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La pandemia y el lago de los cisnes

Vie, 27/03/2020 - 1:02pm
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El covid-19 ha provocado una situación inédita, incierta, inexplicable para muchos y de horizonte indefinido. Por lo tanto, cada político tiene su manual y ya se verá quién estuvo más cerca de lo aconsejable. Mientras tanto, una nota pra reflexionar:

"La medida que todos los países asiáticos han tomado sin excepción fue el uso de barbijos y no de cualquier barbijo, sino de unos especiales con filtros suficientes. Parece una ironía del destino, pero vemos que Europa acaba de cerrar una compra masiva de barbijos provenientes de China. Sí. Europa no tenía los barbijos de los que sirven."
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La teoría del cisne negro fue desarrollada por el intelectual de origen libanés Nassim Taleb. Hace referencia a la aparición de un suceso absolutamente inesperado, que cambia el tablero socio-político-económico de manera absolutamente dramática. Cualquier parecido con el Coronavirus no es pura coincidencia. El Coronavirus es un cisne negro por excelencia y sus derivadas, imprevisibles. A partir del Covid-19 puede suceder en el mundo, una cosa y también la contraria. De ahí el morbo que nos provoca. El desarrollo de la pandemia tiene comportamientos dispares. Tuvo un comienzo, pero desconocemos el final.

Parecen dibujarse tres tratamientos distintos a esta peste que aflige trasversalmente al mundo sin importar la geografía donde nos encontremos.

> Por una parte en Asia, hablamos de China (curiosamente el lugar de origen de la pandemia), Hong  Kong, Taiwan, Corea y Singapur, dicen haber controlado el virus.

> En Taiwan y Corea no se ha decretado la prohibición de salir de casa ni se han cerrado tiendas o restaurantes.  

> En China sí hubo un confinamiento severo, y en Japón las prohibiciones fueron selectivas. De hecho en el país nipón hay imágenes elocuentes de gentes paseando por los parques, para festejar la llegada de la primavera.

Pero ¿qué unió a todos estos países en la lucha contra la peste? Según el filósofo Byung Chul Han, fue el uso de la tecnología y no de cualquier tecnología, sino del Big Data, es decir la información que nosotros mismos (en este caso los asiáticos) hemos ido volcando en las redes.

Dice Chul Han que en China hay 200 millones de cámaras de vigilancia de alta resolución capaces de distinguir los lunares de la cara. Cuando alguien sale de la estación de trenes de Pekín es captado automáticamente por una cámara que mide su temperatura corporal. Si la temperatura es elevada, todas las personas que viajaban en ese vagón reciben en su teléfono móvil una notificación para que se hagan el test de la enfermedad. El sistema sabe quién iba en cada vagón. Todo está vigilado. En Corea quien se aproxima a un edificio donde ha estado un infectado, recibe a través de un Corona App una señal de alarma. Todos los lugares donde ha habido infectados están registrados en la aplicación. Es imposible moverse por espacios públicos sin ser captado por una cámara de video vigilancia y en el ministerio de salud coreano hay encargados que día y noche miran el material filmado para completar el perfil del movimiento de los infectados y localizar a las personas que han tenido contacto con ellas. En Taiwan el estado envía un SMS a todos los ciudadanos usando la geolocalización que le permite saber las zonas de riesgo con focos de infección.

Pero la medida que todos los países asiáticos han tomado sin excepción fue el uso de barbijos y no de cualquier barbijo, sino de unos especiales con filtros suficientes. Parece una ironía del destino, pero vemos que Europa acaba de cerrar una compra masiva de barbijos provenientes de China. Sí. Europa no tenía los barbijos de los que sirven
 
El modelo europeo
   
Europa tiene dos focos de contagio feroces y mortales. Italia y España.

Por el dramatismo de lo que ocurre se ha impuesto un control férreo del movimiento de personas como la vía más adecuada para frenar la pandemia. Todas las terminales mediáticas del mundo toman como referencia a estos estados mediterráneos, que a su vez tienen sus propios infiernos.

No es lo mismo lo que ocurre en Madrid que en Galicia o en Milán que en Sicilia.

Pero, por acto reflejo ante la repetición de secuencias, lo que pasa allí parece pasar aquí. Dice Chul Han que Europa está parada sobre viejos modelos de soberanía como ser el cierre de fronteras y que eso es un fracaso en toda regla. Según Han es soberano quien dispone de datos y que la soberanía actual es un término en disputa.

Europa no dispone de datos porque el tráfico de los mismos está severamente penado por la legislación vigente. Hay que recordar el escándalo “Cambridge Analytica”, cuando se descubrió que Facebook había vendido miles de perfiles a esa empresa británica y de ahí en más todo se penalizó.
 
América para los americanos

Por último, hay una hoja de ruta algo polémica y distópica como se dice ahora. EE.UU, México y Brasil parecen salir cada uno con su peculiaridad de las recomendaciones occidentales.

Trump se ha negado a firmar ningún estado de excepción y proclama a los cuatro vientos que hay que regresar a la normalidad cuanto antes. Para Trump el “virus chino”, tal como él lo llama, no puede condicionar a todo un país, e insiste que puede ser peor el remedio que la enfermedad. En USA, el mefisto chino tiene en alarma al Estado de Nueva York, que dispuso restricciones, pero la denominada América profunda sostiene una cuasi normalidad. 

Recientes declaraciones del vicegobernador de Texas aludiendo que los abuelos están “dispuestos a morir”  para no dañar a la economía, son la confirmación inequívoca del pensamiento sajón americano. Vale aclarar que Dan Patrick, vicegobernador de Texas, tiene 70 años e integra los grupos de riesgo y ha insistido que él se juega su supervivencia para mantener al país “tal y como lo conocemos”.

México, a través de su presidente, mandó a la gente a consumir a los restaurantes y los bares. López Obrador agregó que él seguirá abrazando y besando ciudadanos y buena parte de la clase política mexicana dice que AMLO es un loco de tomo y lomo.

Bolsonaro, tres cuartos de lo mismo. El martes último, en un mensaje televisivo, trató a la pandemia de “Gripecita sin consecuencias” y se comió una cacerolada ciudadana.

Los tres caminos antes descriptos contienen grandes contradicciones filosóficas.

> ¿Se puede espiar a todo el mundo como hacen los estados asiáticos, en nombre de salvar vidas?

> ¿Puede apelarse a la vía represiva cerrando fronteras, como no se veía en Europa desde la segunda guerra mundial en pos de frenar la propagación del virus

> ¿Habría que jugar con la vida de los mayores según la lógica sajona, porque el final de sus vidas, como indica la biología, está más cerca y entonces no se colapsaría la economía?  

Como pasa con los cisnes negros, el debate está abierto.

Un apunte final sobre la Argentina. Haciendo un paneo de medios en el formato que cada uno prefiera, es notablemente más potente el desarrollo de las noticias que tienen que ver con la represión a los infractores del Estado de Excepción que atravesamos, que la discusión sanitaria sobre cómo resolver este auténtico infierno del Dante.

A juicio de este cronista la inmensa mayoría de la población colabora y es solidaria. No sería honesto descargar el fracaso de determinadas acciones sobre el lomo de la gente.