YPF, tema de fin de semana
Hay mucho ruido alrededor de la desmentida nacionalización de YPF. Pero de lo que se puede estar seguro es que los voceros del Frente para la Victoria están operando ese tema para ocupar la prensa del fin de semana, generando una gran presión sobre los accionistas.
10 de febrero de 2012 - 12:02
CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). Idas y vueltas, afirmaciones y desmentidas y dobles discursos mediante, las contradicciones que circundan el tema de una supuesta nacionalización de YPF por el gobierno argentino responden tanto al pecado original como a las necesidades de la coyuntura actual. En primer lugar, cabe recordar que más allá de declaraciones grandilocuentes, el pragmatismo en torno a este tema se confunde con la arbitrariedad más cruda.
Los memoriosos recordarán que la empresa fue privatizada en 1992 durante el gobierno peronista de Carlos Saúl Menem quien, en su momento, contó con el interesado apoyo del entonces gobernador de Santa Cruz, Néstor Kirchner y su esposa, la actual presidente, Cristina Kirchner. En aquel momento, poco parecían privilegiarse las cuestiones nacionales y populares, la argentinidad y la distribución del ingreso. YPF era “la única petrolera del mundo en perder plata” (latiguillo muy utilizado en su época) y el foco no se ponía en su administración o plan de negocios, sino que era considerado un mal endémico en si mismo.
La historia dice que el principal activo estratégico y económico viable del Estado argentino entre 1922 y 1992 fue previamente desguasado, hipotecado, fraudulentamente preparado para esa operación. Comenzó con el modelo de la dictadura militar basado en la desindustrialización, el estancamiento científico-técnico, la desregulación de los mercados, el ajuste estructural y el endeudamiento externo lo que dejaron las bases y cimientos para su completa enajenación posterior, la cual se ejecutó durante los 2 gobiernos de Carlos Menem: la primera etapa culminó en 1993 y la segunda en 1999.
El proceso en realidad fue iniciado por José Alfredo Martínez de Hoz con su política de endeudamiento compulsivo a que obligó a empresas del estado que no necesitaban créditos, hecho que luego explicó por la necesidad mundial de absorber el exceso liquidez del capital financiero, al que Argentina se prestó a socorrer generosamente, y quedó con una deuda externa eternamente impagable.
Con la empresa endeudada fraudulentamente, voceros del capital financiero, como Domingo Cavallo y Álvaro Alsogaray, decían por la prensa que era la única empresa petrolera del mundo que daba pérdidas, efecto que ellos habían logrado y que exponían como necesidad de privatizarla.
Había entonces que vender, hacer caja. Se privilegió entonces la conveniencia financiera por sobre todo otro criterio.
Tras muchas idas y vueltas, especialmente en Diputados, la presión de Néstor Kirchner como presidente del Ofephi -el grupo de la provincias petroleras- colaborativa de las intenciones de Menem rindió sus frutos y la venta finalmente se realizó.
Cristina Kirchner también hizo lo suyo para cerrar la venta. Desde la misma Santa Cruz se enojó con los legisladores que pretendían con la negativa a prestar quórum frenar su tratamiento y les recordó que de esa manera retrasaban las "soluciones" que la provincia necesitaba, vale decir, los US$ 480 millones de dólares que Menem le había prometido a la provincia en concepto de regalías supuestamente mal liquidadas y la parte de acciones de la YPF privatizada que recibiría el gobierno provincial. Todo por la caja.
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Fue casualmente el entonces diputado nacional, Oscar Parrilli, -hoy Secretario General de la Presidencia- quien se enorgulleció de la privatización de una empresa que hoy el vicepresidente Amado Boudou quiere investir de "sentido nacional" con estas palabras: "No pedimos perdón por lo que estamos haciendo, esta ley servirá para darle oxígeno al gobierno (de Menem)".
La plata llegó un año más tarde. Esa es la plata que Néstor Kirchner giró al exterior y por la que pocas cuentas rindió. Actitudes similares en cualquier otra persona u organización son inadmisibles para los actuales funcionarios kirchneristas, la presidente a la cabeza, seguida de su secretario general.
Ahora, contemporáneamente con la vuelta al tapete político de la cuestión Malvinas -donde las perspectivas de encontrar reservas de petróleo, si bien modestas, están en franco aumento, vuelve a centrarse la atención nacional en YPF casualmente tras el reclamo realizado por la presidente Fernández al principal accionista -la española Repsol- para que invirtiera sus ganancias en el país y no las girara al exterior. Se sabe, son épocas de “kontradicciones y kajas”.
Y desde que la presidente realizó su reclamo el pasado 25/01, comenzaron las idas y vueltas comentadas, una gran ofensiva oficial, auspiciada obviamente por la maquinaria de prensa paraoficial para instaurar el tema en la agenda.
En ese sentido, el vicepresidente Amado Boudou opinó que "el problema no es si es privada o no privada, sino si tiene sentido nacional, si su sistema de funcionamiento está pensado en la producción petrolífera o con lógica financiera de corto plazo".
Sin duda, más allá de las contradicciones y kontradicciones (las hubo en épocas de Menem, las hay en la era kirchneristas), nuevamente nos enfrentamos a un escenario donde el “relato” importa más que la “realidad” (¡si lo escuchase Perón!). Y la realidad en este caso dice que la lógica indica que no se pueden pedir inversiones serias a largo plazo -propias de la industria petrolera- al tiempo que se cambian las reglas de juego alegremente por problemas de caja o de escasez de divisas y esperar que el "sentido nacional" solucione los problemas de largo plazo.
Sin duda el gobierno argentino tiene razón en criticar la conducta “extractivista” de Repsol, que no invierte en buscar yacimientos nuevos sino que piensa en sacar lo que hay y embolsar lo que pueda, en una actitud depredadora reconocida pero admitida de hecho. Pero la culpa no es del chancho, sino de quien le da de comer.
Porque en términos reales, estatizar nuevamente la empresa estaría fuera de todo presupuesto en épocas de “sintonía fina”. Bastante déficit en Aerolíneas Argentinas como para embarcarse en una adquisición de semejante envergadura en tiempos de ajuste y austeridad.
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Pero ya en 1999, YPF era una compañía modelo, con ventas por valor cercanos a los US$ 5.500 millones al año, y una ganancia neta de US$ 580 millones. Tenía entonces yacimientos en Bolivia, Perú, Ecuador, USA, Indonesia y Rusia. Exportaba el 30% de su producción. Sus costes de extracción y refinación de crudo eran inferiores a los de las principales petroleras del mundo. ¿Por qué venderla? La respuesta de Menem tenía 3 razones: daba pérdidas, la corrupción está institucionalizada y el Estado no está en condiciones de realizar inversiones de capital de riesgo en exploración de hidrocarburos. ¿Tanto han cambiado las cosas en la Argentina como para recuperarla ahora?
Siempre existe la posibilidad de instaurar nuevas condiciones, nuevos controles sobre la empresa y su actividad, pero es justamente esta continuada falta de reglas de juego claras la que fomenta la falta de inversión y la remesa de utilidades a España (que dicho sea de paso, no es la misma España que hace una década).
Por lo tanto, la realidad indica que, muy en línea con el derrotero kirchnerista, se opte por tensar la cuerda antes de resolver cualquier cosa. En esa clave hay que entender la negativa de la presidente a reunirse con el CEO de la compañía, el español Antonio Bruffau, quien se fue de Buenos Aires sin la seguridad de haber destrabado nada.
Porque a pesar de las dificultades técnicas y el enfoque netamente político de la situación, los rumores continúan. Y el descenso en la cotización de las acciones de la compañía favorecen su multiplicación. Como la compañía no cumplió con los procesos de reinversión previstos y abusó de su condición en el mercado, el hipotético precio que pagaría la Argentina descontaría aquellos rubros para llevar el precio a menos del 50% de su valor actual… y en cuotas, aducen.
Sin embargo, Repsol desmiente tales afirmaciones.
Las inversiones de YPF en 2011 superaron los 13.300 millones de pesos, lo que representa un incremento mayor al 50% en relación a las ejecutadas en 2010, según informó este miércoles (8/02) la compañía a la Bolsa de Comercio.
"La intensidad y el éxito exploratorio permitieron aumentar el índice de reposición de reservas de crudo por encima del 160%",sostuvo la empresa, que destacó la puesta en marcha de "proyectos plurianuales de refinación y química, cuya inversión total supera los 8.000 millones de pesos".
El informe a la Bolsa se da en medio de los reclamos del Gobierno a la petrolera por lo que considera inversiones insuficientes para acrecentar la producción de hidrocarburos en el país.
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"Más de 8.900 millones de pesos, detallo YPF, se dedicaron a exploración y producción de hidrocarburos (upstream), una suma superior a 4.200 millones fueron al área de refinación, logística, química, y comercialización de productos petrolíferos (downstream) y 200 millones de pesos a otras inversiones".
La compañía asegura que el año pasado incorporó a su libro de reservas 137 millones de barriles de petróleo, "lo que supone que, por segundo año consecutivo, el índice de reposición de reservas de petróleo superó el 100%".
Entre los logros del sector exploración y producción registrados en 2011, YPF destacó el descubrimiento de petróleo y gas no convencional (shale oil y shale gas) correspondiente al yacimiento gigante de Vaca Muerta, que permitió en noviembre realizar una importante incorporación de recursos y la producción de más de 700.000 barriles equivalentes de petróleo no convencional provenientes de la formación Vaca Muerta. También destacó el descubrimiento de petróleo convencional en el bloque Chachahuén, ubicado en Mendoza, que incorporó 40 millones de barriles de recursos.
Asimismo, sostuvo que se perforaron 659 pozos de desarrollo, que junto con las actividades de recuperación secundaria, reparación e infraestructuras, supusieron una inversión total de unos 7.000 millones de pesos; que en mayo se finalizó la construcción y puesta en operación de la terminal Gas Natural Licuado Escobar (provincia de Buenos Aires) conjuntamente desarrollada con ENARSA y operada por YPF, que regasifica el GNL a través de un barco con capacidad de 17 millones de metros cúbicos día y almacenaje de 151.000 metros cúbicos.
Por otra parte, YPF destacó los "proyectos plurianuales para incrementar la capacidad de producción de naftas y gasoil, mejorar la calidad de los combustibles, aumentar la logística de almacenamiento y los rendimientos de los crudos procesados en gasoil y naftas".
"Este conjunto de proyectos alcanzará la cifra récord de inversiones plurianuales en downstream de 8.600 millones de pesos, aproximadamente US$ 2.000 millones", indicó.
El informe de YPF a la Bolsa detalló que las 3 refinerías operadas por la compañía "han operado a máxima ocupación en 2011" y que en ese año realizó el 60% de las importaciones de gasoil y naftas del país para el suministro del mercado automotor, importando 1,3 millones de metros cúbicos entre gasoil y naftas.
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Los porcentajes de participación de YPF en el mercado nacional en 2011 han sido de 54% para naftas y de 59 por ciento para el gas oíl, y el nivel de impuestos y tasas pagadas en 2011 por la petrolera alcanzó la cifra de 28.000 millones de pesos
Pero lo cierto es que el CEO (Chief Executivo Officer) de Repsol, Antonio Brufau se fue del país sin ser recibido, como aspiraba y había pedido, por la Presidenta. Vino para reunirse con Cristina Fernández o eventualmente con el ministro de Planificación, Julio De Vido y el objeto principal sería para frenar el avance del Gobierno sobre YPF.
Brufau esperó la llamada del Gobierno. El ejecutivo ya solicitó sendas entrevistas con la Presidenta y el ministro de Planificación, Julio De Vido. Finalmente fue recibido por De Vido y el Ministro de Economía Hernán Lorenzino.
Durante su estadía en el país, Brufau está -además- trabajando con el equipo de YPF, encabezado por Sebastián Eskenazi para delimitar un plan de acción durante los próximos años con la intención de presentárselo a la Presidenta. Se lo terminó presentando a los 2 ministros y sus declaraciones mostraron la existencia de un distanciamiento: “fue constructivo y positivo y acordaron seguir trabajando juntos en el futuro”, fue todo lo que dijo, o sea, una fórmula de compromiso. En tanto que los Ministros no se expresaron a la salida del CEO.
Repsol posee el 58% de las acciones de YPF, y los Eskenazi otro 25%. El Gobierno quiere que la empresa disminuya drásticamente el giro de dividendos a Repsol y a la familia Eskenazi, familia con la que el gobierno tenía afinidad y parece haber perdido.
Mientras las acciones de Repsol en Madrid siguen cayendo: la compañía ya perdió un 15% de su valor desde que arrancó el 2012.
Y en ese contexto aparece el Barclays. De buena relación con el Gobierno nacional a través del vicepresidente Boudou, el banco británico Barclays Capital señaló esta semana que Argentina cuenta con las suficientes reservas en el Banco Central para hacer una oferta a Repsol para comprar YPF y podría poner mayor presión sobre la industria para impulsar la producción.
En medio de la escalada de tensión por las Islas Malvinas con Gran Bretaña, el banco inglés difundió dicho análisis de inversión. En este marco el analista Sebastián Vargas agregó que “el conflicto con Repsol es sólo la punta del iceberg de un problema energético mucho más complejo”.
Es que atravesado por una grave crisis energética en octubre pasado, el Gobierno ordenó a las compañías petroleras y mineras que repatriarán ingresos provenientes de exportaciones y en noviembre votó contra el reparto de dividendos en la división argentina de YPF, mientras buscaba contener la fuga de capitales.
En este contexto, es claro que si Brufau se fue sin ser recibido por la Presidente es porque el gobierno está considerando seriamente la estatización o bien ya la decidió y está especulando con la caída de las acciones para mejorar su adquisición.
Eso o más circo. Porque pasado el cáncer y próximos a agotar el tema Malvinas/Falkland, el “relato” necesita un nuevo capítulo popular y nacional. Y si de paso se pueden hacer con una nueva caja, pues los funcionarios del FPV tan contentos.




