Viernes 25/04, en Italia es la Festa della Liberazione, se cumplen 80 años de la liberación de Benito Mussolini y Adolfo Hitler. Una jornada festiva. En el Vaticano es el cierre del ataúd de Jorge Mario Bergoglio, hasta ahora exhibido en el atrio central de la Basílica de San Pedro. En la Argentina, el día después del ingreso del FMI en campaña electoral 2025, en respaldo del presidente Javier Milei. Enorme torpeza política de Kristalina Georgieva, no menor a la del líder de La Libertad Avanza: invitar a Cristina Fernández de Kirchner (CFK) y Mauricio Macri a la delegación al Vaticano y llegar con ambos opositores a las exequias del Papa argentino en demostración de tregua y respaldo a quien se fue, hubiera sido un antes y un después, en particular en un año electoral difícil para el oficialismo. Pero la vanidad y la ignorancia dominan en el país al que Jorge Mario Bergoglio no quiso volver ni después de fallecido. Vamos al VIVO:
Contraste entre Lula da Silva (correcto) y Milei (mal)
El viaje de Javier Milei a Ciudad del Vaticano trascendía a Javier Milei porque se refería a que el Presidente de la Nación despidiera, en nombre de todos los argentinos, al Papa compatriota fallecido, Jorge Mario Bergoglio.
Por ese motivo es inadmisible su ausencia de la ceremonia de cierre del féretro del Papa, teniendo el tiempo suficiente y los recursos que le proporcionan los argentinos para que lo hiciera.
La irresponsabilidad de Milei no es solamente una afrenta a la memoria del fallecido sino también un menosprecio hacia todos los argentinos que creen en la institucionalidad y en el reconocimiento social a sus conciudadanos.
Existe una peligrosa ausencia de interés o de comprensión del rol de un Presidente, y del significado de sus actos y gestos.
¿Si Donald Trump no llegaba a tiempo, él tampoco necesitaba hacerlo? Bergoglio era argentino y Milei es el Presidente de los argentinos, con un rol central en la ceremonia.
La ausencia de Milei explica, en parte, por qué Bergoglio nunca quiso volver a la Argentina como pontífice ni siquiera en su descanso final.
Su desinterés contrasta, notablemente, con la actitud del presidente de Brasil, Luiz Ignacio Lula da Silva.






















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