DEL CEPO CAMBIARIO AL BRETE DE LOS PRECIOS RELATIVOS

Buryaile y Cabrera, 2 ministros de Macri a los que no se les enciende la lamparita

El conflicto con el aceite del jueves 21/07 y con la leche del viernes 22/07 hizo saltar los fusibles de la canasta familiar y se convierte en una dramática expresión visible de lo que claramente visualizó el director del Departamento del Hemisferio Occidental del FMI, Alejandro Werner: "El ajuste de los precios relativos en el 1er. semestre de 2016 -tras la depreciación del tipo de cambio y el alza de las tarifas de los servicios públicos- ha acelerado la inflación y perjudicado el consumo privado". Es precisamente el brete del que el gobierno de Mauricio Macri no sabe cómo salir. Antes que estallaran ambas crisis y le “cascotearan el rancho” al director del INdEC, Jorge Todesca, los ministros de Economía, Alfonso Prat Gay; de la Producción, Francisco Cabrera, y de Agroindustrias, Ricardo Buryaile, se reunieron para ver qué hacían y los acontecimientos los pasaron por encima. Los aceiteros les tiraron sobre la mesa aumentos del 30 al 300%, según de quién viniera, y los lecheros hablaron del 50% para arriba. Todesca reforzó la dosis de Lexotanil y Cabrera convocó a los industriales para ver cómo evitar que el punto final, en agosto, del fideicomiso con que la propia exportación subsidia desde 2008 el precio interno del aceite comestible se trasladara directamente al consumidor. Ahí la administración macrista descubrió que Guillermo Moreno había hecho autosubsidiarse durante 8 años a los aceiteros, sin costo fiscal alguno, y se planteó por qué no seguir así al menos hasta fin de año. Ahora aparecen los tamberos en la lona pidiendo redondear lo que les pague en tranquera en $ 4,30 y recibir $ 1,50 de un Fondo de Reparación que proponen constituir con aportes de los supermercados, a los que atribuyen quedarse con más del 60% de ganancia. “No queremos subsidios, queremos que la recomposición salga de la cadena”, dijeron en CRA, con la mirada puesta en los vecinos cerealeros. El ministro Buryaile quiere que se junten los productores y la industria, que serían como el hambre y las ganas de comer, y les promete que él los acompañará a disputar márgenes contra los tiburones supermercadistas.

La bomba que tiró el secretario general de la Federación de Obreros y Empleados de la Industria Aceitera, Daniel Yofra, luego desmentida, de que la botella de aceite se iría a $90 en agosto, en cuanto cesara el fideicomiso que desde 2008 mantenía planchado el precio, dejó pálido a Jorge Todesca pero debería haberle encendido la lamparita a Francisco Cabrera. (Por cierto, es un imposible. La creatividad no es la ventaja competitiva del ministro de Cambiemos).

Si ese autosubsidio, de costo fiscal cero y con una “caja” de US$ 111 millones a la fecha, tuvo vigencia tantos años y le puso candado al precio al público de ese insumo básico para la cocina hogareña, ¿para qué sacarlo justo ahora, en plena marea inflacionaria?

No transcurrió ni un día y el presidente de la Confederación de Asociaciones Rurales de Buenos Aires y La Pampa (CARBAP), Horacio Salaverri, también hizo temblar la canasta familiar cuando en Radio 10 (AM 710) le preguntaron si era cierto que una mejora de lo que se paga al tambero en tranquera haría subir el litro de leche en la góndola a $ 25: "Si un productor quiere ganar $ 5 por litro, la leche debería estar en $ 18 o $ 19 en el mostrador, no debería aumentar más. Hubo una situación de apropiación de aumento mayor en la cadena por parte de los supermercadistas", detonó.

Se ve que Salaverri no le tiene demasiada fé al ministro Cabrera, cuando asegura que “no está entendiendo la gravedad de la situación que podría llevar a que se realicen medidas de fuerza", advirtió.

El clamor se institucionalizó en la reunión de la Mesa de Lechería, de la que participaron representantes de la Sociedad Rural Argentina, de Confederaciones Rurales Argentinas, de Coninagro y de 12 organizaciones más. No estuvo la Federación Agraria Argentina. Se decidió solicitar al ministro de Agroindustria, Ricardo Buryaile (¿existe? Estos radicales... ), que se cree un “Fondo de Recuperación Histórica” para atender la crisis del sector, que consistiría en establecer un precio base de $ 4,20 o 4,30 por litro (actualmente en $3,90), al que se le sume un adicional de $ 1,50 que saldría de la cadena de comercialización, o sea de los supermercados.

El vicepresidente de CRA, Jorge Chemes, lo justificó en los márgenes que existen entre lo que cobra el productor por litro de leche y el precio de góndola.

En la entidad gremial que él integra se especula que, a este paso, un productor con fuerte espalda financiera como Hugo Biolcatti, productor lácteo, se va a quedar con muchos más tambos de los que viene comprando.

El precio promedio de junio, relevado por la Cámara de Productores de la Cuenca Oeste de Buenos Aires, sobre la base de 5 industrias lácteas de la zona, fue de $3,96. El reporte mensual señala que se desaceleró la recuperación que se venía evidenciando en los meses anteriores, provocada por la notable baja de producción de leche, producto de las inundaciones y fuertes lluvias en muchas zonas lecheras.

Aunque no definieron el funcionamiento administrativo, el mecanismo propuesto guarda similitud con el aplicado al aceite, por el que se constituyó un fondo con un 1,2% retenido a la exportación vinculada a la cadena de valor del rubro para que la cámara empresarial (Ciara) reparta entre los productores que abastecen al mercado interno como compensación por congelar, administrar o cuidar el precio.

Una dirigente de la Productora 7 de Agosto que asistió al cónclave lácteo lo desgranó conceptualmente: “En una cadena no hay más ingreso de lo que paga un consumidor, por tanto si en las cadenas de supermercados, responsables de más del 70% de la venta de alimentos, un queso vale 150 $/kg al público, hay mucho para explicar y transparentar si se quiere justificar que se pague menos de 4 $/lt de leche al productor”.

Los tamberos sostienen que en este momento participan en un 27% del precio al consumidor de la leche y que pretenden llegar al 33%. Destacan, en ese contexto, que la producción de leche refleja un retroceso del orden del 20% y que, dado que los costos de producción del litro de leche cruda aumentaron en más de un 70% por las recientes medidas económicas, sin que el precio pagado por la industria compense dicho porcentaje, “está originándose un aumento en el cierre de tambos, un achicamiento del rodeo lechero, la pérdida de puestos de trabajo y el serio deterioro de la cadena de pagos”.

Chemes le puso números a los eslabones: mientras el precio que recibe el productor se encuentra en los $ 3,50 y los $ 4,2, dependiendo de la zona, el costo de producción se encuentra actualmente en $ 5 y 6 por litro, cuando en los supermercados los precios van de $ 16 a $  20.

El dirigente de CRA, que se manifestó muy preocupado porque las industrias dijeron que este es el precio tope y que “en primavera puede llegar a bajar”, reconoció que a la cadena lechera le falta un "espacio de institucionalización", como el que ya existe en los granos “donde hay un mercado con precios de referencia, igual que en la carne. Pero en la leche se paga lo que la industria quiere y no lo que el lechero necesita".

Por último, se refirió al pedido de reunión directa planteado al ministro Buryaile, el cual obedeció a que "con el subsecretario de Lechería, Alejandro Sammartino, no tuvimos respuestas".

Orden y transparencia

Sanmartino se defendió: "Se han aportado más de $ 1.100 millones en compensaciones, $1.500 millones en créditos a tasas subsidiada, se ha logrado la postergación de impuestos nacionales y se ha dado ayuda a las provincias afectadas para que se paguen un subsidio por vaca como ha sido el caso de Santa Fe y Córdoba entre otras medidas fiscales y financieras".

Y enfatizó: "El Estado va a estar presente evitando la cartelización y los abusos de poder o de la industria o el comercio. Trabajamos para ordenar y transparentar el mercado interno y generar oportunidades en el mercado internacional; son claves para asegurar el mejor valor para la cadena láctea", concluyó.

Buryaile dijo que el próximo paso será “reunirnos con todos los integrantes de la cadena. Hoy la situación de los tamberos es complicada, pero también la de la industria, viendo los casos testigos de La Serenísima y Sancor y queremos dar cuenta de esta situación”.

Su idea es que los distintos actores de la cadena se pongan de acuerdo y vayan en conjunto a negociar de otra forma con la distribución, para lo cual prometió que los acompañaría.

El titular del Banco Nación, Carlos Melconian, recordó que “ya hay líneas para el sector, con subsidios de hasta 8 puntos”, y contó que “el otro día se acercó el gobernador de Santa Fe, Miguel Lifschitz, con un grupo de productores planteando problemas que exceden la situación crediticia, pero nuestro compromiso es acompañar al sector”.

Respecto de la situación de Sancor, que tiene distintas líneas de financiamiento con el banco, Melconian dejó en claro que “es un tema que me encargó personalmente el presidente Macri, y el banco le está poniendo el pecho todo lo que puede”.

La cooperativa de Sunchales (Santa Fe) acaba de vender la unidad de negocios rentable a Vicentín, pero no consigue hacer pie porque a su complicada situación financiera se le agrega el quebranto que le ocasiona la rigidez del precio al que puede vender la leche. Así marcha derecho hacia una nueva crisis de pagos. Hoy está en una encerrona: “Santa Fe es un desastre, si no la dejan aumentar los precios la cooperativa quiebra y hunde a la provincia, pero si sube la leche pega de lleno en el IPC del INdEC”, reflexionan los arquitectos financieros que le destacaron.

Radiografía sectorial

Un informe de la consultora KPMG demuestra “la importancia que la cadena lechera tiene sobre la matriz de producción nacional, algo que se hace aún más evidente en las economías provinciales que reúnen la mayor parte de esta actividad, tales los casos de Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba”.

Alerta, en consecuencia, sobre la existencia de un proceso de concentración en la producción primaria del sector lácteo, junto con magros resultados económicos durante los últimos 10 años, si bien “la actividad tiene un horizonte de previsibilidad a futuro”, aclara.

Precisa el informe que “el año pasado, la producción primaria alcanzó un valor de facturación de $ 33.400 millones, tomando en cuenta la producción física que llegó a los 11.200 millones de litros y un precio al productor de $ 2,98 por litro”, cifra es equivalente al 11% del valor de producción del sector agrícola y explica alrededor del 1% del PBI Nacional.

Por su parte, para KPMG “la industria láctea en su conjunto, eslabón contiguo a la producción primaria dentro de la misma cadena de valor, generó en 2015 cerca de $ 80.000 millones (en valor de producción), lo que representa un 5% del valor bruto de producción de la industria manufacturera o el 1,6% del PBI”.

En lo que hace al empleo, en el sector lechero trabajan actualmente alrededor de 70 mil personas (50% en la producción primaria y el resto en la industrial), mientras que en términos de exportación, en 2015 se vendió por alrededor de U$S 1.100 millones, lo que representa el 2% de las exportaciones nacionales totales.

En términos de la participación en el mercado internacional, el informe señala que Argentina alcanzó el 1,8% de la producción global de leche (alrededor de 11 millones de toneladas), una cifra que viene manteniéndose constante en los últimos 10 años.

Entre las principales conclusiones del trabajo se destaca la “evidente existencia de un proceso de concentración en el primer eslabón de la cadena y, al mismo tiempo, magros resultados económicos alcanzados a lo largo de los últimos años”.

Concluye que “no obstante ello, se sostiene que el sector ha iniciado una etapa de recuperación en toda la cadena poniendo como ejemplo que en 2015 se registró una mejora del 2% en la producción primaria y un 4% en la industrial, aunque aún no se llega a los niveles de 2012 que fueron los mejores de los últimos años”, concluye.

Autocrítica posmortem

“Nos ocupamos tanto de lo más difícil -que fue lograr la imagen del producto- que nos olvidamos de la parte más sencilla: administrar lo que eso ha generado”, es la frase que en el sector lácteo se le atribuye a Pascual Mastellone, histórico referente de La Serenísima (fallecido en agosto de 2014), y es rememorada por más de un analista de esta rama de actividad.

En particular, cuando se aborda el delicado estado de situación de esta empresa -emblema de la lechería argentina- que hoy día se asemeja peligrosamente a la de “pseudo-quiebra” de su rival SanCor.

La firma que comandó Mastellone decidió en abril de este año, cuando dejó en manos de Arcor y de su socia Danone (a través de Bagley) el 25% del capital accionario de La Serenísima.

Más aun, Arcor mantiene en su poder la opción para concretar la compra total de la láctea en el transcurso de los próximos 5 años.

A ojos de analistas y empresarios del sector, esta operación debe leerse como un “manotazo de ahogado” por parte de la láctea que, del mismo modo que SanCor, enfrenta pérdidas millonarias desde hace al menos una década.

Para entender la gravedad de la situación financiera que afecta a La Serenísima basta saber que:

> En 2014 cerró con un rojo de $518 millones.
> En 2015, su quebranto superó los de $300 millones.

“El primer trimestre de 2016 también fue negativo, al menos en términos productivos”, sostuvo Manuel Ocampo, titular de la Asociación de Productores de Leche (APL).

“Si uno repasa los números de procesamiento de leche de los últimos tiempos, observa que La Serenísima va camino a una crisis similar a la de SanCor, si es que no avanza en una rápida reestructuración”, enfatizó.

Los números que dan cuenta del rendimiento de La Serenísima –en cuanto a millones de litros procesados- son más que elocuentes:

> En 2013: 440 millones.
> En 2014: bajó a 434 millones.
> En 2015: descendió a 407 millones.
> En 2016: se desplomó a 383 millones.

En otras palabras, el nivel de procesamiento se precipitó un 15% en 3 años, en contraposición a costos laborales y de estructuras que no han parado de subir.

Analistas consultados por iProfesional remarcaron que la compañía no expone números más desfavorables sólo porque periódicamente recurre a la opción de desprenderse de parte de sus activos.

“Es una empresa que los referentes de la actividad lechera la ven en un claro y paulatino proceso de desguace”, advirtió Ocampo.

En su visión, "La Serenísima muestra -al igual que Sancor- evidentes problemas derivados de un capital humano desbordado y de un escenario de precios adversos”.

Como ocurre con SanCor, uno de los aspectos que mejor explica el rendimiento de La Serenísima se visualiza en la capacidad ociosa de sus plantas.

Puesto en cifras, podría procesar hasta 7 millones de litros de leche por día. Sin embargo, hoy apenas supera los 4 millones.

En términos de producción, no crece desde hace más de 20 años. A punto tal que sus números de hoy día son casi similares a los de la década del '90.

En combinación con SanCor, la empresa presenta indicadores que explican claramente por qué esta actividad expone una performance preocupante.

“Una potencia lechera, como Nueva Zelanda, emplea unas 12.000 personas con las que genera 22.000 millones de litros anuales. Aquí, con el triple de empleados (35.000), se produce menos de la mitad. La Serenísima es un caso paradigmático”, precisó Ocampo.

Esta complicación, que es propia de la compañía, se da en un contexto que agrava aun más la situación, ya que los precios internacionales se vienen comportando de modo desfavorable.

A ese combo se suman otras cuestiones propias de los efectos negativos que han dejado las políticas implementadas por el kirchnerismo durante varios años.

“La cadena se ha transformado cada vez más en una esponja para los productores y los procesadores de leche”, dijo Daniel Villulla, gerente de Caprolecoba, la cámara que nuclea a los elaboradores de la cuenca oeste bonaerense.

En diálogo con iProfesional, sostuvo que así como La Serenísima “hace malabares” desprendiéndose de unidades o dejando que terceros entren en su capital, todo el sector enfrenta un escenario de crisis que en algunos casos se traduce en firmas que están en situación de bancarrota o insolvencia.

“Ni siquiera el clima ayuda. Hay un desplome en la cantidad de leche que reciben las empresas, los animales se mueren, los caminos son un desastre. Todo esto derrumbó la capacidad de procesamiento”, disparó.

La sumatoria de complicaciones también queda reflejada en el precio final del litro de leche que deben pagar los hogares argentinos, según cifras que manejan organizaciones como APL.

Con cada compra debe pagarse no sólo por el valor de la materia prima, sino también por la ineficiencia industrial y la falta de productividad, lo que termina elevando sustancialmente precio final.

“La Serenísima no presentó patrimonios netos negativos en más de una ocasión porque apeló a la técnica de ir efectuando distintos revalúos”, afirmó Ocampo.

“Caso contrario –añadió-, hubiese terminado con ejercicios en rojo en más de una oportunidad a lo largo de la última década”.

Pese a que la venta a Arcor de una parte de su capital le dio a la compañía algo de oxígeno, aun mantiene una deuda importante que se agrava por el bajo rendimiento de sus recursos.

“Si una empresa procesa 800 litros diarios por empleado mientras que las líderes del mundo sextuplican esa cifra, ya que están en unos 5.000, claramente se está ante un grave problema. A largo plazo, ninguna espalda financiera resiste algo así”, advirtió.

Según estudios de entidades vinculadas con el negocio lechero, la actividad creció apenas 30% anual en los últimos 16 años.

“La Serenísima hoy representa una porción bastante baja del stock nacional de leche. No llega a los 1.400 millones de litros por año, siendo que la Argentina genera 11.000 millones anuales”, destacó Ocampo.

La situación de crisis supera al caso La Serenísima y el efecto derrame golpea a otras industrias. Especialmente, a las vinculadas con la producción de leche en polvo.

Esto, por efecto de un mix que combina un mercado internacional deprimido y el desplome de la producción

Ester Fagiano, directora de Federación Agraria (FAA), aseguró que “la falta de leche es una realidad” y destacó que en los últimos meses la disponibilidad de esta materia prima cayó más de un 50% por razones de índole climática y logísticas.

Fagiano dio por sentado que este faltante de leche desembocará en un escenario de plantas con alta capacidad ociosa.

Luciano Di Tella, de Apymel –Asociación de Pequeñas y Medianas Empresas Lácteas– sumó a Ilolay y a la canadiense Saputo al listado de compañías con problemas financieros.

Además, aseguró que este año, de continuar el problema con las lluvias y no mejorar las condiciones de transporte y pago de los productores, se despacharán al mercado apenas 7.500 millones de litros.

En otras palabras: la industria sólo podrá abastecer la demanda doméstica.

Así, Di Tella dio como un hecho que “este año se exportarán menos lácteos”.

Los números oficiales son elocuentes al respecto: las ventas al mundo suman hasta el momento US$ 250 millones, un 30% menos que en igual lapso de 2015.

Golpeada en el frente externo e interno, la industria láctea argentina se ha convertido en un gigante ineficiente que necesita avanzar con celeridad en una reestructuración importante para evitar el colapso.

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