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RELANZAMIENTO TRAS LA PANDEMIA

En tándem, Clarín y La Nación se hacen eco de los rumores sobre cambios en el Gabinete (¿y presionan?)

Vie, 24/07/2020 - 12:23pm
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Por Urgente24

En las últimas semanas comenzaron a circular rumores sobre cambios en el Gabinete Nacional para postpandemia cuando se haya verificado que este es el pico luego de un descenso en los casos confirmados. Clarín y La Nación lanzaron una batería de artículos que hizo mucho ruido en el oficialismo.

Se viene la disputa por los recursos.
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Casa Rosada.
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No es nuevo pero la cantidad de artículos en Clarín y La Nación sobre el tema llamó mucho la atención en el oficialismo.

Hace varias semanas circulan rumores sobre cambios en el Gabinete Nacional, que la Casa Rosada nunca desmintió de manera categórica. Se especula que así como se está pensando en un programa económico postpandemia, este sea presentado en el contexto de un cambio de ministros, entendiendo el desgaste que generó en ellos estos meses emergencia sanitaria.

Ahora bien, más allá de si eso ocurrirá o no efectivamente, en el Frente de Todos huelen cierta presión de los principales medios de comunicación del país.

El diario Clarín publicó un título misterioso: "El pedido de Alberto Fernández a Wado De Pedro sobre Sergio Berni"

Según el periodista Pablo de León, el presidente Alberto Fernández le pidió a su ministro del Interior Eduardo 'Wado' de Pedro que se encargue del tema Berni y que lo saque de su cargo.

"El caso Sergio Berni ha hartado en la residencia presidencial de Olivos. Las nuevas peleas del ministro de Seguridad bonaerense con intendentes del peronismo y con la ministra nacional del rubro, Sabina Frederic, colmaron la paciencia en el gobierno del Frente de Todos. No sirvió de nada que Berni haya ido a Olivos a hablar: la tregua no duró ni semanas. Ahora, llegó el pedido final: Alberto Ángel Fernández pidió que se vaya Berni. Y se lo dijo a su ministro del Interior, Eduardo “Wado” De Pedro, quien comparte la jefatura de La Cámpora con Máximo Kirchner. Y Wado transmitió el pedido del Presidente, ni más ni menos que al gobernador de la provincia de Buenos Axel Kicillof. Y a Máximo, jefe político del kirchnerismo junto a su madre Cristina Kirchner. “Wado, encargate del tema Berni, que se vaya”, le dijo el Presidente a su poderoso ministro. ¿Sucederá esta vez? Pues Alberto ya había manifestado, anteriormente, su molestia con el inquieto médico y militar que es ministro provincial. Continuará...", dijo el periodista.

Sin embargo, el medio tuvo que publicar una aclaración por un tuit de de Pedro: "Publicada esta nota en Clarín.com el ministro De Pedro publicó un tuit desmintiendo haber recibido alguna indicación del presidente Fernández sobre el tema Berni".​
 

 

Otros títulos de Clarín sobre internas y cambios en el Gabinete:

> Pelea por la seguridad. Suenan nombres para el lugar de Sergio Berni, pero por ahora Cristina Kirchner y Axel Kicillof lo sostienen

En la Casa Rosada no ocultan su fastidio con el ministro de Seguridad bonaerense. Se reunieron en el Senado la vicepresidenta, el gobernador y Máximo Kirchner.

Luego de que trascendieran dos nuevas peleas en menos de 24 horas -una con intendentes kirchneristas y otra con la ministra de Seguridad de la Nación, Sabina Frederic- la situación de Sergio Berni​ ya no depende de su desempeño como ministro de Seguridad de la provincia de Buenos Aires.

> El armado oficialista. El Gobierno proyecta la pospandemia y crecen los rumores de cambios en el Gabinete, por Ignacio Ortelli.

Hay fuertes críticas internas a los ministros, algunos muy cercanos a Alberto Fernández. Un alto funcionario ya tendría los días contados. Desde Olivos desmienten las versiones.

“En el Frente de Todos no tenemos diferencias, sí tenemos opiniones a veces distintas”. La respuesta que dio el presidente Alberto Fernández, al relativizar las últimas semanas de chispazos internos dentro de la coalición de Gobierno, sirve para entender las versiones e interrogantes que surgen en torno a la actual conformación del Gabinete. Que le falta peso específico político, que salvo excepciones no cuenta con nombres que conozcan las complejidades del funcionamiento del Estado, que no hay “nadie que pida la pelota”, como graficó Aníbal Fernández, son algunos de los argumentos que se escuchan en el oficialismo. 

Aunque en la Quinta de Olivos insisten en desmentir las versiones de cambios, que adelantó Clarín semanas atrás, son varios los funcionarios de primera línea que empiezan a acumular cuestionamientos internos. La diversidad y amplitud de fuerzas que integran el frente electoral conlleva inevitablemente una tensión que se advirtió casi desde la asunción de los Fernández y que sólo había quedado solapada por el combate de la pandemia, pero que en la necesidad del jefe de Estado de instalar una agenda de salida de la crisis económica vuelve al centro de la escena. Por ahora, con formato de fuego amigo. 

> Con un gabinete semiparalizado, crece el debate. Sin Alberto, que cosió la grieta del PJ con el kirchnerismo, no ganaban la elección y Cristina estaría en una posición difícil, por Ricardo Kirschbaum

Aliados a Fernández argumentan que la mejor manera de impedir que se consolide la idea de que Alberto ejerce un poder vicario es hacer valer los atributos que le permitieron al peronismo volver al poder, atrayendo a los sectores que el kirchnerismo había ahuyentado, uniendo lo que estaba roto y marcando un rumbo moderado. Esa contribución, decisiva para el triunfo electoral, también mejoró la situación judicial de la actual vicepresidenta. Quienes creen en esta interpretación, son mucho más contundentes y directos: sin Alberto, dicen, Cristina podría estar presa.

Ese cuadro destaca la parálisis de una buena parte del Gabinete. “Están en cuarentena", dice irónicamente uno de los dirigentes de la coalición.

> Gonzalo Abascal. Penurias del Gabinete invisible: Los ministros presidenciales no se mostraron demasiado durante estos siete meses de gestión. Y cuando lo hicieron no fue para lucirse.

La cuarentena estricta termina. De una manera u otra, el lunes 20 amanecerá una nueva realidad. Lo sabe Rodríguez Larreta​, que nunca estuvo de acuerdo con la marcha atrás de comienzos de julio. Lo suyo fue solidario, y la percepción es que sus votantes en la Ciudad no valoraron esa adhesión, e incluso la interpretaron como una señal de debilidad.

En el Gobierno nacional dejan trascender también el comienzo de una nueva etapa. Un relanzamiento de la gestión, definen con grandilocuencia verbal. Y en ese intento de recuperar impulso se especula con cambios en el Gabinete. Movimiento de fichas de manual que serviría para renovar expectativas y enviar una señal de poder presidencial a propios y extraños.

Si así fuera, y el fin de la cuarentena más el cierre de la negociación por la deuda marcara un punto de inflexión, estaríamos ante lo que puede interpretarse como un récord: la posibilidad de que se alejen ministros que nadie puede asegurar para qué habían llegado.

El dato numérico de que son 24 los ministros (incluyendo las Secretarías General, de Asuntos Estratégicos y Legal y Técnica) provoca la pregunta alarmada: ¿Qué hicieron en estos seis meses?

No se trata de una mirada crítica empujada desde la oposición, sino de una pregunta casi desesperada en el propio oficialismo. Fue Aníbal Fernández ​quien rogó: “Pidan la pelota loco, ayuden al Presidente”. A nadie se le escapa que Aníbal pueda aspirar a uno de los sillones ministeriales y por eso levanta la voz. Pero la realidad le permite la audacia. Y ninguno salió a responderle.

Es cierto que la pandemia ocupó la agenda y que el protagonismo presidencial elevó la imagen de Alberto Fernández, pero también lo es que cuando cambió la marea ninguno de los ministros levantó la cabeza para aliviar la mochila presidencial.

Y cuando lo hicieron, no fue para lucirse. Golpeado por la compra con sobreprecios de alimentos, Daniel Arroyo, ministro de Desarrollo Social, admitió que no controlaba las compras ni conocía en detalle el circuito de contrataciones y pagos. Santiago Cafiero asumió en los últimos días su rol de portavoz, pero lo hizo con una inédita -en él- defensa de la ex presidenta y un inoportuno cruce con el periodista Diego Leuco. Sabina Frederic, después de notorios tropezones iniciales, prefirió correrse de la escena, decisión que aprovechó Sergio Berni para cuestionar su gestión, en un ninguneo sin antecedentes. Luis Basterra, ministro de Agricultura, confesó sin ponerse colorado que desconocía la decisión de expropiar Vicentín. Y la reforma judicial de Gustavo Beliz no pasaría la mirada intensa de Cristina Kirchner. Las excepciones, por diferentes razones, fueron Ginés González García​, a quien al final se le valora haber puesto el cuerpo en una crisis inédita, y Martín Guzmán, quien se ocupó de la renegociación aún en suspenso de la deuda.

Juan Cabandié, María Eugenia Bielsa, Gabriel Katopodis y Agustín Rossi​, entre otros, seguramente esperan el relanzamiento para copar la cancha.

Pero quizás para entender la falta de tonicidad muscular de los ministros haya que mirar a Cristina Kirchner. La dinámica del Gobierno muestra un ida y vuelta entre el presidente y la vicepresidenta, circuito que deja a los ministros en un pálido tercer plano. Se adivina poco probable un cambio en ese sentido. La idea de un Gabinete fuerte parece sólo una expresión de deseos de quienes conviven con incomodidad con Cristina. Fortalecer ministros significaría horizontalizar la toma de decisiones. No se advierte en los antecedentes una particular vocación por hacerlo.

> La interna oficialista, por Walter Schmidt

Cruces por el gabinete y un Gobierno resignado a convivir con la interna
En la Casa Rosada y en la coalición reprochan a varios ministros del Gobierno por su silencio. Alberto Fernández pide no perder de vista el objetivo. Las tres cosas que molestan a Cristina.

En tanto, La Nación publicó otra serie de artículos sobre el tema:

> Crece la presión interna en el oficialismo para revitalizar el gabinete

En los altos mandos del Gobierno, pero también en los elencos de los otros sectores de la coalición oficialista, crece la convicción de que el gabinete de Alberto Fernández necesitará revitalizarse una vez que pase lo peor de la pandemia y una vez que la resolución de la deuda-que fue planteada por el Presidente como el primer mojón de la gestión- quede atrás.

Carteras que se lucieron poco y problemas de convivencia en determinadas áreas de gestión son algunas de las autocríticas que reconocen en el entorno del Presidente. Frente a una atmósfera de rumores, en el Gobierno rechazaron durante la última semana un recambio de las figuras de los ministerios.

Lo que sí reconocen en la Casa Rosada es que hay una necesidad de abandonar la agenda reactiva de la pandemia y dar lugar a una mayor visibilidad de las políticas públicas, mostrar más acción. "Es un gabinete que tiene siete meses de vida y cuatro de pandemia", justificó en las últimas horas el ministro coordinador, Santiago Cafiero.

La única salida que nadie se anima a descartar en los pasillos de la Casa Rosada es la del secretario de Energía, Sergio Lanziani.

De hecho, hace aproximadamente dos meses que Lanziani no trabaja en el ministerio y, con el argumento de evitar los contagios por el coronavirus, montó su oficina en el edificio de Nucleoeléctrica Argentina (NA-SA), en Villa Martelli. Sin espalda política y ocupando una silla estratégica (algunos creen incluso que energía debería ser un ministerio) en la Casa Rosada admiten que su salida se fue pavimentando en las últimas semanas. "Maduró el knock out: no funcionó como esperábamos el trabajo en equipo", reconoció un importante colaborador con llegada a Fernández.

> El Gabinete de Alberto Fernández, en problemas

> Algo más que rumores de cambios de gabinete

A falta de goles, los rumores sacuden las redes y ganan audiencia. Las versiones sobre cambios en el gabinete encabezan la tabla. Y adquieren significación, mucho menos por la probabilidad de que ocurran en lo inmediato que por la verosimilitud que revisten. Las disputas internas en la coalición gobernante y la falta de resultados (goles) en áreas sensibles para la ciudadanía les dan sustento.

No es ajeno a ese estado de cosas, sino una expresión más de lo que ocurre en esta administración, el último round de la espectacular confrontación que vienen sosteniendo desde el comienzo la ministra de Seguridad de la Nación, Sabina Frederic, y su par bonaerense, Sergio Berni.

Al titular de la cartera sanitaria, paradójicamente, lo viene manteniendo en el cargo la pandemia. En su caso habría coincidencia entre sus deseos y los del Presidente de estar en otro lugar. Otros ministros también permanecen en su cargo gracias a la epidemia y no porque en el primer piso de la Casa Rosada se desesperen por retenerlos. Su performance está lejos de contar con un club de admiradores. Daniel Arroyo o María Eugenia Bielsa encabezan la lista.

La enorme dilación en la reestructuración de la deuda también ayuda a mantener el equipo que comenzó la gestión. Mientras se está jugando el repechaje no es momento de hacer cambios, dicen. Martín Guzmán es beneficiario tanto como responsable. La realidad parece favorecer cierta dificultad para tomar decisiones que caracterizan al gobierno de Fernández. Postergar es sobrevivir.

Hay curiosidades que resultan confirmatorias de esa propensión estructural a la irresolución. Es el caso del secretario de Energía, Sergio Lanziani. Las cuestiones vinculadas con esa área estratégica ya no pasan por sus manos. Buena parte fueron absorbidas por su superior, Matías Kulfas. Sin embargo, Lanziani permanece en su cargo, aun cuando a su imperceptible productividad suma la ausencia de padrinos en el poder. Misteriosos lujos de una gestión repleta de urgencias.

Desde la Casa Rosada se emiten señales diariamente tendientes a construir un horizonte de relanzamiento que se anunciaría la próxima semana. No parece sencillo. A los encargados de articular el mensaje se les está agotando el stock de liquid paper. Los textos no duran un día sin sufrir correcciones. Es difícil salir a anunciar una versión criolla del plan Marshall después de que el propio Presidente dijera que él no cree en los planes económicos. Sutilezas.

Compatibilizar y concretar proyectos en la diversidad y en la adversidad le está resultando al Gobierno mucho más complejo que pregonar la unidad a pesar de las diferencias.

Ahora bien, más ruido genera que la Casa Rosada no salga a desmentir de manera tan categórica sobre este tema como sí lo hace sobre otros temas. ¿Están en la mira los ministros?