Günter Grass contra el ataque israelí a Irán
Günter Wilhelm Grass, premio Nobel de Literatura 1999, es un intelectual alemán reconocido por su compromiso con la cultura, la política y los derechos humanos. Desde su casa en Mon (isla de Dinamarca) escribió un poema sobre un conflicto que no debería ocurrir:
04 de abril de 2012 - 07:58
Por qué guardo silencio, demasiado tiempo,
sobre lo que es manifiesto y se utilizaba
en juegos de guerra a cuyo final, supervivientes,
solo acabamos como notas a pie de página.
Es el supuesto derecho a un ataque preventivo
el que podría exterminar al pueblo iraní,
subyugado y conducido al júbilo organizado
por un fanfarrón,
porque en su jurisdicción se sospecha
la fabricación de una bomba atómica.
Pero ¿por qué me prohíbo nombrar
a ese otro país en el que
desde hace años —aunque mantenido en secreto—
se dispone de un creciente potencial nuclear,
fuera de control, ya que
es inaccesible a toda inspección?
El silencio general sobre ese hecho,
al que se ha sometido mi propio silencio,
lo siento como gravosa mentira
y coacción que amenaza castigar
en cuanto no se respeta;
“antisemitismo” se llama la condena.
Ahora, sin embargo, porque mi país,
alcanzado y llamado a capítulo una y otra vez
por crímenes muy propios
sin parangón alguno,
de nuevo y de forma rutinaria, aunque
enseguida calificada de reparación,
va a entregar a Israel otro submarino cuya especialidad
es dirigir ojivas aniquiladoras
hacia donde no se ha probado
la existencia de una sola bomba,
aunque se quiera aportar como prueba el temor...
digo lo que hay que decir.
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¿Por qué he callado hasta ahora?
Porque creía que mi origen,
marcado por un estigma imborrable,
me prohibía atribuir ese hecho, como evidente,
al país de Israel, al que estoy unido
y quiero seguir estándolo.
¿Por qué solo ahora lo digo,
envejecido y con mi última tinta:
Israel, potencia nuclear, pone en peligro
una paz mundial ya de por sí quebradiza?
Porque hay que decir
lo que mañana podría ser demasiado tarde,
y porque —suficientemente incriminados como alemanes—
podríamos ser cómplices de un crimen
que es previsible, por lo que nuestra parte de culpa
no podría extinguirse
con ninguna de las excusas habituales.
Lo admito: no sigo callando
porque estoy harto
de la hipocresía de Occidente; cabe esperar además
que muchos se liberen del silencio, exijan
al causante de ese peligro visible que renuncie
al uso de la fuerza e insistan también
en que los gobiernos de ambos países permitan
el control permanente y sin trabas
por una instancia internacional
del potencial nuclear israelí
y de las instalaciones nucleares iraníes.
Solo así podremos ayudar a todos, israelíes y palestinos,
más aún, a todos los seres humanos que en esa región
ocupada por la demencia
viven enemistados codo con codo,
odiándose mutuamente,
y en definitiva también ayudarnos.
N. de la R.: La posibilidad de que Israel lance un ataque contra Irán y el hecho de que Alemania le haya entregado un submarino capaz de hacerlo llevaron a que Grass se interrogue si esa forma de expiar el pasado (de Alemania) no podría engendrar nuevas culpas.
Israel le está comprando a Alemania el 6to. submarino tipo Dolphin, informó el ministro israelí de Defensa, Ehud Barak, citado por el diario Yediot Ahoronot.
Los submarinos diésel-eléctricos tipo Dolphin se construyen en Kiel. La Clase Dolphin es un tipo de submarino convencional (SSK) desarrollada y construida por Howaldtswerke-Deutsche Werft AG (HDW), Alemania para la Armada de Israel. Está basado en el modelo de exportación Tipo 209, pero muy modificados por lo que no son clasificados como parte del tipo 209.
Cada submarino tiene 6 tubos lanzatorpedos de 533 mm, capaces de lanzar misiles Sub-Harpoon, y otros 4 tubos de 650 mm. Estos últimos pueden llevar a cabo lanzamientos del misil de crucero Popeye Turbo (una variante del misil Popeye/AGM-142 Have Nap) con un alcance superior a los 1.500 kilómetros, lo cual le permitiría tener a a Israel la capacidad de contraataque. Los tubos más grandes permiten desplegar un vehículo de propulsión para buceo. El submarino también puede desplegar minas.
Segun Grass, Alemania ha entendido que asumir la culpa por el Holocausto le exige guardar silencio ante cualquier política de Israel. Pero asumir esa culpa estaría favoreciendo que Israel —“ese otro país” que, escribe Grass, se ha prohibido a sí mismo nombrar— mantenga un arsenal nuclear sobre el que no se habla y amenace con un ataque al “pueblo iraní, subyugado y conducido al júbilo organizado por un fanfarrón” (obvia alusión al Presidente iraní, Mahmoud Ahmadinejad).
La descripción de Irán recuerda la de la Alemania nazi, en la que los alemanes, como podría suceder a los iraníes de perpetrarse el ataque, “solo acabamos”, escribe Grass, “como notas a pie de página”.
Es una crítica a los fundamentos de la política alemana y, por extensión, occidental, hacia Oriente Próximo.








