SEXUS

EMILY NAGOSKI

El cerebro tiene un freno y un acelerador sexual: Todos somos normales

Una educadora sexual preguntó, al finalizar el cuatrimestre de la materia 'Sexualidad femenina', qué era lo que sus alumnas habían aprendido y la respuesta la tomó por sorpresa: en casi el 50% por ciento de los casos, las mujeres respondieron: que soy normal. Que no hay nada anormal en mi sexualidad. Esto la emocionó hasta las lágrimas. Por eso ahora quiere llevar su mensaje al resto de la tierra: nuestro cerebro tiene un acelerador y un freno sexual, que perciben las cosas que nos excitan, en el primer caso, y las que nos resultan amenazantes, en el segundo. Según el estado en el que estemos (relajados o estresados) los mismos estímulos pueden ser placenteros o amenazantes. Muchas veces, es el freno inhibidor, que puede ser encendido por múltiples razones que tienen que ver con la historia personal, el que nos impide tener una vida sexual plena. Pero esto se puede trabajar. También en el sexo: saber es poder.

Emily Nagoski es educadora sexual, autora del libro bestseller Vení como sos: La sorprendente nueva ciencia que transformará tu vida sexual. Dio una charla TED en la Universidad de Nevada donde reveló lo que aprendió a través de años de estudio, docencia e investigación sobre sexo.

En un primer nivel, lo que ella presenta como su mayor hallazgo puede parecer simple, sencillo y hasta obvio: las claves a una vida sexual plena son la confianza y la alegría. Pero si prestamos atención a sus palabras, lo que ella nos trae es mucho más profundo de lo que parece.

"Sólo porque mi sexualidad no sea igual que la de otras mujeres, eso no me hace anormal"

En este video, Nagoski cuenta que en 2010 le tocó dar una clase llamada 'Sexualidad femenina' en el Smith College. Si bien se trataba de un curso introductorio, explica, ella logró colar en los contenidos mucha información científica, psicofisiológica, neurocientífica y sociológica. Al finalizar la cursada, pidió a sus alumnas que escribieran una cosa importante que habían aprendido. "Soy normal", fue por lejos la respuesta más común. "Sólo porque mi sexualidad no sea igual que la de otras mujeres, eso no me hace anormal", interpretó una de sus alumnas. "Aprendí que todo es normal, lo que me permitirá atravesar el resto de mi vida con confianza y alegría", escribió otra. De las 187 alumnas que participaban de la clase, alrededor de la mitad de ellas escribió algo en esa línea.

"Me senté en mi oficina y leí esas respuestas con lágrimas en los ojos. "Había algo esencial para mis estudiantes en sentirse normales."

"Quiero darle a todas las personas en el mundo una experiencia como las que tuvieron mis alumnas, de destrabar la puerta hacia un bienestar sexual auténtico", explica Nagoski. "Porque resulta ser que todos somos, de hecho, normales. La ciencia lo dice."

Entendiendo el mecanismo cerebral que regula la excitación

Y aquí está la explicación: "El mecanismo de tu cerebro que controla la respuesta sexual se llama Modelo de Control Dual, porque tiene 2 partes. Una de las partes es como un acelerador o pedal sexual, mientras que la otra funciona como un inhibidor o freno.  El acelerador sexual percibe toda la información en el ambiente que pueda ser relevante a nivel sexual. Todo lo que ves, escuchás, olés, tocás, saboreás o imaginás, que tu cerebro decodifica como relevante sexualmente. Y envía una señal que dice 'encendéte'. Está permanentemente en funcionamiento a un nivel bajo. En paralelo y al mismo tiempo, tu freno se ocupa de detectar todas las razones por las que no excitarse. Esto es todo lo que ves, escuchás, olés, tocás, saboreás o imaginás, que tu cerebro detecta como una amenaza. El proceso de excitarse es un proceso dual, debe encenderse el acelerador, y apagar el freno."

Demasiada estimulación al freno

Nagoski explica que cuando la gente no se siente plena sexualmente, a veces es porque no hay suficiente estimulación al acelerador. Sin embargo, mucho más a menudo, es porque hay demasiada estimulación al freno. La lista de cosas que pueden estimular al freno son de las más variadas y, por supuesto, personales. Es decir, tienen que ver con la historia propia de cada uno. A veces, está el miedo a un embarazo no deseado, a que tus hijos entren durante el acto, el miedo a que a tu compañero/a no le guste tu cuerpo, o que a vos mismo no te guste tu cuerpo. Quizás, como todo el resto de nosotros, pasaste tu vida inmerso en una cultura que te dice que el sexo es peligroso, asqueroso y sucio.  Todos estos factores desatan el freno.

Los mismo estímulos pueden ser placenteros o amenazantes según el contexto

Ahora es importante entender algo más: "Cuando estás en un estado mental relajado y pacífico, tu cerebro interpretará casi cualquier señal como algo a lo que aproximarse con curiosidad. Incluso estímulos que en otro estado, podrían ser interpretados como una amenaza potencial de la que hay que huir." La otra cara de esto: "Cuando estás en un estado mental estresado y amenazante, tu cerebro interpretará casi cualquier sensación como algo que debe ser evitado, como una amenaza potencial. Incluso la estimulación que en otro contexto, podría haber sido interpretada como algo a lo que aproximarse con curiosidad." Es decir, cómo interpretamos una señal depende del contexto, de cómo nos sentimos en el momento de percibirla.

Un buen ejemplo: las cosquillas

Un buen ejemplo de esto son las cosquillas: si te encontrás en un estado mental coqueto, sexy, divertido, que tu pareja te haga cosquillas puede agradarte, resultar juguetón y llevar al sexo. En cambio, si tu pareja te intentara hacer cosquillas cuando estás enojado con ella, ¿cómo se sentiría?

Es la misma sensación en distinto contexto, por lo que tu cerebro lo interpreta diferente. "Es por eso que cuando digo enciendan el acelerador y apaguen el freno, ni de cerca es tan simple como decir 'tocame acá, no me toqués allá'. Lo que significa es que hay crear un contexto que permita a tu cerebro interpretar el mundo como un lugar placentero, seguro y sexy." Para lograr generar este contexto, la mayoría de la gente necesita que haya un bajo nivel de estrés, un gran afecto y una gran confianza.

Confianza y alegría, las claves

Las 2 claves para una vida sexual plena, explica Nagoski, son:

1) La confianza. Viene de saber lo que es verdad sobre tu cuerpo, tu sexualidad, tu experiencia interna. Saber que tenés un freno así como un acelerador. Saber que son sensibles al contexto. Saber que esto es verdad a pesar de que no fuiste educado para esperar que fuese así. Aún cuando fuiste educado para creer que no debería ser así.

2) La alegría. La alegría es amar lo que es verdad. Amar tu freno tanto como tu acelerador. Amar que sean sensibles al contexto. Amar lo que es verdad aún cuando no fuiste educado para esperar que fuese así. Aún cuando fuiste educado para creer que no debería ser así.

Manos a la obra

1) Nagoski recomienda sentarse a pensar (incluso es posible hacer listas) de cuáles son las cosas que impactan en nuestro acelerador y cuáles son las cosas que impactan en nuestro freno. Luego, pensar en estrategias que pueden minimizar los factores que están impactando sobre el freno.

2) Una buena manera de ganar confianza es mirarse al espejo lo más desundo que uno pueda y anotar todas las cosas de tu cuerpo que te gusten, así sean las pestañas o los dedos gordos del pie. Hacerlo todos los días. Cuanto más lo hagas, más caerás en la cuenta de que tu cuerpo es, de hecho, no solo normal, sino un milagro. Y más inmune te volverás a toda la basura cultural, los estándares de belleza que te hacen sentir que no sos suficiente, y que disparan tu freno.

3) Si no podés encontrar algo lindo en tu cuerpo, Nagoski propone visualizar durante unos minutos cada día una puerta, que representa lo que te separa de tu bienestar sexual auténtico, lo que dispara tu freno, que te hace sentir amenazado/a. Una vez que la visualices, proyectá hacia ella amabilidad y compasión, porque tus frenos también son parte tuya y no están ahí porque sí. No odies a la puerta. Algunas puertas están listas para ser abiertas, explica Nagoski, otras demoran un poco más. Pero el primer paso es aceptarlas con amabilidad y compasión. Todas pueden ser abiertas con trabajo personal.