Debilidad: Guillermo Moreno no quiere que se exporten los penes de toro

Guillermo Moreno considera que es un aporte a la estrategia nacional de desarrollo, capítulo central de la geopolítica kirchnerista en el despegue de las nuevas tecnologías de la era del conocimiento, que los penes de toro no se exporten.

CORONEL SUÁREZ ( Nuevo Día). Las decisiones que adopta el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, suelen estar impregnadas de autoritarismo y de irracionalidad, sobre todo cuando ordena el desembarco de partidas de carne vacuna ya estibadas para su exportación.
Una atribución que en un gobierno de mayor calidad institucional correspondería al secretario de Comercio y Relaciones Económicas Internacionales, embajador Alfredo Chiaradia, de cuya existencia se sabe que juró ese cargo.
 
Pero algunas decisiones de Guillermo Moreno chapalean en el absurdo, cuando no en el ridículo.
         
La última que se conoce de él es que ha prohibido la exportación de penes de toro.
         
Parece una broma del 28 de diciembre, pero no lo es.
         
En este mundo trastrocado del kirchnerismo, donde todo lo que es parece ser y lo que parece ser es lo que no es, resulta rigurosamente cierta.
         
La República Argentina, por decisión de su secretario de Comercio Interior, no exportará penes de toro.
 
Que se sepa, el atributo viril del vacuno no forma parte de la mesa de los argentinos, de manera que no hay demanda interna que pueda condicionar su venta al extranjero.
          
El único país comprador es la República Popular China, donde le atribuyen efectos afrodisíacos (a los penes del toro), y lo consumen fuertemente sazonados.
          
Jamás se ha visto en las parrillas autóctonas ese tramo vacuno.
          
Si alguna vez se lo consumió, habrá sido en situación de extrema pobreza, pero es un corte que tradicionalmente se despreciaba.
 
Los chinos, que han modificado su dieta desde que ingresaron en su expansión económica, lo transformaron en una especie de gourmandise.
           
La República Argentina exportó durante los diez primeros meses de 2008 casi 94.000 toneladas de menudencias. Y la demanda china se mantenía firme.
           
Pero Moreno entiende ahora que debe aplicarse a los penes de toro los mismos criterios vigentes para las colocaciones en el exterior de otros cortes de carnes, de lácteos y de oleaginosas y cereales.
Es decir, mantener un encaje máximo del 75% y exportar el 25% restante, como método para evitar que la demanda interna presione hacia arriba los valores de comercialización. Es el caso de las carnes de exportación, de las cuales es obligatorio mantener un stock de 75% de su almacenamiento para vender el 25 por ciento restante.
            
Ahora bien, si en nuestro país no se consume ese corte y existe un cliente que puede adquirir toda su producción, no ya saldos exportables, ¿por qué se aplica una metodología arbitraria que es objeto de permanentes críticas por los exportadores de productos agropecuarios?
 
Debe recordarse al respecto que ninguna venta al exterior puede ser realizada si no se cuenta con el Registro de Operaciones de Exportación (ROE), un trámite administrativo que habitualmente hace transitar por el filo de la navaja a los rubros que serán enviados al exterior. Porque los expedientes transitan por el laberinto burocrático entre 60 y 90 días, y suele suceder que cuando se obtiene el ansiado ROE, la mercancía puede estar en el límite de su congelamiento, y una demora de días puede causar su pérdida o su devolución por el comprador.
 
Decisiones tan absurdas y grotescas como ésta son las que hacen perder credibilidad en la conducta exportadora de la Argentina, sobre todo por la adicción del kirchnerismo al decisionismo, sin respetar los compromisos contraídos.
 
Estos desatinos ya han creado suficientes problemas con Brasil, Chile y Uruguay por la suspensión extemporánea de gas natural, y por modificaciones imprevistas en la política arancelaria, invocando el principio de defensa de la industria nacional, aunque en realidad se trata de evitar que la inflación estructural eleve los precios en el comercio interno.
 
Pero esto de los penes de toro arrasa con la escasa racionalidad del modelo actual. Y se convierte en un cabal ejemplo de cómo lo que deberían ser normas estables para impulsar la producción y la exportación se han convertido en meros caprichos alimentados de rencor.