Cuotas raciales sí pero el árbol no debe ocultar el bosque
Por 10 votos contra 0, una votación unánime, el Supremo Tribunal Federal brasilero falló a favor del sistema de cuotas raciales que reserva a estudiantes negros parte de los lugares de las universidades públicas brasileñas. A diferencia de lo ocurrido en recientes votaciones en temas tales como la interrupción de embarazo de un feto acéfalo y la unión de personas del mismo sexo, la Corte insistió en una interpretación específica de la Constitución de 1988, buscando una "justicia sustantiva" y no solo "formal". Sin embargo, hay dudas sobre el concepto.
27 de abril de 2012 - 19:10
El juez del Supremo Tribunal Federal brasilero, Ricardo Lewandowski, explicó el texto constitucional: "Todos son iguales ante la ley, sin distinción de ningún tipo. Con esa expresión, el legislador constitucional acogió la idea de que el Estado no debe hacer distinción entre los que están bajo su abrigo. No sólo se abstuvo, simplemente, de proclamar el principio de igualdad en el plano formal, sino que trató de prestar la máxima concreción a ese importante postulado con el fin de garantizar la igualdad material o sustancial a todos los brasileños y a los extranjeros que viven en el país".
Todo bien pero sorprende el enfoque poco profundo de la Corte Suprema de Justicia brasilera.
Para que la "igualdad material" se lleve a cabo, argumentó Lewandowski, el Estado puede adoptar las llamadas "acciones afirmativas". Un ejemplo de ellas es la cuota racial. Él señaló los efectos adversos de la protección del mercado adoptada por las universidades públicas: "Cualquier criterio adoptado pondrá a algunos candidatos en desventaja ante los demás, pero una política de admisión puede, no obstante, justificarse, en el caso de que parezca razonable esperar que la ganancia general de la comunidad supere la pérdida total". Segun él, las cuotas deben adoptar criterios "razonables" y sobrevivir por "tiempo limitado".
Acompañaron el voto del ministro ponente, sus colegas del Supremo Tribunal,
> Luiz Fux ("Una cosa es vedar la discriminación y otra es implementar políticas destinadas a reducir la discriminación racial"),
> Rosa Weber ("Sin condiciones materiales mínimas, no hay ninguna posibilidad de igualdad (...) En esos casos, es necesaria la intervención del Estado"),
> Carmen Lúcia ("La Constitución parte de la necesidad de lograr la igualdad"),
> Cezar Peluso ("No puedo sino estar de acuerdo con el ponente en que la idea es adecuada, necesaria, tiene el peso suficiente para justificar las restricciones que trae ciertos derechos de otros grupos étnicos"),
> Marco Aurelio Mello ("No se puede hablar Constitución Nacional, sin tener en cuenta sobre todo lo demás la igualdad") y
Celso de Mello ("Las cuotas son instrumentos de compensación").
Joaquim Barbosa, el único juez del Supremo de raza negra y partidario inequívoco de las cuotas, hizo una breve presentación. Él llamó más la atención un día antes de conocerse el fallo, cuando abandonó el plenario durante la argumentación de la abogada del partido opositor DEM, Roberta Fragoso Kauffman, y al volver disparó contra los opositores, al decirle a Lewandowski, durante un receso: "Basta con mirar el carácter marginal de los que se oponen enérgicamente a estas políticas (cuotas)".
Los ministros dijeron que las cuotas raciales no hieren la Constitución. Es un argumento legal con fundamento sólido. En contra de las cuotas, así planteado, no hay nada que discutir.
Menos cierto es que las cuotas raciales sean la herramienta más adecuada para alcanzar los objetivos igualitarios perseguidos por esa medida. Abundan las dudas al respecto, aunque haciendo populismo, los del Supremo Tribunal prefieran obviarlo.
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Incluso votando con la mayoría, el ministro Gilmar Mendes hizo excepciones en cuanto a las cuotas. Y es muy interesante su enfoque.
Si el objetivo es la igualdad, dijo él, sería mejor observar la condición financiera de los candidatos. "Sería más razonable adoptar un criterio objetivo de referencia de naturaleza socio-económica", dijo.
Él también criticó duramente otras imperfecciones del modelo vigente, como la elección de un "tribunal racional" encargado de definir en las universidades quiénes pueden ser beneficiados por la reserva de vacantes. "Todos podemos imaginar las distorsiones eventualmente involuntarias y eventuales de carácter voluntario a partir de ese tribunal que opera con casi ninguna transparencia. Se le concedió a un grupo de iluminados ese poder que nadie puede objetar, de decir quién es blanco y quien es negro en una sociedad que es mixta".
También es dudosa la idea de que la función de las universidades sea remediar las desigualdades sociales.
Las mejores instituciones académicas del mundo son centros de excelencia que eligen a sus estudiantes para producir conocimiento – y no para llevar a cabo la justicia social o racial-. Pretender que un candidato sea desplazado por otro menos calificado tiende a empobrecer la universidad, y que se le haga más difícil llevar a cabo su función.
En ese sentido, un debate que resaltara la importancia de la diversidad en un ambiente académico debería ser conveniente. Semejante valor sólo apareció como un complemento en la discusión del Supremo Tribunal brasilero.
"La Constitución Nacional establece", dijo Lewandowski, "que el acceso a la educación será impartido sobre la base de los siguientes principios: igualdad de condiciones para el acceso y permanencia en la escuela, pluralismo de ideas y gestión democrática de la educación pública".
También es irresistible preguntarse por qué los defensores de las reservas raciales no invierten el mismo esfuerzo en el rescate de la escuela primaria pública que avanza de una situación mediocre a otra de sufrimiento (salvo raras excepciones). Si se vuelve a mirar desde la cima hacia la base de la pirámide social, el sistema de cuotas podrían ayudar a millones, en lugar de sólo a miles (blancos y negros).
Según los datos de Educafro, organizacion no gubernamental defensora del régimen racial, en 10 años de cuotas raciales, se ubicaron 110.000 estudiantes en las universidades públicas brasileñas. Mientras tanto, 26 millones de niños y adolescentes de escuelas públicas de la escuela primaria no aprenden lo que deberían y necesitan para su existencia mínima imprescindible. Ellos también esperan una "acción afirmativa" que las conduzca, por lo menos, hasta la escuela secundaria. Muy pocos llegan a las puertas de la educación superior para recibir el empujón final hacia una universidad 'de punta'.
Pero es evidente que los universitarios son votantes y los niños de la primaria no. Los universitarios tienen más marketing que quienes cursan la enseñanza básica.
Elevar, efectivamente, la escuela primaria pública, permitiendo que los niños de las escuelas públicas reciban una calidad equivalente a los de las escuelas privadas, daría más oportunidades para la transformación nacional, con la que sueñan los ministros del Supremo Tribunal.
En su voto en favor de las cuotas, Lewandowsi se basó en el argumento de que "lo que no está permitido es la desigualdad en el punto de partida". Es difícil imaginar un punto más adecuado para el comienzo igualitario para los brasileños que la escuela primaria.




