CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). Hay algo peor que ser derrotado en un conflicto, y es decidir perderlo. Los militares alimentaron su ego afirmando que le ganaron el combate a Montoneros pero, en verdad, Montoneros perdió su batalla y no hizo mucho por impedirlo. Una sucesión de incompetencias se apilaron y Rodolfo Walsh fue un testigo que dejó constancia escrita de las profundas fallas de la organización que aspiraba a provocar un gobierno en la Argentina similar al vigente en Cuba. Walsh, un militante de coraje, fue interceptado por un grupo de la Esma el 25 de marzo de 1977 y él había decidido no entregarse. No estaba dispuesto a afrontar la tortura a que sería sometido como jefe de la inteligencia de Montoneros a quien se intentarían arrancar todos los secretos posibles de la organización y, tal como había hecho poco tiempo antes su hija Victoria, desenfundó su pistola, enfrentó a sus agresores y una ráfaga de ametralladora lo partió. Se dice que, de lo contrario, él tenía una pastilla de cianuro. Rodolfo Walsh era un revolucionario que en los años '60 militó en las FAP (Fuerzas Armadas Peronistas), ingresó a Montoneros en los ’70, y como jefe de inteligencia planificó diversas acciones militares, algunas de metodología terrorista, pero desde 1974 cuestionaba muchas de las decisiones de la conducción nacional de Montoneros aunque, inexplicablemente, permanecía en la organización que él avizoraba que se hundía irremediablemente. El mito de Montoneros vencido por la represión ilegal ejecutada por el Estado es más digno para sus sobrevivientes que la realidad de Montoneros derrotado por la impericia propia, la estupidez y la ceguera. Para alimentar el mito, los sobrevivientes siguen ubicando su foco en la represión ilegal porque esto les evita tener que pelear con sus propios demonios. A Walsh se prefiere recordarlo por su famosa 'Carta Abierta a la Junta Militar', del 24 de marzo de 1977, pero lo interesante son sus observaciones de los errores de Montoneros luego de que había ocurrido el previsible golpe cívico-militar de 1976 (una decisión de la dirigencia política antes que un anhelo de la conducción institucional del Ejército. Lo de la Armada de Emilio Massera era diferente pero no alcanzaba para desencadenar el golpe). El 23 de noviembre de 1976, Walsh escribió un documento originado en la "Base AS-P", destinado a "82", y cuyo asunto fue: "Observaciones sobre el documento del Consejo del 11/11/76", que advierte que son "complementarias de las formuladas en nuestro punto Ideologismo y Política del 3/1/76". Walsh cuestiona la falta de una autocrítica de los responsables de Montoneros "sobre los errores que nos condujeron a la actual situación, sino que tienden a corregirlos de facto ante la evidencia del mal resultado obtenido. Con este método el acierto o el error son azarosos y empíricos. A nuestro juicio lo principal son las razones políticas. Si son correctas, en apenas tres años un puñado de muchachos crecen hasta conducir una organización gigantesca y poderosa. Si son incorrectas, esa misma organización se desinfla y puede desaparecer". Walsh advierte: "Si corregimos nuestros errores volveremos a convertirnos en una alternativa de poder. Por lo tanto son falsas todas las visiones alarmistas sobre si tenemos tiempo o no. Tenemos todo el tiempo necesario, si lo sabemos usar". En el apartado de "Definiciones políticas", él plantea la necesidad de regresar al peronismo: "En nuestro país es el Movimiento el que genera la Vanguardia, y no a la inversa, como en los ejemplos clásicos del marxismo. Por eso, si la vanguardia niega al movimiento, desconoce su propia historia y asienta las bases para cualquier desviación. Esa es la nota distintiva de la lucha de la liberación en nuestro país, que debemos tener siempre presente. La vanguardia -Montoneros- generada por el Movimiento -el peronismo- debe conducirlo hacia su transformación en el curso de la lucha por el poder y el socialismo. Esos son los elementos básicos a los que debemos atenernos, lo que existe en la realidad y no en los libros. Montoneros y el movimiento peronista, al que aspira conducir. Si eso no se tiene en cuenta, la literatura china o vietnamita no nos sirve, porque tiende a confundir nuestra lucha social con una guerra colonial (...). Hasta el 24 de marzo del 76 planteábamos correctamente la lucha interna por la conducción del peronismo. Después del 24 de marzo del '76, cuando las condiciones eran inmejorables para esa lucha, desistimos de ella y en vez de hacer política, de hablar con todo el mundo, en todos los niveles en nombre del peronismo, decidimos que las armas principales del enfrentamiento eran militares y dedicamos nuestra atención a profundizar acuerdos ideológicos con la ultraizquierda". Walsh planteaba la integración del Partido Montonero ("que incluye a todo lo que genéricamente llamamos fuerza propia") y el Movimiento Peronista: "De otro modo invertimos enormes esfuerzos poniendo todo el Partido a la tarea de inventar el Movimiento Montonero, que no tendrá existencia real". Walsh también considera que los jefes montoneros vivían una ilusión: "A pesar de los golpes recibidos y de las rectificaciones del documento, seguimos triunfales. Decidimos el fracaso total de los planes del enemigo y seguimos subestimándolo. Esto es muy grave (...)". Otro párrafo contra la grandilocuencia montonera es el siguiente: "Hay que ser más modesto. Nosotros tenemos que resistir junto con el pueblo a la dictadura. Necesitamos mucha propaganda. Tenemos que irnos organizando en la lucha sin delirios de grandeza y pensando en plazos largos". Walsh observaba un aislamiento político acelerado de Montoneros: "(...) el PC no participa en los conflictos, mientras negocia con el gobierno a través del Partido Intransigente y les paga viajes a Lázara y García Costa para que vayan al Congreso de la Internacional Socialista a defender a Videla; la UCR no rompe a pesar de todos los agravios, incluidos Solari Irigoyen y Amaya; la reacción de la Iglesia es tibia comparada con todo lo que han hecho y con los episcopados de Chile y Brasil, donde por mucho menos se enfrentan abiertamente con las dictaduras". Walsh era consciente de que había un conflicto en el que es habitual incumplir las convenciones y las reglas, y no reclamaba por ello: "Nuestras armas también son violatorias de las convenciones internacionales. Ellos se autoaislan, pero nosotros también, y en ese trueque ganan ellos, porque nosotros teníamos con qué impedirlo y ellos no. Es un cambio de peón por alfil; ellos ya estaban aislados y consiguieron aislarnos a nosotros, planteando una lucha de aparatos, que nosotros no podemos bancar". A Walsh le preocupa el trabajo importante de los militares para armar su proyecto político: "Los radicales tienen varios embajadores, y un íntimo de Balbín (Ricardo Yofre, número 2 de Mor Roig en el plan político) es ahora número 2 de Villareal en la Secretaría de la Presidencia, a través de la cual hay un dialogo muy amplio y muy inteligente. Ellos hablan con todos, los que nosotros dejamos de lado para imos a discutir con el ERP y el PC. Además no es cierto que no hayan establecido el cerco político. Lo que pasa es que lo establecieron con armas principalmente militares, por el terror, pero también secundariamente con armas políticas, que las tienen y las manejan muy bien". El 13 de diciembre de 1976, Walsh vuelve a redactar otro documento (que, utilizando la jerga de la organización, firma J S-1 para J D-1), y otra vez insiste con los graves errores en que insistía Montoneros al repudiar la acción política de reinsertarse en el peronismo: "(...) Cabe suponer que las masas están condenadas al uso del sentido común. Forzadas a replegarse ante la irrupción militar, se están replegando hacia el peronismo que nosotros dimos por agotado y la dirección del peronismo se ha visto subrayada por el gorilismo del gobierno. En suma, las masas no se repliegan hacia el vacío, sino al terreno malo pero conocido, hacia relaciones que dominan, hacia prácticas comunes, en definitiva hacia su propia historia, su propia cultura y su propia psicología, o sea los componentes de su identidad social y política. Suponer, como a veces hacemos, que las masas pueden replegarse hacia el montonerismo, es negar la esencia del repliegue, que consiste en desplazarse de posiciones más expuestas hacia posiciones menos expuestas; y es merecer el calificativo de idealismo que a veces nos aplican hombres del pueblo. En síntesis, creo que el Partido debió, y aún debe replegarse él mismo hacia el peronismo y que la propuesta inversa no es una verdadera propuesta para las masas en esta etapa, aunque pueda llegar a serlo en otra, pero en ese caso ya no se trataría de un repliegue sino de un avance". Para Walsh había 2 errores centrales en las hipótesis de Montoneros: se habían apresurado a decretar el agotamiento del peronismo y la crisis definitiva del capitalismo. "Afirmaciones desmesuradas de este tipo proceden, a mi juicio, de una falta de formación histórica. El capitalismo en decenas de países ha sobrevivido a crisis más graves que la actual crisis argentina. Para dar un solo ejemplo, "la crisis definitiva" del capitalismo en Alemania debió enunciarse por primera vez en 1848, y aunque generaciones de revolucionarios reiteraron ese anuncio durante un siglo y cuarto, no se concretó ni siquiera en el período terrible -para los capitalistas- de 1919 a 1923, ni impidió que Alemania hoy sea el modelo de capitalismo". Y Walsh volvió a insistir en buscar una fórmula para salvar a Montoneros de la destrucción total: "(...) Entiendo que Montoneros debe seguir la dirección de retirada marcada por el pueblo, que es hacia el peronismo, y que la única propuesta aglutinante que podemos formular a las masas es la resistencia popular, cuya vanguardia en la clase trabajadora debe ser nuevamente la resistencia peronista, que Montoneros tiene méritos históricos para encabezar. Esta sí me parece una propuesta inteligible y aglutinante para las masas porque se funda en su experiencia concreta y en su percepción de la actual relación de fuerzas". Walsh llegó a explicar en ese documento cómo debía ejecutarse la retirada estratégica de Montoneros. El 2 de enero de 1977 volvió con su propuesta en un documento cuyo asunto fue "Aporte a una hipótesis de resistencia", que firmó J S-1 enviado a otras jefaturas de Montoneros: J D-1, S-2, S-3 y S-4. Claramente advierte sobre la necesidad de evitar el colapso: "El fin de la guerra no significa la desaparición de formas significativas de lucha, salvo que previamente se haya producido el exterminio de la vanguardia, conforme a la hipótesis enemiga, para enero-junio 1977. Si tal exterminio puede evitarse, será posible y hasta cierto punto (sic) conducir esas formas significativas de lucha configurando una etapa de resistencia capaz de prolongarse largo tiempo. Un centenar de oficiales, dispersos en el territorio, sin otro lazo orgánico que la unidad de doctrina, es suficiente para sostener la resistencia si se cuenta con recursos adecuados en dinero, documentación, propaganda y explosivos. Al analizar esta hipótesis el enemigo habría llegado a la conclusión de que puede tardar hasta dos años en liquidar la resistencia de estos "grupos chicos" si las circunstancias políticas le resultan favorables. (C-2)" Entonces, Walsh formula lo que entiende debe ser un plan de paz de Montoneros: "El pasaje a la resistencia debe ser precedido de un ofrecimiento de paz, que al mismo tiempo que reafirme los principios justos de la lucha liberadora, reconozca la derrota militar. Ese ofrecimiento debe girar alrededor de dos puntos mínimos: 1. Reconocimiento por ambas partes de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y vigencia de sus principios bajo el control internacional. 2. Reconocimiento por ambas partes de que el futuro del país debe resolverse por vías democráticas. El primer punto implica por parte del gobierno militar el cese de fusilamientos ilegales y torturas, la publicación de la nómina de detenidos, la vigencia del recurso de Hábeas Corpus y el restablecimiento de la opción para abandonar el país para los detenidos no procesados. Para Montoneros implica el cese de toda acción militar antipersonal, y el uso de las armas solamente en defensa de la vida o la libertad. (...) Montoneros cumplirá unilateralmente una tregua limitada (de 30 a 60 días) durante la cual denunciará cada muerte que produzca el enemigo como una demostración de que es él quien lleva adelante la guerra. (...) Ignorado o rechazado el ofrecimiento de paz, Montoneros se dirigirá al pueblo mediante un documento (...) convoca a la resistencia popular y explica en qué consiste (...)". También el 2 de enero de 1977 redacta un documento originado en J 8-1 para J D-2, 8-3, 8-4 donde advierte el conocimiento estructural de Montoneros que había logrado "la Inteligencia enemiga". Y el propio Walsh, se refiere en ese documento que quedó inconcluso a lo que hoy se denomina 'terrorismo de Estado', el eje de las cavilaciones de algunos políticos pro-gubernamentales: "Dentro de esta concepción, la tortura, la delación y la formación de agentes conversos deben calificarse como procedimientos o técnicas de búsqueda, y no confundirse con el método principal. La cita cantada y la casa que cae son "accidentes lógicos" que derivan naturalmente del análisis estructural y en progresión geométrica con la Inteligencia acumulada". O sea que para él era evidente que Montoneros no perdía por la represión ilegal que, en definitiva, siempre es parte de un conflicto de las características del registrado en la Argentina, sino por otras cuestiones propias de Montoneros. La mejor manera de honrar a Walsh sería que quienes afirman heredar su bagaje intelectual y capital político, aborden la realidad de lo que ocurrió y porqué la conducción de Montoneros decidió perder el conflicto. El resultado de un enfrentamiento no depende tanto de la capacidad militar de las partes como de la voluntad de combate de cada uno y de la acción política simultánea. Los supervivientes de Montoneros prefieren otra vez evitar la autocrítica, tal como se lo reprochó Walsh, y embestir con las causas judiciales "imprescriptibles" pero que posterga la conducción del futuro apelando a gruesos errores históricos en la reconstrucción del pasado.
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A 30 años de Rodolfo Walsh: El gran secreto que oculta Montoneros
El énfasis de los sobrevivientes de Montoneros y de sus organizaciones aliadas en la metodología ilegal de la represión del Estado les ha permitido postergar el debate sobre los graves errores políticos de esa organización, su militarismo mesiánico y otros defectos denunciados por el propio Rodolfo Walsh antes de su muerte en un enfrentamiento con un grupo de tareas de la Esma.
26 de marzo de 2007 - 12:17












