42 AÑOS DE LA 'TABLITA CAMBIARIA'
Cuando nació la 'Patria Financiera'
José Martínez de Hoz, fallecido a los 87 años en marzo de 2013, fue el 1er. ministro de Economía del autodenominado 'Proceso de Reorganización Nacional'. Presidente de Acindar y Petrosur, y director de la aseguradora Buenos Aires y la distribuidora de energía Compañía Ítalo Argentina de Electricidad, ya había sido ministro por un breve período, en 1963. Pero mucho más tiempo duró la 2da. vez: de 1976 a 1981. Más allá del odio del por entonces almirante Emilio Massera, integrante de la Junta Militar, 'Joe' le sumó muchísimo a los militares desde la sociedad civil.
José Alfredo Martínez de Hoz fue la gran frustración del 'Proceso de Reorganización Nacional': no consiguió construir el bienestar que precisaban los militares para permanecer en el poder.
'Joe' fue ministro de Economía, hombre de confianza del por entonces teniente general Jorge Rafael Videla, presentado como un contraste con la angustiante gestión de María Estela Martínez de Perón. Pero Martínez de Hoz sólo dejó como herencia la abultada deuda pública externa, un importante atraso cambiario y una invasion feroz de productos importados.
Sin embargo, también hay que reconocer, durante un cierto tiempo 'Joe' logró reducir la inflación, apostó por una modernización de los equipos y maquinarias de la industria, y la baja de retenciones le concedió un impulso a la producción agrícola.
Martínez de Hoz concedió, además, una apariencia de estabilidad: con la crisis del 'Rodrigazo', en 1975, el 'overshooting' había disparado el tipo de cambio hasta los $43. El tipo de cambio real cayó, entre marzo de 1976 y enero de 1980, casi el 80%. El problema es que esta estabilidad fue una ficción que no aceptaba ni el déficit fiscal que seguía ocurriendo ni la variación de los precios.
El entonces ministro anunció el 02/04/1976 un programa que prometió mucho más de lo que concretó. Esto se complementó más adelante con la llamada 'Reforma del Sistema Financiero' que, con el objetivo de modernizar el sistema financiero para promover la creación de un mercado de capitales, sólo concretó comportamientos especulativos conocidos como 'bicicleta financiera', 'plata dulce' y 'patria financiera'.
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En 1976 se firmó un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) que incluyó la creación de un mercado único y libre de cambios. Pero sobre el final de 1976, la inflación comenzó a repuntar y se hizo una tregua de precios por 120 días que debía durar hasta junio, finalizada la cual comenzó otra escalada inflacionaria, a la que se decidió atacar con medidas ortodoxas, frenando la expansión monetaria, el déficit y el crédito: las tasas de interés fueron superiores a la inflación, y comenzó el distanciamiento de los sectores empresariales con la política económica del 'Proceso'.
Algo más: uno de los graves problemas de la 'Reforma del Sistema Financiero' fue la garantía estatal irrestricta a los depósitos a plazo fijo recibidos en los bancos. Con esta norma, si un banco quebraba, el Estado devolvía todo el dinero a los ahorristas. De todos modos hay que reconocer que el proyecto original que salió del Ministerio de Economia no contemplaba una garantía irrestricta, que fue agregada durante el paso del proyecto por la Comisión de Asesoramiento Legislativo, un remedo de parlamentarismo 'de facto' que creó la Junta Militar.
Martínez De Hoz explica el plan económico, 1980 (1)
Uno de los ejemplos más notables de la diferencia entre el enunciado y la concreción ocurrió con la Circular 1050 del Banco Central: la idea era garantizar a los bancos una actualización del dinero prestado de manera tal de estimular los préstamos, pero se terminó provocando una usura que generó condena popular, litigios judiciales y sacrificios inverosímiles a los deudores.
Martínez de Hoz lo contó así: “Videla me llamó un día para ir a Olivos. Me dijo que estaba preocupado por la inflación. Y no quería un plan de ajuste porque la Junta se sentiría incómoda con un aumento de la desocupación y la tensión en la calle”. Martínez de Hoz transmitió esa idea al Banco Central.
Intentando reacomodar las variables -muy difícil al concebir la inflación como un fenómeno exclusivamente monetario-, Martínez de Hoz y el presidente del Banco Central, Adolfo César Diz, asesorado por el economista Ricardo Arriazu, presentaron el 20/12/1978 la "tablita cambiaria".
La 'tablita' intentaba ampliar la interpretación del fenómeno inflacionario: las expectativas fueron aceptadas como otro motivo. Entonces, la 'tablita' brindaba un informe anticipado del comportamiento del tipo de cambio: una devaluación programada, gradual y conocida (en economía se le llama 'crawling peg').
La 'tablita' inició 'la plata dulce' porque la evolución de la inflación real fue superior a la nominal (por lo tanto, al deslizamiento cambiario), mientras que la tasa de interés permanecía por arriba de la tasa de inflación.
Último discurso de Martínez de Hoz, antes de finalizar su gestión - 12/03/1981
La 'tablita' explicitaba el calendario de devaluaciones y, por ende, la futura relación peso/dólar, destacándose también que las tarifas públicas, sueldos mínimos y el crédito tendrían sus propias “tablitas”.
Se suponía que este conjunto de cronogramas disciplinaría los precios. Sin embargo, en la práctica demostró que la Argentina enfrentaba problemas estructurales, como el de una economía indexada, que en este caso producía que los precios se incrementasen a mayor velocidad que las depreciaciones pautadas del peso respecto del dólar, lo cual generó una apreciación real de la moneda y un deterioro creciente de la balanza comercial. Todo ello se sumó a la profundización del déficit cuasi-fiscal derivado de la transferencia de fondos del Banco Central al sector financiero, consecuencia no querida pero inevitable de la reforma financiera impulsada.
Los capitales comenzaron a ingresar dólares, compraban pesos, se colocaban en tasas de interés superiores a la inflación y mucho mayores que la devaluación, por lo que podían recomprar después los dólares y fugarse.
El economista Germán Herrera lo explica así: "(...) Como implicaba devaluaciones decrecientes en el tiempo, asumía que los precios se desacelerarían al compás del ancla cambiaria. La tablita, por tanto, otorgaba un rol clave a las expectativas. De hecho, Franco Modigliani, conocido economista neokeynesiano, decía que el experimento argentino ilustraba perfectamente el peligro de aplicar al mundo real el paradigma de las “expectativas racionales”, modelo fetiche de la macroeconomía ortodoxa. Bajo expectativas racionales, los agentes económicos conocen toda la información relevante de todas las variables y alternativas existentes. Nadie puede “engañar” a nadie. Por eso, la tablita era presentada como un juego racional de sinceramiento, una coordinación hacia la estabilidad que acabaría con el incremento de precios y demás variables nominales. La realidad no quiso someterse a la teoría y la inflación siguió muy por encima de lo que presumía el escalonamiento devaluacionista predeterminado. Sin embargo, la tablita fue sostenida. (...)".
Según Arriazu, un problema de la 'tablita' que los militares quisieron ser "populares" e incrementaron el gasto en obra pública, ampliando el déficit fiscal, lo que descompensó la economía doméstica. A la vez, los militares decidieron pelearse con Chile, y mantuvieron una ambiciosa política de compra de equipamiento.
En 1981 Martínez de Hoz abandonó la 'tablita' y devaluó 10%, poco antes de dejar el cargo al terminar la presidencia de Videla.
Antes ocurrió una quiebra masiva de bancos de capital privado nacional, a partir del cierre del Banco de Intercambio Regional (BIR). Y una quiebra de empresas que incluyó al grupo empresarial Sasetru.











