BAHÍA BLANCA (La Nueva Provincia) Si las fotos en política suelen ser mudos testimonios de guiños o señales, aquí va una: la que protagonizó ayer Cristina Fernández en el Salón de las Mujeres Argentinas, flanqueada por Juan Manuel Abal Medina y Florencio Randazzo. Ni Amado Boudou, ni Axel Kicillof.
Abal Medina y Randazzo, ¿por si cae el 'plan Cristina'?
El intento de eternizar a Cristina Fernández en el poder puede fallar, por lo cual no puede faltar un plan B. ¿Quiénes serían los eventuales aspirantes a la sucesión en ese caso? Eugenio Paillet desde el diario bahiense 'La Nueva Provincia', analiza la foto de ayer y lanza su versión:
15 de agosto de 2012 - 08:10
Ellos dos. El Jefe de Gabinete y el ministro de Interior y Transporte, las dos estrellas fulgurantes en los tiempos que corren dentro del gobierno, podrían formar parte de un incipiente Plan B que se estaría gestando en los laboratorios del cristinismo para perfilarlos como posibles candidatos a la sucesión en 2015, si fracasa el intento cada vez menos encubierto de conseguir la segunda reelección consecutiva de Cristina Fernández.
No es sólo una interpretación periodística de los hechos: en los despachos de ambos funcionarios se reconoce bajo cuerda que sus jefes saben que la responsabilidad de la hora es trabajar para gobernar y lograr zanjar con éxito las varias asignaturas pendientes que tiene la administración.
Pero unos y otros aceptan que tienen aspiraciones sucesorias y que están íntimamente convencidos que el traje no les queda grande.
¿El duelo que viene?
Mientras Randazzo confía en sus propias armas para ser el ungido --ofrece gestión y más gestión--, Abal Medina es el custodio del mayor tesoro político de Cristina y de Néstor hasta que lo sorprendió la muerte: el "relato" del oficialismo que se encarga día tras día de mostrar en la cadena de medios oficiales el país de maravillas que pinta la presidente en sus discursos.
Herida de muerte prematura la idea que en algún momento se tejió en los despachos oficiales de reservarle ese destino de grandeza al cuestionado Amado Boudou, y con la salvedad siempre a flor de labios que nada de aquellos aprontes quedará en pie si se hace la más mínima luz en el túnel a favor de la re-re de Cristina, Abal Medina y Randazzo se ilusionan y empiezan a moverse en esa dirección.
Hay matices. Randazzo confía en sus propias armas para, llegado el caso, posicionarse con chances para ser el ungido. Ofrece gestión y más gestión, y desde un tiempo a esta parte lo viene demostrando primero cuando era sólo ministro del Interior, con éxitos como la confección de los DNI, la tramitación de pasaportes en tiempo récord, la Agencia de Seguridad Vial para mejorar el tránsito en las rutas y empinar las estadísticas hacia niveles menos dramáticos que en los últimos años. Y desde marzo pasado la toma a su cargo de todo lo que tiene que ver con el manejo del Transporte, que por decisión presidencial le escamoteó a Julio de Vido.
La mandataria, dicen los seguidores de Florencio, le reconoce el trabajo que ha realizado hasta ahora tanto en los esfuerzos por mejorar el servicio ferroviario, con el inicio de obras históricamente retrasadas como en los ramales Sarmiento y Mitre, además de pilotear personalmente la batalla por los subtes porteños contra Mauricio Macri.
Puede decirse desde el costado más marketinero que Florencio, peronista antes que ninguna otra cosa aunque entrega a diario su cuota de profesión de fe cristinista, no deja cabos sin atar ni puntada sin hilos. Le encanta fotografiarse en cada acto que participa, se preocupa con pasión de su imagen personal, y por ejemplo la página web del ministerio del Interior, que cualquiera puede consultar, está plagada de postales suyas en los más diversos actos. Casi parejo el despliegue en texto y fotos, según se puede observar.
El joven Abal Medina no le será un hueso fácil de roer a Randazzo, si esta competencia larvada y por ahora sin signos de animosidad entre uno y otro sigue su marcha. Es el custodio designado del mayor tesoro político de Cristina Fernández y de Néstor Kirchner hasta que lo sorprendió la muerte: el "relato" del oficialismo que se encarga día tras día y hora por hora de mostrar en la inmensa cadena de medios oficiales el país de maravillas que pinta la presidente en sus discursos. Y es furibundo enemigo y "abanderado" contra la odiada "corporación" de medios que no le responden, a los que ha emparentado en ocasiones con la derecha golpista. Nada que agrade más a los oídos de su jefa.
Es dueño, además, de una pauta multimillonaria para sostener medios amigos y garantizar la publicación de aquel discurso. Y un férreo defensor de las políticas que baja su jefa casi como doctrina, a punto tal de no temblarle el pulso para ir al Congreso y destratar con pasión a quienes osaron poner en dudas las cifras del INDEC, o su desprolijo manejo a cargo de Guillermo Moreno.
Tiene, por si fuese poco, un don del que carece Randazzo. La presidente le profesa un amor casi maternal, del mismo modo que lo cobijaba bajo ese manto de afecto el fallecido ex presidente, que lo llevó como su brazo derecho cuando le tocó presidir la Unasur.
Es el perfil de cada uno de ellos, la data que los perfila como eventuales aspirantes a la sucesión por si falla el intento de eternizar a Cristina en el poder, que bajan al llano desde sus respectivos campamentos.
Dicen, unos y otros, que habrá que tomarse mucho más en serio esta carrera --que tal vez ni siquiera tiene bandera de largada-- cuando se sepa si los dos tercios que se necesitan en el Congreso para impulsar la reforma con re-reelección, despega o naufraga con el conteo del último voto de las elecciones legislativas del año que viene.




