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Il Miracolo de Berlusconi: Alitalia privada pierde más que Alitalia estatal

En teoría, las privatizaciones de servicios públicos deben conducir a que el Estado destine menor cantidad de recursos a ese objetivo y, a la vez, los usuarios reciban una mejor calidad de servicio. Si un servicio concesionado requiere de más dinero de los contribuyentes que cuando lo gestionaba el Estado, está mal. Y si la calidad del servicio es igual o peor, también es pésimo. En el caso de la Alitalia de Silvio Berlusconi, según el autor, precisamente ocurre la 'tijera perversa'.

ROMA (Especial para Urgente24). Cuando algo no funciona en una compañía aérea se imponen maniobras de fuerte impacto mediático acerca del costo laboral cuando, en verdad, hay otras cuestiones a considerar en la estructura presupuestaria de una compañía. En Italia, además, ante una opinión publica "televisiva", se identifica al enemigo en la figura del empleado de la aerolínea, un supuesto privilegiado, quizás por una asociación colectiva derivada de que la mayoría de la gente utiliza ese transporte cuando sale de vacaciones. La falta de cultura y de información operan en una forma tan poderosa que, en muchos casos, el cinees la única herramienta a disposición del personal para conseguir opinar: así ha pasado en la Argentina, con las dos películas de Enrique Piñeyro (Whisky-Romeo-Zulu y Fuerza Aérea S.A.), que despertaron a la opinión pública (no así a la Justicia, porque el juicio por el accidente de LAPA es la demostración de que la conexión empresario-político-gremial es más fuerte que la verdad). Así ha ocurrido en Suiza, donde la película Grounding devela > cómo un manager top de la new economy fundió en menos de 1 año la compañía más rentable del mundo, y > cómo el poder de los bancos (y su falta de conocimiento del sector) hizo que la nueva compañía SWISS, también en menos de 1 año, fuera vendida a la alemana Lufthansa en €1. El éxito de la película provocó un juicio en el que, si bien se ha descubierto y condenado a los responsables de este 'homicidio' financiero, ellos no fueron a prisión porque los hechos prescribieron. El asunto, ya novelado en la famosa película Wall Street, que contaba la historia de un manager new economy en el mundo aerocomercial, ha sido superado por la realidad. Lo ocurrido con la privatización de Alitalia supera la solución de un problema que se arrastraba desde hace por lo menos 10 años y es el ejemplo extremo de manipulación mediática para crear una cadena de mentiras que justifique lo inconfesable. La crisis de Alitalia empezó en 1997, cuando una fuerte alianza con la holandesa KLM, un manejo fuertemente técnico y la inauguración del nuevo aeropuerto intercontinental de Milán (Malpensa), junto a una propiedad participada de los trabajadores, hacían pensar en la creación y el desarrollo de la mayor compañía aérea europea. Lamentablemente, la cuenta se había hecho sin la autorización de la Unión Europea que, empujada por el lobby de otras grandes aerolíneas europeas (para quienes las ganancias generadas por el tráfico italiano era la 2da. en importancia), consideró que la operación era un peligro. No sólo no permitió el traslado del tráfico de Milán desde Linate (Aeropuerto Internacional Enrico Forlanini) hacia el nuevo aeropuerto (tal como sí había ocurrido en otras ciudades al inaugurar una línea aérea su propio hub), sino que consideró un subsidio un préstamo del Estado a Alitalia a tasa de interés de mercado (necesario para equiparar su flota de aviones intercontinentales con la de KLM). Años antes, en circunstancias similares, Iberia y Air France no tuvieron problemas en conseguir asistencia similar (y con intereses más bajos). Lo increíble es que las autoridades de la Region Lombardía (de la cual Milán es capital) manejadas por la Lega Nord (el partido racista liderado por Humberto Bossi) y el alcalde de Milán, respaldaron a la Unión Europea que, al final, sancionó a Alitalia con la imposibilidad por 4 años de adquirir nuevos aviones, abrir nuevas rutas y hacer dumping (practicar una política de subsidio de algunas tarifas que se compensan con otra). Resultado: todo el proyecto se truncó, KLM se fue de la alianza para buscar a Air France, el aeropuerto de Malpensa nunca funcionó como hub y desde ese momento, con la renuncia del managing técnico remplazado por uno político, la compañía comenzó un aterrizaje forzoso hacia una quiebra inevitable. Quiebra alentada por decisiones políticas de Gobiernos diferentes, que consideraron que Alitalia era más bien una vaca lechera para la solución de sus propios problemas que un eje fundamental para la economía del país. En el año 2002 apareció un trabajo de un grupo de empleados liderados por el comandante Máximo Gismondi, basado en la búsqueda y comparación de varios balances económicos de Alitalia y las principales aerolíneas europeas. Los resultados son escalofriantes y brindaron una explicación del problema: Alitalia tenía un coeficiente de ocupación de asientos superior al de aerolíneas como Iberia y British Airways, y el costo laboral más bajo de todos (casi la mitad del de Iberia, por ejemplo); sin embargo > por cada €100 de ingresos de Air France gastaba €29 en el costo laboral y €63 para la organización de la compañía, > mientras que Alitalia destinaba €18 al costo laboral pero €94 a su organización. La aritmética no es una opinión y los números hablaban claramente: Alitalia tiraba más de €1.000 millones por año en gastos de su faraónica gestión. Esos datos fueron enviados a políticos, gremialistas y medios de comunicación. ¿Resultado? Cero. Y es más… llovieron críticas porque "estos datos son hechos por gente que no es economista" y hasta se iniciaron juicios por la cuestión. Nadie creyó en que era cierto lo del despilfarro y se prefirió cambiar gerentes (siempre a las ordenes de políticos), que nunca tomaron medidas necesarias sino que decidieron seguir con gastos increíbles y salarios inimaginables mientras llevaban a la compañía a la quiebra (en los últimos tiempos, Alitalia perdía mas de €1 millón diarios; pero el anteúltimo CEO, Giancarlo Cimoli, recibía un sueldo de más de €3 millones al año, casi  más del doble  que sus colegas de aerolíneas rentables). Obviamente, la única posibilidad que el mundo político imaginó (en vez de solucionar el problema cortando los gastos) fue la privatización, por medio de una subasta que a fines de 2007 ganó Air France, dueña de la alianza de la cual Alitalia es miembro (SkyTeam) y manejada por un Estado que tiene un sentido nacional muy diferente. El plan francés era sencillo: adquirir la compañía por €5.000 millones y 1.600 despidos sobre un total de 22.000 trabajadores (en su totalidad gente muy cerca de la jubilación, que hasta la reciben anticipada). Pero algo tan sencillo concluyó en una enorme discusión con los gremios, que pusieron trabas al plan. La caída del gobierno izquierdista liderado por Romano Prodi provocó un adelanto de las elecciones, donde fue evidente que Silvio Berlusconi volvería a tomar el poder. Los ejes de su campaña electoral fueron 2, martillados hasta el completo lavado de cerebro por sus medios de comunicación: > solucionar el problema de la basura de Nápoles, y > salvar a Alitalia de la destrucción del capital extranjero y los despidos exagerados, para fortalecerla en manos italianas. Con el nuevo escenario, el rechazo gremial y sin respaldo político, Air France abandonó la partida... rumbo a KLM. Pero las promesas hechas por el líder político "elegido por Dios" tuvieron patas cortas: el plan propuesto por Berlusconi era bien diferente al enunciado. Los despidos fueron 13.000; y la vieja Alitalia queda dividida en 2 partes. > La rentable fue vendida a un grupo de 15 empresarios amigos de él (la mitad de los cuales tienen juicios pendientes o condenas por quiebra, exportación ilícita de capitales, fraude fiscal, etc.), luego de un proceso de valuación que realizó un banco cuyos accionistas controlantes son 4 de los que Berlusconi bautizó "caballeros corajudos", o sea gente de él. > La Alitalia con deudas y despidos se la quedó el Estado, o sea pagada por cada italiano (niños incluidos), a €74 per cápita. Toda la nueva gestión, llamada CAI (Compañía Aérea Italiana), pasó a control del banco italiano más importante, el grupo Intesa, que curiosamente ya controlaba a la mayor compañía aérea privada italiana (Airone), que luego fue valuada casi al doble de Alitalia y fusionada. La propuesta fue increíble pero la negociación se concretó. Los trabajadores de Alitalia empezaron manifestaciones en las calles de Roma y Milán, pero fueron perseguidos por la prensa de Berlusconi que, en la práctica, organizó un martillo mediático señalándolos como culpables… se inventaron privilegios inexistentes o fuertemente distorsionados… en fin, la información navegó en un único sentido. Lo más inesperado fue el comportamiento de la oposición, y la conducción sindical: quienes querían seguir hasta el final fueron obligados a firmar papeles en blanco... por el ex líder del PD (Partido Democrático, la más fuerte oposición política al Gobierno), Walter Veltroni. Terminada la ronda de "aceptación" del plan, empezó la de los convenios de categoría. Otra vez algo similar a lo ya explicado. Solamente un sindicato mantuvo su protesta y, de facto, perdió su representación gremial, al igual que otras 2 organizaciones minoritarias que no habían firmado el plan berlusconiano. Los nuevos convenios fueron muy complicados. Por ejemplo, se eliminó la exención del trabajo nocturno para la mujer con hijos de hasta 3 años, que es ley del Estado italiano. El trabajo fue garantizado solamente a quienes estén exentos de problemas que puedan "bajar" su nivel de rentabilidad laboral (excluyéndose a las madres, las familias con discapacitados en su núcleo, o quienes cuestionaron los nuevos convenios): a la basura 70 años de lucha por los derechos laborales. Para los aeronavegantes fue más que una derrota: todo el patrimonio de experiencia que permitía a Alitalia ser una de las aerolíneas más seguras a nivel mundial, se dilapidó. Se cumplió lo que el nuevo CEO de CAI había prometido: "Quiero el mejor material humano al menor precio". Y en el convenio los únicos límites fueron los exigidos por las normas internacionales de vuelo. En las elecciones regionales más recientes, la 1ra. secretaria gremial que subscribió la propuestas del Gobierno (la ex secretaria de la Unión General de los Trabajadores - UGL) ganó el cargo de gobernador de la región Lazio… en la lista electoral de Berlusconi. Para alivio de la mayoría de los italianos televisados, Alitalia se privatizó y los privilegiados fueron castigados… pero estaba por descubrirse "la mayor chantada hecha por la conexión entre poder político y empresarial desde la posguerra", como tituló el periodista Piero Ostellino en una nota publicada en el Corriere della Sera, lamentablemente bastante después de los hechos. En tanto un grupo de trabajadores decidió difundir su opinión más allá de la cortina de hierro de los medios de Berlusconi y los del Estado, que gestiona Berlusconi. Así nació el proyecto que permitió la realización de la película 'Tutti giù per aria', estrenada el 01/06/2009 en un Teatro de Roma repleto de gente (se tuvieron que organizar 2 funciones). Dirigida por Francesco Cordio, la película es la historia del último período de la privatización, que va desde la aceptación del plan por parte de los gremios hasta la aplicación de los despidos. El recorrido está basado en filmaciones originales tomadas por Alessandro Tartaglia Polcini, un ex trabajador de Alitalia, tambien productor, y el periodista free lance Matteo Messina. Todo el material fue editado por Francesco Biscuso y el guión fue de 2 ex trabajadores: Guido Gazzoli y Francesco Staccioli, autores también de un libro titulado L’aereo di carta (El avión de papel). El actor argentino Fernando Cormick encarna a un asistente de vuelo que, a pesar de haber sido despedido, se pone el uniforme y va al aeropuerto como si tuviera que salir para un vuelo. Su actuación fue la parte de ficción de una película que estrenó documentos y declaraciones que demostraron la mentira política y la complicidad gremial que llevó a la calle a 13.000 personas. Desde el comienzo, el filme ha gozado de un inesperado éxito, ganó premios en 7 festivales del cine independiente, participó en muchos otros y cuenta con muchas funciones en circuitos alternativos ya que el oficial no le está permitido. La música que acompaña 'Tutti giù per aria' fue compuesta por Luca Bussoletti (autor de la canción homónima) y Riccardo Corso. Cuenta también con la participación del premio Nobel de Literatura, Darío Fo; el periodista Marco Travaglio y el cómico Ascanio Celestini. Mucho material, incluso un original video clip con la participación de algunos trabajadores despedidos. En relación con las causas de la quiebra de Alitalia, el interventor nombrado por el Gobierno, el doctor Augusto Fantozzi, ha confirmado los datos adelantados hace años por un grupo de trabajadores y totalmente ignorados. Los primeros datos del balance actual de la nueva compañía (cuyo nombre es Alitalia-CAI) muestran algo escalofriante: pérdidas de alrededor de €500 millones. Si calculamos que la nueva compañía trabaja con la mitad de personal que la vieja, tiene el monopolio en las rutas nacionales (las mas rentables) y goza de mas de €200 millones de "descuento" impositivo hay que decir que 'il miracolo' prometido por Berlusconi no se ha cumplido: destruir todo para crear algo que pierde más dinero (€150 millones más). Creemos que Nuestro Señor, con su infinito poder, no hubiera podido hacerlo...

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