Guatemala debate la condena a 80 años de Ríos Montt
Un tribunal penal de Guatemala ha condenado al exdictador José Efraín Ríos Montt a 50 años de cárcel por genocidio y a otros 30 años por crímenes de guerra perpetrados por el Ejército en contra del grupo étnico ixil entre 1982 y 1983. El exjefe de Inteligencia Militar José Rodríguez Sánchez fue sin embargo absuelto de los mismos delitos al considerar el tribunal que "no tuvo injerencia" en las operaciones militares contra los indígenas. Ríos Montt, de 86 años, ha sido trasladado a prisión preventiva.
11 de mayo de 2013 - 10:18
CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). El dictador guatemalteco Efraín Ríos Montt (1982-1983) fue condenado a 80 años de cárcel, 50 por genocidio y 30 por crímenes contra la Humanidad, como autor de un "exterminio" que buscaba el "aniquilamiento" de la etnia Ixil.
Nada más conocer la sentencia, Ríos Montt calificó el proceso de "show político internacional que afecta el alma y el corazón de los guatemaltecos" y añadió que fue condenado "bajo supuestos que no tienen ninguna sustentación". "No es un juicio imparcial", y acusó al tribunal de dictar una sentencia esperada por intereses extranjeros.
La sentencia, que será apelada, obliga al inmediato encarcelamiento de Ríos Montt. De hecho durmió en prisión la noche del viernes 10/05.
Durante la lectura de sentencia, el tribunal dio valor probatorio a los informes forenses, que señalan que más del 83% de las osamentas encontradas tenían tiros en la cabeza y el tórax, señales que afirman que fueron ejecutados y posteriormente enterrados.
La jueza Jazmín Barrios afirmó que el Ejercito consideró enemigo interno al pueblo maya Ixil. “Los integrantes del pueblo Ixil fueron estigmatizados para aniquilarlos, al considerarlos rebeldes, enemigos y subversivos que no se sometían a los ladinos”.
También resaltó que en la aplicación del plan Sofía 82 se utilizó el hambre como estrategia del Ejército y se produjo una criminilizacion de la cultura del pueblo Ixil. “Se obligó a la población a dejar de usar su traje típico, produciéndose el repoblamiento militarizado como las aldeas modelo, en las cuales se practicaron controles de militarización, sometimiento y participación forzada en las patrullas de autodefensa civil”, señaló Barrios.
El tribunal aseguró que en esa época se cometió sistemáticamente el delito de genocidio, “porque se produjo la eliminación de un grupo étnico que trajo como resultado el sometimiento y el desplazamiento de la población maya ixil”.
El presidente, Otto Pérez, dijo que su gobierno respetaría el veredicto, fuera cual fuera. Añadió que este juicio ha permitido mandar un mensaje importante al mundo: “Guatemala avanza dentro del respeto a los valores democráticos. Hace 20 años un proceso de esta naturaleza era, sencillamente, impensable”, subrayó.
La activista humanitaria Iduvina Hernández comentó que el hecho de sentar en el banquillo a un hombre como Ríos Montt, “es un avance tan importante que pasará mucho tiempo antes de que los guatemaltecos logren comprender la magnitud de este hecho”.
Los testimonios más graves fueron los presentados por 16 mujeres víctimas de violaciones masivas y reiteradas por parte de la tropa, con agravantes de crueldad como que los actos fueran ejecutados delante de sus maridos, hijos pequeños y en algunos casos delante la comunidad entera, como advertencia de lo que podría ocurrirles a los campesinos que decidieran colaborar con la guerrilla.
Al margen de la sentencia, el hecho de enjuiciar a un ex jefe de Estado por delitos tan graves como genocidio ha servido para “avivar las brasas nunca apagadas de la guerra civil”, en palabras de Luis Linares, analista de la Asociación de Investigación y Estudios Sociales (Asíes, independiente). “El juicio ha reavivado la polarización y evidenciado que el atrincheramiento persiste”.
Las opiniones son encontradas, entre las cuales sobresalen que este juicio sólo llama a la confrontación y revive el pasado que no permitiría que el desarrollo del país avance, mientras que otros consideran que las victimas están haciendo valer sus derechos en la búsqueda de justicia, con lo cual se pretende que en Guatemala no se vuelva a cometer el mismo error.
El diputado unionista, Leonel Soto Arango, señala que el juicio ha sido muy cuestionado y difícil, además de la mala actuación de la jueza Yassmin Barrios de establecer criterios 'a priori', que puso en riesgo el Código Penal.
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El diputado consideró que este juicio fue sólo “abrir las heridas del pasado” que se deben dejar atrás, ya que con la firma de la paz en 1996 debió de quedar cerrado todo y que no es positivo para conocer la historia porque para eso “existen los libros de historia”, concluye.
Nineth Montenegro, de Encuentro por Guatemala, aseguró que ve positivo que se haya realizado este juicio, porque es la primera vez en el país cuando la gente ha expresado lo que sintió y vivió, lo cual no sucedió con muchas víctimas ya que sólo fueron desaparecidas.
Montenegro agregó que el Ministerio Público ha realizado un buen trabajo, el cual asegura, se debe valorar.
Ríos Montt, y quien fuera su jefe de inteligencia militar (G-2), Mauricio Rodríguez, estaban acusados de ordenar la matanza de 1.771 indígenas de la etnia Ixil en diferentes operativos realizados por el Ejército en el norteño departamento (provincia) de Quiché, entre 1982 y 1983, durante el mandato de facto del viejo militar.
Ríos se ha convertido en el tercer jefe del Estado guatemalteco llevado a juicio. El primer antecedente se remonta a Manuel Estrada Cabrera, el dictador que inspiró la novela El Señor Presidente de Miguel Ángel Asturias, y quien murió en la cárcel en septiembre de 1924, tras ser defenestrado por el Congreso que lo declaró “demente”.
El otro ex presidente enjuiciado es Alfonso Portillo Cabrera, sujeto a un proceso de extradición a USA, donde un tribunal de Nueva York lo reclama por utilizar bancos estadounidenses para lavar del orden de US$ 80 millones, malversados del erario guatemalteco durante su gobierno (2000-2004).
Otros militares que ejercieron el poder durante el conflicto armado, como Carlos Arana Osorio (1970-1974), Kjell Eugenio Laugerud (1974-1978) o Fernando Romeo Lucas García (1978-1982), han muerto.
Sobrevive Humberto Mejía Víctores, quien tras derrocar a Ríos Montt en agosto de 1983 abrió el proceso democratizador, y cuyo enjuiciamiento fue cancelado tras sufrir un ataque cerebral que lo dejó incapacitado para declarar.
Una bio
José Efraín Ríos Montt no hubiera sido general si no hubiera mentido. En 1946 logró entrar como cadete en la Escuela Politécnica de Guatemala haciendo trampa, ya que sufría de astigmatismo y los controles eran rígidos.
Los aspirantes debían pasar controles médicos y sus ojos no funcionaban bien. Así que, antes de pasar el examen de la vista, se aprendió el orden de las letras en el cartel. Así comenzó su carrera en el Ejército.
Ríos Montt nació el 16 de junio del 1926. Fue el tercero de 12 hermanos. En dos de los libros que se han escrito sobre él explicó que desde niño quiso ser militar. Jugaba a marchar como soldado.
Sin embargo, fue por su abuela que empezó en el camino religioso. Ella le pagaba un centavo de quetzal por leerle la Biblia y por acompañarla a los servicios religiosos.
Toda su familia estaba involucrada en el culto católico y, de hecho, uno de sus hermanos, Mario, se ordenó sacerdote.
Finalmente, Ríos Montt cumplió su sueño, estudió para militar, y fue director de la Escuela Politécnica, recordándoselo como uno de los más severos.
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En 1972 fue ascendido a general. Así llegó a ser jefe del Estado Mayor del Ejército. Su carrera iba en ascenso y le enviaron a Washington DC a estudiar.
En 1973 renunció a su puesto y empezó a hacer política. Un año después fue nominado candidato presidencial por el Frente Nacional de Oposición, que había sido formado por el Frente Unido de la Revolución y la Democracia Cristiana Guatemala.
Su compañero de fórmula fue Alberto Fuentes Mohr. Perdió las elecciones de 1974 frente al general Kjell Eugenio Laugerud García. Hubo alegatos de fraude. Ríos, al ser visto como un enemigo, fue enviado como embajador a España. Regresó al país en 1977.
Fue hasta el 23 de marzo de 1982 cuando apareció en escena nuevamente, cuando integró la junta militar que tomó el poder después del golpe de Estado contra Romeo Lucas García. Y 3 meses después se declaró Presidente, disolviendo la junta. A la prensa le dijo: “Gracias, Dios mío, estoy aquí”.
En 1983 hizo un llamado para elección presidencial que se iba a realizar un año después.
En 1994 fue elegido presidente del Congreso y así inició una nueva temporada en la política nacional con su partido Frente Republicano Guatemalteco (FRG), al que llevó al poder en el 2000 con Alfonso Portillo.








