DESTIERRO Y PIEDRA ROSETTA

15/07, Napoleón: casi una maldición egipcia en la isla de Elba

Napoleón Bonaparte fue encarcelado y desterrado por los británicos a la isla de Santa Elena el 15/07/1815. Napoleón Bonaparte tuvo éxitos en muchas campañas militares pero fracasó en numerosas ocasiones. Por ejemplo, en la campaña de Egipto y Siria, a pesar de que se descubrió la piedra de Rosetta. Es curioso pero el 15/07 vincula a ambos acontecimientos, tal como si el final de Bonaparte fuese una maldición egipcia.

Napoleón Bonaparte fue encarcelado y desterrado por los británicos a la isla de Santa Elena el 15/07/1815. Él había sido derrotado en la batalla de Waterloo, en Bélgica, el 18/06/1815.

Acompañado por un pequeño grupo de seguidores, dictó sus memorias y criticó a sus enemigos.

El Northumberland, un navío de guerra de la Royal Navy al mando del almirante Sir George Cockburn, transportó a Napoleón a la isla volcánica de Santa Elena, que pertenecía a la Compañía de las Indias Orientales, donde fue confinado en un peñasco azotado por vientos impetuosos y expuesto a lluvias copiosas o a un sol que caía a plomo.

"Se apoderaron de mí por la fuerza, por la fuerza me transportaron aquí... ¿Y quieren pagarme 14.000-15.000 libras anuales por vivir en un lugar como éste? ¿Creen que soy lo suficientemente estúpido? ¿Qué me importa esta maldita isla? ¡Que la manden al diablo!", se quejó Napoleón.

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La declaración, extraída de los diarios del doctor irlandés Barry Edward O'Meara, refleja el punto de vista de su paciente con respecto a la Isla de Santa Elena, donde el francés pasó los 6 últimos años de su vida.

Santa Elena se encuentra a unos 1.950 kilómetros de la desembocadura del río Kunene (frontera entre Namibia y Angola) y, en el extremo opuesto, a casi 4.000 kilómetros de la brasileña Río de Janeiro. Por ello, es uno de los territorios más aislados del planeta.

El 17/10/1815 desembarcó en la isla y durante las primeras semanas se alojó en una pequeña habitación, situada bajo un granero, en una casa de campo llamada Briars, al cuidado de la acogedora familia de William Balcombe, un comerciante local, con cuya hija entabló una amistad. Betsy, de 13 años de edad, era el único miembro de la familia que sabía hablar francés.

La salud de Napoleón empeoró con su traslado a Longwood House, una vivienda expuesta a un clima insalubre, que se convirtió en su último asilo en la isla. La muerte se debió, según la autopsia, a un cáncer de estómago, aunque existe la creencia de que pudo ser víctima de un envenenamiento con arsénico.
Las últimas investigaciones corroboran el diagnóstico original, ya que su padre y una de sus hermanas también fallecieron por el mismo motivo. Napoleón fue enterrado en Santa Elena hasta que sus restos fueron repatriados en 1840 al Palacio de los Inválidos en París.

Rosetta

Pero es interesante volver a años antes, cuando Napoleón estaba en sus días de gloria.

Durante la campaña a Egipto, en 1798, el ejército expedicionario iba acompañado por la Commission des Sciences et des Arts, un cuerpo compuesto por 167 expertos técnicos.

El 15/07/1799, mientras los soldados franceses bajo mando del coronel d'Hautpoul trabajaban en el refuerzo de las defensas del fuerte Julien, situado a unos 3 km al noreste de la ciudad portuaria egipcia de Rashid (Rosetta), el teniente Pierre-François Bouchard avistó en un lugar donde los soldados habían excavado una placa con inscripciones en una de sus caras.

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La piedra fue descubierta en la costa norte, luego de desenterrar una antigua fortaleza egipcia, un bloque de piedra de unos 760 kilos con tres escrituras diferentes, 14 líneas por jeroglíficos egipcios, 32 líneas en demótico y 54 líneas en griego.

Ellos informaron al general Jacques-François Menou, que se encontraba en Rosetta. El hallazgo fue anunciado a la recién creada asociación científica de Napoleón en El Cairo, el Institut d'Égypte, a través de un informe redactado por el miembro de la comisión Michel Ange Lancret, quien apuntaba que contenía 3 inscripciones en diferentes lenguas, y sugería acertadamente que todas las inscripciones podían ser versiones de un mismo texto.

Bouchard transportó la piedra a El Cairo para que fuera examinada por expertos. El propio Napoleón inspeccionó la que ya había empezado a llamarse La Pierre de Rosette (la Piedra de Rosetta) poco antes de su regreso a Francia en agosto de 1799.9

El descubrimiento fue anunciado en septiembre en el Courrier de l'Égypte, el periódico oficial de la expedición francesa, donde un reportero anónimo expresaba la esperanza de que la piedra fuera algún día la clave para descifrar los jeroglíficos egipcios.

En 1800, 3 de los expertos técnicos de la comisión idearon algunas formas de hacer copias de los textos de la piedra y uno de ellos, el impresor y lingüista Jean-Joseph Marcel, es reconocido como el primero en percatarse que el texto central, que se pensaba siríaco, estaba de hecho escrito en demótico egipcio, raramente usado para inscripciones y por tanto muy poco visto por los eruditos de la época.

Fue el artista e inventor Nicolas-Jacques Conté quien encontró la manera de usar la piedra como un bloque de impresión,​ y Antoine Galland empleó un sistema ligeramente distinto para reproducir las inscripciones. Las impresiones resultantes fueron llevadas a París por el general Charles Dugua, por lo que los estudiosos europeos podrían ya ver las inscripciones e intentar leerlas.

Tras la marcha de Napoleón, las tropas francesas rechazaron los ataques británicos y otomanos durante 18 meses, hasta que en marzo de 1801 los ingleses desembarcaron en la bahía de Abukir. El general Jacques-François Menou, uno de los primeros en ver la Piedra de Rosetta, era entonces comandante de la expedición francesa.

Derrotado en la batalla, Menou y los restos de su ejército, portando la piedra, se retiraron a Alejandría, donde fueron rodeados, sitiados y obligados a rendirse.

En aquel 1801 los británicos derrotaron a los franceses y se llevarón la piedra, que el Gobierno francés sigue reclamando sin éxito: la piedra es el objeto más visitas en el Museo Británico de Londres.

En 1822 el francés Jean-François Champollion logró descifrar los jeroglíficos egipcios, idioma "muerto" por más de 1.500 años. Y se confirmó que las 3 escrituras decían exactamente lo mismo: un decreto sacerdotal en honor del faraón Ptolomeo V, del año 196 a.C..

Antes pasaron miles de investigadores, curiosos, estudiosos, y el inglés Thomas Young, quien había dicho que las líneas escondían nombres.

Champollion concentró su estudio en eso, era cierto: menciones de Ptolomeo, Cleopatra y Ramses, abriendo un camino de investigación mucho más amplio y permitiendo conocer así la historia de Egipto, algo que hasta entonces poco se sabía con exactidud.