LA CRISIS DE AGOSTO
Que no sea un capricho porque sólo conduce a la Asamblea Legislativa
Urgente24 lamenta profundamente que sus advertencias se hayan cumplido, y la economía de Mauricio Macri tropezara al punto de poner en riesgo su reelección 2019. Ésta es una de las discusiones por estas horas: ¿quién será el próximo Presidente constitucional? Sin conocer la respuesta, Urgente24 considera que es mejor ir antes por otras respuestas.
Mauricio Macri devino en el Niño Presidente desde que se enojó porque no ocurrió la "lluvia de inversiones" (directas) que él mismo prometió al comenzar su mandato 2015-2019.
Olvidando su pasado empresario, él exigió respuestas emocionales a quienes elaboran racionales planes de negocios antes de tomar decisiones.
Macri se declaró traicionado, asumiendo una actitud de Niño Engañado que no ha abandonado, cuando había informado que no tendría plan económico sino que adoptaría decisiones puntuales, y demostración de esto fue que eliminó el Ministerio de Economía.
La verdad fue que los de la comunidad de negocios no encontraron en aquellos anuncios iniciales de Macri, más allá de la apresurada reunificación cambiaria, las condiciones apropiadas para asumir mayor riesgo no financiero. Pero Macri pretendía que lo hicieran en nombre del voluntarismo cuando Papá Franco le había enseñado aquella máxima de lógica irrefutable: 'Plata en mano, culo en tierra".
El voluntarismo fue el padre de los diagnósticos errados, de la subestimación de la crisis, del menosprecio por el necesario sacrificio colectivo que debía imponer reconstruir una economía harto complicada que habían dejado como herencia los K.
Desautorizando la autocrítica, Macri decidió subir la apuesta y, sin escuchar a quienes él consideraba sus ex colegas empresarios ni preguntarse qué debía modificar de sus decisiones, comenzó a prometer "los brotes verdes" para aquel 2do. semestre de 2016. Objetivamente no había motivos confiables para esperar lo que nunca ocurrió, y no sólo fue una nueva frustración colectiva sino la confirmación de que ese Presidente que prometía honestidad y cambio, a la vez podía mentir sin parpadear.
Macri delegó todo el poder del día-a-día en Marcos Peña, comisario político engreído, soberbio, creyente en que la Verdad le pertenece por mérito propio. El poder se concentró en la Jefatura de Gabinete de Ministros, sin considerar que ni siquiera era una tecnocracia sino una burocracia que desplegaba el Rayo Paralizante. Pero Macri estaba fascinado porque su vida estaba resuelta, podría cenar a las 20:00 con Juliana y Antonia... y sin necesidad de Horacio Rodríguez Larreta, ese sabelotodo cuya hiperactividad siempre lo hizo sentirse culpable por su abulia.
Marcos Peña le provoca a Mauricio Macri la euforia de imaginar que él -ninguneado por Papà Franco, vitupereado por los K, descuidado por los K- pudo crear una extención de sí mismo.
Pero la Administración nunca arrancó en su capítulo económico, la expectativa principal de su electorado. Y fueron aquellos fracasos los que llevaron a recurrir al endeudamiento público externo para intentar provocar desde el Estado lo que no se conseguía desde los privados. El despido de Alfonso Prat-Gay fue consecuencia de aquel fracaso pionero.
En tanto, nadie frenó la irracionalidad de los créditos UVA (Unidad de Valor Adquisitivo) que organizó Federico Sturzenegger ni le puso tope a la bola de nieve de las Letras del Banco Central (Lebac).
Y llegó el año electoral 2017, evento que impuso otro incremento del gasto público para ejecutar un populismo que sumara sufragios, y que se decidió justificar en la bendita Grieta repotenciada.
El llamado 'Círculo Rojo' decidió tolerarle sus excesos, tan contradictorios con la bandera capitalista enarbolada, porque aceptó creer en que con el triunfo en sus manos, Macri/Peña finalmente ejecutarían lo pendiente. Pero noviembre 2017 fue una nueva frustración para quienes esperaban una economía saneada.
Macri/Peña se ampararon en el resultado del 1er. trimestre 2018, pese a las advertencias de que el ciclo positivo llegaba a su final, pronóstico fundamentado en números fiscales y financieros. Otra vez los oídos sordos. El desdén. La arrogancia. La altanería.
Y cuando comenzó a suceder lo previsible, la respuesta fue que era culpa de acontecimientos externos, del mundo que no acompañaba el ciclo argentino.
En un breve período, Macri/Peña han colmado la paciencia, han incumplido sus propias metas, han sepultado las buenas expectativas: caída del nivel de actividad, inflación en alza, regreso de la estanflación. Alguien debe pagar por tantos errores consecutivos. Macri tiene mandato popular, Peña no lo tiene. Es sencillo conocer cuál es el reclamo de los agentes económicos. Pero el Niño Presidente considera que nadie le quitará sus juguetes, aún cuando suponga profundizar la crisis.
Carece de valor para él, por ejemplo, el deterioro millonario terrible que esta crisis de expectativas le ha provocado a empresas argentinas que tendrán que ajustar otra vez sus presupuestos, provocando más desempleo.
Tampoco le importa la gigantesca erosión que la ha provocado a la imagen del liberalismo.
El Niño Presidente reclama que todos se adapten a sus antojos en vez de comenzar a escuchar de qué se trata todo esto.
Macri ha pasado de una reelección imparable a una casi imposible reelección. Y considera que esto es culpa de los otros. De todos menos de Marcos Peña y él.
La crisis económica devino en crisis política, y la respuesta no puede ser denunciar una conspiración sino corregir lo que no se hizo.
Sobrador, Macri intentó un gambito propio de 'la vieja política': por sugerencia de Luis Caputo, presentó públicamente un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional cuando era apenas un pedido al FMI. El Presidente que horas antes reclamaba transparencia y honestidad -en el marco de la causa judicial que instruye Claudio Bonadío- resulta que mintió, y el mercado lo castigó.
Muy grave que con esa exposición, Macri se puso en el rol de fusible de sí mismo. Peligrosísimo desde lo institucional. En especial cuando sus adversarios recuerden 'aquel' helicóptero de 2001.
Además, el Niño Pícaro omitió mencionar que iba al FMI porque había incumplido los compromisos asumidos ante el FMI. Mucho menos por qué aceptó exigencias financieras que no resolvían las necesidades argentinas. Tampoco explicó qué haría él para que la economía no volviera a incurrir en los mismos incumplimientos.
Macri no hizo referencia a la cantidad extraordinaria de dólares que se han marchado mientras el Estado defendía una paridad cambiaria falsa. Ni mencionó los US$ 4.000 millones que tendrá que asumir cómo pérdida el BCRA en las próximas horas por ejecutar ventas de dólares a futuro como táctica de contención (que fue inútil).
Lo que ocurrió el miércoles 29/08 fue una respuesta directa al Presidente, quien cayó en una depresión vespertina. Entonces, Peña decidió salir en su defensa. No era la primera vez que el escudero Peña repetía la tontería, pero el jueves 30/08 el varapalo fue peor por una cuestión lógica: Macri surgió del voto popular pero ¿quién votó a Peña para que intente imitar a Macri?
Ahora muchos hablan que el acuerdo con el FMI era impracticable desde el comienzo, pero eso ya se sabía desde que lo firmó Nicolás Dujovne. Por cierto que es una falta de decoro exponer así a Christine Legarde, una directora-gerente que por la Argentina tuvo un choque innecesario con algunos integrantes de la Junta de Gobernadores del FMI.
Macri aceptó el acuerdo stand-by sabiendo de antemano que lo incumpliría. Por ejemplo, los números fiscales supuestos incluyen una reforma previsional que es imposible de ejecutar. Sin duda, una irresponsabilidad que tiene costo.
Luego, el mercado no esperaba un aumento del financiamiento del FMI sino una reducción del déficit fiscal. ¿Cómo es que Macri no comprende esta situación?
El Banco Central ha modificado media docena de veces su estrategia cambiaria, perdiendo credibilidad, pero Macri considera que hay gente tramando contra él. Y para profundizar sus errores Macri ha rechazado la oferta de Peña de renunciar. El Presidente afirma que a él nadie le va a imponer un cambio si lo concede al día siguiente iràn por su cabeza. No es cierto. Además, el Presidente no es intocable.
Por estas horas, la ausencia de conducción del Presidente ha levantado lo peor de Cambiemos: en la UCR crece el reclamo de mayores retenciones a la exportación. La Coalición Cívica-ARI y el PRO se refugian en 'la mano que mece la cuna', un enemigo secreto que quiere derrocar al Presidente. Pamplinas. Lo correcto sería aceptar que el Rey está desnudo, y decírselo.
Por si faltara algo, el Presidente que convirtió una 'crisis' en una 'tormenta', ahora convirtió una 'tormenta' económica en 'crisis' política, de la que no sabe cómo salir. En ese contexto, en el peronismo comenzó a ensayarse los escenarios alternativos. Y es cierto que la Asamblea Legislativa es uno de ellos. Es hipócrita manifestarse sorprendido. De esto se habla desde que se discute si la situación se asemeja o no a la de 2001: ¿qué sucedió en aquella oportunidad?
Pero, con su falta de 'cintura' y pragmatismo, es Macri quien ilumina semejante sendero. Los días difíciles que se avecinan, consecuencia de la inflación y la pobreza que provocará esta nueva devaluación del peso en 2018, no podrán ser soportadas en soledad por la Administración. Imposible. Algo más: ¿cómo piensa concretar Macri el nuevo compromiso fiscal con el FMI que está viajando a firmar Dujovne?
Es cierto que nadie debería ahogarse en un vaso de agua, pero eso no depende del vaso sino del ahogado.







