Joe Biden creyó que imponiendo un concepto en el G7, el resto sería sencillo.
CARRERA CONTRARRELOJ
El impuesto global de Biden corre peligro entre China, Europa del Este y el G24
China, India, países de Europa del Este y naciones en desarrollo han planteado objeciones al acuerdo alcanzado por el grupo de economías líderes del G7 este mes. Las conversaciones en la OCDE buscan encontrar consensos, hasta ahora difíciles de concretar.
Otra vez, Biden parece sobrevaluar el predicamento global de USA. El G7 ya estaba pasado de moda en días de George W. Bush y por ese motivo él tuvo que recurrir al G20 cuando estalló la economía con las subprimes de 2008.
El G7 era del mundo unipolar, y no es la realidad 2021 del planeta Tierra.
Entonces, está ocurriendo lo que todos anticipaban: se traba fuera del G7 el impuesto global que pretende Biden para consolidar las finanzas de USA, sometidas a tanto estrés por el gasto público al que apela la Casa Blanca.
La tarea del consenso fue encomendada a la Organización para el Comercio y el Desarrollo Económico (OCDE, con sede en París, Franciad).
Chris Giles, Leila Abboud y Emma Agyemang explicaron en Financial Times lo siguiente:
"Los negociadores en París están luchando para persuadir a las naciones que resisten a suscribirse a un acuerdo global sobre impuestos corporativos: ellos están cada vez más preocupados de que se diluyan los compromisos necesarios para que los países se unan en un acuerdo final."
El G7 consideró previsible que los paraísos fiscales y los centros de inversión como Irlanda, Suiza y Barbados se negaran a firmar el acuerdo. El problema es que no se trata solamente de Irlanda, Suiza y Barbados....
Ante el fracaso en París, ahora USA necesita llevar el tema a la reunión de ministros de Finanzas del G20, en Venecia (Italia), durante julio.
Tiempo escaso
Para algunos, es clave que China adhiera a la iniciativa, a causa del volumen de su comercio digital.
Sin embargo, otros insisten en que el tiempo para llegar a un acuerdo es muy breve. Esto se trataba de sorprender a todos y dejarlos sin respuesta. Biden quería imponer el tema pero someterlo a debate es 'pincharlo'.
Un negociador le dijo, esperanzado, al Financial Times: “Creo que no fallará... todavía hay algunas incertidumbres, pero no estamos lejos de un acuerdo".
Pero China todavía no enunció sus condiciones. No es el mejor momento en la relación entre Beijing y Occidente.
FT: "Un tercer funcionario dijo que China seguía siendo el principal escollo, pero que había más optimismo entre los negociadores que hace unas semanas."
USA insiste en que un acuerdo global detendrá décadas de disputas sobre el régimen fiscal global.
Un funcionario europeo desespró: "Si no podemos llegar a un acuerdo en el G20, lo más probable es que tengamos que empezar de nuevo durante otros 20 años de conversaciones sobre este tema".
Licuando un proyecto
Al irrumpir los requisitos y condiciones, el texto original que USA llevó al G7 se está diluyendo.
En el G7, el Reino Unido, Japón y Canadá son soldados de USA, según la percepción generalizada.
Alemania, Francia e Italia acostumbran tener reparos pero al final adhieren contra alguna concesión que permita una rentabilidad en sus respectivos frentes domésticos.
No obstante, el avance de los nacionalismos europeos está complicando el futuro de estos diseños geopolíticos de la anterior Guerra Fría, tal como lo es el G7.
Pero USA insiste: "Si podemos llegar a un acuerdo, será una gran victoria que demuestra que la diplomacia internacional en los temas más importantes es posible."
China y la mayoría de los países de Europa oriental se quejan de que el acuerdo interrumpiría los acuerdos fiscales existentes que ofrecen a los fabricantes incentivos a la inversión a través del impuesto de sociedades para construir fábricas y maquinaria.
Sucede que ellos aplican una tasa impositiva efectiva más baja que el mínimo mundial propuesto por USA del 15%.
Por lo tanto, la alícuota es un problema.
Ni China ni los países de Europa del Este se consideran paraísos fiscales, donde las multinacionales depositan sus ganancias para aprovechar bajas tasas impositivas.
Las naciones de Europa del Este han obtenido una exención para la instalación de plantas de manufacturas que estimulen sus crecimientos. Y ahora ven que ese mecanismo corre riesgos.
En cuanto a China, "Nadie sabe realmente cuál es su posición", dijo el funcionario europeo que habló con FT. "Ellos juegan con el tiempo y dejan abiertas todas sus opciones".
Los emergentes
Pero hay otro grupo importante a tener en cuenta: los países en vías de desarrollo, en especial los emergentes. El famoso G24.
En el pasado, cuando Brasil era comandado o por Fernando Henrique Cardoso o por Luiz Inácio Lula da Silva, Brasil tenía un gran predicamento en este colectivo, junto a Sudáfrica e India.
Así fue como nació el BRICS.
Con Jair Bolsonaro en el gobierno, Brasil está derrapando hace tiempo. Pero eso no quita que haya nuevos protagonistas del mundo en desarrollo.
Estos países están descontentos de que el acuerdo no les permita recaudar más impuestos a las multinacionales más grandes: obtendrán el derecho a gravar solo una pequeña proporción de las ganancias de las empresas basadas en las ventas.
Esto quiere decir que también es un problema de alícuota, igual que Europa del Este.
El grupo G24 de países en desarrollo ha pedido más participación en la torta y ha amenazado con persistir con sus propios impuestos digitales.
Mathew Gbonjubola, embajador de Nigeria ante la OCDE, dijo que 15% "no beneficiaría mucho a los países de África" y que "probablemente promovería continuamente la erosión de la base [impositiva] de los países africanos".
¿Llevarla más arriba de 15%? Se complicaría todo para el proyecto original de USA.
La contraoferta que lideró USA les ha ofrecido un compromiso a 7 años vista: el umbral para las empresas cubiertas por el acuerdo global se reduciría de US$ 20.000 millones de facturación a US$ 10.000 millones después de 7 años, y así ellos podrían gravar a más empresas.
No hay consenso al respecto entre los países en desarrollo. ¿Extender un cheque en blanco a 7 años?
La presión política sobre los países en desarrollo intenta 'meterlos en caja'. Por lo tanto, ellos miran a China, que sigue siendo un misterio.











