Cristina & Pepe: Calor progre congelado
La relación entre Uruguay y la Argentina tuvo un giro y la estrategia del presidente José Mujica, también. “(Argentina) ha tomado un conjunto de medidas heterodoxas que no sé qué resultado tendrán, pero mortifican bastante”, dice ahora el uruguayo.
10 de marzo de 2012 - 09:27
por SEBASTIÁN PANZL
MONTEVIDEO (El Observador). Al principio, todo eran sonrisas y elogios en público, pero esos tiempos ya pasaron. La relación entre el gobierno de José Mujica y el de Cristina Fernández, que además de afines ideológicamente lo parecían también en los afectos, se congeló, no tanto porque no haya diálogo, que lo hay y cada vez más, sino porque al mandatario uruguayo parece haberle caído la ficha que en esto de la diplomacia no hay amigos, sino intereses en juego.
Mientras Mujica hablaba con afecto de la presidenta argentina, la heredera de la dinastía K alentó una tras otra medidas que afectaban directamente intereses económicos uruguayos.
A fines del año pasado hubo un punto de inflexión. A Mujica le quedaron sonando en la cabeza una serie de frases que la mandataria argentina pronunció a fines de diciembre en la cumbre del Mercosur realizada en Montevideo. Fue el anticipo de que se venían tiempos difíciles para el bloque comercial.
Allí, la presidenta realizó un firme discurso proteccionista que fue el fundamento teórico de sus posteriores medidas que, en palabras de Mujica, “mortifican bastante” a Uruguay. El tono de Cristina para con Mujica no fue el mejor. Según el semanario Brecha, Mujica golpeó sus lentes contra la mesa con tanta fuerza que se le salió una patilla.
Con la ofensiva argentina para proteger su industria en marcha, el presidente comenzó a delinear junto a sus principales colaboradores una estrategia para evitar perjuicios económicos o al menos disminuir los problemas para colocar producción local del otro lado del Río de la Plata.
La decisión fue “acelerar” el proceso de diversificación de mercados que ya estaba en marcha. Un ministro que participó en forma muy activa de ese debate confió a El Observador que se optó por recorrer ese camino debido a que era hora de reconocer que los resultados del vínculo con Argentina eran menores a los esperados en un comienzo. Las primeras gestiones que Mujica realizó ante Fernández tuvieron el resultado buscado e incluso sorprendieron por lo rápido que se concretaron.
Lo más emblemático fue el fin del corte de ruta llevado adelante por los manifestantes que estaban en contra de la instalación de la planta de celulosa Botnia (hoy UPM). Fue festejado con bombos y platillos por ambos gobiernos y la presidenta argentina habló en ese momento de una nueva etapa de relación tras los años de crisis diplomática vividos mientras Tabaré Vázquez estaba al frente del Poder Ejecutivo. Aquellos niveles de optimismo con Argentina son cosas del pasado.
Mujica mantiene su espíritu de “negociar y negociar” y “nunca escupir el ojo”, pero en las últimas semanas ese discurso tuvo un giro. Por ejemplo, habló en forma pública de salir a buscar acuerdos comerciales fuera de la región sin necesidad de solicitar el aval del Mercosur.
Mujica dijo que las “trancas” que Argentina aplica a las importaciones tienen “algo positivo”: la chance de salir a buscar acuerdos comerciales con países por fuera del Mercosur sin tener que pedirle permiso a nadie.
“Desde el punto de vista formal, no existe el Mercosur. Desde el punto de vista real existe, pero desde el punto de vista jurídico está todo hecho un chicle”, dijo el mandatario en una entrevista concedida al semanario Búsqueda. “Nosotros vamos a ir, vamos a hacer acuerdos con el país que se descuida y, cuando vengan a reclamar, vamos a decirles que no se pueden asustar con eso. Va una cosa por la otra”, agregó Mujica.
Como potencial, mencionó que en Uruguay las reglas de juego en materia de negocios son claras a diferencia de lo que, a su juicio, sucede al otro lado del Río de la Plata. “Tenemos que aprovechar esas inestabilidades vecinas”, sostuvo el presidente.
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Mientras que el kirchnerismo enfrenta problemas que pueden afectar aun más a Uruguay, Mujica aspira a que la dependencia de Argentina sea menor y mandató a sus ministros a ser creativos a la hora de buscar nuevos mercados. “Pensemos en Siria”, dijo, entre risas pero remarcando su interés.
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El matutino de Montevideo complementa su informe sobre la Argentina con un par de notas sobre el comportamiento de la economía en el país que gobierna Cristina Fernández.
Aqui una de ellas, la que firma Fernando Gutiérrez:
Como en los viejos chistes donde un protagonista le plantea al otro que tiene “una noticia buena y una mala”, la actual situación argentina también entraña para Uruguay una sensación ambivalente. Por un lado, una catarata de medidas con impronta proteccionista y fuerte intervencionismo. Pero, al mismo tiempo, oportunidades que se abren, precisamente, por las fisuras de una economía con inconsistencias.
Cada semana, los funcionarios de la administración Kirchner sacan de su creativa galera una medida que hace que la anterior parezca buena. Así, las criticadas licencias no automáticas para la importación parecieron algo racional cuando surgieron las declaraciones juradas para autorización previa a las importaciones. Y, luego, éstas parecieron un régimen casi bueno cuando se supo que las trabas empezaban a afectar también a los servicios y no sólo a las mercaderías.
A diferencia de lo que ocurría en los últimos años, donde las restricciones al comercio se encuadraban dentro de los términos clásicos (es decir, se intentaba frenar el ingreso de productos sospechados de dumping o de falsificar su procedencia mediante una triangulación), ahora las restricciones obedecen a un nuevo criterio.
Con un fuerte discurso industrialista y tras haber desempolvado las viejas banderas de la sustitución de importaciones, el gobierno argentino está determinado a que no se importe nada que pueda ser fabricado en el país.
Ello justifica el plan para reflotar la industria electrónica en Tierra del Fuego, donde se ensamblan insumos importados para notebooks de escaso valor agregado nacional (con marcas como Exo, Eurocase, Admiral, Commodore, BGH o Banghó) que se venden prácticamente al mismo precio que las ya difíciles de encontrar Sony o Dell.
El objetivo declarado es que se incremente el componente nacional en el valor final del producto. Hoy, en sectores como los automóviles, un 70% de los insumos son importados, y el gobierno quiere que en el corto plazo esa marca baje hasta un nivel de 60%. Fácil de decir pero difícil de hacer, porque implica una inversión que hasta los quejosos autopartistas argentinos saben que resulta imposible hacer rápido.
Pero ahora ya no alcanza con el discurso sobre lo conveniente de desarrollar una industria en el sector tecnológico. Como los exportadores uruguayos saben, las restricciones han llegado a los libros, las bicicletas, los autopartes y hasta los medicamentos.
Como el trasfondo de todas estas medidas es la preocupación por la creciente escasez de divisas, el objetivo que el gobierno está persiguiendo es la sustitución del dólar en el comercio exterior.
El esquema estaba previsto desde un acuerdo firmado con Brasil en 2008, por el cual se usarían pesos y reales, con un mecanismo compensador a cargo de los respectivos bancos centrales. En aquel momento, la medida tenía una inspiración más bien política e ideológica. Ahora en cambio, está fundada en una necesidad bien concreta y urgente: la necesidad de minimizar la salida de divisas.
La realidad es que, luego de tres años de la firma del acuerdo apenas un 2,5% del comercio binacional usó este sistema. Los empresarios se resisten, porque temen a las fluctuaciones de las monedas locales, y por una cultura dolarizada difícil de quebrar.
El entusiasmo de los funcionarios argentinos revivió a partir de la iniciativa uruguaya para aplicar este sistema al comercio binacional. Esta experiencia servirá como un test para ver si la prescindencia de los dólares es factible en la vida real o sólo una frase para las cumbres del Mercosur.
Para quienes prefieren cultivar la filosofía de ver el vaso medio lleno, es bueno recordar que históricamente las tensiones y dificultades internas de la economía argentina han generado oportunidades de negocios en Uruguay.
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De hecho, es algo que se está dando con más frecuencia. Por ejemplo, los fondos de inversión agrícola, especialmente los que apostaron al boom sojero, fueron la sensación del mercado, con ganancias superiores al 20% en dólares, hasta que en la temporada 2008-2009 se encontraron con una “tormenta perfecta”: el conflicto político por las retenciones a las exportaciones, combinado con una sequía local y baja de precios en el mundo. A partir de esa mala experiencia que costó pérdidas de más de 40%, la consigna pasó a ser diversificar el riesgo, tanto en el sentido geográfico como del “riesgo político”. Y Uruguay está hoy presente en la mayor parte de los fondos que buscan captar la atención de los pequeños inversores.
Por otra parte, la previsibilidad tributaria de Uruguay y la ausencia de retenciones, hace que haya productores que se interesen por comprar tierras, llevando así los avances tecnológicos que han permitido la gran revolución de productividad del campo argentino.
Otro rubro complicado debido al intervencionismo es el de la carne vacuna. Con una caída en el stock ganadero de 12 millones de cabezas en cuatro años, las dificultades para exportar son crecientes. La industria frigorífica perdió 12.000 puestos de trabajo y cerró 120 plantas en los últimos dos años.
Pero aun cuando el gobierno resolviera liberar las restricciones, ya se produjo tal liquidación de vientres que ahora no hay forma de cumplir con la cuota Hilton. Los expertos creen llevaría no menos de seis años recomponer los niveles previos a la puesta en práctica de la política de retenciones.
La consecuencia de esta situación es que se abren huecos para que exportadores pujantes de carne, como Uruguay, puedan avanzar en ese terreno. Como botón de muestra, una anécdota repetida por los empresarios del sector es la de una embajada argentina en un país europeo que debió comprar carne uruguaya para una recepción diplomática.
Seguridad y rentabilidad
La sucesión de medidas intervencionistas en la faz financiera (la restricción a la compra de dólares y la reciente reforma del Banco Central que le otorga mayor poder sobre el sistema bancario), no hacen sino intensificar el atractivo de Uruguay para los ahorristas argentinos. Visto como un clásico refugio ante la inestabilidad, Uruguay es uno de los países mejor posicionados para ser receptor de la fuga de capitales que vive Argentina, y que asciende a 70.000 millones de dólares desde que Cristina Kirchner asumió la presidencia.
La colocación bancaria, que sigue estable en torno de 3.000 millones ya no tiene el volumen de épocas anteriores. Sin embargo, eso no significa que los argentinos no piensen en ahorrar en Uruguay, porque hay otros rubros de inversión directa que lucen atractivos, como es el caso paradigmático de las propiedades inmobiliarias.
De hecho, los desarrolladores argentinos que buscan a pequeños inversores para sumarse en proyectos nuevos ya no ofrecen sólo oportunidades en Punta del Este, sino que ahora las oportunidades se concentran en Montevideo.








