ARGENTINA INSÓLITA

En el país de Vaca Muerta hay riesgo de abastecimiento de energía

La producción convencional de hidrocarburos muestra una tendencia marcadamente decreciente, según un informe del IERAL, de la Fundación Mediterránea. Cambios en las reglas de juego, inestabilidad macroeconómica, control de capitales y falta de infraestructura atentan contra un sector que requiere de inversiones a largo plazo.

En el año 2020, el sector de la energía participó con el 2.91% del Valor Bruto de Producción pero hay otra forma de enfocar este asunto: en el país de Vaca Muerta, las exportaciones del sector energético representaron el 6.55% del total expo y las importaciones de energía el 6,23% del total impo.

Algo no funciona correctamente. 

Los requerimientos gasíferos determinan, en gran medida, el resultado de la balanza comercial energética del país. 

Sigamos con el gas: Con la intención de revertir la caída en la producción de gas natural, el gobierno nacional implementó el Plan Gas.ar, que prevé subastar un cupo de 70 MMm3/d, proveniente de las distintas cuencas y por 4 años. 

En la Ronda 2 del Plan, se presentaron ofertas por 3,36 MMm3/d para el invierno de los años 2022, 2023 y 2024, a un precio promedio ponderado de US$ 4,728 MMBTU. Obsérvese que, a través de licitaciones de mediados de junio de este año, realizadas por la empresa estatal IEASA, se contrató la carga de 5 barcos para importar Gas Natural Licuado a un costo cercano a los US$ 13,0 MMBTU al inyectarse a los gasoductos, de acuerdo a información periodística. 

Otra vez: algo no funciona correctamente en la Argentina.

IERAL

Un informe del IERAL, de la Fundación Mediterránea, destacó que “los cambios permanentes en las reglas de juego, la inestabilidad macroeconómica, el control de capitales y la insuficiente infraestructura complementaria, atentan contra la posibilidad de expansión de la producción, en particular la del gas”, principal componente de la matriz energética local.

En una investigación del economista José María Rodríguez, se advirtió que la energía “al ser un sector capital intensivo” requiere de “una corriente permanente de inversiones” que a su vez necesita de un marco regulatorio y de estabilidad económica favorable.

La expansión de la producción energética argentina está condicionada a una serie de factores jurídicos y económicos que ponen en riesgo el abastecimiento que el país consiguió recuperar en 2019, luego de casi 10 años de saldo deficitario.

“En la Argentina, los cambios en las reglas de juego bajo las cuales opera el mercado, sobre todo en los mecanismos de formación de precios claves del sector, la discrecionalidad de la política sectorial y la inestabilidad macroeconómica, determinaron un contexto de débil apropiabilidad de los retornos de la inversión”, indicó.

De esa forma se fue originando “un ámbito poco propicio para atraer capital de riesgo al sector”, en el que “las inversiones mostraron una tendencia marcadamente decreciente, que se manifestó con caídas en la cantidad de pozos terminados, sobre todo de pozos en exploración y explotación”.

La combinación de una caída permanente en la producción desde finales del siglo pasado y el aumento del consumo derivo en un saldo superavitario de la balanza energética cada vez más reducido, hasta que en 2011 se perdió el autoabastecimiento.

“Recién en el año 2019, el consumo vuelve a estar por debajo del nivel de producción energética”, destacó Rodríguez, aunque advirtió que esa mejora en la balanza sectorial puede revertirse en la medida que no se establezcan condiciones propicias para las inversiones.

Con una participación relativamente baja de las energías renovables, similar a la de Estados Unidos (8.3%) y algo menor que la mundial (13.7%), la Argentina tiene sin embargo una matriz energética considerada “limpia”, en tanto la producción de gas supera a la de petróleo y carbón.

Divergentes

“La alta disponibilidad de gas natural, sobre todo a partir de Vaca Muerta, puede tener un papel importante en la transición energética hacia un proceso de descarbonización´’, que apunta a reducir la emisión de gases de efecto invernadero y limitar el calentamiento global”, destacó la Mediterránea en su informe.

Al respecto, puntualizó que “una correcta política de precios del gas natural permitiría que este combustible desplace de manera eficiente la utilización de otros combustibles más contaminantes que forman parte de la actual matriz energética”.

“Sin embargo, los datos más recientes de producción energética, indican que el país transita en sentido contrario”, apuntó Rodríguez.

Si se compara la producción pre-pandemia (2019) con la proyectada para este año 2021, se puede apreciar una reducción del 12,5% en la producción gas, pasando de 135,2 MMm3/d a 118,39 MMm3/d, en tanto que la producción de petróleo pasó de 82.518 m3/d, a 90.506 m3/d, mostrando un aumento del 9,7%.

Más allá de cuestiones relacionadas con la pandemia, Rodríguez sostuvo que “la política pública sectorial está detrás de este comportamiento divergente”.

“La inclinación hacia la explotación de petróleo también está influenciada por la disponibilidad de infraestructura, que permite transportar la producción desde los pozos, las posibilidades que brinda la exportación y una coyuntura favorable en relación a los precios”, añadió.

Por último, el desafío a la inversión en infraestructura: La producción de hidrocarburos, componente fundamental de las energías primarias de la Argentina, está alejada de los centros de transformación y consumo, requiriendo un sistema de redes de transporte, que representan en el país una de las principales limitaciones desde el punto de vista de la infraestructura energética, en particular del gas natural.

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