Debate sobre qué es el Kristinismo
Todo dispuesto para el regreso a escena de Cristina Fernández de Kirchner. Mientras tanto, algunos interrogantes que habrá que dilucidar durante 2012.
21 de enero de 2012 - 22:07
por RAÚL ACOSTA (*)
ROSARIO (La Capital). En Argentina el dilema dramático es un módulo cambiable. Ser o no ser argentino. Ser o no ser peronista. Cada vez más cerca una mirada de la otra. La misma respiración. No se sabe, ya, si es bueno o es malo. Pocos niegan la cercanía. También la indefinición. Qué es ser argentino. Qué es ser peronista.
Personajes con el cuero endurecido por lonjazos y sopapos de la historia se encuentran a pie y preguntándose: ser o no ser peronistas. Quienes no lo son (y no quieren ser) no saben expresarlo sin confusiones. El eje de la argentinidad pasa muy cerca. Se confunde.
El peronismo tiene una propuesta unidireccional. El líder manda. Con lo bueno y lo malo. Las órdenes de Perón se ejecutaban. Su relato fue un monólogo con oyentes. Siempre fue así. Debe indicarse otra vez: él fue su relato.
Cercanos los 40 años de su muerte (1° de julio de 1974) recién se animan a contradecir (su relato) Es un despropósito. Sucede. Sucederá. Sirve para un análisis de comportamiento: ¿en Argentina vale el relato o los actos?
No se puede atribuir solo bondades a Perón en una época y solo maldades en la otra (“el Perón después del último retornó se equivocó”) Perón “sugería” decisiones. Calle o váyase. Chau. Perón pactó siempre con los de fuera y humilló hasta el desconcierto a los suyos.
Desde el origen el peronismo es tajante, arbitrario. No hay dos “perones” según almanaque (y vereda desde donde se lo juzga) Perón fue único. Escribí tras su muerte: poliedro de infinitas caras, espejos que reflejan a cada “interpretador”.
Las fuerzas políticas tradicionales ejercieron la oposición de diferentes formas. Ya no hay oposición. Las diferentes generaciones de “peronistas” alimentaron la necesidad de superarlo. En todo caso de usarlo.
Se repite. Cada generación de dirigentes sumó deslumbramiento ante el poder del peronismo y la clara intención del uso de dicha fuerza. El resto es el sedimento histórico que produjo el movimiento. La sociedad móvil es una conquista peronista.
Es el peronismo el fenómeno social que incorporó generaciones y generaciones al nivel superior. Todos con un defecto original, un pecado: dependen de una memoria histórica alimentada, retroalimentada. Milagrosamente extendida. Sobreviviente. Deformada. Mágica. Vale una licencia: ”acomplejante”. El peronismo es un componente natural de nuestros días. De nuestro diván. La sociedad argentina no lucha por superarlo. Lo contrasta y lo dicho: lo usa. El peronismo es el estado distributivo. Paternal. Bienvenido sea.
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En este año, 2012, sin elecciones, el pensamiento político ha despertado por un reflejo: los grandes MdeC se han vuelto actores públicos declarados. Esto renovó el debate. Conviene consignarlo ya: ése es uno de los logros de Néstor Kirchner. Es definitivo. No se vuelve a los medios mirados (leídos) como inocentes portadores de noticias. En los medios y por todos los medios se discute peronismo. Se discute el país.
El más importante literato del sector, Feinmann, está dispuesto a demostrar que hay un Perón bueno, uno malo y que él conoce perfectamente de que se trata. Hay fragmentos de sus textos que tienen un vuelo, una fuerza, una polenta como pocas en la literatura. Es tre-men-do. Puede darnos / nos da / páginas memorables con hermosas invenciones sobre nuestros sentimientos. Si fuese político sería increíble, por mentiroso.
La Sarlo ya está dicho: es nuestra socióloga dominical. Sus crónicas sobre el boato y los oropeles, sus miradas sobre las formas convertidas en fondo la tornan imprescindible para salir de una sofocación. Leerla trae frescos alisios. La ramplonería de los exégetas se parece a la tóxica liturgia de los conjurados contra el peronismo. La Sarlo es otra cosa.
A Horacio González no se lo toma en serio en lo que es su ruego. Muchachos, esto es lo que hay y es en nuestro tiempo que apareció. El mensaje es ese. González hace esfuerzos por indicar que está en funciones “la cruz de San Andrés”. Pare. Mire. Escuche. Cuidado con los trenes. Se oye crujir su cabeza. No pasa más el tren. Es argentino, lo aflige el asunto.
¿Porqué tantos análisis, tantos analistas? Porque se puede. La sociedad vive por la lucha interna del peronismo. El que piensa debe hablar de peronismo. Es lo que hay.
Los tres mencionados (hay más) no logran afiliarnos. Los escritos no alumbran el camino de la certeza.
Ayudará a la decisión la militancia. Hum. En el 2011 no hay puestos políticos posibles sin la jura de fidelidad. La militancia ya no tiene mística, tiene numérico. No hace falta la documentación completa. Hace tiempo que el peronismo no exigía tanto amor explícito para los escritorios ejecutivos.
¿Cómo seguir? Tan mal no nos va. Hasta los más enconados sostienen que si sigue la caja el peronismo seguirá.
Hay un acuerdo (tácito) de la oposición por desensillar hasta que pase la tormenta. No se corresponde con la política activa. Excepto que en la oposición se sostenga al peronismo y sus artes (buenas y malas) como el modo. La desazón desacomoda la estantería. Volvamos. Ser o no ser argentino es ser o no ser peronista. Si. No. “Los gorilas” meten drama al drama.
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El peronismo es un juego de enamorados crueles. Viva el mutismo y el si juro de Galileo. La tierra no gira, la sangre no circula, la inflación no existe, el mundo nos ataca. Guerra a la sinarquía internacional. Viva el proyecto aunque yo perezca. No es una invención de los Kirchner y su séquito. Siempre fue así.
En cada mañana los dirigentes se paran frente al espejo y no se miran. Conveniencia. Vale la “question”. Ser o no ser peronista.
Este último triunfo “amplió la amplitud”. El peronismo es la máquina de poder (votos y actitud) que permitió la toma del palacio de invierno. Los grupos minoritarios se relamieron. Llegaron. Las minorías no se hacen responsables. Son invitadas.
Se viene el porvenir ¿Es el “kristinismo” una minoría dentro del peronismo? ¿Fue el 2011 un ensayo para la ingeniería de minorías parlamentarias? ¿El peronismo, tan vertical, se bancará el debate parlamentario para un primer ministro intercambiable? Democracia parlamentaria. Já.
El peronismo atrasa y adelanta. Alternativamente. Cada pleamar trae más poder. Queda un límite que no ha superado. El voto. A un primer ministro no lo vota el pueblo, lo votan los parlamentarios.
A Perón, a Perón, a Cámpora por orden de Perón, a Perón con Isabel Perón, a Menem, a Menem, es el voto popular el que los consagró. A Perón tres veces. No hay historia del peronismo (historia Argentina) sin elecciones. Para el peronismo el voto otorga mandato, da poder. Listo. Digresión: cuando dicen que Perón era un tonto en el 1973 ¿están diciendo que el 55% de los argentinos votó un tonto?, ¿que se votó a un viejo fané y descangallado? Es demasiada “la soberbia armada” ¿El pueblo se equivocó? ¿Ayer si hoy no?
Miremos el día. La luz del sol ilumina a Cristina y enceguecen los porcentajes. Alguien manda. Persona tras persona, organismo tras organismo para llegar a Cristina Elizabet Fernández de Kirchner. Allí deberemos referenciar el dramático dilema. Ser o no ser.
Si leemos a los analistas oficiales, a Perón lo espera un invierno en el olvido y sin manta. Dicen que al país no. Bueno. Ojalá. El dilema no está resuelto
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(*) Testigo.




