definición que en 2005 apareció en el neoyorkino Village Voice acerca del hoy confidente de Trump: “Bolton parecía pensar que ser un imbécil era esencial para el puesto”.

De pronto, Bolton se ha convertido en la esperanza para algunos líderes venezolanos, desgastados luego de tantas derrotas consecuencias y sin la energía ni la imaginación necesarias para imaginar un escenario diferente.

“Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo”, escribió Alberto Einstein. Todo indica que la oposición venezolana no lee a Einstein.

Volviendo a Bolton, en una entrevista que le concedió a CNN, Bolton aseguró el domingo 03/03 que USA busca crear "una coalición lo más amplia posible para reemplazar" al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro.

También señaló que Washington DC podría ejecutar sus planes sin apoyo internacional, y arrojó la bomba: "En esta Administración no tenemos miedo a usar la frase 'Doctrina Monroe'", aseveró Bolton, recordando que Venezuela es un país de su hemisferio y que "tener un hemisferio completamente democrático" ha sido "el objetivo de todos los presidentes de USA desde Ronald Reagan".

Bolton intenta ejecutar políticas con impacto en América Latina pero no entiende América Latina. Y Ronald Reagan no es la mejor carta de presentación para la opinión pública latinoamericana.

La frase obliga a casi todos los gobiernos latinoamericanos a tomar distancia de Bolton y, por lo tanto, del objetivo del funcionario, que se supone es generar una coalición de apoyo a Guaidó, el temporal líder opositor venezolano, tal como antes lo fue Henrique Capriles y antes Antonio Ledezma y Claudio Fermín.

“Anuncio mi regreso a casa, vuelvo a Venezuela lunes (04/03) y martes (05/03). A pesar de que es carnaval hoy tenemos poco que celebrar y mucho que hacer, así que convocaremos a protestas esos días, siempre en el marco de la Constitución”, indicó Guaidó.

Él dijo que realizará anuncios relacionados con los trabajadores de la administración pública nacional.

Bolton escribió en Twitter el domingo 03/03:

"El presidente interino de Venezuela, Juan Guaidó, anunció su planeado regreso a Venezuela. Cualquier amenaza o acto en contra de su retorno seguro será recibido con una respuesta fuerte y significativa de Estados Unidos y la comunidad internacional".

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De pronto, la verborragia de Bolton le quita autonomía a Guaidó, y lo convierte en lo que Nicolás Maduro desea estigmatizarlo: un títere estadouniense.

Remontar la derrota

Resulta evidente que el sábado 23/02 fue imposible ingresar la ayuda humanitaria a Venezuela.

Muchos son los que no comprenden por qué motivo Guaidó y su grupo pusieron tanto énfasis en una acción que desde el inicio lucía muy limitada por las restricciones que impondría Maduro ya que resultaba un desafío a su poder antes que una verdadera ayuda humanitaria.

¿La ayuda humanitaria era, en verdad, el preludio de una acción militar, tal como lo denunció en 2 ocasiones previas la Cancillería rusa?

El problema parece resultar que no hubo acuerdo acerca de cómo comenzaría esa acción militar.

USA esperaba que fuese cierta la promesa opositora venezolana de que muchos altos mandos de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana se rebelarían a Maduro, lo que no ocurrió. (Y reprochó la desinformación durante el encuentro en Bogotá).

Y los opositores venezolanos apostaron a que la reunión del Grupo de Lima para el lunes 25/02 concluyera que agotadas las posibilidades pacíficas y diplomáticas, la única forma de quitar a Maduro era una acción militar, y así erradicar una amenaza a la seguridad de la región.

Sin duda, el concepto era una estupidez que habla muy mal de quienes lo enunciaron.

En  1er. lugar, la región se solidariza con Venezuela pero no le concede a Maduro el statu-quo de "amenaza a la seguridad general".

Para la mayoría de los mandatarios latinoamericanos es una sobrevaloración de Maduro reconocerlo como una amenaza hemisférica, muy difícil de explicar en sus frentes domésticos respectivos.

Desde la frustración en Bogotá (Colombia) con la apelación diplomática del Grupo de Lima, la oposición venezolana se dividió, algo que también es ya tradicional y funcional a Maduro.

Un grupo influyente de opinadores de la realidad decidió apostar sin ambajes por la invasión que oculte su impotencia. Un ejemplo de este extremo de los 'iluminados' es César Sabas, licenciado en Estudios Internacionales de Universidad Central de Venezuela, master en Relaciones Internacionales y Políticas de Seguridad de la Universidad de Toulouse, Capitole (Francia). Y doctorado en Ciencias Políticas en esa casa: Guaidó debería dejar de intentar reuniones con el Grupo de Lima, y enfocarse en negociaciones con USA, Colombia y Brasil para elaborar la acción militar. 

Alejandro Gallotti, columnista del diario El Nacional, de Caracas, intentó fundamentar la necesidad de abandonar las negociaciones pacíficas:

"(...) Cuando se plantea que el problema es político entramos en grandes contradicciones porque sostener que los problemas venezolanos son políticos supone forzosamente que se pueden resolver políticamente y esto es absolutamente falso. Por una parte hablamos de los narcosobrinos, del Cartel de los Soles, del ELN, terrorismo islámico y las condiciones a las cuales hemos sido sometidos por aquellos que detentan el poder que están llevando a millones de venezolanos al exterminio (delito tipificado por el Estatuto de Roma en su artículo 7), creando condiciones que hacen inviable la vida para muchos (genocidio conforme al artículo 6 del Estatuto de Roma), haciendo de la violación sistemática de derechos humanos y el narcotráfico el medio o instrumento a través del cual funciona ese régimen, pero luego hablamos de dialogar con el chavismo, de negociar lo innegociable, de tratar al PSUV como un partido político y hasta llegamos a escuchar la irracional e inmoral propuesta de incorporar a líderes del chavismo en un eventual gobierno de transición.

Si Venezuela está gobernada por lo precedente, es decir, por violadores patológicos de derechos humanos que prefieren quemar ayuda humanitaria antes que permitir la ejecución de un acto del presidente encargado dentro del territorio por ellos controlado ¿cómo es que el problema de Venezuela es político? (...)".


Y otro columnista, Antonio Sánchez García, intenta fundamentar la necesidad de la acción bélica directa:

"(...) Mi hijo, fotógrafo profesional, me contó por esos mismos años que Henry Kissinger, a quien le hacía una sesión de fotografías para una importante revista norteamericana, al saber que su padre era chileno le comentó “qué caro me ha salido el golpe de Estado del general Pinochet. Aún hoy me lo reprochan”.

Pero si ese es el resultado de la intervención de las fuerzas armadas ante el embate del castrocomunismo, no sólo en Chile, sino en Argentina, Uruguay y Brasil, aún hoy, a cuarenta y seis años de los fatídicos sucesos, más grave es el complejo de culpa y la parálisis mortuoria a la que ha conducido a las cancillerías y gobiernos de la región ante los últimos efectos de una injerencia que no sólo jamás se detuvo, sino que alcanzaría su relanzamiento por todo lo alto y con renovados bríos y un poderoso financiamiento con la conformación del Foro de Sao Paulo por Lula y Fidel Castro en 1990 y el golpismo militar venezolano  y la nefasta llegada del teniente coronel Hugo Chávez, ficha de Fidel Castro, al poder de la primera potencia petrolífera de Occidente en 1999.  

¿Por qué razón, un fenómeno de indudables perfiles geoestratégicos y de graves implicaciones en el terreno de la seguridad hemisférica, incluso mundial, pues asociado al narcoterrorismo islámico, fue apartado sin ninguna consideración estratégica y táctica de las preocupaciones de las cancillerías, los Ministerios de Defensa y los Estados Mayores de las Fuerzas Armadas latinoamericanas y occidentales? (...) ¿Por qué la amenaza latente y activa de una guerra revolucionaria y una grave crisis humanitaria, como la que se hiciera real y efectiva en la Venezuela sometida a la dictadura de Nicolás Maduro –no fue ni ha sido tratada como una amenaza de carácter global que debía y debiera ser enfrentada, en primer lugar, por los sectores militares de los Estados puestos en riesgo de devastación? (...)".

Sin embargo, por estas horas, Jair Messias Bolsonaro, por ejemplo, no se encuentra convencido de la hipótesis de intervención militar de Brasil en Venezuela, tal como lo explicó el profesor Rafael Araújo, de la UERJ, quien agregó que la hipótesis de Bolsonaro influyó en la posición de otros países.

"La posición de Brasil es que, por mucho que reconozcan a Guaidó y por mucho que Brasil lo apoye, en estos momentos enfriar y calmar un poco los ánimos e, incluso, bajar el tono de Estados Unidos", dice Araújo.

Según el profesor, "Fue simbólico para Bolsonaro recibir a Guaidó, pero no pasó de ahí. En realidad fue un intento mucho más simbólico de demostrar que Brasil sigue siendo un aliado y un aliado importante, pero sigue perdiendo la guerra contra Nicolás Maduro. Hasta el día de hoy, Guaidó está perdiéndola", subraya.

Lo que viene

La Casa Blanca estudia otorgar el Estatus de Protección Temporal a los venezolanos, una medida que impediría la deportación de los indocumentados de ese país que viven en USA, y daría a los beneficiarios la oportunidad de permanecer legalmente en el país y recibir permiso para trabajar.

Elliot Abrams, enviado especial del gobierno del presidente Trump para asuntos venezolanos, ha defendido conceder ese beneficio. La idea también ha sido apoyada por el vicepresidente Mike Pence, quien recientemente se reunió en Colombia con Guaidó.

Se espera que el asunto se discuta cuando Abrams testifique sobre Venezuela ante la subcomisión sobre Asuntos de las Américas de la Comisión de Asuntos Exteriores del Senado, que preside Marco Rubio.

Es de notar que el gobierno de Trump está tratando de eliminar el TPS, alegando que de temporal no tiene nada.

El Congreso creó el TPS en 1990, para permitir que más de 300,000 inmigrantes de una docena de países permanecieran en el país. 

En octubre, el juez federal de distrito Edward Chen otorgó una prohibición temporal que impidió al gobierno y al Departamento de Seguridad Nacional eliminar el TPS para inmigrantes de Haití, Nicaragua, El Salvador y Sudán.

Mientras USA debate estas cuestiones, otro columnista de El Nacional, Adolfo P. Salgueiro, luce decepcionado:

"(...) Colombia –a quien muchísimo debemos y a cuyo presidente estamos agradecidos– prestó toda clase de ayuda y apoyo. pero cuando un acto de fuerza pudo haber volteado el fiel de la balanza, no lo hizo. Es cierto que los jefes de Estado extranjeros deben atender sus situaciones de política interna, pero también es cierto que Duque había generado importantes expectativas. 

Ni que decir el Grupo de Lima. De reunión en reunión emitieron comunicados y declaraciones de alto vuelo retórico que en su momento tuvieron decidida importancia. Pero…a la hora de las chiquitas, en Bogotá el lunes,  no se atrevieron a rematar la cosa y terminaron afirmando su oposición a acciones de fuerza. Claro: todos tienen miedo a decir lo que piensan porque saben que en el frente interno pudiera ser contraproducente. Ojalá no les toque vivir lo de Venezuela. ¿O es que esperan que Diosdado Cabello y Freddy Bernal vayan a abrir las fronteras y recibirlos con flores?

Párrafo aparte merece la acción de Estados Unidos que –como se dijo– ha sido tan o más efectiva que una intervención militar. Pero se pregunta uno: ¿no era que todas las opciones estaban sobre la mesa? ¿No fue que generales y almirantes del Comando Sur viajaron a Colombia para “evaluar” vaya a saber qué cosa?   O fue que aquella reunión multitudinaria con Mr. Trump en Miami era tan solo el lanzamiento de la campaña para su reelección en 2020?  No emitimos opinión, solo exponemos interrogantes. (...)".

Es evidente que el 'Carmonazo' ha regresado con fuerza 17 años después.

Pedro Francisco Carmona Estanga asumió la presidencia de facto de Venezuela cuando un grupo de generales y civiles intentó un efímero golpe de Estado contra el gobierno de Hugo Chávez Frías el 11/04/2002.

Es curioso porque no sólo es un riesgo apostar al éxito de la historia circular sino que, entonces, los civiles venezolanos están perdiendo la guerra diplomática y política a manos de un régimen respaldado por los militares venezolanos.