RECTA FINAL HACIA LAS PASO

Juego de roles: Macri y Massa ensayan un enroque, y CFK busca pintura naranja

"(...) Una campaña electoral es una guerra de inteligencia por seducir a los votante y una batalla encarnizada por ganar o retener el poder. Y ese es el error de la oposición: no muestran ansias desesperadas por tomar el poder. Si las tuvieran, no se chicanearían livianamente entre ellos. Se sentarían a dialogar, harían política, alcanzarían acuerdos y no dependerían de sus asesores como si fueran demiurgos que tiene la fórmula de la Vida Eterna (...)", apuntó Claudio Chiaruttini en su editorial dominical. Aquí el texto completo:

por CLAUDIO M. CHIARUTTINI
 
CIUDAD DE BUENOS AIRES (Sin Saco y Sin Corbata). A dos semanas de las PASO, Mauricio Macri explica, Sergio Massa intenta, Daniel Scioli construye y Cristina Fernández impulsa y apuntala; mientras que las encuestas muestran una coincidencia abrumadora y la opinión pública asiste desganada y aletargada a una campaña aburrida y repleta de propaganda electoral que no-di-ce-na-da.
 
Ya todos en el PRO reconocen que cambiar de discurso justo en la noche donde la exigua diferencia en el balotaje, ensombreció el triunfo de Horacio Rodríguez Larreta. El futuro Jefe de Gobierno porteño debería haber sido el protagonista principal en esa noche de desilusión contenida, pero otro grueso error del ecuatoriano Jaime Durán Barba zambulló a los líderes macristas en una cadena infinita de explicaciones dialécticas que no hicieron más que ofrecerles chances a los opositores para desgastar a Mauricio Macri (hicieron cola para pegarle) y llenaron de espanto a los votantes antikirchneristas que esperaban elegirlo.
 
Es cierto que los votos macristas "puros" no alcanzan para ingresar al balotaje y que crece la cantidad de votantes que rechazan cambios abruptos en el “modelo” kirchnerista; pero ante la mínima diferencia que mostraba la 2da. vuelta porteña, lo lógico hubiese sido "sostener el rancho", honrar al vencedor, esperar que el sabor a triunfo pírrico desapareciera de la boca y, pasados 2 ó 3 días, hacer le famoso giro discursivo que pocos votos parece haber sumado Mauricio Macri, pero envalentonó a un alicaído Sergio Massa y puso al peronkirchnerismo en función "pinchen los globos".
 
Para peor, Mauricio Macri defiende que Aerolíneas Argentinas sea estatal en medio de una crisis de la empresa que afectó a más de 23.000 personas, se suspendieron más de 350 vuelos, generó una reacción muy dura de los gremios del sector y puso a Mariano Recalde contra las cuerdas (desde La Plata, algunas voces reclamaron la renuncia del joven camporista).
 
Y la "frutilla del postre" fue Horacio Rodríguez Larreta apoyando la continuidad del "Fútbol para Todos", un tema que rechaza, en masa, el votante antikirchnerista; argumentando a favor de la continuidad de las transmisiones gratuitas, cuando un buen alumno de la escuela desarrollista como el futuro Jefe de Gobierno porteño, debería saber que, en la vida real, nada es gratis y alguien termina por pagar el costo.
 
Sergio Massa buscaba hallar una brecha en la estrategia de campaña del PRO para volver a soñar con entrar al balotaje y Jaime Duran Barba se la regaló en bandeja con el giro en el discurso macrista. Sin embargo, la declamada arremetida del tigrense no encuentra eco en el electorado, dado que sus propuestas extremas y sus anuncios de potenciales medidas a tomar si es Presidente de la Nación chocan con la sensación de que su carrera a la Casa Rosada es una ilusión que se mantiene forzadamente.
 
De esta forma, se ha producido un "swap discursivo", dado que Mauricio Macri saltó al carril del votante que quiere más continuidad que cambio, que transitaba el líder del Frente Renovador; mientras que Sergio Massa se colocó en la senda del antikirchnerismo que expresaba el titular del PRO; situación que le genera un estrés informativo a los votantes opositores, quienes no entiende cuál es el proyecto de país que proponen ambos candidatos.
 
Así, Massa, ex Jefe de Gabinete de Cristina Fernández e integrante, en varias elecciones, de las listas del Frente para la Victoria; se ofrece como opción sin responder una pregunta clave: ¿Puede un exkirchneristas encabezar un proyecto de reemplazo al kirchnerista sin repetir los usos y costumbres que cuando era funcionario kirchnerista?
 
Por su parte, Macri pareciera ofrecer un proyecto de "continuidad kirchnerista" con algo menos de corrupción, un poco más de respeto institucional y supuesta mejor gestión. Es decir, al "kirchnerismo light" que ofrece Daniel Scioli, el líder del PRO parece proclamar un "sciolismo light". Incomprensible.
 
Pero en este confuso escenario de la oposición, Daniel Scioli avanza con el complejo proceso de construcción que amalgame al peronismo y al kirchnerismo bajo un sólo objetivo: que lo voten para Presidente de la Nación, asegurando el regreso al poder de los peronistas y la continuidad en el poder de los kirchneristas, en nombre del sciolismo, quizás, la 9na. etapa evolutiva del peronismo (peronismo, la resistencia, peronismo bis, la renovación, menemismo, duhaldismo, kirchnerismo y cristinismo)
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Y la agenda de actos de Daniel Scioli es la demostración de esta estrategia. El gobernador de Buenos Aires usa Costa Salguero para cimentar su "pata empresaria" y Parque Norte para unificar al peronismo tras su figura; salta de una reunión con la rejuvenecida Juventud Peronista, tapón para las aspiraciones de La Cámpora, y sube al avión hacia la isla de Cuba, para calmar las dudas del Movimiento Evita y el resto del kirchnerismo ortodoxo.
 
En el camino reúne a sindicalistas kirchneristas, peronistas y moyanistas, por un lado; y a los gobernadores peronistas, por el otro. No duda en ir a cada acto donde es invitado por la Presidente de la Nación y, a través de Karina Rabolini desde los medios de comunicación recuerda el rol figurativo que tiene Carlos Zannini en esta campaña.
 
Daniel Scioli chicanea a Mauricio Macri, ningunea a Sergio Massa, promete crear ministerios (mensaje que indica que todos tendrán un "pedacito" de la "torta" del poder) y emite tibias señales económicas para calmar a los operadores financieros y confirmar que el gradualismo será la regla para sostener el resquebrajado "modelo".
 
Es un error creer que Daniel Scioli flota cual camalote esperando llegar a la Casa Rosada. Su campaña electoral es firme hacia dentro de las filas del peronkirchnerismo. Con esa masa de votantes ya tiene ganadas las PASO. Si se mantiene en la senda, él espera que lleguen votos peronistas desde el delasotismo, el massismo y el macrismo; y tambien son bienvenidos todos los antimacristas puros, porque el objetivo es imponerse en la 1ra. Vuelta.
 
Dos problemas enfrenta la estrategia de campaña de Daniel Scioli: 
 
> una es que el voto antikirchnerista se aglutine sin miramientos, tal como lo hizo en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires el voto antimacrista. Sin embargo, eso no evitó que el PRO retuviera el poder. 
 
> La segunda, que la crisis económica se exprese con crudeza, en Octubre, y derrumbe el relato económico oficial.
 
En esa tarea se encuentra empeñada Cristina Fernández, quien no cede liderazgo en el campo político, aunque ella envía señales de despejarle el paso a Daniel Scioli, ya sea manteniendo amañado al dólar blue, inyectando carretillas de pesos al mercado, despejando algunas dudas en el Mercosur (habilitó negociar con la Unión Europea y la Alianza por el Pacífico), desarmando todos los reclamos sociales y productivos que aparecen (por ejemplo, la protesta del campo y la del sector lechero, y acallando el pataleo del Senasa, los gremios de sanidad y la alimentación).
 
Cristina Fernández no va a eliminar las profundas distorsiones que hay en macro y microeconomía, dado que cree que no existen estas distorsiones. Sin embargo, la realidad es que llevamos 23 meses de recesión, la inflación no baja, el déficit fiscal se encuentra a niveles de la Grecia pre-crisis y el superávit comercial se achica, todo en el marco de una cosecha récord de soja y el precio del "yuyito" en los máximos niveles históricos.
 
Es cierto que la Argentina ha tenido peores indicadores macroeconómicos en otras oportunidades, pero nunca tantos, todos juntos. Por ese motivo las dudas de cómo se puede llegar a Octubre y cómo impactará en la campaña electoral. Pero, mientras el tema económico no sea central en la pugna por llegar a la Casa Rosada, el Gobierno mantendrá la ilusión de que "el mundo se nos calló encima" y que somos "un ejemplo para otros países", todo financiado con las cuotas de las tarjetas Ahora 12 y SUBE; emitiendo sin parar y enviando a algunos economistas mercenarios a hablar de "brotes verdes" en la economía.
 
Pero, además de pavimentar de pesos el camino de Daniel Scioli a la Casa Rosada, Cristina Fernández apuntala la transición y, en un acto inesperado, decidió pararse, aplaudir al candidato a Presidente de la Nación del Frente para la Victoria y afirmar que el gobernador de Buenos Aires le produce: "seguridad y tranquilidad", lo que en lenguaje peronkirchnerista significa "tranqui, el pibe es de confiar".
 
En el pasado, Cristina Fernández basureó a Daniel Scioli cuando Ella era senadora y él era vicepresidente de la Nación. Luego, lo cercó, esmeriló, sometió y le hizo rogar por dinero cuando Ella era Presidente de la Nación y él era gobernador de Buenos Aires. Más tarde, Ella lo minimizó y ninguneó como candidato presidencial. Por fin, lo "bendijo" y, esta semana, lo "entronizó" en el Parnaso del oficialismo. Sólo falta "coronarlo" el 10/12 y, si llega el momento, también lo hará. Es su forma de asegurar que el "retoño" kirchnerista sobreviva con Ella fuera del poder, algo que no consiguieron ni Antonio Cafiero, ni Carlos Saúl Menem, ni Eduardo Duhalde en el pasado.
 
Una cosa debe quedar bien clara: Esta campaña electoral, como toda campaña electoral, no es una competencia por hacer el mejor marketing político, diseñar el cartel más vistoso, tener el lema más musical, exhibir el logotipo más lindo, decir el discurso más bonito, sacar la mejor foto del candidato o filmar la publicidad más recordar.
 
Una campaña electoral es una guerra de inteligencia por seducir a los votantes y una batalla encarnizada por ganar o retener el poder. Y ese es el error de la oposición: no muestran ansias desesperadas por tomar el poder. Si las tuvieran, no se chicanearían livianamente entre ellos. Se sentarían a dialogar, harían política, alcanzarían acuerdos y no dependerían de sus asesores como si fueran demiurgos que tiene la fórmula de la Vida Eterna.
 
Por eso, hoy unos pelean por un discurso y, otros, se desangran por conservar o alcanzar el poder. Por eso, unos miran encuestas y hacen proyecciones aritméticas, al tiempo que sueñan con “cisnes negros” (los hechos imprevisibles): mientras otros, viven, comen, piensan y sudan política, dado que tiene el poder, y lo que ello implica, como única idea en sus mentes.