PARALELOS PELIGROSOS

De Onganía a los K: Necesidad de un frente republicano

"De no lograr, la oposición, crear un frente republicano sólido, consistente, perdurable y especialmente apto para enfrentar desde el parlamento los días negros que están por venir, el resultado puede llegar a ser peor a lo vivido en la década de los '70, con el agravante que los protagonistas de aquellos años tenían, por lo menos, algún tipo de formación ideológica y un enemigo claro. Hoy, la única formación que se aprecia es la de la acumulación de dinero por cualquier medio y eso le da un condimento no ideológico a este asunto que lo hace aún más peligroso", afirma el autor.

 

por GERMAN BERIZZO
 
SAN CARLOS DE BARILOCHE (Especial para Urgente24). Quisiera que este artículo sea leído por los chicos de La Cámpora y por los diputados del FpV para que, de alguna manera, entiendan los hechos de la historia, que, lamentablemente para ellos, comenzó bastante antes de la épica del Nestor.
 
Corría 1964 y gobernaba Don Arturo Illia. La inflación se parecía a la que dice hoy el Indec, pero era de verdad: No más del 11/12 % anual. La producción automotriz alcanzaba cerca de 180.000 autos/año y duplicaba la de Brasil. Teníamos una pujante industria electrónica, la primera de Latinoamérica y una industria ferroviaria ejemplar, produciendo y exportando material ferroviario a todos lados. La industria metalmecánica argentina se veía en todos los países de Sudamérica y gozábamos de un sector agropecuario moderadamente pujante que producía cereales, forrajes, frutas, vacas y leche de modo armónico con un costo alimentario que hacía posible que la alimentación llegara a todos los sectores, aun los más desfavorecidos.
 
Pero Illia cargaba con un problema de origen: La proscripción del Peronismo en las elecciones que lo llevaron al gobierno. 
 
Sabio, pero especialmente democrático, Illia decidió la participación del peronismo en las legislativas de 1965, elecciones que ganó el mencionado movimiento.
 
Dos luces rojas se encendieron en los cuarteles en ese momento: 
 
1) La posibilidad de que en las legislativas de 1967 el peronismo se alzara con el control parlamentario abriendo la posibilidad de que Perón fuese presidente en 1969; y 
 
2) El golpe militar de Brasil en 1964 y los  fondos que desde USA fluían hacia Brasil para parar el peligro de la guerrilla rural en ese país. Eso hizo pensar  a los iluminados de entonces en una doble amenaza para Argentina: El desarrollo regional de Brasil y el retorno del tirano prófugo, como en ese entonces se llamaba al Pocho. En 1966, en un aciago día de Junio, un golpe piloteado por el Gral. Pistarini derrocó al viejo Illia y colocó en su reemplazo al Gral. Onganía, quizás el personaje más nefasto que haya conocido la patria. Onganía tenía “objetivos y no plazos”. Venía para quedarse por muchos años, los que hicieran falta para que se muriera el “Viejo”  y para reencauzar el “destino glorioso de la Nación” (Se olvidó de La Prensa, La Razón, Crítica y otros diarios de ese entonces). Por supuesto, gran parte de la dirigencia peronista apoyó a este golpe, cegada por su propia ambición de poder y por el resentimiento, muchas veces justificado, con los radicales.
 
El personaje este, Onganía, se dedicó a triturar las instituciones. Fue lo único que hizo a la perfección durante su asalto al poder. Su intervención en las Universidades le costó al país la mayor fuga de cerebros de la que se tenga memoria. Su desprecio por los valores republicanos y la consecuente “inseguridad jurídica” (Que escuche Kicillof) llevaron a numerosas empresas a abandonar el país y radicarse en Brasil, cuyos milicos, brutos como los de aquí, no se animaron a despellejar las instituciones de aquel  país y garantizaban una mayor seguridad al capital, fuente de toda creación de puestos de trabajo aquí y en la China.
 
La debacle fue marcadamente progresiva y la sincronización del deterioro económico con el cierre de los canales institucionales y los subsecuentes ámbitos de debate llevaron a que un creciente número de “jóvenes iluminados” tomaran las armas para reponer un sistema democrático. Democracia que en algunos casos era la “democracia peronista“ y en otros, la “democracia socialista”. En ningún caso, la democracia prescripta por nuestra pisoteada Constitución Nacional.
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Obviamente, el curso de la historia descuartizó a Onganía y a sus enormes bigotes. Reemplazado interinamente por Levingston, nada cambió hasta que se hizo cargo Lanusse, un general de ideas liberales teñidas de cierto populismo, que pese a todo, intentó dar un cierto grado de garantías institucionales cuyo mayor ejemplo, quizás, fue la creación del Tribunal Federal en lo Penal, herramienta que garantizaría equidad en el tratamiento de los miembros de la cada vez mayor guerrilla subversiva.
 
Con la llegada de la democracia, 'el Tío' Cámpora se hizo cargo durante dos o tres meses del gobierno y allí el desaguisado fue mayúsculo. Cámpora era un buen tipo, leal a Perón, pero como buen peronista, era alcanzado por la maldición de las tres virtudes que Dios les dio a los peronistas,  de las cuales solo dos podrían evidenciarse: Honestidad, Inteligencia y Capacidad de Acción.  Cámpora tenía honestidad y capacidad de acción pero no inteligencia y eso no permitió que decodificara las verdaderas intenciones del viejo. Se quedó con el cassette (Magazine o disco de pasta en aquellos tiempos) de la “juventud maravillosa” y de la “patria socialista” y las iras del viejo lo convirtieron en historia, salvo para los “jóvenes iluminados” de la era Kirchnerista que rescataron el nombre del viejo dentista  pero cambiaron las virtudes expuestas: Solamente capacidad de acción e inteligencia. Honestidad, niente.
 
El resultado de la aberración cometida por Onganía y sus muchachos terminó en una ola  de violencia como no se había visto desde la época de Rosas (Otra joyita).Cuatro o cinco mil muertos o desaparecidos durante el gobierno de Cámpora-Lastiri-Perón-Isabel y muchos más durante la barbarie cometida por ese “general democrático y peronista” llamado Videla y sus muchachos. No llego a Viola y a Galtieri porque eso es historia más reciente.
 
A esta altura, los lectores se preguntarán adonde quiero llegar. Allá vamos.
 
Durante la gestión del “Nestor”, se fueron eliminando, uno tras otro, todos los mecanismos de control republicano. Parientes controlando a funcionarios. Socios encubiertos en puestos de control y auditoría. Fiscales y jueces confeccionados “ a medida” y otras yerbas similares.  A esto se suma que una oposición estúpida y egoísta, durante el único período en que el kirchnerismo no tuvo mayoría parlamentaria, no supo construir una alternativa que le pusiera freno a esta desarticulación institucional permitiendo que aún con la “pata renga”, Kirchner y su delegada hicieran lo que quisieran con las instituciones.
 
Pero ocurrió que pese a haber hecho, durante su campaña, hincapié en la recuperación de mayor y mejor institucionalidad, la actual Presidente, una vez liberada del control matrimonial, se dedicó a profundizar las tendencias moderadamente a-institucionales de su difunto marido.
 
Con el reciente avance sobre el Poder Judicial, los mecanismos fraudulentamente legales aplicados al campo electoral  y el  cierre de todo mecanismo de debate  entre ideas e ideologías diferentes, el campo parece propicio para la reaparición de expresiones violentas.
 
El paralelo con lo hecho por Onganía parece cada vez más real. Peligrosamente real.
 
En Octubre habrá elecciones parlamentarias. Quizás, la última salida que le quede a la República. Quizás, si la oposición dejara de lado sus matices para construir un pacto en defensa de nuestra Constitución y desde el parlamento desarticulara todo lo realizado por los patagónicos, cuya estructura de poder se está desmoronando gracias a la inflación, el dólar blue y las evidencias de corrupción, habría una salida posible y una luz al final del túnel (Que ojalá no sea de gomas quemadas).
 
Pero cuidado. Una estructura de poder como la actual tiene muchas herramientas y pocos escrúpulos para mantenerse. Es posible que puedan echar mano a cualquier cosa, como históricamente hizo el peronismo, para mantenerse y obtener más poder.
 
De no lograr, la oposición, crear un frente republicano sólido, consistente,  perdurable y especialmente apto para enfrentar desde el parlamento los días negros que están por venir, el resultado puede llegar a ser peor a lo vivido en la década de los '70, con el agravante que los protagonistas de aquellos años tenían, por lo menos, algún tipo de formación ideológica y un enemigo claro. Hoy, la única formación que se aprecia es la de la acumulación de dinero por cualquier medio y eso le da un condimento no ideológico a este asunto que lo hace aún más peligroso.
 
Los paralelos están sobre la mesa. Las diferencias, también.