LATINOAMÉRICA

Peligroso: Afirman que se desinfla Capriles pero ¿y la economía?

La Mesa de Unidad Democrática no solamente es un espacio político fundamental para preservar la democracia representativa en Venezuela sino impedir el poder absoluto al Partido Unido Socialista de Venezuela, que tiene tentaciones al respecto. Pero hay quienes afirman que el reclamo sin resultados comienza a debilitar a la MUD. Curioso enfoque porque la crisis de la economía venezolana, que no ha cesado sino que se profundiza, debería ser un motor para la MUD y Hernán Capriles.

CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). El cepo cambiario destruye la economía. Los ladriprogresistas no lo entienden en Venezuela ni en la Argentina.
 
En Venezuela, los dólares oficiales se subastan y para el líder de la oposición, Henrique Capriles Radonski,  el precio de la subasta representa una 3ra. devaluación para los venezolanos, al ser fijado en ella un nuevo tipo de cambio.
 
“El Sicad en "secreto" es #TerceraDevaluación que multiplicará guisos y corrupción! Este es el Gobierno más corrupto de la historia!”, dijo en @hcapriles.
 
A través de mensajes en su cuenta oficial @hcapriles de la red social Twitter, el dirigente fustigó al gobierno en lo que han sido las más recientes medidas económicas.
 
"No les basta con el 25% acumulado de inflación en los primeros 6 meses, sino que ahora meten una tercera devaluación", escribió.
 
Señaló  que el Sicad "sin duda" potenciará más la inflación, y èsta a su vez afectará "a los más pobres".
 
Resaltó que en los últimos 12 meses, “el pueblo más pobre” ha sido golpeado con una inflación de 42,7%.
 
Recordó que en el último año los precios de los rubros agrícolas han ascendido en  74,9% y que, ahora con la fijación de un nuevo tipo de cambi0 -16 bolívares por cada dólar-, según resultados de la subasta del Sicad, "todo seguirá incrementándose".
 
Capriles acusó al gobierno de ser el primer responsable de reducir la producción del país. "Acabaron con la producción nacional, regalaron los petrodólares, tienen destruido al país y meten una tercera devaluación".
 
Indicó que con este hecho el aumento salarial, "en dos partes", es insuficiente.
 
La irrupción de Capriles ocurre cuando hay quienes le acusan de haber dilapidado la posibilidad de cambios en el 'modelo chavista'. En general en la oposición venezolana hay gente bastante desubicada. No puede ignorarse que fueron opositores quienes creyeron que Hugo Chávez Frías podía ser expulsado facilmente del gobierno, y promovieron un intento de golpe de Estado que solamente le concedió más bríos a los bolivarianos.
 
Y esa gente venezolana opositora nunca hizo una autocrítica de su incapacidad en la formulación del análisis ni en las consecuencias de su error. Por el contrario, siguieron como si nada y hasta intentando darle lecciones a los opositores más lúcidos. Por ejemplo, a Capriles. Ojo con esos torpes ignorantes porque nunca llegarán al poder.
 
Son comentarios inevitables al leer el reporte desde Caracas de Alfredo Meza para el diario español El País, acerca de las opiniones de Fausto Masó y Luis García, profetas del 'animémonos y vayan':
 
Tres meses después de las elecciones, el líder opositor venezolano, Henrique Capriles, ha perdido fuelle. Los contrarios al presidente Nicolás Maduro creen que no ha sabido aprovechar el capital político obtenido en los comicios celebrados el pasado 14 de abril para provocar cambios en el modelo chavista.
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Los analistas políticos Fausto Masó y Luis García criticaron hace poco en dos artículos la estrategia de la oposición para manejar la crisis política venezolana. El título del escrito de Masó era casi una provocación para quienes sintieron en abril que tenían al alcance de la mano el fin de 14 años de chavismo. ¿Y si Nicolás Maduro durase los seis años? Razonaba el articulista que Venezuela se estaba acostumbrando al nuevo presidente al igual que al tráfico, a la delincuencia y al desabastecimiento. “Maduro se está convirtiendo en una mala costumbre, pero las malas costumbres son eternas, mientras el espacio en los medios de la oposición le ocurre como a la piel de zapa de Balzac, se achica”, escribió. Mucho más directo, García Mora se preguntaba: “¿Para dónde va Henrique Capriles Radonski?” y argumentaba que la oposición no tenía objetivo estratégico definido y que lucía entrampada.
 
Estas ideas son parte de una opinión generalizada entre buena parte de los adversarios del Gobierno, quienes han empezado a preguntarse, después de ver lo sucedido en Brasil -donde protestas masivas y extendidas en el tiempo han obligado a la presidenta Dilma Rousseff a promover reformas-, si su líder ha dilapidado la oportunidad de conseguir cambios en el chavista con el poder político de los recientes comicios. Más allá de esto, se cuestionan: si la oposición está segura de que fue despojada del triunfo, ¿por qué desistió de presionar en la calle hasta que se reconociera el resultado?
 
El miércoles 17 de abril Capriles Radonski convocó a sus seguidores a marchar hacia el Consejo Nacional Electoral para solicitar un recuento de votos, la única manera, dijo entonces, de resolver la crisis política desatada después del anuncio del estrecho resultado. En las calles había numerosos focos de protesta que a la postre terminarían con nueve personas fallecidas, 78 lesionadas, y con la amenaza del gobierno de enjuiciarle como el instigador de esas muertes. El candidato decidió entonces suspender la caminata para evitar una masacre similar a la ocurrida el 11 de abril de 2002 -el día que comenzó el breve golpe de Estado contra Hugo Chávez- y reorientar su estrategia. Sus seguidores debían cesar las protestas callejeras, volver a casa y dejar que él llevara el reclamo ante el árbitro comicial e impugnara las elecciones ante el Supremo en caso de que la mayoría oficialista del CNE no aceptara abrir las urnas. El tiempo se encargaría de terminar de erosionar las precarias bases que sostenían a Maduro, que debía iniciar su mandato con un presupuesto comprometido y una escasez galopante con congénitas debilidades de liderazgo. La estrategia de Capriles apostaba –apuesta– al desgaste de Maduro, que no tiene una conexión emocional con su electorado, para luego, entonces sí, construir una mayoría sólida y amplia que permita burlar las inequidades de los procesos electorales venezolanos.
 
Hoy Capriles luce apagado. Maduro se ha fortalecido y dirige un Gobierno en el cual es posible identificar rasgos de un estilo propio. El reclamo ante el Supremo ha caído en el olvido después de que la Sala Constitucional, de mayoría chavista, se avocara a conocer la causa. Así, el entusiasmo de la oposición se ha diluido en la rutina e incluso en la indiferencia frente a los graves problemas del país y al colapso del modelo económico chavista. Aunque el Gobierno se ha mostrado dispuesto a trabajar con la empresa privada, no ha renunciado a perfeccionar la política de controles a través de una nueva ley en la Asamblea Nacional -que regula los precios de los vehículos nuevos y usados- y la vuelta de Eduardo Samán, un comunista recalcitrante, a la dirección del Indepabis, el organismo encargado de vigilar que se cumplan los topes establecidos por el Estado en el valor de los bienes y servicios. El Gobierno cree que con más controles podrá reducir la inflación, que en junio llegó a 4,7% para sumar 25% en el primer semestre del año.
 
Maduro pudo recuperarse con golpes precisos para confinar a la oposición a sus bastiones como en los tiempos de Hugo Chávez, donde no hace daño. Cuando Capriles visitó Colombia, donde fue recibido por el presidente Juan Manuel Santos, la airada reacción de Maduro puso en alerta a los demás países. Desde entonces el reconocimiento de la comunidad internacional al joven Gobierno venezolano fue más decidido. Es posible que esa sea la prueba del éxito de la diplomacia bolivariana o de la lenta e inexorable muerte del reclamo opositor. Dos episodios así lo demuestran: el presidente de México, Enrique Peña Nieto, dijo que no recibiría al gobernador de Miranda en caso de que éste visitara el país. Y el nuncio apostólico en Caracas, Pietro Parolin, exhortó al líder estudiantil Vilca Fernández a suspender la huelga de hambre que mantenía en la sede diplomática a propósito del conflicto entre las universidades y el Gobierno. Era, dijo el representante del papa Francisco en el país, un lugar impropio para esas manifestaciones. “Aunque estamos preocupados por el conflicto, la Nunciatura no está involucrada directamente en él”, aclaró.
 
Quizá el conflicto que mantiene cerradas las principales universidades públicas de Venezuela sea el mejor rasero para medir cómo se ha enfriado la protesta opositora. Los reclamos de la educación superior –un presupuesto justo, el respeto a la autonomía y un aumento sustancial de los magros salarios de los docentes, demandas parcialmente complacidas por el Gobierno- no han movilizado a su electorado en la misma proporción que hace tres meses. Tal vez en esa actitud tenga que ver la tibieza de Capriles frente a la aventura de la huelga. Primero recomendó a los profesores no suspender las clases. Cuando arreció el conflicto sí decidió solidarizarse con su estrategia. “El Gobierno tiene la posibilidad de resolver el conflicto universitario. Ellos regalan 4 mil millones de dólares al año al gobierno cubano”, escribió en su cuenta de Twitter el 18 de junio.
 
Todas esas contradicciones han sido aprovechadas por el Gobierno, que sí tiene conciencia de su debilidad si asoma alguna fisura. Por ello se han mostrado como un bloque alrededor de Maduro. Bien lo dice Masó: “Diosdado Cabello [presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela y número dos del chavismo] no conspira para sacar a Maduro de Miraflores. Los dos están hermanados porque la salida de uno, o del otro, significaría el fin de ambos”.
 
Capriles le respondió al periodista Meza:
 
> “Hay mucha gente que se dice de oposición que se pasa el 70% de su tiempo atacándonos. El esfuerzo debe ser más propositivo".
 
> “Los que quieren tomar la calle no son capaces de dejar de ir a la playa el fin de semana para organizarse. No tiene que venir un líder a decirle qué tienen que hacer. Organícense. ¿Qué hacen ellos para fortalecer la alternativa democrática? Nada. Yo sigo proponiendo, pero esto es una lucha de todos. Hay que salir del Twitter y recorrer el país”.
 
> “Creo que tengo la responsabilidad, a sabiendas de que Venezuela es un país desinstitucionalizado, de no dejarme llevar por las emociones, sino a apelar a la razón. La emotividad es propia de un proceso electoral y no un acto racional. Hay personas que establecen una comparación con lo que se produjo en Brasil. O lo que pasó en Siria. Yo no puedo pedirle a la gente que salga a la calle, que sea asesinada y luego pasar la página. Esa no es mi visión".
 
> "Yo trato de buscar el lado positivo de las cosas. Creo que hemos logrado desenmascarar al gobierno. Había que desenmascarar el desigual proceso electoral para darle más valor a la lucha. Creo en la construcción de una fuerza popular lo suficientemente amplia para imponer democráticamente los cambios. Puedo equivocarme. Yo me la estoy jugando".